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Cuba PROHIBIÓ una CAMINATA | TODO el elenco HUYÓ a Miami | Vivir del Cuento: La Historia REAL

 

11 de julio 2021, barrio Mantilla, La Habana. Omar Franco, 56 años, estrella TV nacional, conduce por calles irreconocibles, multitudes, gritos, consignas antigobierno, gente que ha perdido el miedo. Cerca Cineemantilla, protestas masivas. Franco llega a casa, enciende televisor, lo que ve lo cambia todo.

 En pantalla, Miguel Díaz Canel, presidente de Cuba. La orden de combate está dada. Revolucionarios a la calle. El mismo gobierno que durante un año instruyó a artistas como él para promover quédate en casa por pandemia. ahora moviliza a ciudadanos contra manifestantes. Cuando vi al presidente ordenando confrontar manifestantes, esa fue la desilusión total, diría Franco desde Miami.

 En ese momento, sentado en su sala con calor Julio sofocante, Omar Franco toma decisión que cambia su vida. No puede quedarse. Quédate conmigo porque hoy contamos historia completa del colapso del programa más popular de TI Cubana. Cóm un personaje que caminaba un paso adelante y dos atrás se convirtió en amenazas seguridad estado. Y có uno por uno actores huyeron hasta que no quedó nadie.

 Esta es la anatomía del éxodo que destruyó vivir del cuento. Para entender por qué Omar Franco dejó todo julio 2021, necesitas conocer quién era y qué construyó 30 años. 1992, pleno periodo especial. Cuba hundida, peor crisis. [carraspeo] Apagones, 16 horas, gente hirviendo cáscaras toronja. Este ingeniero graduado trabajando plantas siderúrgicas toma decisión contra toda lógica.

Abandona trabajo estable para actuar. Era padre, niño. Un año. Ingenieros buscaban desesperados trabajos pagaran dólares. Y él decide oficio que paga menos, mucho menos. Nunca pisó escuela arte. Aprendió con libro Stanislavski bajo almohada. Leía noche, practicaba día. En 1992 dejé ganar dinero dijo después. Pero gané lo que soy hoy.

 Entre 1992 y 2014, Franco construye una carrera sólida pero discreta, teatro, cine independiente, algunos programas menores. Forma parte de la junta artística del Centro Promotor del Humor. Es jurado del Premio Nacional del Humor durante 20 años, pero la fama masiva todavía no llega. Y entonces, en 2014, Luis Silva, el creador de Vivir del Cuento, lo llama con una propuesta que cambiará todo.

 Silva busca un nuevo personaje para el programa más visto de la televisión cubana. Y la idea es brillante. Un anciano de 80 años que cayó en coma el 19 de enero de 1986, golpeado por un jonrón legendario de Agustín Marquetti en el estadio latinoamericano y que despierta 28 años después en una Cuba completamente irreconocible.

 Se había dormido en el socialismo soviético, despierta en el socialismo del iPhone. El personaje se llamaría Ruperto. La inspiración venía de la película alemana Good by Lenin, pero tropicalizada hasta los huesos. Fíjate bien en esto porque es absolutamente clave para entender todo lo que viene después. Ruperto no era solo un personaje cómico, era un espejo incómodo.

 Sus preguntas ingenuas sobre la Cuba contemporánea permitían a los guionistas hacer crítica social sin parecer que la hacían directamente. Cuando Ruperto preguntaba por qué hay dos monedas, el público se reía, pero también pensaba cuando preguntaba por qué los médicos ganan menos que los taxistas. La risa se mezclaba con incomodidad y ahí estaba el peligro real para el régimen.

 Ruperto conectó con la audiencia en dos o tres episodios. Su frase célebre, Apululu, una expresión del oriente cubano que significa abundancia, se volvió viral instantáneamente. Pero lo que realmente enganchó al público fue esa caminata característica, un paso adelante y dos pasos atrás. Todo el mundo la imitaba. En las calles, en las casas, en las fiestas.

 Era la forma de caminar más famosa de Cuba. Omar Franco, a los 49 años finalmente había encontrado su personaje Insignia. Y aquí entramos en el corazón del asunto. Vivir del cuento no era solo un programa de comedia. Era, según las propias investigaciones del ICRT, el programa más visto en la historia de la televisión cubana. Se emitió por primera vez el 14 de septiembre de 2008 durante 16 temporadas y aproximadamente cuenaos 16 episodios se convirtió en un espejo semanal de la sociedad cubana y los espejos en las dictaduras son objetos peligrosos. El

aparato de censura operaba con vigilancia microscópica. Cada episodio pasaba por un filtro de asesores políticos que decidían qué chistes podían salir al aire y cuáles no. Los testimonios de Omar Franco revelan lo absurdo que podía llegar a ser ese control. Pero presta atención a este detalle específico porque es clave para entender la paranoia del sistema.

Después de 2018, cuando Díaz Canel asumió el poder oficialmente, los sensores prohibieron que Ruperto dijera se va, refiriéndose a Cachita, su interés romántico en la serie. ¿Por qué prohibir dos palabras inocentes en una comedia romántica? Porque Sebá podía interpretarse como referencia a la salida de Raúl Castro del poder ese mismo año, una frase de comedia romántica convertida en amenaza política.

 Pero eso no fue lo peor de todo. Intentaron prohibir la forma de caminar de Ruperto, su firma física, su identidad visual. Ese paso característico de un adelante y dos atrás fue cuestionado oficialmente porque según los sensores simbolizaba el estancamiento del país. Detente un segundo a pensar en esto con toda su dimensión absurda.

 Estamos hablando de un régimen tan paranoico, tan inseguro de su propio poder, que ve subversión política peligrosa en la manera en que un actor mueve los pies en un programa de comedia. A ese nivel de control llegaron, dijo Franco, desde Miami después. Y eso te dice todo lo que necesitas saber sobre la libertad artística en Cuba.

 El propio Luis Silva Pánfilo, lo admitió públicamente. En vivir del cuento dicen el 1% de lo que deberían decir. Pero la pregunta que nadie hace es esta. Si el programa más popular de Cuba solo podía decir el 1% de la verdad que quería decir, ¿qué dice eso sobre el otro 99% que nos ocultaron durante 16 años? Y mientras tanto, la vida de Omar Franco fuera de los estudios de televisión también estaba marcada por la vigilancia constante del aparato represivo.

 El Estado no solo lo censuraba en televisión, le hacía la vida imposible con métodos más sutiles, más crueles, más diseñados para enloquecerlo lentamente sin dejarlo en paz. Durante seis años consecutivos, un grupo de ocupantes ilegales invadió el patio de su casa. Franco llamó a la policía decenas de veces. Nunca actuaron. 6 años.

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