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Lo Que Che y Camilo JURARON en Sierra Maestra — FIDEL Lo ROMPIÓ 2 Años Después

 

En ese momento nadie sabía que en las montañas de Sierra Maestra tres hombres habían hecho un pacto secreto que cambiaría el destino de Cuba para siempre. Lo que Chegueevara, Camilo Cienfu Fuegos y Fidel Castro se juraron aquella noche de 1957 frente al fuego, con sangre en las manos y lágrimas en los ojos, los uniría como hermanos hasta que la muerte y la traición los separaran dos años después.

Octubre de 1959. La Habana, Cuba. Ernesto Cheegevara, de 31 años, está de pie frente a la ventana de su oficina en el Palacio de la Revolución. Sus manos tiemblan mientras sostiene un telegrama. Tres palabras lo destrozan por completo. Camilo ha desaparecido. No puede respirar. No puede pensar.

 Porque Che sabe algo que nadie más sabe, algo que lo perseguirá durante los siguientes 8 años hasta su propia muerte en Bolivia. Che sabe que el hombre que acaba de perder no era solo su mejor amigo, era su hermano de sangre y sabe en lo más profundo de su alma que la precia desaparición de Camilo no fue un accidente. Para entender lo que realmente pasó esa noche de octubre de 1959, tenemos que regresar 2 años atrás.

Diciembre de 1957. Sierra Maestra, Cuba. La guerra contra la dictadura de Batista está en su momento más brutal. En una pequeña cueva en las montañas, tres hombres se sientan alrededor de un fuego débil. Ernesto Cheegevara, médico argentino de 29 años con su boina característica y ojos intensos.

 Camilo Sien fuegos, cubano carismático de 25 años. Con su sonrisa eterna y sombrero de cowboy. Fidel Castro, líder revolucionario de 31 años, barbudo y con mirada de acero, los tres están exhaustos. Acaban de sobrevivir a una emboscada terrible donde perdieron a 20 compañeros. Tienen hambre, están heridos y saben que mañana podría ser su último día.

 Pero en medio de esa desesperación, algo extraordinario está a punto de suceder, algo que los unirá de una manera que nadie más entenderá jamás. Camilo rompe el silencio. Hermanos, dice con voz ronca, mirando el fuego. Hoy perdimos a muchos buenos hombres y me di cuenta de algo. Se detiene buscando las palabras correctas. Nosotros tres somos diferentes.

 Tenemos algo especial, una conexión. El Che lo mira intrigado. Fidel permanece en silencio escuchando. Camilo continúa. Propongo algo. Hagamos un pacto, un juramento. Los tres aquí esta noche. Saca su machete y lo coloca sobre sus rodillas. Juremos que sin importar lo que pase, siempre nos cuidaremos las espaldas. Hermanos, hasta la muerte.

 Uno para todos, todos para uno. El Che asiente lentamente. Me gusta esa idea dice con su acento argentino. Pero tiene que ser un pacto verdadero, no solo palabras. Fidel finalmente habla su voz profunda resonando en la cueva. Un pacto de sangre. Dice, como los antiguos guerreros, sellado con nuestra sangre y nuestra palabra, los tres hombres se miran.

 En ese momento, algo sagrado están haciendo. Camilo toma su machete y hace un pequeño corte en su palma izquierda. La sangre brota lentamente, sin vacilar, le pasa el machete al che. Ernesto mira la hoja por un momento, luego se corta también. La sangre de ambos cae sobre la tierra. Fidel es el último. Toma el machete, se corta profundamente y su sangre se mezcla con la de sus hermanos.

 Los tres colocan sus manos sangrantes juntas, una sobre la otra, formando un triángulo perfecto. Fidel habla primero. Juro por esta sangre que derramamos juntos, que protegeré a mis hermanos con mi vida, que nunca los traicionaré, que su causa es mi causa. El che continúa, juro que lucharemos juntos, venceremos juntos y si es necesario moriremos juntos.

Hermanos en la revolución, hermanos en la vida. Camilo cierra el juramento. Juro que este lazo que creamos esta noche es más fuerte que el acero, más sagrado que cualquier bandera. Somos tres, pero somos uno. Permanecen así, con las manos unidas, mientras el fuego crepita. Ninguno sabe que este momento será recordado y maldecido en los años venideros.

 Los meses siguientes en Sierra Maestra prueban ese pacto una y otra vez. En marzo de 1958, durante una emboscada del ejército de Batista, el Che recibe un disparo en el pecho, cae al suelo, convencido de que va a morir, pero Camilo, a 20 m de distancia, ve a su hermano caer. Sin pensarlo dos veces, corre directamente hacia el fuego enemigo.

 Las balas silvan a su alrededor. Una le roza el hombro, otra le atraviesa el sombrero, pero no se detiene. llega hasta el Che, lo agarra con ambas manos y comienza a arrastrarlo. “No te me mueras, argentino”, grita Camilo mientras tira del cuerpo inerte del Che. “Hicimos un pacto, no puedes romperlo.” El Che está semiconsciente, sintiendo su vida escaparse, pero escucha la voz de Camilo, recuerda el juramento y se aferra a esa promesa como a un salvavidas.

 Camilo lo arrastra más de 200 metros bajo fuego intenso hasta llegar a la zona segura. Fidel está allí organizando la retirada. El Che está herido grita Camilo. Entre los dos lo cargan hasta la cueva hospital. Esa noche, mientras el médico de campaña examina al Che, descubren algo milagroso. La bala impactó directamente en una cantimplora de metal que el che llevaba en el pecho.

 La cantimplora está destrozada, pero salvó su vida. El Che, todavía débil pero consciente, mira a Camilo con lágrimas en los ojos. Me salvaste la vida, hermano. Camilo sonríe, aunque está visiblemente afectado. El pacto dice simplemente, uno para todos, todos para uno. Fidel, sentado en la esquina observa esta escena con una expresión compleja.

 Hay admiración en sus ojos, pero también algo más, algo que el Che nota, pero no puede identificar en ese momento. Años después, mirando hacia atrás, el Che se dará cuenta de que esa noche Fidel comenzó a sentir algo peligroso. Celos. Celos de la conexión entre Camilo y el Che, celos de la lealtad absoluta que compartían.

 Pero en ese momento de 1958 todavía son hermanos, todavía creen en el pacto, todavía piensan que nada podrá romperlos. Enero de 1959, la revolución triunfa. Batista huye de Cuba en la madrugada del primero de enero. Las fuerzas revolucionarias entran triunfantes en la Habana. El Che, Camilo y Fidel marchan juntos por las calles, aclamados por millones.

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