Posted in

El Fin de los Vikingos: El Mayor Misterio de la Historia Medieval

Imagina por un momento el año 1066, una mañana de septiembre en el norte de Inglaterra, a orillas del río Derwent, en un lugar llamado Stanford Bridge. La bruma todavía cubre el agua cuando los últimos guerreros nórdicos del mundo caen uno por uno sobre el barro ensangrentado, sin que nadie venga a buscarlos,  sin que nadie grabe sus nombres en piedra, sin que ningún escaldo sobreviva para cantar sus hazañas.

Uno de ellos, alto como un árbol, con el casco torcido y la espada todavía empuñada, es el último en morir. Nadie sabe su nombre, nadie lo recordará. Y esa imagen, ese cuerpo anónimo sobre la tierra  inglesa, resume con una precisión brutal el final de una era que durante casi 300 años había hecho temblar los cimientos del mundo conocido.

 Porque los vikingos no cayeron derrotados en una sola gran batalla. No fueron borrados del mapa por un enemigo más fuerte. No desaparecieron de la noche a la mañana como  una llama apagada por el viento. Su fin fue algo más complejo, más profundo y más inquietante. Fue una disolución lenta en el interior  del mundo que ellos mismos habían contribuido a crear.

 Y esa historia, la historia de cómo los señores de los mares del norte se transformaron, se fragmentaron y finalmente se esfumaron en las corrientes de la historia medieval, es lo que vamos a explorar juntos en este documental. Si te apasiona la historia y quieres seguir descubriendo los grandes misterios del pasado, suscríbete ahora y activa la campanita para no perderte ninguno de  nuestros vídeos, porque lo que estás a punto de escuchar va a cambiar para siempre la forma en que piensas  sobre los vikingos. Hay un

error que casi todo el mundo comete cuando piensa en los vikingos y ese error consiste en imaginarlos únicamente como guerreros,  como hombres brutales con cascos cornados que bajaban de sus barcos. solo para matar, quemar  y saquear. Esa imagen alimentada durante siglos por las crónicas de  los monjes aterrorizados que los veían llegar, es real en una parte pequeña y  profundamente engañosa en todo lo demás.

Porque antes de poder entender  cómo terminó la era vikinga, necesitamos entender qué fue realmente esa era, qué clase de mundo construyeron esos hombres y mujeres del norte cuando no  estaban saqueando monasterios. El periodo que los historiadores llaman era vikinga comienza convencionalmente en el año 793 con el ataque al monasterio del Indisfarne en la costa noreste de Inglaterra y se extiende hasta mediados del siglo X, aunque sus consecuencias seguirán reverberando en la historia europea durante mucho tiempo más.

Durante esos casi 300 años, los pueblos nórdicos de Escandinavia, es decir, los habitantes de lo que hoy son Noruega, Dinamarca y Suecia, construyeron una de las civilizaciones más dinámicas, más expansivas y más influyentes de la historia medieval. Para empezar, fueron los navegantes más audaces de su tiempo y posiblemente de cualquier tiempo anterior, porque sus barcos, los drackars y los Knors, eran obras maestras de la ingeniería naval que podían cruzar el Atlántico Norte y también remontar los ríos más caudalosos

de Europa oriental, lo que les permitió operar en un rango geográfico que ningún otro pueblo de la época podía igualar. Al oeste, los vikingos noruegos colonizaron las islas Feroe alrededor del año 820. Llegaron a Islandia hacia el año 870. Fundaron asentamientos en Groenlandia hacia el año 986 de la mano de Eric el Rojo y finalmente alcanzaron las costas de América del Norte en el lugar que llamaron Vinlandia alrededor del año 1000 años antes de que Colón pusiera pie en el Caribe al este, los vikingos suecos, conocidos en las

fuentes eslavas y bizantinas como Varegos o Rus, penetraron profundamente en el continente europeo, siguiendo los grandes ríos hacia del sur. Establecieron ciudades comerciales en lo que hoy es Rusia. Llegaron al mar Caspio y comerciaron directamente con el califato abasí de Bagdad, intercambiando pieles, miel, cera y esclavos por monedas de plata árabe.

 El número de dirhams islámicos encontrados en Escandinavia es tan extraordinariamente alto que los arqueólogos todavía se sorprenden. Había más plata árabe en los depósitos vikingos de Gotland que en muchas ciudades del propio mundo islámico. Al sur, los vikingos danes y noruegos atacaron, comerciaron y finalmente se asentaron en las islas británicas, en la actual Francia, en la península ibérica y hasta en el Mediterráneo.

Establecieron el reino de Dublín, crearon el Danelau en el norte y este de Inglaterra, fundaron Normandía como feudo francés y un grupo de ellos llegó incluso a atacar las ciudades de la costa de lo que hoy es España y Portugal. remontaron el Guadalquivir y pusieron sitio brevemente a Sevilla en el año 844 antes de ser rechazados por las tropas del emir cordobés.

 Pero quizás lo más importante y lo más frecuentemente olvidado es que los vikingos fueron también creadores de instituciones políticas notablemente avanzadas para su tiempo. Islandia, colonizada a finales del siglo IX por familias noruegas que huían del poder centralizador del rey Harald Cabello Hermoso, estableció en el año 930 el Ald Hing, una asamblea legislativa donde los jefes locales se reunían cada verano para resolver disputas, crear leyes y tomar decisiones colectivas.

Es por su continuidad y su estructura una de las asambleas parlamentarias más antiguas del mundo todavía en funcionamiento. Eran también poetas de extraordinaria sofisticación, constructores de ciudades como Edebi en Dinamarca o Virka en Suecia, tejedores de redes comerciales que conectaban el Ártico noruego con los bazares de Constantinopla.

 Artesanos capaces de crear joyas y objetos de una belleza que todavía hoy asombra a los visitantes de los museos nórdicos. Eran, en suma, un pueblo plenamente vivo, plenamente complejo, con una cosmovisión propia, con una religión elaborada, con una literatura oral rica y potente y con una capacidad de adaptación que los llevó a reinventarse una y otra vez en contacto con las culturas que encontraban.

 Y fue precisamente esa capacidad de adaptación, esa extraordinaria plasticidad cultural, la que a largo plazo los haría desaparecer como entidad diferenciada, porque los vikingos eran tan buenos asimilando lo que encontraban, que terminaron por asimilarse ellos mismos en el mundo que habían ayudado a construir.

 Pero eso es una historia que se desarrolla despacio a través de generaciones y que comienza con una decisión que en apariencia fue política, pero que en realidad fue una revolución total del alma nórdica. Piensa en lo siguiente. En el año 965, el rey de Dinamarca, Harald Gormson, al que la historia recordará con el apodo de Harald Bluetooth, es decir, Harald Diente Azul, se dejó bautizar ante la presencia de un monje alemán llamado Popo, según cuenta la leyenda, después de ver cómo este sostenía en su mano desnuda un trozo de hierro al rojo vivo

sin sufrir quemaduras. Un rey vikingo, el gobernante de uno de los pueblos más temidos de Europa, abandona a Odín, a Thor, a Freya, a todos los dioses que su pueblo ha venerado durante siglos y lo hacen no en el campo de batalla después de una derrota, sino de pie en su propia corte, con toda la deliberación de un acto político calculado.

 Y con ese gesto aparentemente simple, Harald Diente azul pone en marcha la maquinaria que con el tiempo desmantelará el mundo vikingo desde sus cimientos más profundos. Para entender la magnitud de lo que eso significó, hay que entender primero qué era la religión nórdica y qué función cumplía en la sociedad vikinga.

Read More