Posted in

El niño que robó pan en Madrid

El niño que robó pan en Madrid

La lluvia caía con fuerza sobre las calles estrechas del barrio de Lavapiés, en Madrid. Era una noche fría de noviembre y el viento hacía temblar los carteles de las pequeñas tiendas que aún seguían abiertas.

Dentro de la panadería “La Espiga Dorada”, el olor a pan recién horneado llenaba el ambiente. Clara Mendoza, una mujer de cincuenta y ocho años, acomodaba las últimas barras en el escaparate mientras miraba el reloj con cansancio.

—Ya casi cerramos, Julián —dijo ella.

El joven ayudante, de apenas veinte años, bostezó mientras limpiaba el mostrador.

—Menos mal. Hoy no ha parado de llover.

Clara suspiró.

—Las noches de lluvia siempre traen problemas.

Apenas terminó de hablar, la puerta de la panadería se abrió lentamente.

Entró un niño delgado, empapado, con ropa demasiado grande para su cuerpo. Tendría unos once años. Su cabello negro estaba pegado a la frente y sus ojos oscuros observaban cada rincón del local con nerviosismo.

Julián frunció el ceño.

—Oye, niño, ya vamos a cerrar.

El pequeño no respondió.

Sus ojos estaban fijos en las barras de pan.

Clara lo observó en silencio.

Había visto muchas veces esa mirada.

Hambre.

—¿Necesitas algo? —preguntó ella con voz más suave.

El niño tragó saliva.

Read More