Un joven millonario le entregó un contrato a una campesina y dijo, “Seminovia por dos meses.” Pero al leer las cláusulas ella quedó en SOC, horarios rígidos, normas estrictas en público, prohibición de contacto fuera de los eventos y hasta un beso obligatorio. Lo que parecía un simple acuerdo, pronto se convirtió en algo que nadie esperaba.
El sol caía implacable sobre los extensos viñedos de la familia Torres mientras Suelen Mel recogía los últimos racimos de uva de su jornada. El sudor perlaba su frente y sus manos ásperas por el trabajo diario, mostraban pequeños rasguños. A sus 25 años, Suelen conocía cada rincón de estas tierras que, irónicamente nunca serían suyas.
Emel, la voz autoritaria del capataz rompió la tranquilidad de la tarde. El señor Torres quiere verte ahora. Suelen se incorporó limpiándose las manos en el delantal y sintiendo un nudo en el estómago. En los tr años que llevaba trabajando en los viñedos Torres, jamás había sido llamada personalmente por el dueño.
Las pocas veces que lo había visto, siempre a distancia, Oliver Torres parecía una figura sacada de otro mundo, trajes impecables, automóviles lujosos. Y esa actitud de quien está acostumbrado a que sus órdenes sean obedecidas sin cuestionamiento. ¿Dice algo mal?, preguntó intentando recordar si había cometido algún error en la cosecha.
El capatá se encogió de hombros. No me dio detalles. Solo dijo que dejes todo y vayas a la mansión principal. La mansión Torre se alzaba majestuosa al final de un camino bordeado de cipces, una imponente estructura de piedra y cristal que parecía observar con desde en los humildes dormitorios de los trabajadores. Mientras caminaba por el sendero de Grava, Suelen intentaba ignorar las miradas curiosas de los otros empleados.
Un mayordomo la recibió en la entrada, su expresión revelando cierta sorpresa al ver a una trabajadora del campo con su ropa sencilla y manchada. El señor Torres la espera en su despacho, indicó secamente, guiándola a través de pasillos decorados con obras de arte que probablemente costaban más que todo lo que su familia poseía.
El despacho de Oliver Torres era exactamente como Suelem lo había imaginado, minimalista, elegante y frío. Grandes ventanales ofrecían una vista panorámica de los viñedos, un recordatorio constante de su posición de poder sobre todo lo que se extendía ante él. Oliver estaba de pie junto a la ventana, de espaldas a ella.
Alto, con un físico que delataba horas de gimnasio privado, vestía un traje gris perfectamente ajustado. Cuando se giró para mirarla, Suelen confirmó lo que había escuchado. A sus 30 años, Oliver Torres no solo era obscenamente rico, sino también injustamente atractivo, con rasgos angulosos, ojos penetrantes y ese tipo de presencia que llenaba la habitación.
Señorita Mel, saludó con un tono neutro, evaluándola con una mirada clínica. Gracias por venir tan rápido. Suelem asintió consciente de su apariencia desaliñada frente a la perfección de él. No creí tener opción, señor Torres. Una sonrisa fugaz, casi imperceptible cruzó el rostro de Oliver. Directa. Me gusta eso”, comentó antes de señalar la silla frente a su escritorio.
“Por favor, siéntese.” Suelem obedeció intrigada y nerviosa. El silencio se extendió por unos segundos mientras Oliver tomaba asiento frente a ella, colocando una carpeta en el escritorio entre ambos. “He estado observándola, señorita Mel”, dijo finalmente, su voz controlada y profesional. Sus evaluaciones son excelentes.
Trabajadora, eficiente, sin quejas innecesarias y lo más importante, discreta, “Gracias”, respondió Suelem cautelosamente, preguntándose a dónde iba esta extraña conversación. Oliver abrió la carpeta revelando lo que parecía ser un contrato legal de varias páginas. Voy a ser directo.
Tengo una propuesta para usted, una que podría resultarle muy beneficiosa económicamente. Suelen sintió que su corazón se aceleraba. Un ascenso quizás a supervisora, el dinero extra sería una bendición. Las deudas médicas de su madre se acumulaban y el pequeño terreno familiar estaba a punto de ser embargado. La escucho, señor Torres.
Oliver la miró directamente, sus ojos evaluando cada reacción de ella. “Necesito una novia”, declaró con la misma naturalidad con que habría solicitado un informe de producción. “Por dos meses exactamente y quiero contratarla a usted para ese papel.” Suelen parpadeó, segura de haber escuchado mal. Disculpe, una novia, repitió él con paciencia, como si explicara algo obvio.
Aparente, por supuesto. La junta directiva de Torres Enterprise se reunirá en dos meses para confirmar mi posición como SEO, sustituyendo a mi padre. Algunos miembros consideran que mi enfoque demasiado analítico y mi aparente incapacidad para mantener relaciones personales estables son señales de que no estoy listo.
Hizo una pausa evaluando la reacción de Suelem antes de continuar. Necesito demostrarles que estoy perfectamente equilibrado, que puedo manejar tanto los negocios como una vida personal satisfactoria y para eso necesito una relación que parezca sólida y genuina justo a tiempo para la gala del 30 aniversario de la empresa.
Suelen se reclinó en la silla aturdida por la propuesta. Estaba realmente este hombre, el poderoso heredero de una de las fortunas más grandes del país, pidiéndole a ella, una trabajadora del campo, que fingiera ser su novia. ¿Por qué yo? Preguntó finalmente. Debe haber cientos de mujeres de su círculo social que estarían encantadas con la idea.
Precisamente por eso, respondió Oliver, su tono volviéndose más empresarial. Cualquier mujer de mi entorno social inmediatamente despertaría sospechas. La familia Torres está constantemente bajo escrutinio mediático. Necesito a alguien completamente desvinculada de mi círculo, alguien cuya presencia en mi vida parezca inesperada, romántica, incluso.
Suelen sintió una mezcla de indignación y curiosidad. ¿Y qué ganaría yo exactamente con este arreglo? Oliver deslizó el contrato hacia ella. Página 3. Cláusula de compensación, indicó. Suelen miró el número y sintió que se le cortaba la respiración. Era más dinero del que ganaría en 5 años de trabajo en los viñedos.
Esta cifra comenzó incapaz de ocultar su sorpresa. “Es adecuada para la naturaleza del servicio,” completó Oliver con frialdad. El contrato detalla todas las expectativas. Apariciones públicas programadas, interacciones específicas, una narrativa coherente sobre cómo nos conocimos. Todo está meticulosamente planificado.
Suele mojeó el documento cada vez más incrédula. Había secciones enteras dedicadas a muestras apropiadas de afecto, guiones para interacciones públicas y hasta un cronograma de desarrollo de la relación con fechas exactas. Besos en público. Duración máxima de 3.5 segundos, incrementable a 5 segundos a partir de la tercera semana, leyó en voz alta, entre atónita y divertida.
Realmente cronometra sus besos, señor Torres. Oliver no pareció captar el humor en su tono. La precisión evita malentendidos. Respondió con total seriedad. Cada aspecto de la relación debe parecer natural, pero controlado. No busco romance real, señorita Mel. Esto es un acuerdo comercial. Suelen continuó leyendo, deteniéndose en una sección particularmente detallada.
Contacto físico permitido. Manos, brazos, hombros, espalda superior. Cualquier otro contacto requiere aprobación previa. Alzó la mirada. ¿No cree que está siendo un poco minucioso?”, completó él. Los detalles son importantes en cualquier contrato. Suelen negó con la cabeza una sonrisa incrédula formándose en sus labios.
Iba a decir obsesivo, pero minucioso también sirve. Por primera vez vio algo parecido a la incomodidad en el rostro perfectamente compuesto de Oliver Torres. Prefiero establecer límites claros desde el principio, se defendió. Este arreglo funcionará mejor si ambas partes saben exactamente qué esperar. Suelen cerró la carpeta, aún procesando la extraña propuesta.
El dinero resolvería todos sus problemas financieros. Podría pagar las deudas médicas de su madre, salvar el terreno familiar, incluso retomar los estudios universitarios que había abandonado cuando su familia cayó en desgracia. Pero la idea de venderse, de fingir sentimientos, de convertirse en una especie de actriz contratada para el capricho de un millonario.
¿Qué pasa si me niego? Preguntó levantando la barbilla. Oliver la miró con genuina sorpresa, como si la posibilidad de un rechazo no hubiera cruzado por su mente. “Nada”, respondió finalmente. “Seguirá siendo una empleada valorada en nuestros viñedos.” Esta conversación nunca ocurrió. Suelem estudió su expresión buscando alguna trampa, alguna amenaza velada.
No encontró ninguna. Necesito tiempo para pensarlo. Por supuesto, concedió Oliver, volviendo rápidamente a su eficiencia habitual. Tiene 24 horas. Mientras tanto, tome el contrato, revíselo detalladamente. Página 17, encontrará una cláusula de confidencialidad. Independientemente de su decisión, nada de lo que hemos hablado puede salir de esta habitación.
Suelem asintió tomando la carpeta y levantándose. Cuando estaba a punto de salir, la voz de Oliver la detuvo. “Señorita Mel”, dijo y por un momento su tono perdió algo de su frialdad característica. “Entiendo que esta propuesta es poco convencional, pero le aseguro que todo será manejado con absoluta profesionalidad.
” Suelem se giró encontrando su mirada. Todo en su vida es profesional, ¿verdad? Sr. Torres, observó. Me pregunto si alguna vez ha experimentado algo que no pueda controlar con un contrato. Sin esperar respuesta, salió del despacho dejando a Oliver Torres con una expresión que por primera vez en mucho tiempo no era de absoluta certeza.
Esa noche, sentada en la pequeña mesa de la cocina de su casa familiar, Suelen releía el contrato a la luz de una lámpara desgastada. Cada página revelaba la mente meticulosa de Oliver Torres, un hombre que aparentemente creía que hasta las emociones podían ser programadas como software.
“¿Qué tienes ahí que te tiene tan concentrada?”, preguntó su madre, dejando una taza de té frente a ella antes de sentarse con evidente esfuerzo. Marina Mel, antes vibrante y fuerte, ahora mostraba los estragos de una enfermedad prolongada. Las medicinas caras y los tratamientos especializados habían agotado los ahorros familiares y su estado mejoraba y empeoraba en ciclos impredecibles.
Suelen cerró rápidamente la carpeta recordando la cláusula de confidencialidad. Solo un proyecto del trabajo mintió odiando tener que hacerlo, pero consciente de que no podía explicar la verdadera naturaleza del documento. Marina la miró con esos ojos que siempre parecían ver más allá de las palabras. ¿Sabes qué día es mañana? Preguntó suavemente.
Suelem asintió. El aniversario de la muerte de su padre, 5 años ya. Pablo Mel había fallecido trabajando irónicamente en los mismos viñedos Torres donde ella ahora se ganaba la vida. Un accidente con la maquinaria, una compensación mínima y promesas vacías de apoyo que nunca se materializaron. Lo sé, mamá. Marina tomó su mano entre las suyas, ahora delgadas y frágiles.
Tu padre siempre decía que en la vida hay que tomar decisiones difíciles, pero que al final lo único que realmente importa es poder mirarse al espejo cada mañana. Suelen sintió un nudo en la garganta. Podría mirarse al espejo si aceptaba ser la novia falsa de Oliver Torres. Si fingía afecto por el heredero de la familia que tantas dificultades había causado a la suya.
Pero luego pensó en las facturas médicas acumulándose en la casa familiar a punto de perderse en los ojos cansados de su madre. Dos meses. Solo tendría que fingir durante dos meses y el dinero cambiaría sus vidas. ¿Te preocupa algo, hija?, insistió Marina notando su conflicto interno. Solo estoy cansada, respondió Suelen forzando una sonrisa.
Mañana visitaremos la tumba de papá juntas, ¿verdad? Marina asintió y poco después se retiró a descansar, dejando a Suelem sola con sus pensamientos y el contrato que podría transformar su futuro. A las 3 de la mañana, después de horas de debate interno, tomó su decisión. Oliver Torres observaba la ciudad desde el ventanal de su ático de lujo, un vaso de whisky intacto en su mano.
La conversación con Suelen Mel seguía rondando su mente, específicamente su última pregunta. ¿Realmente controlaba todo en su vida con contratos? ¿Era eso tan malo? El mundo de los negocios había sido su refugio desde la adolescencia. Mientras otros chicos de su edad experimentaban, cometían errores y vivían apasionadamente, Oliver había estudiado mercados, estrategias y psicología empresarial.
Su padre, Adrián Torres había construido un imperio, pero a costa de su matrimonio y de una relación distante con su único hijo. “No cometas mis errores”, le había dicho Adrián durante su última crisis cardíaca hace apenas unos meses. “El dinero no te acompaña en la cama cuando envejeces.” Oliver había interpretado esas palabras a su manera.
Necesitaba proyectar una imagen más equilibrada, más completa. Una pareja estable demostraría a la junta directiva que no era solo una máquina de hacer dinero, sino un hombre capaz de establecer vínculos. El plan era perfecto, calculado, eficiente y con un objetivo claro, asegurar su posición como SEO. La elección de Suelen Mel no había sido al azar.
Había revisado los expedientes de decenas de empleadas antes de decidirse por ella. Suelen tenía la combinación ideal, suficientemente atractiva para ser creíble como su pareja, pero no tan deslumbrante como para parecer un cliché, inteligente, pero sin conexiones en el mundo empresarial y con una evidente necesidad económica que garantizaba su motivación.
Lo que no había anticipado era su franqueza, esa forma directa de desafiar lo que había experimentado pocas veces en su vida. Las personas generalmente se mostraban diferentes ante él, temerosas de contrari heredero de los Torres. Su teléfono vibró mostrando un mensaje de su asistente, confirmados todos los eventos del plan.
Novedades sobre el asunto personal. Oliver no respondió. Mañana sabría si Suelen Mel aceptaba su propuesta y si lo hacía, los próximos dos meses seguirían exactamente el plan que había diseñado meticulosamente, sin imprevistos ni complicaciones emocionales. Porque si algo caracterizaba a Oliver Torres, era su capacidad para prever todas las variables y mantener absoluto control sobre cualquier situación, o eso creía él.
A la mañana siguiente, puntual como un reloj suizo, Suelem se presentó en el despacho de Oliver. Había dormido apenas unas horas, pero se había esforzado en arreglarse más de lo habitual, no por vanidad, sino como una forma de armarse para la batalla que estaba a punto de librar. Oliver ya estaba allí revisando documentos en su tablet.
Levantó la mirada brevemente cuando ella entró, su expresión ilegible. Buenos días, señorita Mel”, saludó formalmente. “¿Ha tomado una decisión?” Suelen colocó la carpeta sobre el escritorio y se sentó sin esperar invitación. “Tengo condiciones”, declaró, sorprendiéndose a sí misma con su firmeza. Oliver levantó una ceja, claramente no acostumbrado a que alguien intentara negociar sus términos.
“El contrato es bastante completo”, respondió con cierta rigidez. incluye todas las protecciones necesarias para ambas partes. No estoy hablando de protecciones legales, aclaró Suelen. Hablo de condiciones personales. Se inclinó hacia adelante, sosteniendo la mirada de Oliver sin intimidarse. Aceptaré ser su novia ficticia durante dos meses.
Seguiré su cronograma de apariciones públicas y hasta me apegaré a sus ridículos límites de tiempo para besos. Pero a cambio quiero algo más que dinero. Oliver entrecerró los ojos súbitamente alerta. ¿Qué es lo que quiere exactamente? Quiero que la Fundación Torres financie completamente la clínica comunitaria del pueblo respondió Suelem sin dudar.
El centro médico lleva años solicitando apoyo y su familia siempre lo ha ignorado. Esa clínica atiende a todos los trabajadores de sus viñedos, incluida mi madre. Oliver la observó durante unos segundos evaluando la petición. Eso podría costar tanto como lo que ya le estoy ofreciendo a usted, señaló. Considerando que estoy accediendo a pretender sentimientos que no existen, creo que es justo replicó ella.
Un silencio tenso se extendió entre ambos. Finalmente, Oliver asintió. Prepararé una adenda al contrato, incluyendo esa condición. Concedió algo más. Suelen respiró profundo. Era ahora o nunca. Sí, durante estos dos meses, mientras esté interpretando el papel de su novia enamorada ante el mundo, usted interpretará el papel de ser humano decente conmigo en privado.
Nada de tratarme como una empleada que ha contratado para un servicio adicional. Oliver pareció genuinamente sorprendido por esta condición. Podría elaborar. Quiero decir que las cláusulas de contacto físico, los guiones y cronogramas están bien para eventos públicos, pero cuando estemos solos, quiero que me trate como a una igual.
Que hablemos como personas normales, no como contratante y contratada. Eso parece innecesariamente complicado, respondió él, claramente incómodo con la idea. La línea entre lo profesional y lo personal. punto punto. Es exactamente lo que toda la gente que lo conoce dice que usted no sabe manejar, completó Suelen, lo que ha llevado a esta situación en primer lugar.
Oliver se quedó momentáneamente sin palabras, algo que rara vez le ocurría en negociaciones. Está sugiriendo que use estos dos meses como una especie de experimento social. Estoy sugiriendo que si vamos a pasar tanto tiempo juntos, podríamos al menos intentar no odiarnos mutuamente al final. respondió Suelen con franqueza. Además, una relación parece más auténtica cuando las personas involucradas no se miran como si estuvieran en lados opuestos de una sala de negociaciones.
Oliver consideró sus palabras. Desde una perspectiva puramente estratégica, tenía sentido. La autenticidad era clave para que el plan funcionara. Acepto sus condiciones, dijo. Finalmente, redactaré las modificaciones necesarias al contrato y lo tendrá listo para firmar esta tarde. Suelem extendió su mano.
Entonces, tenemos un trato, señor Torres. Oliver tomó su mano notando por primera vez los callos formados por el trabajo duro, tan diferentes a las manos suaves de las mujeres de su círculo social. “Un trato, señorita Mel”, confirmó. Y ya que vamos a fingir estar enamorados, quizás sea hora de que empecemos a usar nuestros nombres de pila. Suelen dijo ella soltando su mano.
Bolivar, respondió él, recuperando su postura profesional casi inmediatamente. Empezaremos este fin de semana. Hay un evento benéfico en el club de campo. Será nuestra primera aparición pública como pareja. Mi asistente la contactará con todos los detalles y arreglará lo necesario para su preparación. Suele me entendió la implicación.
Necesitaría ropa adecuada, peinado, maquillaje, toda una transformación para encajar en el mundo de Oliver Torres. Estaré lista”, aseguró preguntándose en qué se estaba metiendo realmente. Cuando salió del despacho, sintió una mezcla contradictoria de emociones. Había aceptado fingir, mentir, convertirse en algo que no era.
Pero el fin justificaba los medios, ¿no? La clínica comunitaria atendería a cientos de personas necesitadas, incluida su madre. El dinero aseguraría su futuro. Solo tenía que sobrevivir dos meses pretendiendo estar enamorada de un hombre incapaz de sentir nada que no pudiera cuantificar en una hoja de cálculo.
¿Qué tan difícil podía ser? Lo que Suelen no sabía mientras caminaba de regreso a los viñedos bajo el sol primaveral, era que estaba a punto de descubrir la respuesta a esa pregunta. Y no sería la que esperaba. Está demasiado rígida, señorita. Debe parecer natural, no como si estuviera frente a un pelotón de fusilamiento.
Instruía Miranda, la estilista personal que Oliver había enviado para preparar a Suelen para su primer evento público como pareja. Suelen intentó relajar los hombros mientras contemplaba su reflejo en el espejo. La mujer que le devolvía la mirada apenas la reconocía. Cabello recogido en un elegante moño, maquillaje sutil pero efectivo que resaltaba sus rasgos y un vestido azul noche que costaba más que 6 meses de su salario.

“Ahora camine”, ordenó Miranda, “¿Como le enseñé, espalda recta, barbilla ligeramente elevada, pasos medidos obedeció sintiéndose como una marioneta en tacones de 10 cm. Tres días de entrenamiento intensivo habían precedido a esta noche. Clases de etiqueta, instrucciones sobre cómo comportarse en alta sociedad, guiones memorizados sobre su supuesta relación con Oliver.
“Nos conocimos durante la vendimia”, debía decir si alguien preguntaba. Él venía a supervisar personalmente la cosecha de una variedad especial de uva y tropezamos literalmente un encuentro fabricado que Miranda había calificado como suficientemente encantador sin ser empalagoso. “El coche del señor Torres llegará en 10 minutos”, anunció la asistente de Miranda asomándose por la puerta.
Suelem sintió que su estómago se contraía. Durante los tres días de preparación no había vuelto a ver a Oliver. Todo había sido coordinado a través de asistentes, estilistas y mensajes formales. Incluso el contrato modificado, que ahora incluía sus condiciones, había sido entregado por un mensajero. “Recuerde el protocolo”, dijo Miranda ajustando por última vez el vestido.
En público, miradas frecuentes hacia él, sonrisas medidas, contacto físico dentro de los parámetros acordados. El señr Torres no tolera las improvisaciones. Lo sé, respondió Suelem, preguntándose en qué momento de su vida había decidido que fingir amor por dinero era una buena idea. El Mercedes negro de Oliver llegó puntualmente. Desde la ventana, Suelen no vio descender del vehículo y ajustarse el elegante smoking antes de dirigirse hacia la entrada.
Un minuto después, llamó a la puerta de la suite, donde Suelem había pasado los últimos tres días. transformándose en alguien que pudiera pasar por novia de Oliver Torres. Cuando abrió la puerta, notó un destello de sorpresa en los ojos generalmente impasibles de Oliver. Fue apenas un segundo, rápidamente controlado, pero suficiente para darle una pequeña satisfacción.
“Buenas noches, Suelem”, saludó él formalmente. “Estás muy presentable.” “¿Qué alago tan efusivo?”, respondió ella con ironía, recordando su segunda condición en privado. Nada de formalidades distantes. Oliver pareció momentáneamente desconcertado, como si hubiera olvidado ese detalle del acuerdo.
“Lo siento, no soy bueno con los cumplidos espontáneos”, admitió y Suelem se sorprendió ante esta pequeña confesión de debilidad. Lo que quería decir es que estás hermosa, realmente hermosa. El cumplido, aunque torpe, sonó sincero y Suelem sintió un inesperado calor en sus mejillas. Gracias, respondió tomando el pequeño bolso que Miranda le había dejado.
Tú también te ves bien. Supongo que estamos listos para nuestra primera actuación. Oliver le ofreció su brazo, un gesto ensayado según el contrato. El club Riviera está a 30 minutos, informó mientras descendían hacia el coche. Repasemos los detalles finales durante el trayecto. Por supuesto, mi romántico novio murmuró Suelem, causando que Oliver la mirara con una mezcla de irritación y algo parecido a diversión.
El club Riviera era la quinta esencia de lujo, un edificio centenario rodeado de jardines perfectamente cuidados, donde los apellidos pesaban más que las fortunas y las fortunas ya eran considerables. Mientras el Mercedes avanzaba por el camino de entrada, Suelen observaba con asombro la procesión de coches de alta gama y mujeres cubiertas de joyas.
“Respira”, dijo Oliver notando su tensión. Solo son personas, personas con dinero, pero al final del día solo personas. Dice el hombre que nunca ha tenido que preocuparse por pagar una factura, respondió Suelem en voz baja mientras el ballet abría su puerta. Oliver se inclinó ligeramente, susurrando en su oído mientras la ayudaba a descender.
He tenido otras preocupaciones. Tal vez algún día te las cuente si dejas de juzgarme por 5 minutos. Antes de que Suelen pudiera responder, se encontraron rodeados por flashes de cámaras y saludos efusivos. Oliver se transformó instantáneamente. Su postura rígida se suavizó. Una sonrisa perfectamente calibrada apareció en su rostro y su brazo se deslizó alrededor de la cintura de Suelen con una familiaridad que parecía de meses, no de minutos.
Biber, cariño, qué sorpresa haberte acompañado”, exclamó una mujer mayor enjollada como un árbol de Navidad acercándose a ellos. “¿No nos presentas a tu amiga?” “Tía Beatriz”, saludó Oliver con afecto practicado. “Te presento a Suelen Mel, mi novia.” Suelen Beatriz Torres, la hermana de mi padre y vicepresidenta de la fundación Torres.
Suelen sonrió recitando mentalmente el guion que había memorizado. Un placer conocerla, señora Torres. Oliver habla maravillas de usted. Beatriz la evaluó con ojos expertos como quien examina un caballo en su basta. Mel de los mel de la región vinícola, preguntó su sonrisa nunca abandonando sus labios, pero sin alcanzar sus ojos.
Mi padre trabajaba en los viñedos”, respondió Suelem con honestidad, sintiendo como Oliver tensaba ligeramente su brazo alrededor de su cintura. “¡Qué, pintoresco?”, comentó Beatriz, su tono oscilando entre la condescendencia y la sospecha. Oliver siempre tan lleno de sorpresas. “¿Cuánto tiempo llevan juntos, querida?” Nos conocimos durante la última vendimia”, intervino Oliver suavemente.
“Pero oficializamos hace poco. Algunas conexiones son simplemente inevitables.” Miró a Suelen con tal intensidad ensayada que por un instante ella casi creyó en sus palabras. “Ya veo”, respondió Beatriz, claramente no convencida. “Bueno, bienvenida al círculo familiar, Suelem. Estoy segura de que nos veremos mucho en los próximos días, semanas.
Tía Beatriz, siempre tan bromista, comentó Oliver con una risa controlada. Si nos disculpas, debo presentar a Suelem a los demás invitados. Mientras se alejaban, Suelem sintió que sus rodillas temblaban ligeramente. Eso fue intenso susurró. Tu tía claramente no aprueba que salgas con alguien como yo.
Mi tía no aprueba nada que no haya sido su idea”, respondió Oliver, saludando elegantemente a otros invitados mientras avanzaban por el salón. “No te preocupes por ella, preocúpate por mi padre. Está en la mesa central y acaba de notarnos.” Suelen siguió su mirada hasta un hombre imponente que, a pesar de estar sentado y claramente no en su mejor momento de salud, emanaba autoridad.
Adrián Torres, patriarca de la dinastía Torres y fundador del Imperio Empresarial, los observaba con intensidad calculadora. “¿No mencionaste que tu padre estaría aquí?”, murmuró Suelen sintiendo que su boca se secaba. “No esperaba que asistiera”, confesó Oliver. Ha estado evitando eventos sociales desde su último episodio cardíaco.
Esto complica las cosas. ¿Por qué no es el parte del plan? preguntó Suelem confundida. “Mi padre es extremadamente perceptivo”, explicó Oliver, guiándola entre los invitados con una mano firmemente apoyada en su espalda baja. “Y me conoce mejor que nadie. Si alguien puede detectar que esto es una farsa, es él.
” Suelen se detuvo obligando a Oliver a hacer lo mismo. Entonces, hagámoslo convincente, dijo tomando una decisión impulsiva. Antes de que Oliver pudiera preguntar a qué se refería, Suelem se acercó y rompiendo todas las cláusulas sobre contacto físico previamente autorizado, lo besó. No fue el beso medido y controlado que establecía el contrato.
Fue impulsivo, casi desafiante, sus manos enmarcando el rostro de Oliver mientras se ponía de puntillas para alcanzar sus labios. Por un instante sintió que él se tensaba por la sorpresa, pero luego, para su propio asombro, Oliver respondió. Sus brazos la rodearon, atrayéndola hacia él en un abrazo que nada tenía de calculado o profesional.
Cuando se separaron, ambos parecían igualmente sorprendidos. Los ojos de Oliver, generalmente fríos y analíticos, mostraban una confusión que Suelen nunca había visto en él. Eso no estaba en el contrato dijo él en voz baja, solo para que ella lo escuchara. Improvisación, respondió Suelem, sintiendo que su corazón latía con fuerza inexplicable.
La autenticidad vende, ¿recuerdas? Oliver la observó por un momento como si intentara resolver un complejo problema matemático. “Veo que has estado prestando atención a mis lecciones de estrategia”, comentó finalmente una media sonrisa apareciendo en su rostro. Alrededor, varios invitados habían notado el momento, incluyendo a Adrián Torres, cuya expresión había pasado de la sospecha al interés.
Creo que funcionó”, murmuró Suelen. “Tu padre ya no parece tan escéptico.” “Definitivamente capturamos su atención”, concordó Oliver y luego, en un gesto que no parecía ensayado, tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de ella. Vamos, es hora de la prueba de fuego. El acercamiento a Adrián Torres fue como avanzar hacia un león dormido, cauteloso, medido, consciente de que un movimiento en falso podría despertar su instinto depredador.
Padre, saludó Oliver formalmente. No esperaba verte aquí esta noche. Evidentemente, respondió Adrián, su voz profunda cargada de autoridad. De haberlo sabido, quizás me habrías mencionado que vendrías acompañado. Sus ojos, sorprendentemente similares a los de Oliver, pero cargados de décadas de experiencia adicional, se posaron en Suelen.
Adrián Torres se presentó extendiendo una mano que, aunque debilitada por la edad y la enfermedad, seguía transmitiendo firmeza. “Suelen Mel”, respondió ella, estrechando su mano y sosteniendo su mirada. Un placer conocerlo, señor Torres. Mel, repitió Adrián evaluándola. Relacionada con Joaquín Mel, elenólogo. Suelen parpadeó, sorprendida de que conociera a su tío.
Era mi tío, confirmó. Lo conocía. Un genio incomprendido. Asintió Adrián. Demasiado terco para su propio bien, pero un paladar excepcional. trabajó para mí en los primeros días de la bodega. Oliver parecía tan sorprendido como ella por esta conexión inesperada. “Nunca mencionaste conocer a su familia”, comentó sentándose junto a su padre e invitando a Suelem a hacer lo mismo.
“Hay muchas cosas que no menciono, hijo”, respondió Adrián con una sonrisa enigmática. “Pero ahora me interesa saber cómo ustedes dos se conocieron. La versión real, no la que secaramente han preparado para la prensa. Suelen sintió que se le helaba la sangre. Miró a Oliver, quien por primera vez parecía genuinamente descolocado. “Nos conocimos durante la vendimia”, comenzó ella, apegándose al guion.
Oliver estaba supervisando. Por favor, interrumpió Adrián levantando una mano. Le dije que quería la versión real, señorita Mel. Mi hijo nunca supervisa personalmente las vendimias. Considera que es trabajo para capataces, no para ejecutivos. Un silencio incómodo cayó sobre la mesa. Suelen miró a Oliver buscando orientación, pero él parecía tan atrapado como ella.
Fue entonces cuando decidió arriesgarse. Si iban a mentir, al menos podía ser una mentira con elementos de verdad. Tiene razón, admitió sorprendiendo a Oliver. No nos conocimos durante la vendimia. Nos conocimos cuando fui a su oficina a confrontarlo por el cierre de la clínica comunitaria que atendía a los trabajadores, incluida mi madre.
Oliver la miró con una mezcla de asombro y alarma, pero Suelen continuó sosteniendo la mirada de Adrián. Le dije exactamente lo que pensaba de cómo la empresa había abandonado a la comunidad que la sustentaba. Siguió y esperaba que me despidiera en el acto. En cambio, me escuchó. Adrián levantó una ceja claramente intrigado y luego preguntó.
Y luego acordamos que reabriría la clínica. intervino Oliver, sorprendiendo a Suelema al seguir su improvisación, pero con una condición que ella me acompañara a cenar para explicarme en detalle las necesidades de la comunidad. Una cena se convirtió en dos y luego en más, continuó Suelem, sintiendo que de alguna manera la historia fabricada cobraba vida propia y descubrimos que a pesar de venir de mundos tan diferentes, había algo, una conexión que no esperábamos.
Oliver la miró y por un instante Suelen creyó ver algo genuino en sus ojos, algo que iba más allá del acuerdo comercial que habían establecido. Ella me desafía constantemente, dijo él, su voz adoptando un tono que Suelen nunca le había escuchado. No se impresiona con el apellido o el dinero.
Me ve a mí, no al heredero de los Torres. Y él resulta ser más que el ejecutivo frío que todos creen conocer”, añadió Suelen, sorprendiéndose de la facilidad con que las palabras fluían. “Hay profundidad bajo esa fachada de control absoluto.” Adrián Torres los observó en silencio, su expresión indescifrable. Finalmente, una sonrisa lenta se dibujó en su rostro.
“Ahora eso”, dijo inclinándose hacia delante. “Suena a la verdad.” La cena transcurrió con inesperada fluidez después de ese momento. Adrián compartió historias sobre los primeros días de la bodega, incluyendo anécdotas sobre el tío de Suelem que ella nunca había escuchado. Oliver, para su sorpresa, parecía genuinamente interesado en estas historias, haciendo preguntas que revelaban un lado de el que no había mostrado antes.
el final de la velada, mientras Oliver conversaba con un grupo de inversionistas y Suelen tomaba un momento para descansar sus pies, Adrián Torres se acercó a ella. “Es la primera vez en años que veo a mi hijo reír así”, comentó sentándose pesadamente a su lado. “Sea lo que sea que estés haciendo, está funcionando.
” Suelen sintió una punzada de culpa. Solo estoy siendo yo misma, señor Torres. Y eso es exactamente lo que él necesita, respondió Adrián. Alguien real en un mundo de falsedades y agendas ocultas. Hizo una pausa estudiándola con ojos que parecían ver demasiado. No sé qué acuerdo tienen ustedes dos, señorita Mel, dijo finalmente bajando la voz.
Pero le sugiero que no subestime el impacto que está teniendo en mi hijo. Oliver ha vivido toda su vida intentando ser la versión perfecta de lo que cree que yo espero. El resultado ha sido un joven brillante pero incompleto. Suelen sintió que su corazón se aceleraba. ¿Acaso Adrián Torres había descubierto su farsa? No sé a qué se refiere, intentó, pero la sonrisa de Adrián indicaba que no la creía.
Por supuesto que no. respondió él amablemente. Solo tenga en cuenta lo que le digo. Las mejores inversiones son aquellas que comienzan como transacciones, pero evolucionan en algo más valioso, algo real. Con esas enigmáticas palabras, Adrián se levantó y se despidió, dejando a Suelen con una incómoda sensación de haber sido completamente transparente ante los ojos del patriarca Torres.
El regreso a la suite, donde Suelem se hospedaba transcurrió en un silencio cargado de pensamientos. no expresados. Oliver conducía su perfil iluminado intermitentemente por las farolas de la carretera. “Tu padre es interesante”, comentó Suelen finalmente. Es astuto como un zorro viejo, respondió Oliver. “Y creo que sospecha algo.
¿Crees que descubrió que es un acuerdo?” Oliver negó la cabeza. No exactamente, pero nos está observando. Lo conozco lo suficiente para saber que tiene sus propias teorías. Se detuvo frente al hotel y apagó el motor, pero no hizo además de salir del coche. Por varios segundos, simplemente se quedó allí mirando al frente.
Esa historia que improvisaste, dijo finalmente sobre confrontarme por la clínica comunitaria. Fue brillante. Gracias, respondió Suelem, sorprendida por el cumplido. Pensé que estarías molesto por haberme desviado del guion. Debería estarlo, admitió él. Pero funcionó mejor que nuestra historia preparada. Tenía autenticidad.
Se giró para mirarla y en la penumbra del coche sus ojos parecían diferentes, menos calculadores, más humanos. También ese beso continuó su voz bajando ligeramente. No estaba en el contrato. A veces hay que improvisar, respondió Suelem, sintiendo repentinamente que el espacio en el coche era demasiado pequeño, demasiado íntimo.
Parecía el momento adecuado para convencer a todos. Lo fue, concordó Oliver, tan convincente que incluso yo casi lo creí por un momento. Había algo en su tono que hizo que Suelen lo mirara con más atención. Era vulnerabilidad lo que detectaba en el siempre controlado Oliver Torres. “Nuestra siguiente aparición es el jueves”, continuó él recuperando su tono profesional.
La gala de la Fundación Torres. Es un evento más formal, así que Miranda coordinará todo nuevamente. Entendido, respondió Suelem, sintiendo una extraña decepción ante el cambio de atmósfera. Supongo que hasta entonces volvemos a nuestros roles separados. Tú el poderoso empresario, yo la humilde trabajadora. Oliver pareció considerar algo por un momento.
En realidad comenzó y luego pareció arrepentirse. No, tienes razón. El contrato especifica interacciones programadas, pero lo animó Suelem, curiosa. Pero nada, cortó él. Fue un primer evento exitoso. Sigamos el plan como está establecido. Suelem asintió, aunque una parte de ella se preguntaba que había estado a punto de sugerir. Se despidieron formalmente y mientras veía el coche alejarse, Suelem se encontró pensando en lo extraño que había sido todo.
La facilidad con que habían improvisado juntos, la forma en que la mano de Oliver había encontrado la suya sin que pareciera un gesto ensayado, el brillo en sus ojos cuando reía con las historias de su padre. Solo actuación se recordó a sí misma firmemente. Todo era parte del acuerdo. Pero mientras se preparaba para dormir, quitándose cuidadosamente el vestido de diseñador y el maquillaje elaborado, Suelen no podía dejar de pensar en las palabras de Adrián Torres.
Las mejores inversiones son aquellas que comienzan como transacciones, pero evolucionan en algo más valioso, algo real. No, esto era un contrato, un acuerdo comercial con fecha de caducidad ya establecida. No había espacio para nada real. Y sin embargo, el recuerdo del beso inesperado, de la forma en que Oliver había respondido, persistía como una nota discordante en la sinfonía perfectamente orquestada de su farsa romántica.
Los días siguientes transcurrieron en una extraña dualidad para Suelen por las mañanas volvía a ser la trabajadora de los viñedos con la única diferencia de que ahora era objeto de miradas curiosas y susurros después de que su aparición junto a Oliver en el club Rivera apareciera en la sección de sociedad de varios periódicos.
Por las tardes continuaba su entrenamiento con Miranda, preparándose para la gala de la fundación. Más etiqueta, más protocolos, más detalles sobre la familia Torres y sus conexiones. Mientras tanto, Oliver parecía haber vuelto a su rutina habitual. No hubo llamadas ni mensajes, solo comunicaciones formales a través de asistentes, como si la noche del club con sus momentos de aparente conexión hubiera sido solo un espejismo.
Hasta que tres días después del evento, Suelen regresaba de los viñedos y encontró un elegante sobre en la recepción del hotel. Cena 8 de la noche. Enviaré un coche. OT. No era una invitación, sino casi una orden. Típico de Oliver. Y sin embargo, Suelem se descubrió sonriendo ante la nota escrita a mano, tan diferente de los mensajes impersonales que habían caracterizado su comunicación hasta ahora.
A las 8 en punto, un coche, no el Mercedes de Oliver, sino un vehículo más discreto, la recogió. El conductor no respondió a sus preguntas sobre el destino, limitándose a indicar que el señor Torres la esperaba. Para su sorpresa, no se dirigieron hacia ningún restaurante elegante, sino hacia las colinas que rodeaban los viñedos. El camino se volvió más estrecho y serpente hasta que finalmente llegaron a una pequeña cabaña de madera con vistas al valle.
Oliver la esperaba en la entrada, vestido de manera sorprendentemente casual, jeans y una camisa sencilla, tan diferente de sus habituales trajes impecables que Suelen casi no lo reconoció. ¿Qué es este lugar?, preguntó mientras descendía del coche. “Mi refugio”, respondió él, invitándola a entrar. Lejos de las expectativas, los contratos y las apariencias.
El interior de la cabaña era acogedor y rústico, pero con toques de lujo discreto, una cocina bien equipada, una chimenea encendida a pesar de la temporada y una mesa puesta para dos junto a un ventanal con vistas espectaculares del atardecer sobre los viñedos. No sabía que tenías un lugar así, comentó Suelem admirando la vista.
Nadie lo sabe”, admitió Oliver sirviéndole una copa de vino. “Ni siquiera mi padre. Lo compré hace años cuando necesitaba escapar de todo. ¿Y me trajiste aquí por?”, dejó la pregunta en el aire, genuinamente curiosa. Oliver la miró directamente, algo que parecía estar haciendo con más frecuencia últimamente.
“Porque nuestra historia improvisada funcionó demasiado bien”, respondió. Y si vamos a seguir con esta narrativa, necesitamos conocernos mejor. Fuera del guion, fuera del contrato, como personas reales. Suelen sintió que una sonrisa se formaba en sus labios. ¿Me estás diciendo que el maestro del control quiere improvisar?, preguntó provocándolo suavemente.
Estoy diciendo que reconozco una estrategia superior cuando la veo respondió él, pero había un atispo de sonrisa en su voz. Tu enfoque funcionó mejor que el mío. Así que por esta noche olvidemos el contrato, solo hablemos. Y para sorpresa de Suelen, eso fue exactamente lo que hicieron. Hablaron durante horas compartiendo una cena que Oliver mismo había preparado.
Otra cosa que nadie sabe. Me gusta cocinar bebiendo vino de una cosecha especial. y revelando gradualmente capas de sí mismos que iban más allá de sus roles establecidos. Suelen le contó sobre su infancia en los viñedos, sobre cómo había soñado con estudiar enología como su tío, sobre la enfermedad de su madre y las dificultades que habían enfrentado desde entonces.
Y Oliver, para su asombro, correspondió con sus propias confidencias la presión constante de ser el heredero Torres, la relación complicada con su padre, el vacío que sentía a pesar de tenerlo todo materialmente. “A veces pienso que vivo una vida planificada por alguien más”, confesó mirando las llamas de la chimenea.
Cada paso, cada decisión, siempre orientados hacia el objetivo final, ser digno del legado Torres. ¿Y qué hay de lo que tú quieres? Preguntó Suelen suavemente. Oliver la miró con una expresión que mezclaba sorpresa y algo parecido a la gratitud. Nadie me había preguntado eso antes respondió. Ni siquiera yo mismo.
Cuando el coche la devolvió al hotel cerca de la medianoche, Suelem se encontró pensando en lo surreal que había sido la velada. Había visto un lado completamente diferente de Oliver Torres, vulnerable, reflexivo, incluso divertido en algunos momentos. Y lo más perturbador le había gustado. No el millonario controlador, no el empresario calculador, sino el hombre que se escondía detrás de esas fachadas.
El hombre que cocinaba pasta desde cero, que conocía cada constelación visible desde su cabaña, que admitía no saber que quería realmente de la vida más allá de las expectativas familiares. Era peligroso se advirtió a sí misma. Confundir la actuación con la realidad sería el error más básico que podría cometer.
Este era un acuerdo temporal, un contrato con fecha de finalización claramente establecida. Y sin embargo, mientras se quedaba dormida, no podía dejar de preguntarse si lo que estaba comenzando a sentir era parte del acto o algo peligrosamente real. Lo que Suelen no sabía era que en su propia mansión Oliver Torres contemplaba el mismo dilema mientras releía por enésima vez las cláusulas del contrato que los unía, específicamente la sección sobre terminación del acuerdo.
Dos meses habían parecido perfectamente razonables cuando ideó el plan. Ahora, por primera vez se preguntaba si serían suficientes. La gala benéfica de la Fundación Torres no era simplemente un evento más en el calendario social, era la culminación de todo un año de trabajo filantrópico y tradicionalmente el escenario donde se anunciaban los futuros proyectos de la fundación.
Este año, además, tenía un significado especial. Sería la primera aparición pública de Adrián Torres desde su último episodio cardíaco y probablemente la última gala que presidiría antes de la transición de liderazgo a Oliver. Para Suelen representaba el punto medio exacto del contrato.
Un mes había transcurrido desde que firmó aquel acuerdo que había alterado por completo su vida. Un mes de apariciones públicas cuidadosamente coreografiadas de titulares en revistas de sociedad especulando sobre la historia de amor entre el heredero y la chica de los viñedos, de transformarse constantemente entre dos mundos. Pero también había sido un mes de momentos inesperados, de conversaciones nocturnas en la cabaña de Oliver, de descubrir capas en el que jamás habría imaginado.
Después de aquella primera cena improvisada, habían establecido un nuevo ritual no contemplado en el contrato original cada pocos días, generalmente después de alguna aparición pública. Se refugiaban en la cabaña para simplemente ser ellos mismos, lejos de las expectativas y las miradas escrutadoras.
¿Estás inquieta esta noche?”, observó Oliver, sentado frente a ella en la limusina que los llevaba hacia el lujoso hotel donde se celebraría la gala. Suelem intentó sonreír alisando inconscientemente el elegante vestido verde esmeralda que había sido especialmente diseñado para la ocasión. “Es un evento importante”, respondió evitando su mirada.
“La primera vez que apareceremos ante toda tu familia reunida.” Oliver estudió su perfil durante unos segundos. ¿Hay algo más?”, dijo finalmente, “no como una pregunta, sino como una afirmación. Has estado así toda la semana distante. Suelen miró por la ventanilla observando las luces de la ciudad que pasaban velozmente.
“Supongo que solo estoy siendo consciente de la temporalidad de todo esto”, admitió en voz baja. “Hoy marca exactamente un mes, queda otro mes y luego”, dejó la frase inconclusa, pero ambos sabían cómo terminaba. Luego el contrato finalizaría, ella recibiría el resto de su compensación, la clínica comunitaria seguiría funcionando y cada uno volvería a su vida anterior, como si nada de esto hubiera ocurrido jamás.
Oliver se tensó casi imperceptiblemente. En efecto, respondió su voz recuperando ese tono profesional que cada vez usaba menos con ella. Según el cronograma, después de la gala de aniversario de Torres Enterprises, escenificaremos una ruptura amistosa. Todo está detallado en la sección final del contrato.
Suelen sintió una punzada de dolor ante sus palabras clínicas, tan distantes del Oliver, que le había contado historias de su infancia frente a la chimenea de la cabaña apenas tres noches atrás. Por supuesto, dijo intentando igualar su tono desapegado. Todo según lo acordado. Un silencio incómodo se instaló entre ellos, tan diferente de los silencios cómodos que habían aprendido a compartir en las últimas semanas.
Suelem se preguntó, no por primera vez, ¿qué estaba sucediendo realmente entre ellos? ¿Era posible que ambos estuvieran interpretando también sus papeles que incluso en privado continuaran la farsa? ¿O había algo más? Algo que ninguno se atrevía a nombrar por miedo a las complicaciones que traería.
La limusina se detuvo frente al Gran Payadium motel, un edificio histórico convertido en el hotel más exclusivo de la ciudad. Una alfombra roja se extendía desde la entrada, flanqueada por fotógrafos y periodistas. ¿Lista?, preguntó Oliver, su rostro componiendo ya la expresión pública que también conocía, confiada, ligeramente cálida, perfectamente calibrada.
Siempre”, respondió Suelem, colocando su propia máscara de novia enamorada. Al descender del vehículo fueron inmediatamente cegados por flases y abordados por preguntas a gritos. Oliver la guió con una mano firmemente colocada en su espalda baja, saludando ocasionalmente, pero sin detenerse para entrevistas.
habían acordado que darían declaraciones solo al final del evento cuando las noticias sobre las nuevas iniciativas de la fundación ya hubieran sido anunciadas. En el magnífico salón de baile, decorado con miles de flores blancas y cristalería que reflejaba la luz de las monumentales arañas, ya se congregaban cientos de invitados.
La élite económica, política y social en pleno, todos vestidos en sus mejores galas. Respira”, susurró Oliver en su oído. Un gesto que para cualquier observador parecería una confidencia romántica. Recuerda que estás aquí por derecho propio. Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento. Suelen lo miró sorprendida.
“Acabas de citarme a Eleanor Roosebelt.” Una sonrisa genuina iluminó brevemente el rostro de Oliver. Veo que has estado leyendo los libros que dejé en la cabaña. Antes de que pudiera responder, fueron interceptados por un hombre de aspecto severo, acompañado por una mujer extremadamente delgada y con evidente exceso de cirugías estéticas.
“Oliver, muchacho, saludó el hombre con falsa camaradería. Por fin podemos conocer a tu misteriosa novia, Ricardo Torres y mi esposa Verónica.” Suelen reconoció inmediatamente el nombre Ricardo Torres, el tío de Oliver, actual presidente interino de Torres Enterprises y el principal opositor a que Oliver asumiera el control de la empresa.
“Un placer conocerlos”, respondió Suelen con la sonrisa educada que había perfeccionado en el último mes. “Oliver me ha hablado mucho de ustedes. Espero que solo maravillas”, dijo Ricardo estudiándola con una mirada calculadora. Aunque debo admitir, querida, que ha sido la sorpresa del año. Nadie esperaba que nuestro Oliver cayera rendido por, bueno, alguien tan lejos de su círculo habitual.
El insulto apenas velado no pasó desapercibido para Suelen, pero años trabajando en servicio al cliente le habían enseñado a manejar personalidades desagradables. A veces los mayores tesoros se encuentran en los lugares más inesperados, ¿no crey?, respondió con dulzura, apretando ligeramente el brazo de Oliver. Aunque comprendo su sorpresa, yo misma me sorprendí cuando descubrí que bajo esa fachada de empresario implacable había un hombre con un corazón enorme.
Ricardo entrecerró los ojos, claramente no esperando una respuesta tan articulada. Fascinante”, comentó su tono indicando exactamente lo contrario. “Me pregunto si seguiría encontrándolo tan fascinante sin las cuentas bancarias y el apellido.” “Tío, intervino Oliver”, su voz adquiriendo un filo peligroso. “La fundación te necesita para coordinar el anuncio principal.
Sugiero que te ocupes de eso en lugar de interrogar a mi pareja.” Ricardo esbosó una sonrisa tensa antes de alejarse, su esposa siguiéndolo como una sombra silenciosa. Encantador familiar, murmuró Suelen cuando estuvieron solos. Ahora entiendo por qué necesitabas reforzar tu imagen antes de la transición. Ricardo siempre ha resentido que mi padre lo mantuviera como segundo al mando”, explicó Oliver guiándola hacia una mesa apartada donde Adrián Torres ya estaba sentado.
“Lleva años esperando su oportunidad para tomar el control y mi falta de equilibrio emocional ha sido su argumento favorito últimamente.” Se detuvieron a unos metros de la mesa y Oliver la miró con una intensidad que hizo que su corazón se acelerara. Gracias por defenderme”, dijo en voz baja. “No estaba en el guion.
” “Algunas cosas no necesitan guion”, respondió Suelen sinceramente. Algo pasó por los ojos de Oliver, una emoción que no pudo descifrar antes de que su atención fuera captada por su padre, que lo saludaba desde la mesa. Adrián Torres, a pesar de su evidente fragilidad física, seguía proyectando un aura de autoridad innegable.
A diferencia de su primer encuentro, ahora le sonrió abiertamente indicándoles los asientos reservados junto a él. La mujer, que ha logrado lo imposible saludó a Suelem, tomando su mano entre las suyas. Hacer sonreír a mi hijo más de dos veces en un mes. Papá, comenzó Oliver con tono de advertencia. Oh, déjame disfrutar un poco.
Lo interrumpió Adrián. Después de décadas viendo tu cara de ejecutivo serio, merezco celebrar que por fin hayas encontrado a alguien que te recuerda que hay vida más allá de los informes trimestrales. Suelen no pudo evitar reír ante la dinámica entre padre e hijo, tan diferente de la relación formal que Oliver siempre describía.
“Su hijo es un hombre lleno de sorpresas, señr Torres”, comentó, permitiéndose ser completamente honesta. Debajo de toda esa seriedad hay un hombre que conoce las constelaciones, cocina pasta increíble y tiene opiniones apasionadas sobre literatura clásica. Oliver la miró con una mezcla de sorpresa y algo más cálido, más vulnerable.
Adrián, por su parte, parecía absolutamente encantado. “¿Cocina para ti?”, preguntó genuinamente asombrado. Ni siquiera sabía que podía hervir agua. Su madre trató de enseñarle, pero siempre fue tan concentrado en sus estudios. ¿Tiene talentos ocultos?”, respondió Suelem, sonriendo a Oliver, cuyo rostro mostraba una expresión que nunca le había visto en público, ligeramente ruborizado, casi tímido.
“Voy a buscar algo de beber”, dijo Oliver, claramente buscando escapar de esta conversación que lo exponía más de lo que estaba cómodo. Champañe. Cuando se alejó, Adrián se inclinó hacia Suelem, su expresión volviéndose más seria. No sé qué has hecho con mi hijo, Suelem, pero en el último mes ha cambiado más que en los últimos 10 años, dijo en voz baja.
Está más presente en las reuniones. Escucha realmente en lugar de solo esperar su turno para hablar, incluso ha revivido algunos proyectos sociales que abandonó hace años. Suelen sintió una mezcla de orgullo y culpa. Orgullo porque aparentemente su influencia había provocado cambios positivos en Oliver. culpa porque todo se basaba en un contrato, una farsa con fecha de caducidad.
“Creo que siempre ha sido así”, respondió cautelosamente. “Quizás solo necesitaba a alguien que viera más allá de su fachada.” Adrián la estudió con esa mirada penetrante que parecía ver directamente a través de las personas. ¿Sabes? La madre de Oliver, mi amada Constanza, solía decir que las verdaderas conexiones son aquellas que nos permiten ser nuestra versión más auténtica”, comentó como si estuviera reflexionando en voz alta.
Durante años temí que Oliver nunca encontrara eso, que pasaría su vida interpretando el papel que creía que todos esperábamos sin permitirse simplemente ser. hizo una pausa y sus ojos, tan similares a los de Oliver, pero cargados con décadas más de experiencia, parecieron taladrar los suyos. Sea cual sea la verdad de vuestra relación, Suelem, le has dado a mi hijo un regalo incalculable.
Le has mostrado que puede ser más que el heredero Torres, que puede ser simplemente Oliver y que eso es suficiente. Suelen sintió que su garganta se cerraba de emoción. ¿Era posible que realmente hubiera impactado a Oliver de esa manera? ¿Qué más allá del acuerdo comercial, su presencia en su vida hubiera provocado un cambio tan fundamental? Antes de que pudiera responder, los suaves acordes de una orquesta en vivo anunciaron el comienzo formal del evento.
Oliver regresó con las bebidas y poco después las luces se atenuaron mientras Ricardo Torres subía al escenario para dar la bienvenida oficial. El discurso de Ricardo fue exactamente lo que cabía esperar. Autocongratulatorio cargado de referencias a su propia contribución a la fundación con menciones mínimas a Adrián.
Cuando anunció que la fundación ampliaba su programa de becas universitarias, hubo aplausos educados, pero poco entusiastas. Y ahora, continúa Ricardo, tengo el honor de anunciar el proyecto principal de la Fundación Torres para el próximo año. Una iniciativa que, bueno, que ha sido una sorpresa incluso para mí. Su tono dejaba claro que no había sido una sorpresa agradable.
Oliver se tensó visiblemente junto a Suelem. La Fundación Torres financiará completamente la renovación y expansión de la clínica comunitaria del Valle, que sirve principalmente a las comunidades rurales y a los trabajadores de nuestros viñedos. Un murmullo de sorpresa recorrió el salón. Este tipo de proyecto, directamente enfocado en las clases trabajadoras no era el estilo habitual de la fundación que tradicionalmente apoyaba causas más prestigiosas como museos u orquestas sinfónicas.
Este proyecto, continúa Ricardo, cada palabra claramente dolorosa para él, ha sido personalmente impulsado por el futuro presidente de Torres Enterprises, Oliver Torres, quien aparentemente ha desarrollado un interés particular en el bienestar de nuestros trabajadores. La mirada que lanzó hacia la mesa donde se sentaban dejaba claro a quién atribuía este cambio de prioridades.
Suelen sintió que se sonrojaba bajo el escrutinio, pero también una oleada de orgullo y gratitud hacia Oliver por cumplir no solo la letra, sino el espíritu de su acuerdo. No sabía que ya era oficial, susurró a Oliver. Lo de la clínica. Firmé la autorización ayer respondió él en voz baja.
Quería que fuera una sorpresa. Suelen sintió que sus ojos se humedecían. Gracias”, dijo simplemente, sabiendo que esas dos palabras no podían expresar adecuadamente lo que significaba este gesto. Oliver la miró de una manera que hizo que su corazón se detuviera por un instante. “No me agradezcas”, respondió. “Era lo correcto.
Debimos haberlo hecho hace años.” El resto de la gala transcurrió como en un sueño para Suelen. Bailó con Oliver bajo las enormes arañas de cristal. conversó con invitados que ahora la trataban con una mezcla de curiosidad y nuevo respeto tras el anuncio, e incluso concedió junto a Oliver una breve entrevista en la que hablaron sobre la importancia de la clínica comunitaria para la región.
Pero a lo largo de la noche, una pregunta persistía en su mente. ¿Qué significaba realmente este nuevo Oliver? ¿Era simplemente una extensión elaborada de su actuación o había algo más profundo ocurriendo entre ellos? Cerca de la medianoche, mientras la orquesta tocaba una pieza lenta y las parejas se mecían suavemente en la pista de baile, Suelen decidió que necesitaba aire fresco para aclarar sus pensamientos.
Se excusó y se dirigió hacia la terraza del hotel, un espacio elegante con vistas panorámicas a la ciudad iluminada. La noche era clara y fresca, con estrellas brillando sobre el horizonte urbano. Suelen respiró profundamente intentando ordenar sus emociones contradictorias. “También necesitaba escapar un momento”, dijo una voz detrás de ella.
Se giró para encontrar a Oliver, su figura alta recortada contra las luces del salón. Se había aflojado la corbata y sostenía dos copas de champañe, una de las cuales le ofreció mientras se acercaba. Gracias”, murmuró aceptando la bebida. “¿Cómo supiste que estaría aquí?” “Conozco esa mirada”, respondió él apoyándose en la barandilla a su lado.
La misma que tengo yo cuando necesito procesar demasiadas cosas a la vez. Permanecieron en silencio por un momento, contemplando el paisaje nocturno, sorprendentemente cómodos en la quietud compartida. “¿Puedo preguntarte algo?”, dijo finalmente Suelen. Por supuesto, la clínica lo hiciste solo por nuestro acuerdo.
¿O hay algo más? Oliver consideró la pregunta, sus ojos fijos en las luces distantes. Al principio era solo parte del trato, admitió. Pero después de nuestras conversaciones, después de escucharte hablar sobre tu madre, sobre las familias que dependen de esa clínica, se convirtió en algo personal. hizo una pausa girándose para mirarla directamente.
Tú me has hecho ver cosas que siempre estuvieron ahí, pero que nunca quise reconocer. Las desigualdades, los privilegios, las oportunidades que tengo de hacer diferencias reales en lugar de solo acumular más dinero o poder. Suelen sintió que algo se expandía en su pecho, una calidez que no tenía nada que ver con el champañe.
“Me alegra escuchar eso”, dijo sinceramente. “Significa mucho. ¿Hay algo más que necesito decirte?”, continuó Oliver. Y había una nueva intensidad en su voz, una vulnerabilidad que rara vez mostraba. Algo que he estado postergando porque complica todo. Suelen sintió que su corazón se aceleraba. ¿Qué cosa? Oliver dejó su copa en la barandilla y tomó las manos de Suelem entre las suyas.
Un gesto tan natural y a la vez tan significativo que ella contuvo la respiración. Creo que estoy rompiendo la cláusula más importante de nuestro contrato”, dijo su voz apenas audible sobre la música distante, la que especifica que esto es solo un acuerdo profesional temporal sin implicaciones emocionales reales. Suelem sintió que el mundo se detenía por un momento.
“¿Qué estás diciendo exactamente?”, preguntó necesitando escucharlo claramente. Estoy diciendo que ya no estoy actuando, Suelen respondió Oliver, su voz adquiriendo una certeza que contrastaba con la vulnerabilidad en sus ojos. No he estado actuando desde hace semanas. Todo lo que he compartido contigo en la cabaña, cada momento juntos, ha sido real.
Yo he sido real, quizás por primera vez en mi vida adulta. dio un paso más cerca y Suelen pudo ver cada detalle de su rostro, normalmente tan compuesto y ahora tan abiertamente expuesto. “Me estoy enamorando de ti”, confesó. No del concepto de tener novia, no de la imagen que presentamos al mundo. De ti, Suelen Mel, con tu franqueza desconcertante, tu integridad inquebrantable y tu capacidad para ver más allá de las apariencias.

Suelen sentía que no podía respirar, que el mundo a su alrededor se había reducido a este momento, a este hombre que había entrado en su vida a través de un contrato frío y ahora estaba frente a ella ofreciéndole su corazón. Oliver comenzó su voz temblorosa. Esto es complicado. Lo sé, asintió él. Complica todo el plan, todo el acuerdo.
Y si no sientes lo mismo, lo entenderé perfectamente. Continuaremos según lo establecido. Cumpliré cada término del contrato y cuando termine cada uno seguirá su camino. Hizo una pausa y por primera vez desde que lo conocía, Suelen envió auténtico miedo en sus ojos. Pero si sientes algo similar, si hay alguna posibilidad de que esto sea real para ti también, entonces quizás podríamos considerar una enmienda al contrato original.
Suelen no pudo evitar sonreír ante su elección de palabras tan típica de él. “Una enmienda”, repitió. “¿Qué tipo de enmienda estás proponiendo exactamente?” Oliver sonrió también, una sonrisa nerviosa pero genuina. Una que elimine la fecha de finalización, respondió, que reemplace los términos relación ficticia por relación real, que nos permita descubrir que podríamos ser sin la presión de un cronograma preestablecido.
Suelen sentía que su corazón iba a estallar. Durante semanas había luchado contra sus propios sentimientos crecientes, convenciéndose de que todo era parte del acto, que confundir la ficción con la realidad sería el error más tonto y peligroso que podría cometer. Pero aquí estaba Oliver, admitiendo exactamente lo mismo que ella había sentido.
He estado tan asustada, confesó en voz baja, asustada de estar desarrollando sentimientos reales mientras para ti seguía siendo solo un contrato. asustada de ser solo otra inversión en tu cartera. Nunca ha sido eso, respondió Oliver con vehemencia. Incluso al principio, cuando todo era calculado y planificado, había algo en ti que me intrigaba.
Y luego, con cada conversación, cada momento compartido, te convertiste en la persona que más ansiaba ver cada día. Dio otro paso hacia ella, eliminando casi por completo la distancia entre ellos. Me has enseñado que hay más en la vida que contratos y cláusulas. Suelen. Me has mostrado que algunos sentimientos no pueden ser cuantificados o programados.
Y por primera vez en mi vida estoy completamente aterrorizado y absolutamente vivo. Suelem sintió que las lágrimas se acumulaban en sus ojos. ¿Cómo habían llegado hasta aquí? ¿Cómo un acuerdo frío y comercial se había transformado en algo tan profundamente personal, tan intensamente real? Estoy asustada”, admitió su voz apenas un susurro. “Yo también”, respondió él.
“Una confesión que nunca habría esperado del siempre controlado Oliver Torres, pero creo que vale la pena intentarlo. Tú vales la pena.” Suelen tomó una decisión entonces, la decisión más importante desde que firmó aquel contrato hace un mes. Alzó una mano y tocó suavemente el rostro de Oliver, un gesto tan íntimo que lo sintió estremecerse ligeramente.
De acuerdo dijo finalmente. Acepto tu enmienda al contrato. La sonrisa que iluminó el rostro de Oliver fue como un amanecer, transformando completamente sus facciones, iluminando sus ojos de una manera que Suelen nunca había visto antes. “Pero tengo mis propias condiciones”, añadió ella, intentando mantener un tono serio a pesar de la alegría que sentía burbujear en su interior.
“¿Cuáles son?”, preguntó él siguiéndole el juego. Primero, nada de cronogramas para besos. Son ridículos y clínicamente poco románticos. Oliver rió un sonido tan libre y genuino que hizo que su corazón diera un vuelco. Concedido, respondió. ¿Qué más? Segundo, seguiré trabajando. No quiero convertirme en un accesorio decorativo en tu vida.
Necesito mi independencia, mi propio camino. No esperaría menos, asintió él con respeto evidente. De hecho, me gustaría apoyarte si decides retomar tus estudios de enología. La bodega podría beneficiarse de tu perspectiva. Suelen sonrió, conmovida por la forma en que recordaba detalles de sus conversaciones, como tomaba en serio sus sueños.
Y tercero, continuó acercándose aún más hasta que sus labios estaban a apenas centímetros. Quiero conocer al hombre detrás del apellido Torres, no solo en la privacidad de una cabaña oculta, sino cada día. Quiero al Oliver real con todas sus complicaciones y contradicciones. Ese es el trato más difícil, admitió él, su mirada intensa fija en la suya.
Pero por ti estoy dispuesto a intentarlo. No hubo más palabras necesarias. Sus labios se encontraron en un beso que nada tenía que ver con los besos cuidadosamente coreografiados que habían compartido en público. Este era real, vulnerable, cargado de promesas y posibilidades. Cuando finalmente se separaron, ambos ligeramente sin aliento, Suelen notó que ya no estaban solos en la terraza.
A cierta distancia, Adrián Torres los observaba con una sonrisa satisfecha. A su lado, Ricardo parecía absolutamente furioso, mientras que varios invitados intentaban disimular su interés en la escena. “Creo que acabamos de proporcionar el chisme del año a la alta sociedad”, murmuró Suelen. Oliver siguió su mirada y para su sorpresa simplemente se encogió de hombros.
“Qué hablen”, dijo entrelazando sus dedos con los suyos. Por primera vez en mi vida, no me importa lo que piensen los demás. Suelen sonrió sintiendo una libertad que nunca había experimentado antes. ¿Qué hacemos ahora? Preguntó. Esto no estaba en el plan original. Oliver la miró con una mezcla de ternura y determinación que hizo que su corazón se acelerara.
Creo que ya es hora de que dejemos de planificar cada detalle y simplemente vivamos, ¿no crees? respondió. Aunque si insistes en un plan se inclinó y susurró en su oído, propongo que escapemos de esta gala, vayamos a la cabaña y empecemos a redactar juntos un nuevo contrato, uno que no tenga fecha de expiración.
Suelen no pudo evitar reír, tanto por la propuesta como por la forma en que incluso en este momento tan emocional, Oliver no podía evitar pensar en términos de contratos. Acepto”, respondió besándolo nuevamente, esta vez sin preocuparse por quien pudiera estar observando. “Pero te advierto, esta vez voy a leer la letra pequeña con mucho más cuidado.
” “Yo no esperaría menos”, respondió él, tomando su mano y guiándola de regreso hacia el salón. Mientras caminaban juntos, Suelen reflexionó sobre el extraordinario giro que había dado su vida. había firmado un contrato para fingir amor durante dos meses, convencida de que sería simplemente una transacción comercial.
Lo que nunca imaginó fue que ese contrato sería solo el principio de una historia mucho más compleja y hermosa, una en la que el millonario obsesionado con el control aprendería a soltar las riendas y la campesina pragmática se permitiría soñar con posibilidades que nunca creyó a su alcance. Al pasar junto a Adrián Torres, el patriarca les guiñó un ojo con complicidad.
Les dije que las mejores inversiones son aquellas que comienzan como transacciones, pero evolucionan en algo más valioso”, comentó levantando su copa en un brindi silencioso. Algo real. Y mientras salían del hotel bajo el cielo estrellado, Oliver y Suelem sabían que lo que habían encontrado era exactamente eso, algo completamente inesperado y absolutamente real.
Algo que ningún contrato podría haber anticipado o regulado, porque al final los sentimientos más auténticos son precisamente aquellos que desafían toda planificación, que rompen todas las cláusulas y que transforman lo que debía ser una simple actuación temporal en el comienzo de una historia verdadera. M.