En el mundo de la política, es poco común encontrar momentos en los que las figuras públicas dejen de lado los discursos formales, los debates acalorados y las tensiones del día a día para abrir su corazón y mostrar una faceta completamente diferente. Sin embargo, esto es exactamente lo que ha sucedido con Miguel Uribe, quien recientemente ha sorprendido a todos con una revelación íntima, apasionada y profundamente humana. Lejos de las cámaras del congreso y de las controversias políticas, Uribe ha confesado un amor incondicional por la música, un talento oculto en desarrollo y una profunda admiración por uno de los más grandes íconos del folclor colombiano: el legendario y tristemente fallecido, Omar Geles.
Esta confesión, cargada de emotividad y nostalgia, nos permite ver a un Miguel Uribe despojado de su investidura, mostrando a un hombre que, como muchos colombianos, lleva el vallenato impregnado en el alma. En una reciente entrevista, cuyas declaraciones han comenzado a generar eco en las redes sociales y en el ámbito cultural, el
político compartió detalles fascinantes sobre su conexión con este género musical que es patrimonio de la nación.
Desde siempre, la música ha sido una compañera constante en la vida de Uribe. “Yo le cuento que, desde siempre, me ha gustado la música”, inició su relato con una sonrisa que denotaba la sinceridad de sus palabras. Pero esta pasión no se ha quedado simplemente en el acto pasivo de escuchar. Ha ido un paso más allá, adentrándose en el complejo y hermoso mundo de la interpretación. Hace algunos años, impulsado por esa melodía interna que no lo dejaba tranquilo, Uribe decidió tomar un reto mayúsculo: aprender a tocar el acordeón.
El acordeón, ese instrumento de fuelle que es el corazón palpitante del vallenato, no es fácil de dominar. Requiere de una coordinación impecable, un oído agudo y, sobre todo, mucho sentimiento. Para Uribe, este proceso de aprendizaje se ha convertido en una pasión absorbente, una vía de escape y una forma de conectar con sus raíces culturales más profundas. Pero, ¿quién es la fuente de inspiración de este aprendiz de acordeón? La respuesta es tan contundente como el sonido de una puya: Omar Geles.
“Ahora, obviamente, tengo que decir que lo que más oigo y lo que estoy tratando de aprender es Omar Geles”, confesó Uribe con una mezcla de admiración y respeto. Omar Geles, el cantautor, acordeonero y figura central del vallenato, ha dejado un legado imborrable en la historia musical de Colombia. Su reciente partida ha dejado un vacío inmenso en el corazón de sus seguidores, y Miguel Uribe no es la excepción. De hecho, la confesión de Uribe toma un matiz melancólico cuando habla de su ídolo.
“A quien evidentemente nos duele conocerlo… no lo conocí personalmente, lo escuché mucho pero no lo conocí, desafortunadamente”, expresó con un dejo de tristeza. Es esa sensación de haber estado tan cerca de la grandeza a través de sus canciones, pero no haber tenido la oportunidad de estrechar su mano, de compartir una charla o de presenciar en vivo la magia de sus dedos sobre el teclado y los bajos del acordeón. Esta es una realidad que comparten millones de fanáticos que hoy lloran la ausencia del Maestro Geles.
Pero la influencia de Omar Geles en la vida de Uribe no se limita a una admiración abstracta. Hay una conexión tangible, una meta musical específica que el político se ha propuesto alcanzar. Entre el vasto repertorio de composiciones del maestro, hay una que ha cautivado especialmente a Uribe, una canción icónica que ha marcado generaciones y que, curiosamente, Geles compuso pero que fue inmortalizada por otra gran voz del vallenato.
“Hay una que me gusta mucho que entiendo que la compuso él, no la cantaba él, que es ‘Tarde lo conocí'”, reveló Uribe. Esta obra maestra, que fue llevada a la cima del éxito por la inigualable Patricia Teherán, es el actual reto musical del político. “Entre otras, es una de las que estoy tratando de aprenderme en acordeón”, afirmó. Imaginar a Miguel Uribe practicando los intrincados pases de “Tarde lo conocí” nos muestra una dedicación y un amor genuino por la música que trasciende cualquier barrera profesional. “Pero bueno, es una de las canciones lindas y bueno, muchos otros, ¿no?”, añadió, dejando ver que su repertorio de aprendizaje es amplio y ambicioso.
La pasión de Uribe por el vallenato no es un capricho reciente, sino el resultado de una semilla plantada desde su infancia. La música es, a menudo, un legado familiar, una herencia que se transmite de generación en generación, y en el caso de Uribe, esta tradición fue inculcada por una figura fundamental en su vida: su padre.
“Mi papá me inculcó Rafael Escalona y de ahí en adelante todos los demás”, confesó, cerrando su intervención con una revelación que une el pasado, el presente y el futuro de su amor por la música. Rafael Escalona, el juglar mayor, el contador de historias, fue el punto de partida. Fue a través de las letras costumbristas y las melodías entrañables de Escalona que un joven Miguel Uribe aprendió a amar el vallenato. A partir de esa sólida base, su gusto musical se expandió, abarcando a “todos los demás”, llegando hasta las composiciones modernas y emotivas de Omar Geles.

Esta confesión de Miguel Uribe nos invita a reflexionar sobre la capacidad de la música para unirnos, para mostrar nuestra vulnerabilidad y nuestras pasiones más genuinas. Detrás de cada figura pública hay un ser humano con sueños, ídolos y aficiones. En este caso, descubrimos a un hombre que encuentra paz y motivación en las notas de un acordeón, que rinde homenaje a los grandes maestros de nuestra tierra y que, a través de la música, nos muestra una faceta mucho más cercana, sensible y auténtica.
La historia de Uribe, el aprendiz de acordeón que llora la partida de Omar Geles y que busca dominar los acordes de “Tarde lo conocí”, es un recordatorio de que la cultura y las artes son el verdadero tejido que conecta a nuestra sociedad. Una confesión que, sin duda, resonará en los corazones de todos aquellos que sienten el vallenato como una parte esencial de su propia historia.