Para millones de personas en todo el mundo, sus voces unidas entonando “Felicità” representaban el epítome del amor verdadero, la armonía familiar y la alegría inquebrantable. Romina Power y Albano Carrisi no solo eran un dúo musical sumamente exitoso; eran un auténtico fenómeno cultural que enamoró a Europa y América Latina durante décadas. Sin embargo, detrás de las deslumbrantes luces del escenario, las sonrisas ensayadas y los discos de platino, se escondía una realidad desgarradora. Hoy, a sus 74 años, Romina Power ha decidido romper su largo y denso silencio, desentrañando por primera vez la compleja red de dolor, control y tragedia que finalmente dinamitó el matrimonio más envidiado de la televisión.

Esta es la historia de una fachada perfecta que se desmoronó, revelando secretos perturbadores que nadie, ni siquiera sus más fieles admiradores, habría podido imaginar.
Un Cuento de Hadas con Raíces Frágiles
La historia de Romina y Albano parecía sacada del guion de una película romántica, aunque las diferencias entre ambos presagiaban desde el inicio una colisión inminente. Cuando sus caminos se cruzaron en 1967 durante el rodaje del musical Nel Sole, Romina tenía apenas 16 años y Albano, con 24, empezaba a forjarse un nombre en la música italiana.
Ella era la encarnación del glamour internacional: hija de las legendarias estrellas de Hollywood Tyrone Power y Linda Christian, acostumbrada a vivir entre tutores privados y lujosas villas de verano en Malibú. Él, por el contrario, venía de una infancia marcada por la dureza del trabajo rural en Cellino San Marco, Apulia, en una vivienda que ni siquiera contaba con agua corriente. Eran dos mundos opuestos que, contra todo pronóstico, colisionaron con una intensidad magnética.
A pesar de la feroz oposición de la madre de Romina, quien consideraba a Albano como un simple “campesino con una guitarra”, el espíritu rebelde de la joven prevaleció. Se casaron en 1970, el mismo año en que nació su primera hija, Ylenia. Romina no dudó en sacrificar su propia y prometedora carrera como actriz para fusionarse con Albano, creando juntos un imperio musical y una familia aparentemente perfecta que pronto se amplió con la llegada de Yari, Cristel y Romina Junior. Pero las semillas de la discordia ya estaban plantadas.
La Sombra del Control y la Pérdida de Identidad
A medida que la popularidad de la pareja alcanzaba alturas estratosféricas con éxitos mundiales como Ci Sarà o Sempre Sempre, la dinámica interna de su relación comenzaba a mostrar grietas preocupantes. El público los veía como compañeros en igualdad de condiciones, pero la realidad tras bambalinas pintaba un panorama asfixiante para Romina.
Con su carácter tradicional y férreo, Albano asumió el control absoluto de prácticamente todos los aspectos de su vida en común. Él dictaba qué canciones se grabarían, cómo se gestionarían las agotadoras giras internacionales e, incluso, imponía las normas sobre el vestuario y la educación de los niños. “Llegó un momento en el que yo, como Romina, dejé de existir”, confesó la artista años más tarde. Sus instintos creativos eran sistemáticamente ignorados. Aquella joven de espíritu libre se vio reducida a ser “la otra mitad” de una marca comercial gigantesca, atrapada en una imagen idílica que debía mantener a toda costa para no decepcionar al público.
La Tragedia que Quebró su Mundo
Pero el golpe definitivo que fracturó para siempre a la familia no provino de las tensiones artísticas, sino de una herida insondable. En enero de 1994, su hija mayor, Ylenia Carrisi, una brillante y políglota joven de 23 años con un fuerte espíritu independiente, desapareció sin dejar el menor rastro en la ciudad de Nueva Orleans, Estados Unidos.
Ylenia había viajado al continente americano para documentar la cruda realidad de los músicos callejeros y las personas sin hogar. El último avistamiento creíble provino de un guardia de seguridad que la vio lanzarse a las oscuras aguas del río Misisipi, pronunciando la enigmática frase: “Yo pertenezco a las aguas”. A pesar de las intensas búsquedas policiales y privadas, su cuerpo jamás fue hallado.
Este suceso devastador partió el matrimonio en dos formas de duelo completamente incompatibles. Albano, con su mente pragmática y su devoción católica, analizó los testimonios y finalmente aceptó la trágica realidad de que su hija había fallecido ahogada, solicitando en 2013 que fuera declarada legalmente muerta. Para Romina, esta decisión fue vivida como una traición imperdonable. Guiada por su intuición de madre y aferrada a la esperanza, Romina se negó rotundamente a dar por muerta a Ylenia, buscando respuestas en videntes, místicos e investigadores en un camino solitario que la alejó irremediablemente de su esposo. El dolor insoportable convirtió su hogar en un infierno de recriminaciones y silencios profundos, desencadenando su divorcio en 1999.
Acusaciones Públicas y Vicios Secretos
![]()
Si el público pensó que el divorcio marcaría el final del drama, estaban equivocados. Casi tres décadas después de la tragedia, Albano dejó al mundo estupefacto al ofrecer una controvertida entrevista en la que culpaba explícitamente a Romina del fracaso de su matrimonio, alegando un supuesto problema de adicción.
“El problema no fue únicamente la pérdida de Ylenia”, sentenció Albano con dureza. “Romina ya había cambiado mucho antes… Fumaba marihuana demasiada. Me refiero a unas cuatro veces al día, todos los días durante años”. Según el cantante, las alteraciones en el estado de ánimo de Romina cuando pasaba el efecto de la droga extinguieron el brillo de la mujer de la que se había enamorado.
La respuesta de Romina ante este ataque mediático fue un ejercicio de elegancia y contención implacable. Sin confirmar ni desmentir tales acusaciones, emitió un comunicado donde recordaba que el amor verdadero se sostiene sobre el diálogo, el respeto y la capacidad de evolucionar juntos, advirtiendo que “guardar rencor no beneficia absolutamente a nadie”. Detrás de su tono calmado, quedaba clara la enorme frustración de una mujer que sentía que su exmarido intentaba reescribir la historia para justificarse, invisibilizando el control psicológico que había ejercido sobre ella durante años.
El Triángulo Amoroso y un Reencuentro Feroz
