El mundo del espectáculo se encuentra nuevamente sacudido por un torbellino de declaraciones que han dejado al descubierto las profundas fisuras dentro de una de las familias más mediáticas de la televisión. Maribel Guardia, una figura que a lo largo de su carrera se ha caracterizado por su prudencia, elegancia y trato afable frente a las cámaras, ha decidido romper el silencio de una manera contundente, directa y sumamente dolorosa. En una reciente intervención pública, la actriz y cantante desató lo que muchos ya califican como el golpe definitivo contra Imelda Tuñón, su exnuera, y la periodista Addis Tuñón, en medio de una encarnizada batalla legal y mediática por el bienestar y, sobre todo, la herencia de su adorado nieto, el pequeño Juliancito Figueroa.
La controversia, que parece reavivarse periódicamente, ha alcanzado un nuevo y alarmante nivel de tensión. Según los reportes y las propias palabras de Maribel Guardia, esta disputa no es un simple desacuerdo familiar, sino una compleja red de intereses económicos, búsqueda de notoriedad y decisiones judiciales cuestionables que han puesto en el centro del huracán el futuro de un niño que ya ha tenido que enfrentar la trágica pérdida de su padre, Julián Figueroa.
El epicentro de este nuevo escándalo radica en una decisión judicial que ha dejado a Maribel Guardia y a su círculo íntimo completamente perplejos. Se trata de la reciente destitución y nombramiento de una nueva figura legal encargada de velar por los intereses del menor, un cargo referido en el proceso como
tutor o institutriz. Lo que ha generado la indignación absoluta de la actriz es el hecho de que este proceso legal, iniciado presuntamente mediante una moción en octubre o noviembre del año pasado, se llevó a cabo en la más estricta opacidad para la familia Figueroa. Maribel reveló con evidente frustración que se enteró de la resolución a mediados de mayo y, para colmo de males, a través de la televisión. Nadie les notificó, nadie los citó a la audiencia y ninguna comunicación legal llegó a sus manos antes de que la noticia explotara en los medios de comunicación.
Sin embargo, el asombro por la falta de notificación palidece ante la gravedad de la designación en sí. La persona nombrada por el juez para proteger los intereses de Juliancito es un miembro directo de la familia Tuñón. Para Maribel Guardia, esto representa un flagrante y peligroso conflicto de intereses. En términos legales y éticos, no se puede ser juez y parte. La actriz argumenta de forma irrefutable que esta persona no defenderá genuinamente al niño, sino que protegerá los intereses de la madre y de su propia familia. El objetivo principal de un tutor en este tipo de litigios debería ser la protección ciega y absoluta del menor, asegurando que su patrimonio y bienestar no sean vulnerados por ninguna de las partes. Al colocar a un familiar de Imelda en este rol, la balanza de la justicia parece haberse inclinado de manera perjudicial.
El dolor y la ironía se entrelazan en las declaraciones de Maribel cuando expone la cruda realidad sobre la relación que esta nueva tutora ha tenido con Juliancito a lo largo de su vida. Con una mezcla de tristeza y contundencia, la actriz reveló que durante los ocho años que el niño vivió bajo su techo, jamás vio a esta persona cruzar la puerta de su casa. La ausencia fue total y absoluta. No hubo visitas en cumpleaños, no hubo presencia en las festividades de Navidad, ni demostraciones de afecto que justificaran ahora un supuesto amor incondicional y una capacidad idónea para velar por él. Maribel cuestiona duramente este repentino interés, insinuando que la verdadera motivación detrás de esta aparición no es el amor por el menor, sino el deseo de estar en el ojo público y, más preocupante aún, tener acceso al control de la situación patrimonial.
Este punto nos lleva al núcleo más espinoso de la disputa: la herencia del pequeño Juliancito y el aspecto financiero del conflicto. Maribel Guardia destapó una realidad que deja en muy mala posición a la parte demandante. Asegura que, de no ser por los movimientos legales impulsados por Imelda y su equipo, el niño ya tendría acceso a su herencia. Al impugnar el testamento, se ha congelado el patrimonio y se ha iniciado un costoso proceso legal. La preocupación de Maribel es genuina y aterradora para cualquier abuela: los honorarios de los abogados y los gastos de este interminable litigio saldrán, inevitablemente, del propio patrimonio del niño. Al final del día, se pregunta con angustia, ¿qué cantidad exorbitante se llevarán los despachos legales y cuánto le quedará realmente a su nieto para asegurar su futuro?
Para evidenciar aún más la falta de necesidad de llegar a estos extremos financieros, Maribel compartió un detalle desgarrador sobre su propio compromiso económico con el niño y con Imelda. Tras el fallecimiento de Julián Figueroa, la actriz continuó siendo el pilar financiero de ambos. A pesar de que Imelda y el niño se mudaron hace aproximadamente un año, Maribel confesó que siguió cubriendo absolutamente todas las necesidades: desde la vivienda, el agua, la luz y el internet, hasta las clases particulares, la educación y el entretenimiento del menor. Todo esto entregado, según sus palabras, con todo el amor del mundo y en cantidades considerables.
El nivel de compromiso de Maribel Guardia llegó a tal punto que, en el momento en que se desató el conflicto legal por la custodia o el tiempo compartido, ella acudió ante un juez e hizo una oferta irrechazable: propuso hacerse cargo, de su propio bolsillo, de la totalidad de los gastos de manutención del niño. Su objetivo era claro: blindar la herencia de Juliancito, evitar que se tocara un solo centavo de lo que le dejó su padre y garantizarle una vida digna y sin carencias. Esta propuesta quedó registrada y sellada ante la autoridad judicial, pero fue categóricamente rechazada por la familia Tuñón. Según la lógica planteada en la controversia, aceptar esta ayuda incondicional habría debilitado su estrategia de impugnar el testamento y buscar el control del patrimonio.
En paralelo a esta batalla por el dinero y la tutela legal, existe una guerra mediática que Maribel Guardia no dudó en señalar. La actriz acusa a la familia de buscar constantemente la atención de los reflectores. Mencionó específicamente que, cada cierto tiempo, necesitan generar una nueva polémica para mantener su estatus o “caché” en los medios, dado que, según sus duras palabras, no destacan por cantar, bailar o tener un talento artístico que los mantenga vigentes. Esta búsqueda de protagonismo ha arrastrado a figuras como la periodista Addis Tuñón, quien ha pasado de ser una informadora a convertirse en un personaje público inmerso en la controversia familiar, generando nuevamente un severo conflicto de intereses en la forma en que se aborda la noticia en los espacios televisivos.

El clímax emocional de estas revelaciones llega cuando Maribel Guardia, con el corazón en la mano, admite su dolorosa realidad actual. Aislada de su nieto, sin posibilidad de tener un acercamiento con él debido a las restricciones y el ambiente tóxico generado por el litigio, la actriz ha tenido que recurrir a su profunda fe y fortaleza espiritual. “Lo dejo en manos de Dios, que Dios me lo proteja, que Dios me lo cuide”, expresó con una resignación que hiela la sangre. Maribel confesó que ha llegado a un momento en la vida en el que ha tenido que aprender a “soltar” para no volverse loca. Comparó este desprendimiento forzado con la tragedia más inmensa de su existencia: la repentina y dolorosa muerte de su hijo Julián. Haber sobrevivido a ese trago tan amargo le ha dado la perspectiva necesaria para entender que hay batallas donde la paz mental exige dar un paso al costado, aunque el alma se desgarre en el proceso.
Esta desgarradora historia está lejos de terminar. Mientras los abogados preparan nuevas estrategias y los medios de comunicación continúan diseccionando cada declaración, en el centro de esta tormenta mediática, legal y familiar se encuentra un niño inocente. Las palabras de Maribel Guardia han servido para arrojar luz sobre las sombras de un proceso judicial que parece favorecer los intereses de los adultos por encima del bienestar del menor. La sociedad y los seguidores de la actriz observan con consternación cómo la ambición, el deseo de fama y los rencores personales han eclipsado el que debería ser el único objetivo de ambas partes: honrar la memoria de Julián Figueroa asegurando la felicidad, la paz y el futuro íntegro de su único hijo. Solo el tiempo y, con suerte, una justicia verdaderamente imparcial, dictarán el desenlace de esta amarga página en la vida de Maribel Guardia.