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La alianza escondida

La alianza escondida

Granada amanecía cubierta por una lluvia fina que parecía pegarse a las paredes antiguas de los edificios. Las calles estrechas del Albaicín estaban casi vacías, y el sonido de los pasos resonaba entre las piedras húmedas.

María Torres caminaba abrazando un pequeño pañuelo blanco contra el pecho.

Dentro del pañuelo estaba la alianza de su marido muerto.

Hacía seis meses que Julián había fallecido en un accidente de coche cerca de Motril. Desde entonces, las deudas habían comenzado a devorarla lentamente.

El alquiler llevaba tres meses atrasado.

La compañía eléctrica había enviado dos avisos.

Y aquella mañana el propietario le había dado un ultimátum.

—Tienes hasta mañana, María.

—Don Ernesto, por favor… necesito unos días más.

—Siempre dices lo mismo.

—Estoy buscando trabajo.

—No puedo seguir esperando.

El hombre suspiró antes de bajar la mirada.

—No quiero echarte, pero también tengo problemas.

María salió del edificio intentando contener las lágrimas.

No tenía familia cercana.

No tenía ahorros.

Y lo único de valor que le quedaba era aquella alianza.

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