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ARTURO DURAZO: tenía CÁRCELES SECRETAS bajo su MANSIÓN… los CUERPOS que MÉXICO nunca ENCONTRÓ

 El silencio de los que desaparecieron y cuyos familiares buscaron en el vacío del poder absoluto [música] sin encontrar nada que pudiera ser nombrado en voz alta. El silencio de una ciudad entera que aprendió a bajar la vista cuando los jaguares pasaban porque levantar la vista podía ser la decisión más cara de [música] tu vida.

 Hoy abrimos el expediente de las víctimas del negro, [música] el expediente del horror que se construyó debajo de la opulencia del Partenón de Cihuatanejo y de las residencias de la Juzco. El expediente de las cárceles secretas y de la masacre del río Tula y de los hombres con nombres y con familias que fueron usados como chivos expiatorios o simplemente eliminados porque cruzaron el camino equivocado en el momento equivocado.

 El expediente de un hombre que murió en el año 2000 en su cama en Acapulco, [música] sin haber pagado ni un minuto de tiempo real en prisión por la sangre derramada y sin haber confesado nunca dónde están los cuerpos de los que no volvieron. Cuatro cosas vas a descubrir en este video que te van a cambiar la manera de entender lo que fue el régimen de Durazo y lo que dejó atrás.

 Primero, [música] ¿cómo construyó el reino del terror que convirtió la Dirección General de Policía y Tránsito en su Ejército personal y a los ciudadanos de a pie en sus presas permanentes? Segundo, lo que ocurrió en las propiedades que se construyeron con el dinero robado, las celdas de tortura, las desapariciones, las familias que buscaron a sus hijos en el vacío y no encontraron nada.

 Tercero, [música] el episodio más sangriento de su historia, el hallazgo de los cadáveres en el río Tula. y todo lo que ese hallazgo reveló sobre el tipo de operación que Durazo estaba administrando. Y cuarto, el capítulo final de la impunidad, la huida, la captura en Brasil, la prisión que fue un lujo, la muerte en libertad y la pregunta que ninguno de sus defensores y ninguno de sus protectores ha podido responder todavía.

 ¿Dónde están los desaparecidos? Suscríbete [música] y activa la campanita antes de seguir, porque lo que viene no es el resumen de un libro de historia, es el expediente completo del capítulo más oscuro [música] de la policía mexicana del siglo XX. Para entender lo que fue el régimen de Durazo, hay que entender primero el contexto en [música] que fue posible.

 Sin ese contexto, la historia parece la de un monstruo individual que surgió [música] de la nada. Con ese contexto, lo que se ve es algo más perturbador, el retrato de un sistema que no solo permitió a ese monstruo existir, sino que lo creó, lo alimentó y lo protegió durante años porque le era útil. Arturo Durazo Moreno nació en 1924 en Nabolato, Sinaloa.

 No llegó al mundo en una familia de poder ni de influencia. Llegó en la pobreza relativa que caracterizaba a la mayoría de los mexicanos de esa época y de esa región. Lo que tenía era algo que el origen humilde no podía dar ni quitar. La determinación de no quedarse donde había nacido, la disposición de hacer lo que fuera necesario para llegar a otro lugar y la inteligencia específica para leer los sistemas de poder y encontrar en ellos las palancas que mueven las cosas.

Para entender completamente la relación entre Durazo y López Portillo, hay que entender también lo que esa relación dice sobre la naturaleza de las amistades en los sistemas políticos. autoritarios. No era la amistad inocente de dos jóvenes que compartieron experiencias formativas. Era una relación de poder asimétrica donde cada uno ofrecía algo que el otro necesitaba y donde la transacción era tan clara que nadie tenía que decirla en voz alta porque ambos la entendían perfectamente.

López [música] Portillo ofrecía legitimidad y cobertura política, la capacidad de poner a Durazo en una posición desde la cual podía hacer lo que iba a hacer con el respaldo institucional que hace que esas cosas sean posibles. La protección que viene de ser el amigo del presidente en un sistema donde el presidente es el centro de todo el poder real.

 Durazo ofrecía lo que los políticos necesitan y que no pueden procurarse públicamente. [música] Era el hombre que hacía funcionar las partes del sistema que no pueden funcionar con las manos limpias que los políticos necesitan mostrar en público. Era el que manejaba las relaciones con los sectores del poder informal, que el poder formal necesita, pero que no puede reconocer formalmente.

 Era el que mantenía el orden de maneras que el sistema legal no siempre permite, pero que el sistema político a veces requiere. Esa relación no fue única en la historia del sistema priista. fue la versión más extrema y más documentada de un tipo de relación que existía en múltiples formas y en múltiples niveles de la jerarquía del partido y del Estado.

 Lo que hizo a Durazo diferente no fue el tipo de relación, sino la escala de lo que construyó sobre ella y la visibilidad de los excesos que esa escala produjo. La palanca que Durazo encontró y que definiría el resto de su vida fue José [música] López Portillo. Los dos se conocieron de jóvenes en esa etapa de la vida donde las amistades se forman antes de que las posiciones sociales y políticas las compliquen.

 Y la amistad que formaron fue de las que duran. No porque compartieran valores ni visiones del mundo necesariamente similares, sino porque Durazo entendió antes que nadie que López Portillo era alguien que iba a llegar lejos y que ser leal a ese alguien era la inversión más inteligente que podía hacer.

 Lo que Durazo ofrecía a la relación era exactamente lo que un político ambicioso en el México de los años 50 y 60 necesitaba y que no siempre era fácil encontrar. la disposición de hacer las cosas que los políticos no pueden hacer directamente. El intermediario, el que maneja la parte sucia del poder para que el político que tiene el poder pueda mantener sus manos limpias en público.

Una función que ha existido en todos los sistemas de poder de todos los tiempos y que en el México del PRI del siglo XX tenía su propia versión específica y perfectamente institucionalizada. Durazo fue construyendo su carrera dentro de la policía durante las décadas en que López Portillo fue construyendo la suya dentro de la política, no con la misma velocidad ni con la misma visibilidad, pero con la paciencia de quien sabe que la inversión que está haciendo tiene un horizonte temporal largo y que el retorno llegará cuando

llegue el momento correcto. El momento correcto llegó en 1976. Ese año José López Portillo ganó la presidencia de México en el proceso electoral de partido único, que era la norma política del sistema priista. Y una de las primeras decisiones que tomó como presidente fue nombrar a su viejo amigo, Arturo Durazo Moreno, como director general de policía y tránsito del Distrito Federal.

 fue la decisión que cambiaría la historia de la seguridad [música] pública de la Ciudad de México para las generaciones que vivirían bajo ese régimen. Hay algo que merece ser examinado con más detalle sobre la mecánica específica de la extorsión que el régimen de Durazo practicaba. Porque esa mecánica explica [música] cómo fue posible que la operación funcionara durante 6 años sin que el sistema colapsara bajo el peso de las denuncias que inevitablemente generaba.

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