En el marco de una trascendental visita oficial a la República de Costa Rica, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, protagonizó una intensa y esclarecedora rueda de prensa junto a su homólogo costarricense, Rodrigo Chaves. Durante el encuentro con los medios de comunicación, el mandatario salvadoreño abordó de manera directa, frontal y con un sólido sustento histórico los cuestionamientos dirigidos hacia su denominada estrategia de seguridad, rebatiendo de forma categórica las cifras difundidas por agrupaciones de oposición y organizaciones no gubernamentales.
El debate comenzó a partir de una pregunta que citaba un informe de la organización Socorro Jurídico Humanitario, la cual sostiene que la estrategia salvadoreña mantiene bajo arresto a cerca de treinta mil personas inocentes. Frente a este señalamiento, Bukele ofreció una respuesta estructurada en la lógica institucional y judicial, explicando que ninguna fuerza policial en el mundo es infalible. El mandatar
Read More
io argumentó que la existencia misma de fiscales, jueces, audiencias y abogados defensores en cualquier sistema democrático —ya sea en Francia, Alemania, Estados Unidos o El Salvador— obedece precisamente a la necesidad de verificar la culpabilidad o inocencia de los detenidos dentro de un proceso legal.
Bukele aclaró que, debido a que El Salvador ostentaba previamente la tasa de homicidios más alta del planeta, el volumen de detenciones de delincuentes ha sido lógicamente superior al de otras naciones que no han padecido crisis criminales de magnitudes similares. Asimismo, puntualizó que su administración no ha recluido al uno por ciento de la población, sino que, por el contrario, ha logrado liberar al noventa y nueve por ciento de los ciudadanos salvadoreños que antes vivían en un estado de confinamiento de facto dentro de sus propios hogares debido al asedio y la violencia de las estructuras criminales. Hasta la fecha de la declaración, el sistema judicial salvadoreño ya ha puesto en libertad a miles de personas que demostraron no tener vínculos con las pandillas, y el compromiso del Estado continúa firme en liberar al total de los detenidos que resulten inocentes tras las debidas investigaciones.
Para ilustrar las graves fallas de los enfoques judiciales del pasado, el jefe de Estado salvadoreño expuso el doloroso caso de un reincidente capturado en múltiples ocasiones por delitos de violación y agresiones físicas graves contra mujeres durante los años dos mil ocho, dos mil doce y dos mil catorce. En todas aquellas oportunidades, los antiguos mecanismos judiciales priorizaron la liberación del sujeto bajo el argumento de proteger sus derechos procesales. Como consecuencia directa de esa permisibilidad institucional, el individuo en mención terminó violando y asesinando a una niña de ocho años, un hecho trágico que el mandatario calificó como una omisión fatal por parte del antiguo Estado. Bukele enfatizó que la actual política de su gobierno pondera, por encima de todo, el derecho humano a la vida de las víctimas y de los ciudadanos honestos.
El presidente también repasó las políticas implementadas en administraciones previas en El Salvador, recordando la tregua con las pandillas que fue auspiciada en su momento por la Organización de los Estados Americanos. Señaló con severidad que durante ese período histórico, los líderes de las estructuras criminales gozaban de privilegios inaceptables dentro de los centros penales, organizando festejos con drogas y prostitución que incluso eran transmitidos a través de plataformas digitales. Bukele denunció penalmente que exmiembros del partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, quienes hoy dirigen las organizaciones que cuestionan su gestión, permitieron el entrenamiento de pandilleros en los propios polígonos de tiro del ejército salvadoreño y consintieron la pérdida de armamento estatal valorado en millones de dólares.
Frente a este panorama del pasado, el mandatario contrastó los logros de la reciente intervención estatal, describiéndola como una de las operaciones de pacificación interna más limpias y exitosas en términos tácticos, al registrar cero bajas de civiles inocentes y desarticular por completo la hegemonía criminal que imperaba en el territorio nacional. Para llevar a cabo estas acciones, Bukele subrayó la importancia de la colaboración estrecha con el Órgano Legislativo, el cual aprobó de manera extraordinaria el régimen de excepción durante la madrugada en que se desató una oleada de violencia criminal.
En el ámbito de la gobernabilidad regional, el gobernante recurrió a una analogía histórica basada en las guerras púnicas entre la República Romana y el Imperio Cartaginés. Explicó cómo el general Aníbal Barca, a pesar de encontrarse a las puertas de Roma tras encadenar múltiples victorias militares, vio truncada su campaña debido a las prolongadas e infructuosas discusiones presupuestarias y políticas dentro del senado de Cartago. Dicha parálisis legislativa permitió el reagrupamiento del ejército romano, lo que finalmente derivó en la destrucción absoluta de la civilización cartaginesa. Con este ejemplo, el mandatario advirtió sobre los peligros de los debates estériles e interminables en los congresos latinoamericanos, señalando que la falta de herramientas jurídicas oportunas deja desprotegidas a las fuerzas del orden y concede ventajas estratégicas al narcotráfico y al crimen organizado.
Finalmente, al ser consultado sobre sus recomendaciones específicas para la optimización de la seguridad y la gestión penitenciaria, Bukele abogó por la implementación de un concepto de libertad ordenada, que evite tanto el control totalitario del Estado como el libertinaje dentro de las prisiones. Entre las medidas puntuales sugeridas, propuso regular de manera estricta el acceso de los reclusos de alta peligrosidad a los medios informativos externos, con el fin de evitar que sigan ejerciendo control e influencia fuera de los penales, limitando su entretenimiento exclusivamente a contenidos educativos o deportivos controlados.
Por su parte, el presidente costarricense, Rodrigo Chaves, elogió la solidez, la credibilidad y el valor de los mensajes compartidos por el mandatario salvadoreño durante su estancia. Chaves destacó que la condecoración otorgada a Bukele representa un reconocimiento legítimo a sus notables resultados en materia de seguridad ciudadana, los cuales sirven como un punto de referencia para las naciones de la región que buscan alternativas eficaces frente al avance de la delincuencia y la criminalidad organizada.