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Ella Le Devolvió La Vida Al Duque… Entre Tulipanes Nadie Imaginó Cómo

Doña Beatriz, madre del duque, apretó los dedos sobre su rosario. No lloró. Había aprendido, en los últimos ocho meses, que las lágrimas no servían de nada cuando una casa entera se caía por dentro.

—Es mi hijo —susurró.

—Y también es el dueño legal de todo esto —respondió Humberto, señalando con el cuchillo las paredes de mármol, los retratos de antepasados, los candelabros franceses, las ventanas que daban al jardín de tulipanes—. Si no firmamos mañana la declaración de incapacidad, los acreedores llegarán antes de que termine la primavera.

Isadora Valcárcel, vestida de negro aunque nadie había muerto oficialmente, sonrió apenas.

—Nadie debe saber que el duque del Valle de los Tulipanes ha perdido la razón. Sería un escándalo.

—El escándalo —dijo una voz desde la entrada— es que ustedes hablen de él como si ya estuviera en un ataúd.

Todos se volvieron.

Una joven estaba de pie bajo el arco del comedor, empapada por la lluvia, con el cabello oscuro pegado al rostro y una cesta de tulipanes rojos entre los brazos. No llevaba joyas. No llevaba apellido ilustre. Sus botas estaban manchadas de barro, y aun así había algo en su mirada que hizo que el silencio se quebrara como cristal.

—¿Quién dejó entrar a esta mujer? —preguntó Isadora.

El mayordomo, pálido, apareció detrás de ella.

—Perdón, señora. Dice que viene por el puesto de jardinera.

Humberto soltó una carcajada.

—¿Jardinera? A medianoche.

La joven avanzó tres pasos. Las velas iluminaron su rostro. Doña Beatriz dejó caer el rosario.

—Tú eres Clara Belmonte.

El nombre golpeó la mesa con más fuerza que un trueno. Humberto dejó de sonreír. Isadora frunció el ceño. Los sirvientes bajaron la mirada, como si aquel apellido estuviera prohibido en la casa.

—Mi padre cuidó los tulipanes de esta familia durante treinta años —dijo Clara—. Murió acusado de ladrón por ustedes. Pero antes de morir me hizo prometer una cosa.

—Tu padre fue expulsado por robar bulbos raros —escupió Humberto.

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