El Guardián del Gran Pajonal: La Alianza Sagrada del Niño Huérfano y el Despertar de la Selva Asháninka
Don Laureano: Quédate aquí en las ruinas de este viejo aserradero abandonado, Benjamín; el aire denso de la selva central de Satipo calmará tu rebeldía mientras yo me encargo de regularizar los títulos de las plantaciones de café que tu difunto padre te dejó.
Benjamín: Tengo muchísimo miedo de las serpientes y de los jaguares que rugen en el monte, tío Laureano; no me dejes solo en este galpón oscuro donde la neblina de la montaña cubre los árboles gigantes al caer la tarde.
Don Laureano: Tu padre ya no está para cumplir tus caprichos y ahora soy yo quien maneja los negocios de la madera; aprende a sobrevivir con lo que encuentres en esta espesura hasta que decida regresar por ti.
Benjamín: (Viendo alejarse la mula de su tío entre el fango del sendero) Madre mía, tú que me cuidas desde los altares dorados del cielo, dale calor a mis manos y no permitas que la soledad destruya mi corazón en esta selva verde.
Kipatsi: Tus sollozos interrumpen el vuelo del guacamayo en las ramas altas del bosque sagrado, pequeño niño de los valles bajos; la tristeza consume la energía que tu cuerpo necesitará para soportar las tormentas de la madrugada.
Benjamín: ¡Por favor, no me hagas daño con tu lanza de cacería, señor de la montaña! Mi tío Laureano me dijo que los asháninkas eran guerreros feroces que atacaban a los niños extranjeros que cruzaban sus fronteras naturales.
Kipatsi: Las palabras de tu pariente están llenas del fango de la mentira y de la ambición; mi nombre es Kipatsi, que significa tierra en la lengua de mis abuelos, y vine a ofrecerte un trozo de yuca asada y agua fresca.
Benjamín: (Tomando el alimento con sus manos temblorosas) Esta comida ha devuelto la fuerza a mi cuerpo y ha calentado mi pecho; gracias por no dejarme desamparado en este suelo cubierto de raíces centenarias.
Kipatsi: Este aserradero perteneció a un hombre sabio que cultivaba la tierra sin dañar los árboles sagrados; te enseñaré a encontrar los frutos comestibles y a extraer el agua limpia de las lianas ocultas.
Benjamín: Quiero aprender a caminar sobre el fango sin hacer ruido como lo hace tu gente, Kipatsi; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me golpeaba y ocultaba los documentos de mi herencia legítima.
Kipatsi: La selva de Satipo es una maestra exigente que premia la paciencia y castiga la soberbia de los hombres; si escuchas el murmullo de los ríos, comprenderás que los espíritus protectores nunca te dejarán solo.
Benjamín: He memorizado las primeras expresiones de hermandad en la lengua de tus ancestros, Kipatsi; mañana quiero ayudarte a recolectar las semillas de cacao silvestre para guardarlas en los cestos que tejimos ayer.
Don Laureano: (Regresando tres lunas después con una mirada cargada de avaricia y desprecio) ¡Qué clase de humillación es esta! El heredero de los mayores terrenos cafetaleros conviviendo con los recolectores de la selva alta.
Kipatsi: Caballero, su presencia contamina la pureza de este horizonte verde; usted abandonó a esta pequeña criatura para apoderarse de los cultivos que le pertenecen por derecho de sangre familiar y leyes humanas.
Don Laureano: ¡Cállate, indio del monte! Cuando las autoridades del pueblo se enteren de que estás reteniendo a mi sobrino, vendrán con los soldados armados a desalojar todos estos terrenos comunales de la montaña.
Benjamín: ¡No permitas que amenace a Kipatsi, tío Laureano! Él me dio la comida y el poncho que tú me negaste, y todo el pueblo sabrá que falsificaste el testamento original de mi difunto padre antes de desterrarme aquí.
Don Laureano: (Levantando su fusta de montar con una furia descontrolada) Cállate la boca, niño insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás encerrado en las bodegas oscuras de la fábrica vieja de la frontera.
Kipatsi: (Interponiéndose con su bastón de madera tallada con símbolos de protección ancestral) No vuelva a tocar la inocencia de este niño; el monte entero vigila sus pasos y nuestra justicia es implacable contra los opresores.
Don Laureano: (Retrocediendo con temor ante la mirada firme del guerrero) Esto no se quedará así; regresaré con mis capataces armados y destruiremos este puesto antes de la próxima temporada de la cosecha de café.
Benjamín: Siento muchísimo miedo de que regrese con los hombres armados de la ciudad, Kipatsi; ellos tienen armas de fuego y no entenderán que tú me has salvado de una muerte segura en medio del bosque tropical.
Kipatsi: El valor de la verdad es superior al plomo de los fusiles, Benjamín; buscaremos al Padre Jerónimo en la misión de la Merced, él conoce las leyes de los blancos y tiene un alma limpia de codicia material.
Padre Jerónimo: (Recibiendo a los viajeros en la sacristía con un gesto de profundo asombro) ¡Válgame Dios, Benjamín! Tu tío Laureano le aseguró a toda la feligresía de la parroquia que habías sido enviado a estudiar en Lima.
Benjamín: Todo ha sido una infamia de mi tío para quedarse con las plantaciones de mi padre, Padre Jerónimo; Kipatsi me rescató de la inanición y me enseñó el verdadero valor de la ayuda mutua en el bosque.
Padre Jerónimo: (Mirando a Kipatsi con un profundo respeto humano) Gracias, hermano Kipatsi, por proteger a esta pequeña criatura desamparada; guardaré los documentos del testamento legítimo en la caja fuerte del templo.
Don Melchor: (El viejo escribano del pueblo, entrando con prisa al despacho parroquial) Don Laureano está reuniendo talamontes ilegales en la frontera para asaltar las tierras de la comunidad alta; debemos actuar ya ante el juez.
Benjamín: No les tenemos miedo porque la selva sagrada está de nuestro lado; Kipatsi alertará a los cazadores para vigilar los senderos ocultos antes de que caiga la noche húmeda sobre el monte.
Kipatsi: Mis hombres ya se encuentran posicionados entre los cañadones de piedra roja; ningún mercenario cruzará la frontera de la reserva natural sin que nuestras flechas de advertencia le marquen el camino de regreso.
Padre Jerónimo: Yo mismo acompañaré al alguacil del pueblo hacia la jefatura de policía de la región; es hora de arrancar la máscara de honestidad con la que Laureano ha engañado a todos los comerciantes locales.
Alguacil Mayor: Hemos revisado los registros ocultos que Don Laureano guardaba en su caja fuerte de la intendencia; todos los papeles confirman el fraude procesal y el desvío del dinero de la herencia del menor Benjamín.
Don Laureano: (Irrumpiendo en la plaza principal con dos capataces armados con carabinas viejas) ¡Alcalde, detenga a esos traidores! El salvaje ha usado artimañas y brujería para confundir a mi sobrino y robarme los cultivos.
Alcalde Augusto: Baje sus armas de inmediato, Laureano; el testamento original ha sido presentado por el Padre Jerónimo y su firma falsa ha sido comprobada por los peritos del tribunal penal de la provincia.
Don Laureano: (Apuntando su revólver hacia Benjamín con desesperación criminal) No voy a permitir que una mocosa mugrienta y un cura viejo me quiten la fortuna que me corresponde por astucia y derecho familiar.
Kipatsi: (Apareciendo desde las sombras de los portales de piedra y desarmando a Laureano con un movimiento veloz de su lanza) Los hombres de malicia no tienen poder en la plaza de la justicia verdadera del monte.
Alcalde Augusto: ¡Alguaciles, aseguren a este criminal de inmediato! Será trasladado a la prisión de la capital bajo los cargos de falsificación documental, fraude comercial internacional e intento de homicidio calificado.
Don Laureano: (Gritando con rabia mientras es conducido al calabozo de la villa) ¡Maldigo a este pueblo y a los nativos de las misiones amazónicas! Se arrepentirán de haber escuchado las mentiras de este niño.
Benjamín: Tu dinero no pudo comprar el silencio del monte, tío Laureano; ahora el aserradero viejo de mi padre será el lugar donde construiremos el futuro de toda nuestra comunidad multicultural unida.
Don Melchor: Es un hermoso proyecto, Benjamín; utilizaré mis conocimientos legales para registrar las tierras del cafetal como una propiedad comunal que beneficie a los nativos de la selva y a los pequeños productores.
Kipatsi: Cambiaremos el metal de las armas por el hierro de las herramientas agrícolas; procesaremos los granos de café en las instalaciones nuevas usando la energía limpia de nuestro río sagrado.
Maestra Isabel: Bienvenidos niños del monte y del pueblo a la Escuela de la Reconciliación; hoy abrimos los libros del saber bilingüe para que todos aprendamos a respetarnos bajo el mismo cielo de Satipo.
Niño Asháninka Tari: Yo quiero aprender a escribir las leyendas de mis antepasados en las hojas blancas para que los niños del pueblo conozcan el valor de nuestros montes sagrados y nuestros cantos antiguos.
Niña Yací: Y yo quiero aprender a tejer las canastas de mimbre tal como las abuelas de la comunidad lo hacen junto al fogón; la producción artesanal de nuestra región será el orgullo de toda la provincia.
Diego: (El hijo del carpintero local, llegando con sus herramientas de trabajo) Hemos terminado de colocar los bancos de madera y las mesas para la biblioteca de la escuela bilingüe; este espacio quedó hermoso.
Benjamín: Gracias, Diego; este sitio ya nunca más será un lugar de castigo y soledad, sino el faro de esperanza que guiará los pasos de las futuras generaciones de la selva por el camino de la paz.
Comerciante Facundo: Don Augusto, la cooperativa cafetalera ha entregado el primer cargamento de café purificado al mercado central; las ganancias han superado todos los pronósticos financieros de este trimestre.
Don Melchor: Es el resultado de la honestidad en el trabajo compartido, Facundo; cuando los obreros de la selva reciben el mismo salario que los técnicos del pueblo, la productividad se multiplica por el entusiasmo.
Comerciante Extranjero: He viajado desde Europa para comprar toda su producción de café orgánico y camu camu, Benjamín; sus frutos tradicionales tienen una calidad única que es valorada en los mercados del mundo entero.
Kipatsi: Aceptamos su propuesta de comercio internacional, caballero, pero con la condición de que los beneficios se utilicen para equipar el nuevo hospital civil que estamos levantando en el sector norte del monte.
Comerciante Extranjero: Es una condición sumamente noble, señor Kipatsi; firmaré el contrato con absoluto gusto porque sé que mi inversión apoyará la salud de las familias que trabajan con tanta dignidad.
Padre Jerónimo: El hospital de la selva contará con una sala especial para los médicos tradicionales de la comunidad asháninka; la ciencia moderna y la herbolaria ancestral deben caminar juntas para sanar los cuerpos.
Abuela Shiki: Traeré las hojas de la uña de gato y la resina de los árboles nativos para preparar los ungüentos que calman las fiebres del verano; nuestra sabiduría tradicional salvará la vida de muchos niños.
Médico del Pueblo: (Asombrado por la efectividad de los remedios nativos) Es increíble cómo esta mezcla de cortezas controla las infecciones tropicales con mayor rapidez que los medicamentos comerciales de la ciudad.
Benjamín: El monte de Satipo siempre ha sido un cofre de bendiciones para quienes saben escuchar su voz con respeto, doctor; mi padre lo sabía y Kipatsi me enseñó a comprender el lenguaje de la naturaleza.
Alcalde Augusto: Benjamín, los inspectores del gobierno nacional han enviado el decreto oficial firmado por el Presidente; las plantaciones de la selva han sido declaradas zona de protección comunitaria permanente.
Kipatsi: Este decreto asegura que ningún empresario corrupto volverá a intentar desviar el agua de nuestros arroyos ni a talar los árboles nativos para instalar sus industrias destructivas en la montaña.
Gobernador del Estado: (Llegando a la plaza de la escuela bilingüe para la ceremonia de inauguración) Ciudadanos, este lugar representa el verdadero espíritu de unidad y progreso que nuestra nación necesita para avanzar.
Don Melchor: El mérito pertenece a la persistencia de Benjamín y a la nobleza del guerrero Kipatsi; ellos construyeron el puente de paz sobre el abismo del odio y de los prejuicios sociales del pasado.
Gobernador del Estado: Entrego esta medalla de honor civil al joven Benjamín Mendoza por su destacada labor en la pacificación y el desarrollo comunitario de las regiones selváticas del norte de la república.
Benjamín: (Colocando la medalla sobre el bastón de mando de Kipatsi) Este reconocimiento pertenece a los agricultores asháninkas que me abrieron sus corazones y sus hogares cuando mi propia sangre me había abandonado.
Padre Jerónimo: Que la paz del Señor permanezca por siempre en este oasis de la concordia humana; las tormentas tropicales ya no nos asustan porque estamos todos unidos por el lazo del amor fraterno.
Benjamín: (Contemplando el horizonte púrpura junto a Kipatsi en la cima de la colina más alto) Escucha el viento de la tarde, maestro; ya no suena como el lamento seco que me aterrorizaba en el galpón viejo.
Kipatsi: El viento solo repite el eco de lo que guardamos en el alma, Benjamín; ahora canta una melodía de victoria porque sabe que tu luz ha disipado para siempre las sombras del dolor en Satipo.
Don Melchor: He revisado los antiguos diarios de tu abuelo, Benjamín; él escribió que la verdadera riqueza de esta selva central no eran los granos de café ni el oro, sino la nobleza de su gente.
Benjamín: Mi abuelo era un hombre sabio, Melchor; hoy su viejo aserradero de madera ha dejado de ser una ruina abandonada para transformarse en el corazón latente de nuestra próspera sociedad multicultural.
Maestra Isabel: Los estudiantes de la escuela técnica han diseñado un sistema de energía hidráulica que utiliza la corriente del arroyo para abastecer los salones de clase sin gastar combustible químico.
Kipatsi: Ese sistema nos permitirá mantener encendidas las lámparas de la biblioteca durante las noches de la selva, asegurando que los niños sigan estudiando sus lecciones sin ningún tipo de interrupciones.
Niño Asháninka Tari: Yo seré el encargado de limpiar las turbinas de agua de la escuela; les enseñaré a mis compañeros del pueblo cómo calcular la energía de la jornada observando la fuerza del río.
Niña Yací: Y las mujeres de la cooperativa textil han terminado de confeccionar las mochilas bordadas para todos los alumnos de la escuela; cada prenda lleva el dibujo de un guacamayo dorado brillante entre las hojas.
Comerciante Facundo: Don Melchor, los senderos que unen el pueblo con las aldeas altas han sido reparados por los trabajadores civiles; ahora nuestras carretas pueden transportar el café sin problemas mecánicos.
Alcalde Augusto: Hemos asignado un presupuesto municipal permanente para mantener una estación médica en la entrada de la reserva; la salud de nuestros hermanos nativos es la prioridad máxima de este gobierno local.
Benjamín: El comercio es bendito únicamente cuando se transforma en bienestar concreto de salud y educación para los desamparados, Augusto; gracias por comprender que la justicia social es el camino.
Padre Jerónimo: Tus palabras demuestran la sabiduría de una verdadera servidora del pueblo, Benjamín; la fortuna se evapora con los años, pero las obras de caridad compartida quedan escritas para siempre en el cielo.
Comerciante Extranjero: (Regresando con nuevos pedidos de café artesanal para los mercados internacionales) Sus productos son un éxito rotundo, Benjamín; los compradores europeos admiran la autenticidad de sus sabores.
Kipatsi: La autenticidad de nuestro arte proviene del respeto profundo que le tenemos a los animales y a la tierra húmeda; cada fruto cuenta una historia de supervivencia y de armonía con el universo natural.
Gobernador del Estado: Benjamín, el congreso de la república ha aprobado la creación del Instituto de Lenguas Nativas de la Selva, y queremos que tú seas la directora general de esta importante institución educativa.
Benjamín: Aceptará el cargo con la condición de que las reuniones generales se realicen en el aserradero de la reserva, bajo la sombra de los árboles antiguos y con el asesoramiento directo de mi maestro Kipatsi.
Kipatsi: Caminaré a tu lado en cada decisión administrativa y ambiental, Benjamín; el niño que encontré llorando entre las maderas viejas se ha convertido en el defensor incansable que guiará a nuestro pueblo.
Padre Jerónimo: Que el Espíritu Santo ilumine sus mentes y fortalezca sus cuerpos; la llanura verde de la selva de Satipo ya no pertenece al olvido de los hombres, sino a la historia grande de la fraternidad universal.
Benjamín: (Sosteniendo la mano de Kipatsi mientras el sol de la mañana ilumina las aulas de la escuela bilingüe) El puente está firme, la selva está alegre y nuestra hermosa historia de paz resplandecerá por siempre.
Don Melchor: El correo ha traído noticias extraordinarias esta mañana, Benjamín; la federación agrícola del país ha seleccionado nuestro modelo de cooperativa ecológica para presentarlo en un foro internacional en Ginebra.
Benjamín: Es un logro maravilloso que compartimos con todas las familias de las aldeas, Melchor; esto demuestra al mundo que las comunidades nativas y los habitantes del puerto pueden prosperar juntos si hay respeto.
Kipatsi: Viajaremos a la gran ciudad europea portando nuestras mantas tradicionales y nuestro bastón de mando de madera; le diremos a los hombres lejanos que la selva se defiende con el alma limpia y la frente alta.
Maestra Isabel: He preparado una carpeta detallada con los dibujos y los textos bilingües de los alumnos; los profesores extranjeros verán cómo la enseñanza moderna respeta la identidad cultural de cada estudiante.
Niño Asháninka Tari: (Mostrando su cuaderno de notas con alegría) Yo escribió el relato de la cosecha de café en la lengua de mis abuelos; quiero que sepan en Europa que nosotros también entendemos el lenguaje natural.
Niña Yací: Y las tejedoras de la reserva han preparado una muestra de los lienzos teñidos con raíces de plantas nativas; el arte de Satipo cruzará el océano Atlántico con la mayor dignidad cultural posible.
Comerciante Facundo: Don Melchor, los almacenes centrales han registrado la mayor reserva de alimentos de nuestra historia agrícola; no tendremos que preocuparnos por las familias durante la temporada de lluvias.
Alcalde Augusto: Hemos instalado una línea de telégrafo que comunica directamente el puesto de la cooperativa con la comisaría del puerto; la seguridad de las familias está completamente garantizada contra los talamontes.
Benjamín: El telégrafo es una herramienta excelente para el progreso, Augusto; nos permitirá coordinar el envío de auxilio y medicinas hacia los rincones más distantes de la montaña durante las emergencias climáticas.
Padre Jerónimo: La tecnología es una bendición del cielo cuando se utiliza para unir a los pueblos y aliviar el sufrimiento; que Dios bendiga a los trabajadores que colocaron los postes en la llanura húmeda.
Comerciante Extranjero: (Llegando con los contratos de renovación comercial para los próximos años) Sus estándares de comercio justo han sido premiados por la organización internacional de derechos económicos de París.
Don Melchor: Este reconocimiento consolida nuestra posición y nos permite bajar los intereses del Banco Comunitario para que más artesanos construyan sus casas de madera reforzada en el valle bajo.
Kipatsi: Las casas protegidas mantendrán a salvo a los ancianos durante los vientos fuertes de la temporada de tormentas; la cooperativa debe ser siempre el escudo que cuide de la vulnerabilidad de los nuestros.
Benjamín: (Revisando las cartas de felicitación que llegan de todas partes del país) A veces miro hacia atrás y me cuesta creer que toda esta transformación comenzó en el puesto abandonado de mi querido padre.
Kipatsi: El viento húmedo de la selva no puede detener la fuerza de la semilla buena, Benjamín; tu presencia en esta llanura verde fue el agua limpia que despertó la nobleza dormida en los corazones.
Diego: (El carpintero, entrando a la oficina con entusiasmo) Hemos terminado la construcción del nuevo salón de la escuela; cuenta con un espacio amplio para las asambleas del consejo de ancianos asháninkas.
Maestra Isabel: Inauguraremos el salón el próximo mes con el Festival de la Selva Compartida; vendrán músicos de flauta y tambor tradicional de toda la región norte a competir en un certamen hermoso.
Niño Asháninka Tari: Mi abuelo está preparando su instrumento de viento; él dice que tocará la melodía que ahuyenta a las tormentas destructivas para que las siembras de maíz tengan buen tiempo en la cañada.
Niña Yací: Y las mujeres de la cooperativa están confeccionando los trajes ceremoniales de colores vivos y líneas tradicionales; la plaza de la escuela bilingüe se llenará de vida bajo el cielo azul de Satipo.
Gobernador del Estado: (Enviando un despacho por telégrafo desde la capital) Felicitaciones a todo el comité de la cooperativa; su delegación diplomática ha sido recibida con grandes elogios en los foros internacionales de desarrollo.
Don Melchor: El mundo entero ha comprendido que nuestro modelo económico basado en la equidad laboral y la protección del entorno forestal es la respuesta definitiva a las crisis de las zonas rurales.
Benjamín: El éxito en el extranjero no cambiará nuestra rutina diaria aquí, Melchor; nuestro lugar sigue estando junto al arroyo viejo, cuidando la educación de los niños pequeños y respetando a los abuelos sabios.
Kipatsi: La sabiduría consiste en mantener los pies firmes sobre la tierra húmeda mientras los ojos contemplan las estrellas del infinito; que el orgullo de las ciudades lejanas nunca contamine nuestra pureza ambiental.
Padre Jerónimo: Celebremos este triunfo de la justicia con una misa de acción de gracias en el nuevo salón comunal; invitaremos a todos los recolectores de café y a las tejedoras artesanales a compartir el pan.
Benjamín: (Caminando junto a Kipatsi por el sendero iluminado por los rayos dorados del atardecer selvático) El puente está construido con las rocas de la resistencia y los árboles firmes de la fraternidad humana verdadera.
Kipatsi: El viento de la selva central sopesará tus palabras y repetirá tu nombre en cada salida del sol, mi pequeña hermana; la cañada olvidada resplandece hoy con la luz de la justicia verdadera y del amor.
Don Melchor: El juez de distrito ha emitido el fallo final sobre las antiguas propiedades confiscadas a Don Laureano; todas las tierras del norte han sido transferidas legalmente al fondo educativo escolar de la cañada.
Benjamín: Es un acto de justicia verdadera, Melchor; los campos que una vez sirvieron para planificar mi destierro cruel hoy serán el espacio productivo donde sembraremos los huertos comunitarios del mañana.
Kipatsi: Mis hombres ya están preparando las herramientas agrícolas para iniciar el barbecho de las tierras recuperadas; cambiaremos los viejos cercados de alambre por senderos abiertos donde los animales vivan en libertad.
Maestra Isabel: Los educadores del estado vecino han solicitado realizar una pasantía pedagógica en nuestras aulas; quieren aprender los métodos bilingües que utilizamos para enseñar las ciencias naturales.
Niño Asháninka Tari: Yo les enseñaré cómo clasificamos las plantas de la selva según su utilidad medicinal y su resistencia a la humedad; les demostraré que nuestro conocimiento antiguo es muy valioso.
Niña Yací: Y las enfermeras del hospital comunitario les ofrecerán talleres prácticos sobre las propiedades curativas de la flora local; el saber de las comunidades debe de compartirse con total generosidad.
Comerciante Facundo: Don Melchor, los herreros del pueblo han entregado las nuevas herramientas mecánicas para el secado del café; ahora el proceso de producción de granos será sumamente rápido y limpio.
Alcalde Augusto: El gobierno nacional ha confirmado el envío de láminas aislantes para mejorar los techos de las chozas más aisladas de la selva; ningún niño sufrirá por las filtraciones de agua en las tormentas.
Benjamín: Gracias por tu gestión administrativa constante, Augusto; la colaboración estrecha entre el municipio y nuestra cooperativa demuestra que cuando las intenciones son limpias, el progreso llega a todos.
Padre Jerónimo: La gestión pública se transforma en una bendición divina cuando busca el amparo directo de los débiles; esta selva es el testimonio viviente de que la justicia fortalece la paz entre los hombres.
Comerciante Extranjero: (Llegando con un equipo de documentalistas de la capital) Queremos registrar el proceso del secado tradicional del café, respetando absolutamente la propiedad intelectual de las artesanas.
Don Melchor: El contrato estipula que un porcentaje de las ganancias de las publicaciones se depositará directamente en el fondo de estudios universitarios avanzados para los jóvenes de la cooperativa de la selva.
Documentalista: Aceptamos todas las condiciones legales, Don Melchor; los lectores modernos aprecian los proyectos que protegen la dignidad de las culturas originarias y reconocen su valor real en la historia humana.
Kipatsi: Los diseños de nuestros tejidos representan los movimientos de las nubes y las formas de los cerros sagrados; trabajar el arte significa portar un respeto profundo por el entorno natural que nos da abrigo.
Diego: (El carpintero, mostrando los detalles del escenario de madera del nuevo auditorio) Hemos colocado paneles acústicos de pino para que el sonido de las flautas tradicionales se escuche con total nitidez.
Maestra Isabel: Los jueces del festival folclórico nacional han llegado al pueblo; están muy sorprendidos por el inmenso talento de los jóvenes serranos que ejecutan las canciones ancestrales con tanta maestría.
Niño Asháninka Tari: Mi abuelo dice que la música es el aliento con el que la montaña responde al calor del sol; mañana tocaremos la melodía de la unión frente a todas las familias congregadas en la plaza.
Niña Yací: Y las cocineras de la cooperativa han preparado grandes fuentes de platos nativos y café caliente para agasajar a todos los visitantes que asistan a nuestro gran festival de la primavera.
Gobernador del Estado: (Llegando al auditorio escolar acompañado por las altas autoridades de educación del país) Ciudadanos, la provincia de Satipo es hoy el ejemplo de convivencia pacífica y desarrollo sustentable más hermoso.
Benjamín: (Tomando el micrófono frente a la asamblea con profunda emoción ciudadana) Este logro no se debe a las riquezas materiales de los bancos de la capital, Señor Gobernador; es el fruto del perdón y de la voluntad.
Kipatsi: (Levantando su bastón de mando frente a la multitud reunida en el salón) Que la promesa de lealtad que nació en el puesto viejo dure tanto como los cerros y bendiga a nuestros hijos por siempre.
Padre Jerónimo: Bendito sea el pan de la unidad que compartimos hoy y benditos sean los corazones que decidieron unirse en el respeto; la luz de la justicia ha vencido a la oscuridad de los tiempos pasados de abandono.
Benjamín: (Sentado junto a Kipatsi en la plaza de la escuela bilingüe mientras las voces de los niños alegran la tarde) El silencio de la selva ya no es una prisión de soledad, maestro; ahora es paz verdadera en nuestro hogar.
Kipatsi: Tu nombre fue el anuncio de lo que traerías a estas tierras olvidadas por la civilización, pequeño Benjamín; eres la luz de Satipo y tu legado guiará los pasos de los hombres del mañana de nuestra nación.
Don Melchor: Las firmas del acuerdo de límites territoriales han quedado asentadas en las actas oficiales del municipio; nuestra organización cooperativa es ahora una entidad totalmente protegida por las leyes del estado.
Benjamín: Gracias por tu rigor legal y administrativo, Melchor; este documento histórico demostrará a los que vengan que la unión de dos mundos diferentes salvó a nuestra hermosa región de la discordia.
Kipatsi: Los jóvenes de las comunidades ya manejan las herramientas de la informática moderna en las computadoras de la escuela bilingüe sin olvidar las destrezas tradicionales del campo que los abuelos enseñaron.
Maestra Isabel: Es el verdadero sentido de la educación bilingüe integrada, Kipatsi; preparamos a los alumnos para el futuro laboral tecnológico del país sin que pierdan jamás el orgullo por sus raíces culturales nativas.
Niño Asháninka Tari: Hoy conversé por la red informática con un niño que vive en una comunidad de las salinas de La Guajira; le conté cómo cuidamos los escasos ojos de agua aquí en la serranía de Satipo.
Niña Yací: Y yo recibí un mensaje de una niña de la Patagonia que quiere enviarnos semillas de arbustos resistentes para el jardín de la escuela técnica de la selva durante la próxima primavera.
Comerciante Facundo: Don Melchor, los camiones pesados han traído las maquinarias nuevas para el procesamiento del café fino; ahora el secado será mucho más eficiente en nuestra planta cooperativa comunal.
Alcalde Augusto: Hemos terminado la instalación de los paneles solares que darán energía constante al puesto médico costero; ya no dependeremos del suministro eléctrico deficiente de las líneas de las ciudades lejanas.
Benjamín: El uso de energies limpias confirma nuestro profundo respeto por la naturaleza nativa, Augusto; la tecnología es buena cuando se aplica para cuidar la salud de los ciudadanos y proteger la selva sagrada.
Padre Jerónimo: Cuidar la creación divina es un deber humano fundamental y un acto de fe viva; esta cooperativa resplandece hoy como el modelo de convivencia pacífica que nuestra patria necesita.
Comerciante Extranjero: (Entregando las certificaciones internacionales de calidad a las artesanas asháninkas) Sus artesanías orgánicas han sido catalogadas como piezas de alta calidad de incalculable valor histórico por los expertos mundiales.
Abuela Shiki: Usaremos estos recursos financieros para mejorar las viviendas de los ancianos que viven en los sectores más aislados de la montaña, asegurando que tengan agua fresca y abrigos suficientes durante las tormentas.
Diego: (El joven carpintero, mostrando los planos terminados de la nueva sala de cuidados infantiles) El diseño incluye ventanas amplias orientadas hacia el sur para aprovechar la luz del sol invernal y mantener el espacio confortable.
Maestra Isabel: La sala de cuidados infantiles permitirá que las madres trabajen en los secaderos tradicionales con la tranquilidad de que sus niños pequeños están protegidos y bien alimentados dentro de la escuela.
Niño Asháninka Tari: Mi abuelo me enseñó los cantos tradicionales para calmar el llanto de los bebés; yo se los enseñaré a los jóvenes encargados de cuidar a los miembros más pequeños de nuestra gran comunidad.
Niña Yací: Y las encargadas de la cocina comunal prepararán las comidas saludables con productos locales para la nutrición balanceada de todos los recién nacidos de nuestra hermosa y unida gran familia.
Gobernador del Estado: (Llegando a la selva acompañado por los veedores internacionales del desarrollo sustentable del continente) Ciudadanos, la armonía de esta cañada verde es el mayor patrimonio social y ecológico de nuestra provincia.
Benjamín: (Recibiendo a los ilustres visitantes diplomáticos con una jícara de refresco nativo bien caliente) Bienvenidos a nuestro hogar ancestral, señores; aquí verán que la grandeza de un pueblo está en la felicidad de sus niños.
Kipatsi: Que los espíritus protectores de los ancestros sigan bendiciendo esta alianza de hombres buenos y que el viento de Satipo borre para siempre las huellas de la discriminación de la tierra entera.
Padre Jerónimo: Amén por la permanencia eterna de este lazo de amor verdadero; el aserradero viejo de piedra ya nunca más estará abandonado porque la concordia humana ha construido su santuario definitivo aquí.
Benjamín: (Tomando la mano de su protector el maestro Kipatsi mientras miran el amanecer dorado sobre la verde selva) El camino ha tenido inmensas dificultades, maestro, pero hoy avanzamos juntos hacia un horizonte sumamente luminoso.
Kipatsi: Las selvas de Satipo guardan el secreto más hermoso de la vida humana, pequeño Benjamín; la bondad de tu corazón limpio salvó a dos mundos enemigos y tu luz brillará para siempre en los senderos de la tierra sagrada.