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El Viaje de la Vergüenza: Cómo el Líder del PRI Hizo el Ridículo en Washington Para Escapar de la Justicia Mexicana

El Viaje de la Vergüenza: Cómo el Líder del PRI Hizo el Ridículo en Washington Para Escapar de la Justicia Mexicana

La imagen es tan reveladora como indignante. Alejandro “Alito” Moreno, el presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), publicó en sus redes sociales una fotografía posando en las entrañas del Capitolio de los Estados Unidos. Se le veía sonriendo, satisfecho, enfundado en un traje impecable y con la actitud de quien cree estar librando una batalla heroica por el futuro de su país. Con una tranquilidad pasmosa, escribió que se encontraba en Washington denunciando a la “narcopolítica” del gobierno mexicano, intentando disfrazar de valentía cívica lo que, a todas luces, era una súplica de intervencionismo extranjero.

Resulta verdaderamente inaudito observar al líder del partido que gobernó a México con mano de hierro durante más de siete décadas viajar a tres mil kilómetros de distancia para pedir que una potencia extranjera castigue a su propia nación. Sin embargo, la realidad a menudo posee un sentido de la ironía absolutamente perfecto. El mismo día en que Alito Moreno posaba orgulloso para las cámaras en los pasillos del poder estadounidense, el Departamento de Estado de los Estados Unidos —la misma institución a la que acudió en busca de solidaridad y reconocimiento como supuesto perseguido político— emitía un comunicado público. ¿El motivo? Felicitar sin ninguna ambigüedad al gobierno de México por su innegable cooperación en materia de seguridad bilateral y los resultados concretos de dicha colaboración.

Mientras el líder priista cruzaba la frontera para acusar a su gobierno de ser un narcoestado, las autoridades estadounidenses le daban un portazo diplomático al reconocer públicamente el trabajo de la administración que él intentaba difamar.

La Gira del Desespero en Washington

Para entender la magnitud de este despropósito, es necesario desmenuzar la agenda de Moreno en la capital estadounidense. Este no fue un viaje de turismo; fue una expedición política fríamente calculada. Durante sus tres días en Washington, Alito se reunió con legisladores del ala republicana para venderles una narrativa apocalíptica, asegurando que México está sometido por una “narcodictadura terrorista y comunista”. Utilizar estas tres palabras juntas en pleno siglo XXI parece menos un análisis político serio y más un libreto desempolvado de la Guerra Fría.

Posteriormente, buscó la fotografía con la lideresa opositora venezolana María Corina Machado, intentando trazar un paralelismo artificial entre el gobierno democráticamente elegido de México y el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Pero la joya de la corona de esta gira del desespero fue su petición formal ante el Departamento de Estado estadounidense: solicitar que el partido Morena sea clasificado como una organización vinculada al terrorismo y al crimen organizado.

Hagamos una pausa para dimensionar esto. El presidente del PRI, la maquinaria política que instauró el sistema de corrupción más duradero de América Latina, le pidió a una nación extranjera que declare terrorista al partido político que el pueblo mexicano eligió democráticamente con más de 35 millones de votos. Eso no se llama oposición democrática; eso se llama traición a la soberanía ciudadana.

“Están Haciendo el Ridículo”: La Demoleta Respuesta Presidencial

La respuesta desde el Palacio Nacional no se hizo esperar, y fue absolutamente demoledora. La presidenta Claudia Sheinbaum no necesitó alzar la voz, ni recurrir a los insultos que tanto caracterizan a la oposición actual. En su conferencia mañanera, resumió la situación con una frase lapidaria que quedará para el registro histórico: “Están haciendo el ridículo”.

Pero Sheinbaum no se quedó en la anécdota. Con una serenidad pasmosa, procedió a leer una lista documentada que el propio PRI desearía borrar para siempre de los libros de historia. Una lista conformada por 11 exgobernadores priistas encarcelados, prófugos o procesados por la justicia.

La letanía de la corrupción comenzó a resonar en cadena nacional: Roberto Borge, de Quintana Roo, atrapado en Panamá mientras intentaba huir con documentos falsos; Javier Duarte, de Veracruz, capturado en Guatemala tras meses prófugo, el mismo bajo cuya administración desaparecieron los medicamentos para niños con cáncer. La lista continuó implacable: César Duarte (Chihuahua), extraditado desde Miami por desvíos multimillonarios; Tomás Yarrington (Tamaulipas), sentenciado en Estados Unidos por lavado de dinero vinculado al crimen organizado; Andrés Granier (Tabasco), en cuya casa se encontraron decenas de cajas de zapatos italianos de lujo tras el saqueo de su estado.

Y la cuenta seguía: Mario Villanueva, Eugenio Hernández, Humberto Moreira (quien dejó a Coahuila con una deuda secreta de 36 mil millones de pesos), Rodrigo Medina y Fidel Herrera. Once mandatarios del mismo partido cuyo líder hoy viaja a Washington a desgarrarse las vestiduras por la moralidad pública.

El Verdadero Motivo: Una Cuartada Preventiva

¿Por qué un político experimentado como Alejandro Moreno decide exponerse a un ridículo internacional de esta magnitud? La respuesta no radica en la diplomacia ni en un repentino despertar cívico, sino en el instinto más básico de supervivencia personal.

Mientras Alito sonreía para los fotógrafos en Washington, en su natal Campeche, estado que él mismo gobernó, la Fiscalía Anticorrupción avanza silenciosa pero implacablemente con cinco expedientes abiertos en su contra. Las autoridades documentan el desvío de más de 83 millones de pesos de recursos públicos. Más escandaloso aún, existe una fastuosa mansión valuada en más de 130 millones de pesos que resulta matemáticamente imposible de justificar con el salario de un servidor público. Dos de sus excolaboradores más cercanos ya se encuentran tras las rejas por peculado.

El viaje al Capitolio es, en realidad, la construcción de un escudo mediático. Alito Moreno sabe que el tiempo se agota. Su estrategia es que, cuando la justicia toque a su puerta con una orden de aprehensión, él pueda presentarse ante la comunidad internacional como una “víctima de persecución política” y no como un político que debe rendir cuentas por un enriquecimiento inexplicable. No fue a denunciar a México; fue a comprar una póliza de seguro político.

El Hundimiento del Viejo Régimen

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