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Separados Por Una Cerca… Pero El Duque Descubrió La Verdad De Su Amor

Pero antes de que el mayordomo pudiera abrirle la puerta, escuchó el grito.

No fue un grito cualquiera. Fue el grito de su hija.

—¡Papá!

Adrián saltó del carruaje antes de que se detuviera por completo. Atravesó los escalones de mármol empapados, empujó la puerta principal y entró en el vestíbulo como un hombre que vuelve de la muerte.

La casa estaba en caos.

Criadas llorando. Un jarrón roto sobre el suelo. Su tía Beatrice, rígida como una estatua, con una mano sobre el pecho y la otra señalando hacia la parte trasera de la propiedad. Y en medio de todo, Lady Cassandra Vane, su prometida, pálida de furia, con el vestido de seda azul rasgado en el dobladillo.

—¡Se la llevó! —dijo Cassandra—. Esa mujer de la cabaña se llevó a Evie.

El mundo se detuvo.

Evangeline, su hija de siete años, su única razón para seguir respirando desde la muerte de su esposa, había desaparecido.

—¿Qué mujer? —preguntó Adrián, aunque una parte de él ya conocía la respuesta.

Cassandra tragó saliva. Sus ojos brillaron con un odio que no intentó esconder.

—La costurera. La que vive detrás de la cerca vieja. Isabel Hart.

El nombre golpeó a Adrián con más fuerza que el trueno.

Durante diez años, no lo había escuchado dentro de esas paredes. Diez años de silencio impuesto, de cartas quemadas, de rumores, de noches en las que había fingido no recordar el olor a lavanda en el cabello de una joven que una vez le había prometido esperarlo para siempre.

—Imposible —murmuró.

—La vi —insistió Cassandra—. Evie salió al jardín. La niña siempre se acerca a esa maldita cerca. Esa mujer la llama, le habla, le da cintas, cuentos, quién sabe qué más. Esta noche Evie desapareció, y la puerta del huerto estaba abierta.

Adrián no esperó otra palabra.

Corrió por el pasillo trasero, salió al jardín y se hundió en la lluvia. Más allá de los rosales, más allá del invernadero, estaba la vieja cerca de madera que separaba Ashford Hall de las pequeñas casas de los antiguos trabajadores. Una cerca torcida, cubierta de hiedra, tan vieja como los pecados de su familia.

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