Posted in

La Viuda del Che REVELÓ Por Qué Fidel NO Lo Salvó — 57 Años Después ROMPE Su Silencio

 

Aleida March tenía 31 años cuando recibió la noticia. Su esposo había sido ejecutado en Bolivia. Lo primero que pensó fue, “¿Dónde estaba Fidel? ¿Por qué no lo ayudó?” Durante 30 años vivió con esa pregunta envenenándole el alma. Hasta que en 1997, mientras revisaba archivos personales de Fidel, encontró algo que lo cambió todo.

Telegramas del Che pidiendo ayuda, todos sin respuesta. Era 9 de octubre de 1967, un día que Aleida nunca olvidaría. Estaba en su casa de la Habana cuando llegaron los oficiales. Sus rostros lo dijeron todo antes de que pronunciaran palabra. Compañera Aleida, tenemos malas noticias sobre el comandante Guevara.

 Su corazón se detuvo. Sus cuatro hijos jugaban en el jardín, ajenos a que en ese instante se convertían en huérfanos. Camilo de 7 años. Aleida de cinco, Celia de cuatro y Ernesto de apenas 2 años. Aleida sintió que el mundo se derrumbaba. Pero en medio del dolor, una pregunta comenzó a formarse en su mente. ¿Por qué Fidel no hizo más esa noche? Fidel Castro fue personalmente a la casa de Aleida.

 Llegó con los ojos rojos, visiblemente afectado. La abrazó en silencio durante lo que pareció una eternidad. Perdí a mi hermano”, murmuró Fidel con voz quebrada. “El mejor de nosotros se ha ido.” Aleida sintió sus lágrimas. Escuchó la sinceridad en su voz, pero algo en su interior no cuadraba. ¿Cómo podía Fidel estar tan devastado si había enviado tan poca ayuda a Bolivia? Durante los últimos meses, Ernesto le había escrito cartas cada vez más desesperadas.

 “La situación es crítica, decían. Necesitamos más hombres, más armas. más medicinas. Y cuando Aleida preguntaba sobre la ayuda que Fidel enviaba, Ernesto respondía con evasivas. Algo llegó, pero no es suficiente. Fidel dice que la situación en Cuba es complicada. Ahora, viendo a Fidel llorar en su sala, Aleida no podía evitar pensar, “Si realmente era tu hermano, ¿por qué lo dejaste morir solo en esa selva?” Pero guardó silencio.

 El dolor era demasiado reciente, demasiado fresco. Los años pasaron. Aleida crió a sus cuatro hijos sola. Aunque Fidel cumplió su promesa de cuidar de ellos, les consiguió la mejor educación. Se aseguró de que no les faltara nada material. Cada 9 de octubre, en el aniversario de la muerte de Ernesto, Fidel organizaba ceremonias masivas.

Aleida tenía que estar presente sonriendo para las cámaras. mientras Fidel pronunciaba discursos emotivos sobre su hermano inseparable, el Che. Pero en privado, Aleida comenzó a hacer preguntas. Buscó a antiguos combatientes que habían estado en contacto con la guerrilla boliviana. “¿Cuánta ayuda envió realmente Fidel?”, preguntaba.

 Las respuestas siempre eran vagas, incómodas, “Lo que pudo, compañera. La situación era complicada. En 1975, Aleida consiguió trabajo en el Centro de Estudios Cheeguevara. Allí tuvo acceso a algunos documentos, cartas, reportes, pero los archivos más sensibles estaban bajo llave, clasificados como material confidencial del Estado.

 Cada vez que preguntaba por esos documentos le decían, “Eso requiere autorización especial del comandante en jefe.” Pero Aleida era persistente. Durante 22 años trabajó en ese centro, ganándose la confianza de funcionarios, archivistas, antiguos guerrilleros. En 1990, con la caída del bloque soviético, algunos archivos comenzaron a desclasificarse.

Aleida aprovechó cada oportunidad para revisar documentos sobre Bolivia y entonces comenzó a encontrar piezas del rompecabezas. Un reporte de inteligencia de 1966 mencionaba, “El comandante Guevara ha solicitado 50 hombres adicionales, se recomienda enviar 15.” Un memorándum interno de 1967 decía, “Guevara solicita urgentemente medicinas antimalaria.

 Se enviará un paquete reducido debido a restricciones presupuestarias. Cada documento que Aleida encontraba pintaba la misma imagen. Ernesto pedía ayuda. Fidel enviaba mucho menos de lo solicitado, pero lo que realmente la perturbó fueron las vinas y más wiras fechas. Algunas solicitudes de Ernesto habían sido respondidas con semanas o incluso meses de retraso.

 ¿Por qué tanto tiempo? Se preguntaba Aleida. Era incompetencia burocrática o algo más. Todavía no tenía pruebas definitivas. Pero su intuición le decía que había una historia oculta. En 1997 todo cambió. Ese año, después de 30 años de búsqueda, finalmente encontraron los restos del Che en Bolivia. Fue un acontecimiento nacional masivo.

 Los restos fueron traídos a Cuba con honores de estado. Fidel organizó un funeral monumental en Santa Clara, donde el Che había ganado una batalla decisiva durante la revolución. Miles de personas lloraban en las calles. Aleida estaba en primera fila junto a Fidel. Durante la ceremonia, Fidel dio un discurso de 2 horas.

 Habló del Che como el revolucionario más puro que había conocido, como su hermano de armas, como el hombre que sacrificó todo por sus ideales. Aleida lo escuchaba y una parte de ella quería creer cada palabra, pero otra parte más crítica no podía dejar de pensar. ¿Dónde estaba toda esa devoción cuando Ernesto te pedía ayuda desde Bolivia? Después de la ceremonia, Fidel se acercó a Aleida en privado.

 Parecía genuinamente destrozado. “Aleida”, le dijo, “no pasa un día sin que piense en él. No pasa un día sin preguntarme si pude haber hecho más.” Esa confesión de Fidel fue como una llave que abrió algo en Aleida. Si pudo haber hecho más, pensó, “¿Por qué no lo hizo? decidió que era momento de buscar la verdad completa, sin importar lo que costara.

Usando sus conexiones en el centro de estudios Cheegevara y aprovechando el caos emocional que siguió al funeral, Aleida solicitó acceso a archivos que normalmente le habrían sido negados. Es para el nuevo memorial, argumentaba. Necesitamos material para las exhibiciones. Y funcionó. Le dieron acceso temporal a cajas de documentos que habían estado selladas durante décadas.

 Durante tres meses, Aleida trabajó obsesivamente, llegaba al archivo antes del amanecer y se iba después del anochecer. Revisaba cada papel, cada nota, cada telegrama. Y entonces, en una caja marcada, correspondencia oficial 1966 hasta 1967, encontró lo que había estado buscando durante 30 años. Eran fotocopias de telegramas enviados desde Bolivia.

Read More