Posted in

La carta en la mesa

La carta en la mesa

PARTE 1

La siesta empezó, como empiezan todas las grandes tragedias domésticas en España, con una frase pronunciada con demasiada confianza.

—Me voy a echar una siesta corta.

Clara levantó la vista del portátil con la misma expresión con la que una jueza mira a un acusado que acaba de declararse inocente mientras lleva el botín en la mano.

—¿Corta?

—Sí, corta.

—¿De cuánto?

Marcos, que ya tenía una mano apoyada en el respaldo del sofá y la otra en el mando de la tele como si estuviera tomando posesión de un territorio conquistado, se encogió de hombros.

—Quince minutitos.

Clara cerró el portátil despacio.

Ese “despacio” no era casual.

Era un “despacio” cargado de historia.

Era el “despacio” de quien ha visto muchas cosas en esta casa.

De quien ha visto “bajo un momento al chino” convertirse en una desaparición de cuarenta y cinco minutos porque Marcos se encontró al vecino del tercero y acabaron hablando de freidoras de aire.

De quien ha visto “me tomo una cervecita y volvemos” transformarse en una ruta gastronómica por tres bares, una discusión sobre croquetas y una foto con un camarero llamado José Luis.

De quien ha visto “voy a ordenar el trastero” acabar con Marcos sentado en el suelo leyendo revistas viejas de coches de 2008.

 

Read More