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Sasha Montenegro y José López Portillo: El trágico final del escandaloso matrimonio presidencial que terminó en venganza, despojo y ruina

El 14 de febrero de 2024, mientras millones de personas en México y en el mundo celebraban el Día de San Valentín con promesas de amor eterno, cenas románticas y regalos ostentosos, una mujer que alguna vez encarnó el mayor símbolo del deseo nacional expiraba su último aliento lejos del clamor de las multitudes y el flash de las cámaras. Su nombre real era Alexandra Achimovic Popovic, pero la historia política y del espectáculo del país la recordará por siempre como Sasha Montenegro. A sus 78 años de edad, un fulminante derrame cerebral, que llegó para ensombrecer y agravar un cuadro clínico ya devastado por el cáncer de pulmón, cerró el telón de una existencia extraordinaria, vertiginosa y profundamente trágica.

Sin embargo, su partida física no fue simplemente el adiós de una actriz consagrada; fue el doloroso y silencioso epílogo de un relato oscuro donde se entrelazaron de manera perversa el poder presidencial absoluto, los impúdicos excesos financiados con dinero público, las traiciones familiares más implacables y una faraónica mansión de proporciones ridículas que, irónicamente, terminó convertida en una asfixiante prisión de oro para la propia diva.

Para lograr entender cómo una deslumbrante estrella del llamado cine de ficheras logró infiltrarse hasta la médula del poder político mexicano —y cómo ese mismo poder terminó escupiéndola al vacío—, es imperativo retroceder hasta el origen de su trauma y su herida más profunda. La historia de Sasha no dio inicio bajo los deslumbrantes focos de los estudios de grabación en la Ciudad de México, sino en las ruinas del continente europeo. Nació en el año 1946 en Bari, Italia, en un mundo que aún olía a muerte, escombros y desesperanza inmediata tras la culminación de la Segunda Guerra Mundial.

Proveniente de una familia de férreas raíces yugoslavas con antiguos y comprobados antecedentes aristocráticos, la pequeña Alexandra aprendió desde la cuna lo que significaba el despojo absoluto. Su linaje había sido desprovisto de sus vastas tierras, de su estabilidad financiera y de todo sentido de pertenencia bajo la bota militar de las guerras que destrozaron la región. La psicolo

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