Introducción: Un Vuelo Hacia la Impunidad que Nunca Despegó
Eran las 4:10 de la madrugada en la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). A esa hora, los pasillos suelen estar dominados por el silencio, interrumpido únicamente por el rodar esporádico de alguna maleta y el murmullo de los pasajeros más madrugadores. En ese escenario aparentemente cotidiano, se estaba gestando el desenlace de una de las operaciones de inteligencia más precisas y reveladoras de los últimos tiempos. El objetivo principal: David Mendoza Díaz, conocido en el submundo criminal como alias “El David” o “El Chino”, quien cargaba en su espalda una sencilla mochila negra. Lo que él ignoraba por completo es que no estaba a punto de escapar hacia Guatemala, sino que estaba caminando directamente hacia una trampa de acero, diseñada milimétricamente por el equipo de Omar García Harfuch.

Esa madrugada no solo marcó la caída del nuevo líder del temido grupo criminal “La Choquiza”, sino que destapó una caja de Pandora que amenaza con sacudir los cimientos de la política, apuntando directamente hacia una de las figuras mediáticas más polémicas del país: la exalcaldesa Sandra Cuevas.
La Doble Cara del Terror: El Ascenso y Caída de ‘La Choquiza’
Para comprender la magnitud de este arresto, es vital entender qué es realmente “La Choquiza”. Este grupo no nació presentándose como un cártel tradicional; su estrategia fue mucho más perversa. Operaban bajo la fachada de una organización benéfica de transportistas, comerciantes y microempresarios. En sus redes sociales, presumían entregar despensas, organizar eventos comunitarios y ayudar a los más necesitados. Era una máscara de relaciones públicas perfecta.
Sin embargo, detrás de esas sonrisas prefabricadas y actos de caridad, se escondía una estructura que desangraba a los habitantes de Ecatepec. Por debajo de la mesa, cobraban derecho de piso, ejecutaban cobros violentos de deudas, desplazaban a familias enteras de sus hogares y controlaban el narcomenudeo. El fundador de este imperio del terror fue Alejandro Gilmare Mendoza Díaz, alias “El Choco”. Y la figura pública que validaba socialmente a este personaje no era otra que su expareja, Sandra Cuevas, quien no dudó en mostrarse junto a él en actos masivos y rodadas de motocicletas, defendiéndolo públicamente e incluso amenazando con demandar a los periodistas que cuestionaban el vínculo.
La supuesta intocabilidad de “El Choco” terminó abruptamente el 10 de septiembre de 2025, cuando fue detenido y enviado directamente al penal de máxima seguridad del Altiplano. Fue entonces cuando su hermano, “El David”, decidió salir de las sombras para tomar el control total de la organización.
El Cálculo Fatal: Los Errores que Condenaron a ‘El David’
David Mendoza Díaz no era un novato. Conocía las entrañas de la organización porque la había construido hombro a hombro con su hermano. Sin embargo, cometió tres errores monumentales dictados por la arrogancia. El primero fue asumir el liderazgo de forma visible. Quiso enviarle un mensaje de fuerza a los cárteles rivales, demostrando que la familia Mendoza Díaz seguía al mando. Lo que no calculó fue que esa repentina exposición activó las alertas de la Secretaría de Marina (SEMAR). Desde mayo de 2026, su teléfono celular se convirtió en su peor enemigo; cada llamada de extorsión era una coordenada exacta para las autoridades.
Su segundo error llegó cuando, sintiendo que el cerco se cerraba a su alrededor, decidió que era momento de desaparecer temporalmente. Buscó a un intermediario de confianza en el barrio de Tepito para comprar una identidad nueva. Pagó en efectivo por un pasaporte falso con su foto pero con el nombre de otra persona, y compró un vuelo hacia Cancún con conexión a Guatemala. El fallo garrafal fue que ese contacto en Tepito llevaba ocho meses operando como informante activo de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. El plan de fuga estaba sobre el escritorio de las autoridades antes de que él siquiera empacara sus cosas.
Crónica de una Madrugada Tensa: El Operativo Silencioso en el AICM
El tercer y último error de “El David” fue subestimar a sus captores. Llegó al aeropuerto tres horas antes de su vuelo, pensando que anticiparse lo haría indetectable. Se cambió de ropa en uno de los baños de la Terminal 1, intentando perderse entre la multitud. Pero la realidad era digna de una película de espionaje.
Un dron con tecnología de visión térmica llevaba más de 20 minutos sobrevolando el perímetro del aeropuerto. Desde que “El David” bajó de su vehículo, el sistema de reconocimiento facial tardó apenas 43 segundos en confirmar su identidad. Dentro de la terminal, no había sirenas ni uniformes tácticos. En su lugar, 11 elementos de la Marina y agentes de la Fiscalía aguardaban vestidos de civil, simulando ser viajeros cansados con maletas de ruedas. Cada uno de los movimientos del criminal fue monitoreado.
A las 5:03 de la madrugada, llegó la orden en un canal encriptado de radio: “Ejecutar fase dos”. Dos agentes se acercaron a él mientras miraba la pantalla de vuelos, flanqueándolo suavemente. Le susurraron al oído las palabras que más temía. Sin escoltas, sin armas, y consciente de lo que llevaba en su espalda, no opuso resistencia. En menos de 90 segundos, el operativo concluyó de manera quirúrgica, invisible para el resto de los pasajeros civiles que nunca supieron que estaban a escasos metros de la caída de un capo.
El Secreto en la Mochila Negra: Dólares, Mentiras y una Fotografía Incriminatoria
La verdadera historia de esta captura no terminó con el arresto; apenas comenzó cuando la Fiscalía abrió esa mochila negra de apariencia inofensiva. El inventario reveló los detalles del escape: 47 mil dólares en efectivo (aproximadamente 900 mil pesos mexicanos), billetes manchados por el sudor y las lágrimas de los comerciantes de Ecatepec extorsionados. También hallaron el pasaporte falso y una tarjeta con las frecuencias de radio y coordenadas tácticas de “La Choquiza”.
Pero el hallazgo que paralizó a los investigadores no tenía valor monetario. Oculta entre el dinero sucio y las identificaciones falsas, reposaba una fotografía física, revelada en papel fotográfico. En la imagen, aparecían sonrientes “El Choco” y Sandra Cuevas, captados durante aquel famoso evento de motocicletas. ¿Por qué el líder de una organización criminal que huye del país decide llevar consigo una foto impresa de su cuñada política? Para las autoridades, esto no es un mero acto de nostalgia familiar. Representa una evidencia tangible de un vínculo profundo, y tal vez, una especie de “seguro de vida” o carta de negociación que “El David” planeaba utilizar si era acorralado.
La Sombra de Sandra Cuevas: Un Vínculo Imposible de Ocultar