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Se Burlaron del Maíz de su Abuelo — Pero en la Sequía Superó a Todos los Híbrido

—¿Otra vez sembraste esas semillas viejas? —rugió Tomás, con las venas marcadas en el cuello—. ¡¿Otra vez?!

Mateo no respondió de inmediato. Permaneció sentado, observando el plato de frijoles frente a él mientras su madre evitaba levantar la mirada.

Su abuelo, Don Eusebio Ortega, seguía en silencio al otro extremo de la mesa, sosteniendo una tortilla entre los dedos temblorosos.

—Te hice una pregunta —insistió Tomás—. ¿Gastaste el último dinero que teníamos en el maíz inútil de tu abuelo?

Mateo levantó lentamente la vista.

—No es inútil.

Tomás soltó una carcajada amarga.

—Claro que lo es. Todo el pueblo se ríe de nosotros. Mientras los demás usan híbridos modernos, fertilizantes nuevos y sistemas inteligentes, nosotros seguimos jugando a la agricultura del siglo pasado.

—Ese maíz sobrevivió décadas aquí —intervino Don Eusebio con voz baja.

—¡Ya basta! —Tomás golpeó la mesa tan fuerte que los vasos saltaron—. Tus métodos nos dejaron endeudados.

La abuela Clara cerró los ojos.

Mateo sintió que la sangre le hervía.

—No fue el abuelo quien pidió préstamos imposibles.

El comedor quedó congelado.

Tomás se levantó lentamente.

—¿Qué dijiste?

—Dije que las semillas híbridas tampoco salvaron nada.

Tomás caminó alrededor de la mesa.

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