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Imágenes nunca vistas de Maduro encarcelado | traición de sus aliados

 

Imagina despertar en una celda de 2 m por 2 m sin ventanas, con la luz artificial quemándote los ojos las 24 horas del día, con el ruido constante de puertas de metal que se cierran como truenos en tus oídos y saber que todo el lujo, todo el poder, todas las mansiones y todos los banquetes que alguna vez tuviste se esfumaron en un instante.

Eso es exactamente lo que está viviendo Nicolás Maduro en este preciso momento y las imágenes que están circulando te van a dejar sin aliento. Suscríbete ahora mismo a Revolución en Sombras y quédate hasta el final de este video. Porque lo que vas a descubrir sobre quién traicionó realmente al dictador y entregó su ubicación exacta a las fuerzas estadounidenses va a cambiar todo lo que creías saber sobre el colapso del régimen chavista.

 Lo que te vamos a revelar hoy no lo verás en ningún otro medio porque la censura está trabajando tiempo extra para que esta información no llegue a tus oídos. Pero aquí la verdad no tiene precio y el miedo no nos detiene. El infierno del MDC, el Metropolitan Detention Center de Brooklyn, Nueva York, no es cualquier prisión.

 Es el infierno en la tierra para quienes alguna vez se creyeron intocables. Sus muros grises han visto pasar a los criminales más peligrosos de Estados Unidos, desde capos del narcotráfico hasta terroristas internacionales y ahora tienen a su nuevo inquilino estrella. El hombre que durante más de una década se burló de la comunidad internacional que robó las esperanzas de millones de venezolanos, que convirtió un país rico en una nación de refugiados.

 Las primeras imágenes filtradas desde dentro de esa fortaleza de concreto muestran algo que muchos venezolanos soñaron ver durante años, pero que parecía imposible. Nicolás Maduro Moros, el sucesor de Hugo Chávez, el autodenominado presidente obrero, el hombre que juraba morir en Miraflores antes que rendirse. Ahora camina arrastrando los pies por un pasillo estrecho con un uniforme color naranja que le queda grande, con la mirada perdida y las manos esposadas, vigilado por guardias que no conocen su nombre y a quienes no les importa quién fue.

La caída estrepitosa. La caída fue tan estrepitosa como inesperada. Hace apenas unas semanas, Maduro todavía aparecía en transmisiones nacionales montando bicicleta, bailando salsa en cadena nacional, comiendo empanadas frente a las cámaras. Mientras millones de venezolanos surgaban en la basura buscando algo para llevarse a la boca.

La propaganda funcionaba o al menos eso parecía. Pero detrás de esas sonrisas forzadas y esos discursos interminables, la maquinaria del régimen ya estaba oxidada, carcomida desde adentro por la traición, la ambición y el miedo. Porque cuando el barco se hunde, las ratas son las primeras en saltar.

 Y en este caso, las ratas tenían nombres y apellidos que Maduro conocía muy bien. La traición interna. Las fuentes de inteligencia que han tenido acceso a los reportes clasificados de la operación que llevó a la captura del dictador hablan de una traición que haría palidecer a Judas Iscariote. Se menciona insistentemente el nombre de Delycy Rodríguez, la mujer que fue vicepresidenta ejecutiva, la canciller más poderosa del chavismo, la hermana del también cuestionado Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional Legítima. Delsy, la misma que

viajaba por el mundo en aviones privados cargados de maletas llenas de efectivo, la misma que desafiaba sanciones internacionales aterrizando en Madrid como si fuera una jefa de Estado legítima, habría sido la pieza clave en el intercambio de información que permitió a la CIA localizar exactamente dónde estaría Maduro en un momento específico.

Pero también hay otra versión igual de explosiva que señala a Alexander Franco Artiaga, el hombre fuerte de la inteligencia venezolana, el cerebro detrás de la represión más brutal, como el verdadero Judas que vendió al líder a cambio de inmunidad y una nueva identidad en algún rincón del mundo donde nadie haga preguntas incómodas.

 El momento de la captura. Lo cierto es que alguien habló, alguien con acceso directo a la agenda del dictador, alguien que conocía sus movimientos, sus rutas de escape, sus refugios secretos. Decidió que había llegado el momento de salvar el pellejo propio, aunque eso significara hundir al jefe. Y cuando las fuerzas especiales estadounidenses irrumpieron en esa ubicación secreta, Maduro no tuvo tiempo ni de gritar.

 No hubo resistencia heroica, no hubo discurso revolucionario, no hubo nada más que un hombre asustado siendo arrastrado hacia un avión militar que lo llevaría directo a enfrentar la justicia que evadió durante tanto tiempo. La vida en prisión. Ahora en su celda del Metropolitan Detention Center, Maduro vive en condiciones que son el polo opuesto de lo que fue su vida durante años.

 Nada de chefs personales preparando banquetes mientras el pueblo comía basura. Ahora recibe tres comidas al día que consisten en bandejas de plástico con comida institucional que tiene el mismo sabor sin importar qué día de la semana sea. Nada de camas kings con sábanas de seda egipcia. Ahora duerme en un catre de metal con un colchón delgado como una galleta y una cobija áspera que raspa la piel.

 Nada de aire acondicionado personalizado. Ahora suda o tiembla dependiendo de lo que decida el termostato central que controla todo el piso. Nada de televisores de pantalla gigante para ver sus propios programas de propaganda. Ahora tiene una hora al día de acceso a un televisor comunitario donde los demás presos deciden qué se ve y créeme que no están interesados en ver noticias sobre Venezuela.

El aislamiento extremo. El aislamiento es la parte más brutal de su nueva realidad. Maduro está clasificado como reo de alta seguridad debido a la naturaleza de los cargos que enfrenta. Narcotráfico a escala internacional, terrorismo, crímenes de lesa humanidad, lavado de dinero y la lista sigue creciendo cada día que pasa.Reapareció públicamente el comandante de la Fuerza Armada Bolivariana y  expresó su apoyo al gobierno de Delcy Rodríguez - Yahoo Noticias

Eso significa que pasa 23 horas al día encerrado en su celda con solo una hora para salir a un patio de ejercicios que no es más que un rectángulo de concreto rodeado de muros altos donde no se ve el cielo completo. Los psicólogos que trabajan con prisioneros en condiciones de aislamiento prolongado hablan de cómo la mente empieza a quebrarse después de las primeras semanas.

Primero viene la ansiedad, luego la paranoia, después las alucinaciones auditivas y finalmente una especie de desconexión con la realidad donde los días se funden en una masa gris sin principio ni fin. Las víctimas hablan, pero ¿qué tan profundo es realmente el abismo en el que cayó el dictador? ¿Y quién más está a punto de seguirlo en esa caída al vacío? Suscríbete para que no te pierdas ni un detalle de esta historia que todavía tiene capítulos por escribirse, porque lo que viene es todavía más impactante.

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