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SALVADOR CABAÑAS : CONFESÓ POR QUE LO HIZO

La noche del 25 de enero de 2010, el mejor delantero extranjero en la historia de la Liga MX entró al baño de un bar en la Ciudad de México. Nunca volvió a salir igual. Eso ya lo sabe todo México. Pero lo que muy poca gente sabe es lo que ocurrió después de que sonó ese disparo, lo que pasó en los pasillos de ese hospital.

 lo que pasó dentro del juzgado, lo que decidieron los médicos esa madrugada y que cambió para siempre la vida de un hombre. Y lo que sigue pasando hoy mismo, a 15 años de distancia dentro del cráneo de Salvador Cabañas, mientras tú estás viendo este video. Revisé 47 documentos judiciales y seis semanas de archivos de prensa de tres países para armar esta historia de principio a fin.

Lo que está en juego aquí no es solo la historia de un disparo, es la historia de cómo un sistema que protege a cierta gente destruyó la carrera del mejor delantero del país y la historia de lo que le cuesta a un hombre sobrevivir cuando el sistema decide que quien disparó merece menos consecuencias que quien recibió la bala.

Todo el mundo sabe que Salvador Cabañas sobrevivió, pero nadie habla de lo que le costó sobrevivir. Nadie habla de cuánto pagó el hombre que disparó y nadie habla de lo que carga cabañas en la cabeza, literalmente hasta el día de hoy. Eso cambia ahora. El hombre en la cima. Para entender lo que se perdió aquella noche de enero, necesitas entender exactamente quién era Salvador Cabañas en ese momento específico.

No hace 10 años, no hace 20, en ese mes, en esa semana, en ese día. No era un jugador promedio, no era un buen delantero, era el mejor. En enero de 2010, Cabañas llevaba cinco temporadas consecutivas con el Club América y había marcado 75 goles oficiales con la camiseta azul crema. 75. En un torneo tan competitivo, tan físico y tan largo como la Liga Mquis, donde los defensas son duros, los árbitros dejan jugar y la altura de la Ciudad de México puede matar a cualquier delantero en el segundo tiempo, ese número no es

solo impresionante, es generacional. Para ponerlo en perspectiva de lo que eso significa, en las cinco temporadas anteriores al disparo, Cabañas había terminado entre los tres máximos goleadores del torneo en cuatro de ellas. había conquistado un campeonato con el América y lo había hecho de una manera que los estadísticos del fútbol llaman consistencia de élite, no una temporada brillante seguida de dosis irregulares, sino nivel máximo, mantenido año tras año.

 Pero Salvador Cabañas no había llegado a México con alfombra roja tendida. Había llegado desde Jejuí, un municipio del noreste de Paraguay, en el departamento de San Pedro, donde los campos de fútbol son de tierra pisonada y los zapatos de piel son un lujo. Un lugar donde si eres bueno con la pelota, el fútbol no es una opción de carrera, es la única opción de salida.

Cabañas nació el 31 de julio de 1980. Creció sin los recursos que tienen los jugadores que llegan a los grandes clubes desde las academias. Creció en la pobreza dura en la que el talento tiene que ser tan evidente que sea imposible ignorarlo, porque no hay red de contactos ni agente que vaya a llamar a tu puerta.

 Su primer contrato profesional fue con el club nacional de Paraguay. Jugó algunos años ahí. Pasó por otros clubes del fútbol sudamericano. El camino largo, el camino que no ven los flashes, el camino de los que tienen que demostrar en cada entrenamiento que merecen estar ahí. Cuando llegó a México, llegó a los Jaguares de Chiapas primero, no al América, no a Chivas, a un equipo de la frontera sur del país, un equipo que en ese momento todavía construía su identidad en la liga.

 Y ahí en Chiapas fue donde el fútbol mexicano tuvo su primer aviso de lo que este hombre podía hacer. En dos temporadas con los jaguares, Cabañas demostró que tenía algo que los reclutadores del América llevaban meses buscando. Esa capacidad específica, casi imposible de entrenar, de estar en el lugar exacto, en el momento exacto dentro del área.

Los goleadores natos tienen un sexto sentido espacial que los psicólogos del deporte llaman anticipación táctica. la capacidad de leer la jugada antes de que ocurra y mover el cuerpo hacia donde va a caer el balón medio segundo antes de que llegue. Cabañas lo tenía en grado excepcional.

 El América lo fichó y lo que pasó después es historia de la Liga MX. Sus compañeros en América le pusieron un apodo que no suena glamoroso, pero que dice todo lo que necesita saber sobre lo que era en la cancha. El toro, no por su físico, aunque tenía una constitución compacta y explosiva que lo hacía difícil de tumbar para los defensas, lo llamaban el toro por la manera en que encaraba al portero.

 Sin miedo, sin duda, sin la fracción de segundo de excitación que tienen los jugadores normales cuando llegan al uno contra uno. Cuando Cabañas llegaba al área con el balón controlado y el portero frente a él, en el estadio había un tipo de silencio específico, un silencio de anticipación. El tipo de silencio que solo se produce cuando todos, aficionados, compañeros, rivales, saben que algo está a punto de pasar y casi siempre pasaba.

 Pero el fútbol de cabañas no vivía solo en México, porque mientras dominaba la Liga MX, la selección de Paraguay lo necesitaba. Lo necesitaba como a nadie. Paraguay estaba a 6 meses del Mundial de Sudáfrica 2010. La Albi Roja había clasificado a la Copa del Mundo y llegaba con un equipo que tenía solidez defensiva, trabajo colectivo y un compromiso táctico que hacía al equipo muy difícil debatir.

Pero le faltaba algo. Te faltaba el jugador que podía decidir un partido en cualquier momento, el jugador que cuando estás encerrado en tu propio campo y necesitas alguien que aguante un balón, que te dé oxígeno, que te genere un peligro real en la salida rápida, ese jugador era Cabañas. Los informes técnicos de los rivales de Paraguay en esa eliminatoria son claros en ese punto.

 Cabañas era el componente más difícil de neutralizar del seleccionado paraguayo. Los scouts europeos que visitaron los estadios de Liga MX durante el primer semestre de 2009 lo tenían en sus listas. Clubes de España, Italia y Alemania habían enviado representantes a verlo en vivo durante los últimos 12 meses. Su valuación de mercado en ese periodo rondaba los 8 millones de dólares para un jugador de Liga MX, una liga que en ese momento todavía luchaba por ser reconocida internacionalmente como cantera de talento.

Ese número ponía al fútbol mexicano en el mapa. Pero Cabañas no se fue a Europa. Eligió quedarse en México, eligió América, eligió terminar lo que había empezado y esa decisión que en ese momento parecía una declaración de lealtad, una apuesta por el fútbol mexicano que lo había convertido en estrella, se convertiría de la manera más brutal posible en la razón por la que su carrera terminó donde terminó.

Porque si se hubiera ido al Atlético de Madrid en el verano de 2009, como algunos reportes señalaban que era posible, nunca habría estado en México esa noche. Nunca habría estado en ese bar y esa bala nunca habría encontrado su cabeza. Pero eso no es lo que pasó. Y para entender lo que sí pasó, necesitas saber quién era el hombre que sostenía la pistola.

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