En un giro histórico que marca un antes y un después en la relación de la Iglesia Católica con sus organizaciones internas, el enviado especial del Vaticano, Jordi Bertomeu, ha confirmado que el Papa León XIV mantendrá una línea de tolerancia cero respecto al caso Sodalicio. Apenas un año después de su elección, el nuevo Pontífice ha dejado claro que el proceso de liquidación de la familia espiritual fundada por Luis Fernando Figari no solo continúa, sino que entrará en su etapa más agresiva: la reparación económica directa utilizando los fondos de la propia organización.
La noticia ha caído como una bomba en los círculos eclesiásticos y sociales de Perú. Durante una entrevista exclusiva, Bertomeu reveló que el Papa León XIV se puso en contacto con él pocas horas después de asumir el cargo para asegurar que la misión iniciada por su predecesor, el Papa Francisco, llegara hasta sus últim
as consecuencias. Esta decisión implica que la Iglesia asume una doble responsabilidad: la indemnización financiera y la compensación moral, bajo la premisa de que quienes causaron el daño deben ser quienes paguen por él.
La magnitud de la tragedia humana ha quedado al descubierto en apenas cinco días de trabajo en la Nunciatura Apostólica en Lima. Bertomeu informó con visible conmoción que ya han superado las cien denuncias. Lo más impactante es que aproximadamente la mitad de estas personas nunca antes se habían atrevido a hablar. El enviado papal describió situaciones lamentables, mencionando haber visto a personas con “los ojos vacíos”, víctimas de un trauma profundo generado por una organización que la misma Iglesia ya califica abiertamente como sectaria. Este reconocimiento es una novedad absoluta en la institución, admitiendo que grupos completamente alejados de los valores cristianos operaron bajo su amparo.

El caso Sodalicio ha dejado de ser solo un expediente de abusos sexuales para convertirse en un complejo entramado de corrupción económica, manipulación de conciencia y atropellos contra ciudadanos vulnerables. Bertomeu fue enfático al señalar que Luis Fernando Figari no fue un verdadero fundador, sino un “gurú” que construyó un sistema autoritario basado en un carisma falso. Por lo tanto, la supresión de todo lo fundado por él es la única salida ética posible.
Uno de los puntos más críticos de la intervención de Bertomeu fue su llamado de atención al Estado peruano. Mientras el Vaticano avanza con la legislación canónica, el enviado cuestionó la pasividad de las instituciones judiciales y políticas del país. Criticó que delitos como el abuso de poder o el “secuestro mental” no estén debidamente tipificados y que muchos casos corran el riesgo de prescribir bajo la ley civil. “El problema no lo tiene el Vaticano, el problema lo tiene un país que permite que la justicia sea solo para unos cuantos privilegiados”, sentenció, haciendo un llamado directo a los congresistas y fiscales para que mejoren el marco legal y protejan a los ciudadanos.
La sombra de la desinformación también fue abordada. Bertomeu denunció la existencia de campañas difamatorias y “fake news” impulsadas por grupos de presión que intentan obstruir la justicia. Hizo un llamado a los fieles y a la sociedad en general a no dejarse atrapar por “burbujas de ideología” o teorías conspiranoicas, instando a buscar información en fuentes serias. Según el enviado, el tiempo pone a cada uno en su lugar y la verdad sobre los crímenes cometidos en el seno del Sodalicio es ya irrefutable para cualquier persona con criterio.
La esperanza de las víctimas ahora se centra en la posible visita del Papa León XIV a Perú. Al ser un Pontífice con raíces peruanas y un profundo conocimiento de la realidad local, existe la expectativa de que su presencia ayude a regenerar las instituciones democráticas del país, que actualmente atraviesan un periodo de fragilidad. Su liderazgo eclesial y político se percibe como una oportunidad para recordar a los responsables del Estado que están llamados a gobernar para todos, especialmente para los más vulnerables, y no para proteger redes de intereses privados.
Finalmente, Bertomeu se refirió a los agraviados de Catacaos, quienes han denunciado atropellos por parte de empresas vinculadas al Sodalicio. El comisario liquidador aseguró que se recibirá a todas las delegaciones que se consideren afectadas, manteniendo el apoyo que en su momento brindó el Papa Francisco. La liquidación de los bienes de la organización busca ser un precedente internacional sobre cómo la Iglesia debe manejar organizaciones transnacionales complejas que han violado derechos fundamentales. El mensaje es claro: el proceso está en su etapa final y no habrá marcha atrás hasta que la última víctima sea escuchada y reparada.