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La llamada de madrugada

La llamada de madrugada

La lluvia caía sobre las calles de València como si el cielo hubiera decidido vaciar toda su tristeza de una sola vez. Eran casi las nueve de la noche y Sergio caminaba con los zapatos mojados, una carpeta azul bajo el brazo y el último currículum del día doblado dentro de una bolsa de plástico para que no se arruinara.

Había recorrido media ciudad.

Otra vez.

Las cafeterías del centro.
Las tiendas de ropa cerca de Colón.
Los restaurantes del barrio del Carmen.
Los hoteles frente a la playa.

Todos decían lo mismo.

—Te llamaremos.

Y nunca llamaban.

Sergio levantó la vista hacia el escaparate de una panadería todavía abierta.

Dentro, una mujer joven acomodaba bandejas de croissants mientras un hombre mayor hacía cuentas detrás del mostrador.

Respiró hondo y entró.

La campanita de la puerta sonó.

—Buenas noches —dijo Sergio con una sonrisa cansada—. Disculpe… ¿están buscando personal?

El hombre levantó la vista apenas un segundo.

—No.

—Tengo experiencia atendiendo clientes. También trabajé en almacén.

—He dicho que no.

La mujer miró a Sergio con cierta pena.

—Lo siento.

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