Posted in

La Chica Pobre Tenía Solo 5€ en su Cita—El Millonario Viudo y su Hija la Vieron y Todo Cambió

Y aun así, allí estaba yo.

Sentada en el restaurante más elegante en el que había puesto un pie.

Las lámparas colgaban como gotas de oro. Las copas brillaban. Los camareros caminaban sin hacer ruido, como si el suelo no se atreviera a crujir bajo sus zapatos. Todo olía a mantequilla, vino caro y perfume de gente que nunca había tenido que contar monedas antes de dormir.

Frente a mí estaba Álvaro.

Sonreía como sonríen los hombres que saben que van a hacer daño y quieren disfrutarlo despacio.

—¿Solo vas a pedir agua? —preguntó, levantando una ceja.

Yo intenté sonreír.

—No tengo mucha hambre.

Mentí.

Tenía tanta hambre que el olor del pan caliente me hacía doler el estómago. Pero también sabía leer precios. Y aquel menú no era un menú, era una amenaza.

Álvaro tomó su copa de vino y miró mi abrigo viejo, mis uñas sin pintar, mis zapatos limpios pero gastados en la punta.

—Lucía, te invité porque pensé que eras diferente.

La frase cayó entre nosotros como un plato roto.

—¿Diferente cómo? —pregunté, aunque ya sabía que nada bueno venía después.

Él suspiró, como si hablar conmigo le costara paciencia.

—No sé. Más… ambiciosa. Más preparada para moverte en ciertos lugares. Pero llegas aquí, miras los precios como si fueran una multa, pides agua del grifo y encima tiemblas cada vez que pasa un camarero.

Sentí la cara arder.

En la mesa de al lado, una niña de unos diez años dejó de mover su pajita dentro de un vaso de limonada. Me miró. No con burla. Con preocupación.

Read More