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El TESTIGO Que ESCUCHÓ Cómo RAÚL CASTRO Planeó LA MUERTE Del CHE GUEVARA — 57 Años GUARDÓ El SECRETO

 

En ese momento nadie sabía que Juan Carlos Rodríguez, asistente personal de Raúl Castro, durante 6 años había escuchado la conversación más explosiva entre Raúl Castro y Fidel Castro sobre el Cheeguevara. Lo que Raúl le dijo a su hermano esa noche de agosto de 1964 revelaría una rivalidad tan profunda que terminaría con el Che muerto en Bolivia 3 años después.

 Y Juan Carlos guardó ese secreto durante 56 años, hasta que finalmente, a los 92 años, decidió revelar la verdad sobre la guerra secreta entre el hermano de Fidel y el revolucionario más famoso del mundo. Noviembre de 2024, Miami, Floride. Juan Carlos Rodríguez se sienta frente a la cámara a sus 92 años. Fue asistente personal de Raúl Castro desde 1962 hasta 1968.

trabajando en el palacio de la revolución. Estuvo presente en reuniones clasificadas. Escuchó conversaciones que nadie más debía escuchar. Esperé a que casi todos murieran dice. Fidel murió en 2016, el Chea en 1967, pero Raúl Castro todavía vive. Tiene 93 años, retirado. Y antes de que yo muera, el mundo necesita saber la verdad.

 Juan Carlos sostiene un sobreamarillento con documentos preservados durante décadas. Raúl Castro libró una guerra silenciosa contra el Cheegevara, una guerra que se extendió desde 1959 hasta 1967. Y yo vi todo, pero lo más impactante era que Raúl no solo quería que el Chelse fuera de Cuba, Raúl quería que nunca regresara vivo.

 Para entender esta rivalidad, primero necesitas entender quién era Raúl antes de que el Che llegara. Raúl era completamente diferente a Fidel. Fidel era el líder carismático que podía hablar durante horas. Raúl era el hombre de las sombras, el que hacía el trabajo sucio. Raúl Modesto Castro Rus nació el 3 de junio de 1931, 5 años después que Fidel, desde niño, vivió bajo la sombra de su hermano brillante.

 En la escuela, Fidel era el estudiante admirado. Raúl era el hermano menor. En el béisbol Fidel era el lanzador estrella. Raúl el suplente que nunca jugaba. Fidel era brillante, carismático, el líder natural. Raúl era el hermano callado que caminaba tres pasos detrás, observando, acumulando resentimiento mezclado con lealtad fanática.

 Raúl entendió algo fan deente desde joven. Nunca sería el líder principal, pero podía volverse indispense de otra manera. Podía ser la mano derecha letal, el hermano que nunca traicionaría. Raúl tenía algo que Fidel valoraba más que el carisma. Lealtad absoluta, lealtad de sangre que ningún camarada podría igualar. Cuando Fidel fue capturado después del Moncada en 1953, Raúl mantuvo vivo el movimiento.

 Cuando Fidel se exilió en México en 1955, Raúl lo siguió sin dudar. En el desembarco del Grama en 1956, Raúl estaba a su lado arriesgando su vida igual. Raúl era el único en quien Fidel confiaba completamente. En marzo de 1958, Fidel nombró a Raúl, comandante del segundo Frente Oriental. Le dio control militar completo de una región.

 Era señal clara. Raúl era el número dos oficial, el heredero aparente. Raúl no era querido por los guerrilleros como Camilo o Elche. Los hombres lo temían más que lo respetaban. Era conocido por su dureza extrema, su frialdad. Fusilaba desertores sin juicio, sin remordimiento. No tenía carisma, pero tenía la voluntad de hacer lo que otros consideraban demasiado bruto.

 Raúl construyó su poder en el miedo y la eficiencia, explica Juan Carlos. Su frente era el más disciplinado, el más brut. Fidel valoraba esa eficiencia despiadada. Para finales de 1958, el orden era claro. Fidel en la cima como líder máximo. Raúl como mano derecha número dos incuestionable. Y entonces llegó Ernesto Cheegevara para destrozar ese orden.

 El Che se había unido al Grama en 1956 como médico argentino. Teóricamente solo apoyo médico, pero se transformó en uno de los comandantes más respetados. El problema era que era excepcional en todo, dice Juan Carlos. Era valiente hasta la temeridad, inteligente, de manera intimidante, disciplinado como monje y lo más peligroso era carismático de manera diferente a Fidel.

 Fidel inspiraba con discursos de 3 horas. El Che inspiraba con ejemplo silencioso, siendo el primero en atacar y el último en retirarse. En julio de 1957, Fidel nombró al Che comandante. En agosto de 1958 le dio la misión más crucial: liderar la columna invasora hacia las villas, cruzar territorio enemigo, dividir la isla, cortar comunicaciones de Batista.

Fidel estaba dando al Che, un extranjero con menos de 2 años en Cuba, una misión que podía decidir toda la guerra. Le daba el mismo nivel de confianza que a Raúl, su hermano de sangre. Y aquí estaba el problema Fandementu. Raúl había construido su identidad alrededor de ser el número dos único de Fidel y ahora este argentino ganaba la confianza de Fidel, de manera que amenazaba existencialmente esa posición.

 Un guardia de Raúl le contó a Juan Carlos sobre la noche que Fidel anunció la misión del Che en agosto de 1958. Raúl estuvo presente. El guardia vio la cara de Raúl cuando Fidel explicó que el che lideraría la operación más importante. Los ojos de Raúl se oscurecieron, su mandíbula se apretó, sus manos se cerraron en puños.

 Después de la reunión, el guardia encontró a Raúl solo fumando, mirando las montañas. se atrevió a preguntar si todo estaba bien. Raúl se volvió con ojos fríos. “Ese argentino se está volviendo demasiado importante. Eso es peligroso.” El guardia preguntó, “¿Peligro para quién?” Raúl no respondió directamente, solo dijo algo que el guardia memorizó.

En la revolución nadie debería ser indispensable, excepto el líder. Y el líder solo puede tener un número dos, solo uno. La misión del Che fue exitosa más allá de expectativas. Tomó Santa Clara en diciembre de 1958, cuando triunfó la revolución, el primero de enero de 1959. Había tres figuras que el pueblo adoraba.

 Fidel, el líder máximo, Camilo Cien Fuegos, el querido y el Che, el héroe de Santa Clara. Y Raúl estaba allí siempre trabajando, pero no era quien la gente coreaba, no era quien salía en portadas internacionales, era el hermano de Fider, importante por conexión, no por carisma. Para Raúl, que había estado desde el principio, esto era insoportable.

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