El eco de los cerrojos, el frío penetrante del cemento y un persistente olor que los sobrevivientes describen como “semi-muerte” componen el oscuro paisaje de Rodeo I, un centro de detención en Venezuela que hoy se encuentra en el centro del escrutinio internacional. En una reciente y conmovedora transmisión para la televisión argentina, Renzo Castillo, un ciudadano peruano-americano que pasó meses privado de su libertad en dicho establecimiento, rompió en llanto al relatar las condiciones inhumanas y los tormentos a los que son sometidos los detenidos extranjeros y locales bajo acusaciones de terrorismo y espionaje que sus allegados califican como completamente falsas.
La entrevista no solo desnudó la cruda realidad del sistema penitenciario bajo el gobierno de Nicolás Maduro, sino que también puso rostro al drama humano que viven decenas de familias. A través de un diálogo cargado de emoción con la señal periodística La Nación Más, Castillo compartió pasajes inéditos de su reclusión y envió un mensaje de aliento para el pueblo argentino, enfocado de manera especial en su compañero de celda, el gendarme argentino Nahuel Gallo, a quien todos en el penal llamaban afectuosamente “Gallo”.
Uno de los momentos más impactantes del testimonio de Castillo ocurrió al describir
la forma en que los prisioneros lograban mantener la dignidad en un entorno diseñado para destruirlos. El exrehén recordó una noche en la que más de 40 detenidos extranjeros decidieron desafiar las órdenes de sus captores uniendo sus voces en un acto de resistencia colectiva. Uno a uno, los reclusos comenzaron a entonar los himnos nacionales de sus respectivos países, llenando los pasillos con palabras de soberanía e identidad.
Según el relato de Castillo, Nahuel Gallo cantó el himno nacional argentino con un poder, un valor y un orgullo que resonaron con fuerza en todo el pabellón de Rodeo I. “Quiero que todo el mundo allá en Argentina y su propio presidente sepan que el himno argentino fue cantado bajo las peores condiciones de vida posibles”, afirmó Castillo con la voz entrecortada. A pesar de que los guardias exigían silencio bajo amenaza de represalias severas, los secuestrados elevaban la voz aún más, transformando las estrofas que claman por la libertad en un desafío abierto al régimen. Las represalias físicas y los castigos no tardaron en llegar, pero Castillo asegura que el impacto moral de esa noche fue una victoria inestimable para la hermandad que se había consolidado entre los prisioneros.
La vida en cuatro pasos: La geografía del aislamiento
Al ser consultado sobre las dimensiones y características de las celdas en Rodeo I, Castillo ofreció una descripción minúscula y sofocante del espacio que compartía con otros reclusos. “Son cuatro pasos y medio de largo por dos o tres pasos de ancho”, detalló. Las literas de cemento apenas permitían que una persona pudiera recostarse por completo, y cualquier movimiento mínimo implicaba chocar de inmediato contra las frías paredes texturizadas del calabozo.
La rutina diaria comenzaba puntualmente a las 5:30 de la mañana con el hostigamiento de los guardias a través del “pase y número”, un proceso ruidoso diseñado para interrumpir el sueño donde cada preso debía acercarse a un pequeño orificio en la puerta para gritar su nombre y su nacionalidad. El resto del día transcurría en un encierro casi total de 24 horas. Castillo explicó que, aunque en ciertas etapas se les ofrecía un breve tiempo de recreo en el patio, tanto él como Gallo tomaban la decisión consciente de no salir. La razón detrás de este rechazo era no otorgar a las autoridades del penal la satisfacción de grabarlos en video para luego utilizarlos en campañas de propaganda destinadas a simular que los reclusos se encontraban en óptimas condiciones de salud.
La alimentación e higiene dentro del recinto también formaban parte del esquema de desgaste. La comida suministrada era de tan baja calidad que provocaba enfermedades gastrointestinales recurrentes entre la población penal, y el acceso a medicamentos básicos era nulo o arbitrario. A todo esto se sumaba una particular forma de tortura psicológica auditiva: los lunes y martes las autoridades encendían los sistemas de altavoces a un volumen ensordecedor para transmitir los programas oficiales de Nicolás Maduro. “Nos quemaba el oído”, confesó Castillo, describiendo la frustración de tener que escuchar discursos gubernamentales que los tildaban de criminales sin poseer ningún canal de comunicación externa para defenderse de los cargos imputados.
La figura de Nahuel Gallo: Liderazgo y solidaridad sin fronteras
A pesar del sufrimiento generalizado, Castillo destacó la figura de Nahuel Gallo como un pilar fundamental para la supervivencia emocional de los prisioneros extranjeros. Describió al gendarme argentino como una persona firme, sincera, “sin pelos en la lengua” y dotada de un optimismo inquebrantable que lograba arrancar sonrisas en los momentos más oscuros del cautiverio.
Para ilustrar la calidad humana de Gallo, Castillo rememoró una historia que el gendarme le confió durante las largas noches de encierro. Años atrás, mientras desempeñaba sus funciones en Argentina en una jornada de frío extremo y nieve, Gallo divisó en la carretera a una familia desamparada compuesta por una pareja y sus pequeños hijos, quienes resultaron ser ciudadanos venezolanos. Sin sopesar posibles sanciones administrativas o barreras burocráticas, el gendarme subió a la familia a su vehículo particular para resguardarlos de la congelación y trasladarlos a un refugio seguro. Castillo enfatizó la amarga ironía de la situación: un hombre que ayudó de manera desinteresada a ciudadanos venezolanos en desgracia se encontraba ahora privado de su libertad por el Estado venezolano, despojado de sus derechos humanos más elementales.
El dolor que persiste y el clamor de las familias
A pesar de llevar casi tres meses en libertad, Renzo Castillo confesó que el trauma psicológico de la prisión sigue vigente. “Yo estoy aquí afuera, pero todavía me siento torturado. No puedo vivir mi vida tranquila porque mi mente y mi corazón siguen allá con mis compañeros”, declaró con profundo dolor. El sufrimiento de Castillo se intensifica debido a que su propia esposa permanece secuestrada por el régimen venezolano en condiciones de incomunicación casi total, habiendo tenido su último contacto familiar directo en diciembre del año anterior.
La entrevista contó además con la intervención telefónica de Alexandra, esposa de Nahuel Gallo, quien reside en Argentina junto al pequeño hijo de ambos, Víctor. Alexandra expresó su profundo agradecimiento hacia Castillo por su valentía al denunciar públicamente los atropellos cometidos dentro de Rodeo I. La mujer relató las dificultades que ha enfrentado al intentar concientizar sobre la situación de su esposo, señalando que muchas personas se mostraban incrédulas ante la gravedad de las denuncias hasta que comenzaron a surgir los testimonios de los sobrevivientes. Alexandra recordó que la crisis humanitaria en Venezuela afecta a más de 80 ciudadanos extranjeros detenidos ilegalmente y a más de 1.000 ciudadanos venezolanos que sufren detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas por motivos políticos.
Al cierre de la transmisión, Castillo hizo un llamado vehemente al gobierno y a la sociedad argentina para que, una vez que se concrete la liberación de Nahuel Gallo, se le brinde una atención médica y psicológica integral de manera inmediata. El exrehén recalcó que los daños derivados del aislamiento y la desatención médica en Rodeo I requieren un largo proceso de recuperación. Concluyó expresando su ferviente deseo de viajar a Argentina en el futuro para fundirse en un abrazo de libertad definitiva con Gallo y conocer, finalmente, la tradicional costumbre del mate, un símbolo de fraternidad que su compañero le describía con añoranza en la penumbra de la celda.