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90 países eligen leche argentina: lo que nadie te estaba contando

 No porque sea perfecta, [música] porque tiene desafíos enormes que no vamos a esconder acá, sino porque los fundamentos que hacen a la calidad de nuestra leche son tan sólidos, tan bien construidos durante décadas, que vale la pena entenderlos de verdad. no como eslogan, como realidad documentada. Así que hoy vamos a recorrer juntos los pilares que [música] explican por qué la leche argentina goza de reconocimiento en los mercados internacionales más exigentes.

 [música] La tierra donde nace, la salud de los animales, los controles que garantizan su pureza, la tecnología que la respalda y lo que eso significa para nosotros como país. Arrancamos. El primer punto, y para mí el más importante de todos es entender [música] de dónde viene la ventaja argentina. Y la respuesta tiene nombre, la Pampa.

Cuando uno habla de calidad de leche en el mundo, hay dos grandes modelos productivos. El modelo de confinamiento, donde las vacas viven en galpones, [música] se alimentan con fórmulas industriales y nunca pisan pasto natural. y el modelo pastoril, donde las vacas pastan libremente en campos abiertos, comen lo que la naturaleza ofrece y tienen contacto con el suelo, el aire y el sol.

 Argentina basa su lechería en el pastoreo y eso es una ventaja enorme que muy pocos países del mundo pueden replicar. La pampa húmeda, que es donde se concentra la mayor parte de nuestra producción lechera, [música] tiene algunos de los suelos más fértiles del planeta. No lo digo yo, lo dice la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, [música] que coloca a los suelos pamanos entre los más productivos del mundo.

 Una vaca que pasta libremente en esos campos [música] come una diversidad de pasturas naturales que se traduce directamente en la composición de su leche. [música] Mayor variedad de ácidos grasos, mayor contenido de omega-3, mejor perfil nutricional. El consulado general de Argentina en Hamburgo, en sus materiales de promoción del sector, describe [música] este sistema de pastoreo como uno que no solo es más sostenible, sino que favorece la producción de leche con un alto valor biológico.

 Y eso importa [música] porque los consumidores del mundo, especialmente en Europa y Asia, están cada vez más interesados en saber cómo se produjo lo que comen. Ahora bien, tener tierra fértil y vacas en pastoreo no alcanza por sí solo para exportar al mundo. Para eso, necesitas algo que los mercados internacionales exigen con una seriedad que no perdona, [música] sanidad animal.

 Y acá es donde entra uno de los pilares más importantes y menos conocidos de la cadena láctea argentina. [música] Según datos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, el SENASA, la producción primaria lechera argentina proviene de rodeos libres de brucelosis y tuberculosis o que se encuentran bajo programas oficiales de control y erradicación de ambas enfermedades.

Traducido, [música] las vacas que producen la leche que tomamos los argentinos y que se exporta al mundo están bajo un sistema de vigilancia sanitaria continua del Estado. Esto no es un dato menor. La brucelosis y la tuberculosis bobina son enfermedades que, además de afectar a los animales, son sonóticas, lo que significa que pueden transmitirse a las [música] personas.

 El hecho de que Argentina tenga programas nacionales de control y erradicación de estas enfermedades [música] con vacunación obligatoria, auditorías y certificaciones es lo que permite a nuestras empresas acceder a los mercados más exigentes del mundo. Un mercado como el de la Unión Europea, que rechaza sin miramientos lo que no cumple sus normas, compra productos lácteos [música] argentinos y eso es una señal muy fuerte de que el sistema funciona.

 El SENASA tiene registrados, según sus propios datos, más de 8700 establecimientos como [música] bovinos tambos en todo el país con alrededor de 1,illón y medio de vacas lecheras. Las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe concentran más del 84% de esos establecimientos y alrededor del 90% de las vacas de tambo.

Esta concentración geográfica no es un problema, sino una fortaleza, porque permite que los controles sanitarios sean más eficientes, más sistemáticos y más verificables. Cuando hablamos de mercados internacionales, la trazabilidad, es decir, la capacidad de seguir el origen de cada [música] producto desde la vaca hasta el consumidor es un requisito fundamental y Argentina lo tiene.

 Hablando de controles, vamos al tercer pilar, el sistema de certificación para exportaciones. Esto es algo que pocos argentinos conocen, [música] pero que vale la pena entender porque muestra el nivel de seriedad con el que trabajamos. Cada vez que una empresa láctea argentina quiere exportar sus productos, no puede simplemente cargar un camión y mandarlo al mundo.

 El proceso es mucho más riguroso que eso. El SENASA interviene directamente, verifica la mercadería en planta, toma muestras y realiza ensayos en sus propios laboratorios. Después [música] emite un protocolo de laboratorio que acompaña la exportación. Ese protocolo certifica que el producto cumple [música] no solo con las normas argentinas, sino con los requisitos específicos del país de destino.

 Y esto es clave porque cada país importador tiene sus propias exigencias. [música] Exportar a Arabia Saudita implica requisitos distintos que exportar a Brasil o a China. El hecho de que la industria láctea argentina pueda cumplir con todas esas exigencias distintas al mismo tiempo dice mucho de la infraestructura técnica que tenemos.

Y aquí hay un dato que a mí me pareció increíble cuando lo descubrí. En 2022, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, [música] el INTI, recibió la aprobación del Buró Internacional de Pesas y Medidas, que es el máximo organismo mundial de metrología, para sus capacidades de medición de cinco elementos centrales para determinar la calidad de productos alimenticios.

Entre esos elementos están el calcio, el hierro, el celeño y el zinc en leche en polvo, además del pH. ¿Por qué importa esto? Porque significa que cuando un laboratorio argentino dice que un producto tiene tal cantidad de calcio [música] o tal nivel de zinc, ese dato tiene reconocimiento internacional. No es solo palabra nuestra, es una capacidad de medición validada por el organismo más importante del mundo en la materia.

 Y eso en el comercio internacional de alimentos tiene un valor enorme. [música] Según el propio comunicado del gobierno nacional al respecto, esta capacidad resulta indispensable para el comercio mundial [música] y para garantizar el cumplimiento con especificaciones que impactan directamente en la salud de la población.

 Cuarto punto y este me parece de los más fascinantes, la escala y la capacidad de la industria. La industria lechera argentina procesa diariamente alrededor de 27 millones de litros de leche, según datos del sector publicados tanto en medios especializados como en informes del gobierno. Para que te des una idea de lo que significa eso, es una operación industrial gigantesca que funciona todos los días del año con cadenas de frío, controles de calidad, procesamiento industrial y logística de exportación.

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