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La vida paralela del príncipe Felipe el muro de silencio institucional y los romances ocultos que sacuden a la corona británica

En el mes de abril del período pandémico reciente el funeral del príncipe Felipe duque de Edimburgo se llevó a cabo bajo restricciones severas que redujeron el aforo de la capilla de San Jorge en Windsor a una cantidad mínima de asistentes. Las transmisiones televisivas capturaron la imagen de la reina Isabel Segunda sentada en absoluta soledad, distanciada de su propio entorno familiar y visiblemente afectada por la pérdida del hombre con quien compartió la representación del Estado durante más de siete décadas. Sin embargo la atención de los analistas e historiadores se centró en la nómina selecta de las personas autorizadas a ingresar al recinto. Entre el grupo reducido destacaba la presencia de una dama ajena al lazo sanguíneo directo del difunto, Penélope Knatchbull, actual condesa Mountbatten de Birmania.

La inclusión de esta mujer en un protocolo tan exclusivo, postergando a descendientes consanguíneos directos y a altas personalidades del ámbito político o diplomático, reabrió los debates sobre los aspectos menos conocidos de la trayectoria del consorte real. A lo largo de setenta y tres años de matrimonio la figura del duque estuvo sujeta a una cobertura mediática constante y a un escrutinio público permanente. No obstante de forma paralela se estructuró un silencio institucional coordinado que involucró a los organismos de inte

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