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El BUZO Encontró el Avión de Camilo Vi EXPLOSIVOS en el Motor Por Qué 3 Buzos MURIERON Después

 

En ese momento, nadie en Cuba sabía que en las profundidades del Mar Caribe yacía el secreto más peligroso de la revolución. 28 años después de la muerte de Camilo y en fuegos, un buzo militar descendió 47 m bajo el agua y lo que encontró en los restos del avión cambiaría todo lo que creíamos saber sobre aquella noche de octubre de 1987.

Roberto Méndez tenía 34 años cuando recibió la orden más extraña de su carrera militar. Era abuso de élite de la Marina Revolucionaria de Cuba con 12 años de experiencia en operaciones de rescate y recuperación. Nos llamaron a una reunión clasificada a las 2300 horas. Recuerda Roberto, ahora con 71 años desde su exilio en Miami.

Éramos seis buzos. Nos dijeron que teníamos 72 horas para encontrar algo que llevaba 28 años perdido. El objetivo, localizar los restos del Cesna 310, en el que viajaba Camilo 100 fuegos la noche del 28 de octubre de 1959. Pero lo más impactante era que las coordenadas de búsqueda que les dieron no coincidían con la zona donde oficialmente se había buscado el avión en 1959.

Nos enviaron 340 km al oeste de donde el gobierno había dicho que Camilo desapareció. Explica Roberto. Cuando pregunté por qué, el comandante me miró fijamente y dijo, “Porque ahora sabemos dónde buscar realmente.” Esa respuesta le eló la sangre. Significaba que durante 28 años Cuba había mentido sobre la ubicación del accidente. 29 de octubre de 1987.

0617 AM. Roberto y su compañero de buceo Luis Hernández descendieron en agua cerca de Callo Cruz, norte de Camagüy. La visibilidad era de apenas 8 m, la profundidad 47 m. Llevábamos linternas de alta potencia, cuenta Roberto. El agua estaba turbia por una tormenta reciente. Cada metro que descendíamos sentía más presión en el pecho, no solo del agua.

 Y justo en este punto todo cambió, porque a los 43 m de profundidad, la linterna de Roberto iluminó algo metálico entre las rocas coralinas. Primero vi el ala, recuerda con voz temblorosa. Estaba doblada en un ángulo imposible. Luego vi fuselaje y entonces supe. Habíamos encontrado a Camilo. Luis le hizo la señal de objetivo localizado.

 Roberto respondió con un pulgar arriba. Pero su corazón latía a 1000 por hora. Tenían 18 minutos de tiempo de fondo antes de necesitar ascender. Comenzaron a fotografiar todo con una cámara submarina militar. Todavía no sabes lo que está por venir, porque lo que Roberto fotografió en los siguientes 15 minutos destruiría la versión oficial de la muerte de Camilo Sien fuegos.

 Lo primero que noté fue que el avión no se había desintegrado por un impacto contra el agua”, explica Roberto. Los restos estaban demasiado fragmentados, como si algo lo hubiera despedazado en el aire. Roberto nadó hacia el motor derecho. Estaba separado del ala principal por casi 30 met. “Un accidente normal no causa esa separación”, dice, “El motor debería estar unido al ala o al menos cerca.

Pero estaba lejos, muy lejos. Para un momento, no te pierdas este detalle, porque cuando Roberto examinó la superficie del motor, vio algo que le paralizó. Había marcas de deformación térmica, revela. El metal estaba quemado desde adentro hacia afuera. No es el patrón de un motor que falló por problemas mecánicos, es el patrón de una explosión interna.

Roberto había visto suficientes explosiones submarinas en su entrenamiento militar para reconocer la diferencia. Le hice señas a Luis para que viniera a ver. Continúa. Cuando iluminamos el área con ambas linternas, los dos vimos lo mismo. Residuos negros pegados al metal. Residuos que no debían estar allí. Luis sacó una herramienta y raspó una pequeña muestra del residuo.

 La guardó en un contenedor sellado. Ese residuo era explosivo, afirma Roberto. Lo supe en ese momento y Luis también. Roberto tomó 47 fotografías durante esa inmersión. La número 33 sería la más importante de su vida. Fotografié una sección del fuselaje cerca de la cabina. Explica. Había un agujero de salida. inconfundible.

 El metal estaba doblado hacia afuera, no hacia adentro. Un agujero de salida significaba que la explosión había ocurrido dentro del avión, no fuera. Un impacto contra el agua dobla el metal hacia adentro, explica Roberto. Pero este metal estaba doblado hacia afuera. La única explicación, una bomba dentro del avión. No vas a creer esto.

 Pero Roberto también encontró fragmentos de lo que parecían ser restos humanos entre los escombros. Vi huesos dice con voz quebrada. Pequeños fragmentos socios atrapados en el coral. Después de 28 años bajo el agua, todavía estaban allí. Fotografió los restos y marcó las coordenadas GPS exactas. Cuando su tiempo de fondo llegó al límite, Roberto y Luis iniciaron el ascenso.

 Tenían que hacer tres paradas de descompresión, en total, 48 minutos para regresar a la superficie. Durante esas paradas, Luis y yo nos mirábamos a través de nuestras máscaras. Recuerda, Roberto. No podíamos hablar bajo el agua, pero ambos sabíamos lo que habíamos encontrado y ambos sabíamos que estábamos en peligro. Cuando Roberto y Luis emergieron, el comandante de la operación, el capitán Armando Rojas, los esperaba en la cubierta del barco.

 ¿Lo encontraron?, preguntó Rojas. “Sí, comandante”, respondió Roberto. Está a 47 m, coordenadas marcadas, fotografías, 47 fotos, señor. En ese momento todo se aclaró. Para Roberto. El rostro de Rojas se endureció. Entrégueme la cámara, ordenó Rojas. Comandante, protocolo dice que la cámara ahora.

 Roberto le entregó la cámara submarina. Rojas la tomó y desapareció dentro de la cabina del barco. Luis y yo nos quitamos el equipo en silencio, cuenta Roberto. Sabíamos que algo andaba muy mal. 30 minutos después, Rojas regresó sin la cámara. Las fotos han sido clasificadas como secreto de estado, anunció. Ustedes no vieron nada.

 ¿Entendido? Comandante, con todo respeto, vimos comenzó Luis. No vieron nada, gritó Rojas. Este operativo nunca ocurrió. Ese avión nunca fue encontrado. Si alguno de ustedes habla sobre esto, serán acusados de traición a la revolución. ¿Me expliqué? Roberto y Luis asintieron en silencio mientras Roberto procesaba lo que acababa de pasar, se dio cuenta de que acababa de ser testigo de un encubrimiento del gobierno cubano.

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