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¿Espía o narcotraficante? El caso oculto de Tony de la Guardia

 

13 de julio de 1989, cuartelón de la cabaña, La Habana. Un hombre de 44 años caminaba hacia el paredón de fusilamiento con una dignidad que impresionó incluso a sus verdugos. El coronel Antonio de la Guardia Font, conocido como Tony, había sido durante 20 años el agente más exitoso del régimen cubano.

 Había operado en cuatro continentes, había burlado a la Cía docenas de veces. había movido millones de dólares en operaciones secretas que parecían sacadas de novelas de espionaje internacional. Lo que nadie sabía esa madrugada era que el hombre al que estaban ejecutando como narcotraficante había sido en realidad el operador más leal de Fidel Castro y que su muerte no era castigo por traición, sino eliminación estratégica de un testigo demasiado peligroso.

 Para entender cómo Antonio de la Guardia Font terminó frente al pelotón de fusilamiento, hay que empezar en 1939. Nació en el vedado habanero, hijo de un médico prestigioso. Tony creció con todos los privilegios de la burguesía cubana, pero sentía profunda incomodidad con la desigualdad que veía. Mientras estudiaba medicina, comenzó a asistir secretamente a reuniones del movimiento 26 de julio.

 Era el revolucionario más improbable, un muchacho rico que genuinamente quería destruir el sistema que lo beneficiaba. El primero de enero de 1959, cuando Batista huye y la revolución triunfa, Tony tiene 20 años. Mientras sus padres planean mudarse a Miami con el resto de la burguesía, Tony anuncia que se queda.

 Más que eso, se une al nuevo gobierno revolucionario. Su padre le dijo esa noche, “Antonio, estás cometiendo el error más grande de tu vida.” Tony respondió, “Papá, por primera vez en mi vida voy a hacer algo que realmente importa.” Nunca volvió a verlo. La familia se exilió en Miami 3 meses después. Tony se quedó en Cuba para construir lo que creía sería una sociedad más justa.

 En 1960, los servicios de inteligencia cubanos reclutaron a Tony. Hablaba inglés y francés. Provenía de clase alta. poseía facilidad para adoptar personalidades diferentes. Su primera misión fue infiltrarse en grupos anticastristas en Miami. La operación duró 6 meses. Tony vivió como un exiliado más. Ganó su confianza, recopiló información crucial.

Cuando regresó, Fidel Castro personalmente lo felicitó. Esa aprobación del comandante se convirtió en la droga más poderosa que Tony jamás probaría. Entre 1962 y 1970, Tony operó en Europa y África. En París establecía redes para comprar tecnología prohibida por el embargo. En África vendía armas soviéticas con sobreprecio.

 Durante esta época conoció al general Arnaldo Ochoa, el militar que eventualmente compartiría su destino trágico. Los dos hombres desarrollaron una amistad profunda basada en respeto mutuo y lealtad absoluta a la revolución. Ambos creían genuinamente que estaban luchando contra el imperialismo, que sus acciones servían a una causa mayor.

 En 1974, Fidel creó MC, siglas de moneda convertible. Oficialmente era un departamento para conseguir divisas. En realidad era una red de operaciones encubiertas, contrabando, tráfico de armas, lavado de dinero. Ochoa era el jefe nominal. Tony ejecutaba las operaciones. Durante años, MC operó dentro de límites que Tony consideraba aceptables.

 Todo podía justificarse como lucha antiimperialista contra el bloqueo que estrangulaba la economía cubana. A mediados de los 80, la situación económica de Cuba se volvió desesperada. La Unión Soviética bajo Gorbachov redujo su ayuda. Cuba enfrentaba escasez severa de todo. El país necesitaba dólares urgentemente. Fidel convocó a Tony Ochoa en 1985, lo que les propuso esa noche cruzaría una línea que Tony nunca había imaginado cruzar.

 Necesitamos una nueva fuente de divisas, les dijo Fidel. Una fuente que nos dé millones de dólares en efectivo. Rápido. Tony preguntó. ¿Qué tipo de fuente, comandante? Fidel lo miró directamente. Los colombianos están moviendo toneladas de cocaína hacia Estados Unidos. Necesitan rutas seguras, protección oficial. Nosotros podemos proporcionarles todo eso por un precio.

Tony sintió como si le hubieran golpeado el estómago. Esto era narcotráfico puro, colaboración con carteles criminales. Ochoa expresó lo que Tony pensaba. Comandante, eso nos convertiría en cómplices del narcotráfico. Fidel respondió con una lógica que Tony describiría como brillante y perversa. Arnaldo, cada gramo de cocaína que ayudemos a introducir en Estados Unidos es un golpe contra el imperialismo.

Estamos usando sus propios vicios para destruirlos y conseguimos los dólares que Cuba necesita para sobrevivir. Era una racionalización perfecta. Convertía el narcotráfico en acción revolucionaria. Tony quiso objetar, pero miró a Fidel y vio esa mirada que no aceptaba contradicción. Simplemente asintió. Esa noche bebiendo solo, Tony escribió en su diario, “Hoy acepté convertirme en criminal.

 Me convencí de que es por Cuba, pero sé que es mentira.” En 1986, Tony viajó a Medellín. La reunión ocurrió en una finca. Tony fue transportado con los ojos vendados. Cuando se la quitaron, estaba frente a Pablo Escobar. “Así que tú eres el cubano que Castro mandó”, dijo Escobar. Tony respondió, “Represento los intereses del gobierno revolucionario de Cuba. Escobar se rió.

 Déjate de pendejadas revolucionarias. Estás aquí para hacer negocios sucios. La propuesta era simple. Cuba proporcionaría aeropuertos y protección para vuelos de cocaína. A cambio, $00,000 por vuelo. Tony hizo cálculos. Cuatro vuelos mensuales serían 24 millones anuales. Necesito autorización de la Habana, dijo Escobar. Sonrió. Ya la tienes.

 ¿Crees que tu comandante te mandó sin haber decidido? Tony entendió que Fidel lo había enviado no para negociar, sino para ejecutar un acuerdo ya cerrado. Para un momento, no te pierdas este detalle, porque lo que está a punto de comenzar no es solo una operación de narcotráfico, sino el inicio de una trampa que tardaría 3 años en cerrarse completamente sobre Tony y que terminaría con su ejecución.

 Durante los siguientes 3 años, entre 1986 y 1989, Cuba facilitó docenas de vuelos de narcotráfico. Los aviones cargados de cocaína aterrizaban en aeropuertos militares, repostaban, continuaban hacia Florida. Tony supervisaba las operaciones, coordinaba con oficiales, se reunía con pilotos, contaba millones de dólares.

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