decidió ejecutar a todos los presos políticos que habían rechazado renunciar a sus ideas o que se negaban a colaborar con el régimen. No estamos hablando de personas condenadas por delitos violentos. Estamos hablando de estudiantes, intelectuales, militantes de partidos de oposición, muchos de ellos ya condenados y cumpliendo [música] sus penas.
En cuestión de semanas, entre julio y septiembre de 1988, fueron ejecutados en secreto y enterrados en fosas comunes sin que sus familias lo supieran. Las estimaciones de organizaciones de derechos humanos hablan de entre 4500 y 5000 personas. Algunas fuentes elevan esa cifra todavía más. Las familias no fueron notificadas.
Muchas esperaron durante meses, incluso años. sin saber que sus hijos, sus hermanos, sus esposos ya estaban muertos. Cuando finalmente lo descubrían, no había tumba donde ir a llorar. No había nombre en ningún registro oficial, el régimen simplemente actuó como si esas personas nunca hubieran [música] existido.
Amnistía Internacional y otras organizaciones documentaron el caso durante años. Irán nunca reconoció oficialmente lo que ocurrió. Nunca hubo [música] un juicio, nunca hubo una disculpa. Cuando Hamenei tomó el poder en 1989, uno de sus primeros desafíos fue precisamente ese. El gran Ayatolá Montaseri, el candidato natural para suceder a Jomeini, había criticado públicamente esas ejecuciones.
Había dicho que eran un crimen, [música] que la historia juzgaría al régimen por ello, que ninguna lectura del Islam justificaba matar a presos políticos en [música] masa en tiempo de paz. Por decir eso, Montaseri fue apartado, eliminado de la carrera por el liderazgo y confinado en su casa durante años. Y Hamenei, [música] que nunca criticó las ejecuciones, tomó su lugar.
Ya como líder supremo, Jamenei construyó un sistema judicial que con el tiempo se convertiría en una de las herramientas más eficaces de represión del mundo. Irán tiene una de las tasas de ejecuciones per cápita más altas del planeta. En algunos años de su mandato, el número de ejecuciones superó las 500 [música] personas en 12 meses, muchas de ellas por delitos no violentos, algunas de personas que habían sido detenidas siendo menores de edad.
El sistema judicial no era independiente, [música] respondía directamente al líder supremo. Pero las ejecuciones formales eran solo la parte visible. Lo que ocurría dentro de las cárceles iraníes, [música] documentado por expresos y organizaciones internacionales durante décadas, pintaba un cuadro todavía más oscuro.
Testimonios de detenidos hablaban de condiciones de aislamiento prolongado, depresión psicológica sistemática, de tratos que los organismos internacionales clasificaban como torturas. Y lo más perturbador de todo es que ese sistema no era el resultado de abusos individuales de carceleros sueltos. Era una política, tenía procedimientos, tenía supervisión, funcionaba exactamente como estaba diseñado para funcionar.
Y lo que ese sistema le hizo a periodistas, activistas y manifestantes a lo largo de 36 años es algo que todavía no ha sido juzgado por nadie. Todavía en los años 90 Yamenei añadió una nueva categoría de víctimas a su registro, los intelectuales y escritores. Entre 1998 y 1999, en un periodo que los iraníes llaman los asesinatos en cadena, varios escritores, traductores y activistas políticos aparecieron muertos en circunstancias que nunca fueron aclaradas.
Algunos fueron encontrados estrangulados, otros desaparecieron y sus cuerpos aparecieron días después. Una investigación parlamentaria posterior concluyó que agentes del Ministerio de Inteligencia habían estado involucrados. Nadie en los niveles más altos del régimen fue procesado por ello. Los periodistas que cubrían temas sensibles en Irán aprendieron rápido cuáles eran las reglas no escritas del juego.
Podías escribir sobre economía con cuidado, podías hablar de cultura con [música] límites, pero si tocabas al líder supremo, si cuestionabas las bases del sistema, si publicabas algo que el régimen considerara una amenaza, las consecuencias eran predecibles y severas. [música] Irán se convirtió en uno de los países con más periodistas encarcelados del mundo en varios años del mandato de Jamenei.
Reportero sin fronteras, lo ubicó sistemáticamente entre los peores países del mundo para ejercer el periodismo y luego estaban las mujeres. Porque en el Irán de Jamenei ser mujer en sí mismo era vivir bajo un sistema de restricciones que no tenía paralelo en casi ningún otro país del mundo. No podía salir sin el velo. No podías ir a ciertos estadios, no podías cantar en público, no podías viajar al exterior sin permiso de un familiar masculino.
Si desobedecías esas normas, podía ser detenida, multada, golpeada por la policía de la moralidad en plena calle. Y si protestabas contra esas normas, como hicieron millones de mujeres iraníes a partir de 2022, podías terminar muerta como Maxa Amini. con 22 años por llevar el pelo mal cubierto. Los crímenes de Jamenei contra su propio pueblo son suficientemente graves para llenar varios libros, pero hay una dimensión de su mandato que es todavía más amplia y todavía conocida.
Es la dimensión de las guerras que no peleó [música] él, sino que pagó con dinero iraní para que otros las pelearan en su nombre. Guerras que destruyeron países [música] enteros, que mataron a cientos de miles de civiles que no tenían nada que ver con los intereses [música] de Teerán, que convirtieron a millones de personas en refugiados que todavía hoy no tienen a dónde volver.
Esas guerras, país por país, víctima por víctima, son lo que viene a continuación y las cifras que vamos [música] a contar son difíciles de escuchar. Hay una forma de hacer la guerra que es especialmente difícil de juzgar y de detener. Hacerla con el dinero y las armas de otro mientras tú te quedas en casa.
Que otros pongan los muertos, que otros sufran las bombas, que otros vivan en las ruinas. Y tú desde tu oficina, no hice, a miles de kilómetros presentas todo eso como una noble causa de resistencia. Esa fue la especialidad de Alija Menei durante [música] 36 años. Y el daño que causó de esa manera contado en vidas humanas reales, es casi imposible de comprender en su totalidad.
Empecemos por el Líbano, [música] porque es donde esa estrategia tuvo más tiempo para desarrollarse y más impacto para demostrar. Irán comenzó a apoyar a Esbolá en los años [música] 80, cuando el grupo apenas estaba formándose en el caos de la guerra civil libanesa. [música] Le dio dinero, armas, entrenamiento e ideología.
lo convirtió en su brazo armado en el Mediterráneo. Con el tiempo, [música] Jesbolá se convirtió en una fuerza más poderosa que el propio ejército libanés, con decenas de miles de cohetes apuntando hacia Israel. El Líbano, [música] un país que no tenía nada que ver con los intereses estratégicos de Irán, se convirtió en el campo de batalla de la agenda de Jamenei.
Las guerras entre Hesbola e Israel en 2006 dejaron más de 100. Muertos en el lado libanés, la gran mayoría civiles. Pueblos enteros en el sur del Líbano fueron destruidos. Familias que llevaban generaciones viviendo en esas tierras perdieron todo en cuestión de días. La reconstrucción costó miles de millones de dólares y tardó años.
Quesolá la presentó como una victoria. Jamenei la celebró desde Teerán. Los libaneses que perdieron sus casas y a sus familias tenían opiniones más matizadas al respecto. Luego está Gaza. Irán apoyó durante años al movimiento que controla ese territorio, proveyéndole cohetes, planos de fabricación de explosivos y dinero en efectivo.
El argumento era la causa palestina, la liberación de un pueblo oprimido. Pero los resultados concretos de esa estrategia para los propios palestinos de Gaza son difíciles de presentar como un éxito. Gaza es hoy uno de los territorios más densamente poblados y más empobrecidos del planeta con una tasa de desempleo que en algunos años superó el 50% y una infraestructura destruida por ciclos repetidos de conflicto que el apoyo iraní contribuyó a perpetuar.
El conflicto que estalló en octubre de 2023 dejó un nivel de destrucción en Gaza que los organismos internacionales describieron como catastrófico. [música] Decenas de miles de muertos, hospitales destruidos, sistemas de agua y electricidad colapsados. Una crisis humanitaria de proporciones que conmovió al mundo entero.
[música] Irán expresó su apoyo al movimiento que inició ese conflicto. Jamenei lo presentó como resistencia legítima. Los niños de Gaza que perdieron a sus padres en ese conflicto probablemente tienen una visión diferente de lo que significa esa resistencia. Pero el caso que quizás mejor ilustra la lógica de Hamenei es Yemen, porque Yemen era un país que no tenía ninguna relación histórica o cultural profunda con Irán.
No había ninguna razón obvia para que Teerán [música] se involucrara en la política interna de ese país pobre y distante. Excepto una. Yemen tiene costa en el Mar Rojo y en el estrecho de Bob Elmandev, uno de los puntos de paso más importantes del comercio mundial. Tener influencia allí significaba tener un dedo en el cuello de la economía global.
Y lo que le costó a Yemen que Hamenei decidiera meter ese dedo. Es una de las historias más trágicas y menos contadas de los últimos 20 años. Con apoyo iraní, el movimiento Juti tomó la capital yemení de Saná en 2014 y desencadenó una guerra civil que todavía no ha terminado. Esa guerra convirtió a Yemen, que ya era uno de los países más pobres del mundo, en lo que la ONU describió en varios años consecutivos [música] como la peor crisis humanitaria del planeta.
Más de 150,000 muertos directos por el conflicto armado. Otros cientos de miles por hambre y enfermedades relacionadas con la guerra. 4 millones de desplazados internos. Un sistema de salud completamente colapsado y millones de niños con desnutrición severa en un país que antes de la guerra al menos, podía alimentar a su población.
En Siria, Irán apoyó al régimen de Bashar Alasad durante la guerra civil que comenzó en 2011, enviando asesores militares, milicias y recursos. El argumento era mantener un aliado en el poder [música] y preservar el corredor terrestre hacia el Líbano. El costo humano de esa decisión fue brutal.
La guerra civil siria dejó más de 500.000 1 muertos y convirtió a más de 12 millones de personas en refugiados, la mayor crisis de desplazamiento desde la Segunda Guerra Mundial. El apoyo iraní al régimen de Asad fue uno de los factores que permitió que ese conflicto se prolongara durante más de una década. En Irak, [música] las milicias apoyadas por Irán tuvieron un papel central en el periodo posterior a la caída de Saddam Hussein.
Algunas de esas milicias fueron documentadas por organismos internacionales cometiendo graves abusos contra poblaciones civiles, ejecuciones extrajudiciales, desplazamientos forzados, ataques contra minorías religiosas. Todo en Minod, un país que llevaba décadas acumulando trauma y que necesitaba estabilidad, no más violencia proxy financiada desde el exterior.
Hamenei nunca reconoció responsabilidad por ninguno de esos abusos. Si sumas todas esas guerras, todos esos conflictos que Irán financió, apoyó o prolongó bajo el mandato de Jamenei, los números que obtienes son difíciles de pronunciar en voz alta. Estamos hablando de entre 700,000 y un millón de muertos en conflictos donde el dinero y las armas de Teerán jugaron un papel directo.
Estamos hablando de decenas de millones de personas desplazadas de sus hogares, de países enteros cuya reconstrucción va a costar generaciones. Y todo eso sin contar lo que le hizo a su propio pueblo durante esos mismos años. Porque mientras Jamenei financiaba guerras afuera, dentro de Irán estaba ocurriendo algo que sus propios ciudadanos ya no podían seguir tolerando.
[música] Y eso es lo que viene ahora. Hay una paradoja en el centro de todo el proyecto político [música] de Jamenei que resulta difícil de ignorar. Gastaba el dinero de Irán en guerras en otros países, mientras su propio pueblo no tenía trabajo, no tenía medicamentos, no podía pagar el alquiler. Hablaba de justicia y de liberación mientras [música] construía uno de los sistemas de control social más restrictivos del mundo.
Prometía dignidad para los musulmanes oprimidos mientras humillaba a sus propias ciudadanas en las calles de Teerán. Esa contradicción no pasó desapercibida para los iraníes. La fueron acumulando durante años como agua detrás de una presa. Las sanciones internacionales impuestas por el programa nuclear tuvieron un impacto devastador sobre la economía iraní.
La moneda [música] iraní, el real, perdió más del 80% de su valor entre 2012 y 2022. La inflación en algunos periodos superó el 40% anual. Lo que significa que los ahorros de una familia podían perder casi la mitad de su valor en un año. El desempleo entre los jóvenes llegó a superar el 25% en varios momentos. Y mientras todo eso pasaba, la Guardia Revolucionaria Leala a Jamenei controlaba entre el 30 y el 40% de la economía del país [música] y sus generales vivían con un nivel de vida que contrastaba brutalmente con el de la población común. La respuesta del
régimen a esa crisis económica no fue cambiar las políticas que la causaban, fue culpar a los enemigos externos, aumentar la represión interna y presentar el sufrimiento de la gente como un sacrificio noble en nombre de la revolución. Los jóvenes iraníes con educación universitaria emigraban en masa buscando oportunidades que su país no les podía ofrecer.
Irán experimentó una de las fugas de cerebros más graves del mundo durante las últimas dos décadas. Se calcula que más de 150,000 profesionales altamente calificados abandonan el país cada año. Las protestas llegaron en oleadas. En 2009, millones de iraníes salieron a las calles después de unas elecciones presidenciales que consideraron fraudulentas.
El movimiento verde, como se llamó, fue aplastado con una dureza que dejó decenas de muertos y miles de detenidos. En 2019, protestas por el aumento del precio de la gasolina fueron reprimidas con una violencia que organizaciones internacionales calificaron como una de las represiones más graves de manifestaciones en el mundo en ese año.
Se calcula que en solo 3 días murieron más de 300 personas. El régimen cortó el internet durante semanas para que las imágenes no salieran del país y luego llegó Maxa a Mini. En septiembre de 2022, una joven curdo iraní de 22 años fue detenida por la policía de la moralidad por llevar el velo mal puesto. Tres días después estaba muerta.
Las autoridades dijeron que fue un problema cardíaco. Las imágenes de su cuerpo contaban otra historia. Lo que siguió fue la mayor ola de protestas en la historia del régimen hasta ese momento. Una ola que no se apagó del todo nunca [música] más, que siguió ardiendo bajo la superficie durante 2023, 2024 y 2025, reapareciendo una y otra vez con más fuerza, y que en enero de 2026 alcanzó una escala que el régimen ya no podía manejar con sus métodos habituales.
La consigna de esas protestas, mujer, vida, libertad, resume mejor que cualquier análisis político lo que millones de iraníes pensaban del sistema de Jamenei. No pedían ajustes, no pedían reformas dentro del sistema, pedían el fin del sistema y lo pedían sabiendo perfectamente lo que les podía [música] pasar por pedirlo.
Muchos lo pagaron con detenciones, con golpizas, con años de cárcel. algunos con la vida, pero el miedo había dejado de funcionar y un régimen al que le falla el miedo está en su momento más vulnerable. Esa vulnerabilidad combinada con algo que Hamenei había estado construyendo en secreto durante décadas fue exactamente lo que creó las condiciones para lo que ocurrió el 28 de febrero de 2026.
Y ese secreto lo contamos ahora. Hay algo que merece ser dicho sobre las mujeres iraníes en particular, porque su historia dentro de este régimen es especialmente significativa. Desde 1979, las mujeres en Irán vivieron bajo un sistema legal que las trataba como ciudadanas de segunda categoría. El testimonio de una mujer en un tribunal valía la mitad que el de un hombre.
Una mujer necesitaba permiso de su esposo o de su padre [música] para obtener pasaporte y viajar. No podían ser juezas, no podían entrar a los estadios de fútbol, no podían cantar en público delante de hombres y tenían que cubrir el cabello en todo momento en espacios públicos bajo pena de detención. Lo que hicieron las mujeres iraníes frente a ese sistema a partir de 2022 fue algo que Jamenei claramente no esperaba y no supo cómo manejar.
Se quitaron el velo en las calles, en los centros comerciales, en los [música] parques, frente a las cámaras. Miles de ellas, luego decenas de miles. Luego era imposible contarlas. Muchas fueron detenidas, muchas perdieron su trabajo, algunas fueron encarceladas y seguían haciéndolo. Porque cuando una persona decide que ya no le importan las consecuencias, el sistema que depende del miedo deja de funcionar.
Los jóvenes iraníes que protestaban en 2026 [música] no habían elegido nacer en la República Islámica. Habían nacido dentro de ella sin que nadie les preguntara. Habían crecido con internet. con acceso a contenidos del mundo entero, sabiendo perfectamente cómo vivía la gente en otros países. Y la comparación era devastadora para el régimen.
No porque Occidente sea perfecto, sino porque la diferencia en libertades básicas era tan grande que resultaba imposible justificarla con ningún discurso revolucionario. Enero de 2026, las protestas alcanzaron una dimensión que el régimen nunca había visto. millones de personas en las calles de varias ciudades al mismo tiempo.
Soldados del ejército regular que se negaban a disparar contra civiles. La represión que siguió fue la más intensa de la historia del régimen. Yon. Las imágenes de esa represión, transmitidas en tiempo real a todo el mundo, cruzaron una línea en Washington y Tel Aviv que llevaba meses acercándose, porque esas imágenes llegaron al mismo tiempo que unos informes de inteligencia sobre el programa nuclear iraní que cambiaron todos los cálculos.
Informes que decían algo que nadie quería escuchar, pero que ya no podía ignorarse. Irán estaba a semanas de poder tener una bomba atómica lista y un régimen desesperado, acorralado por su propio pueblo, a semanas de tener una bomba, [música] era el escenario que los expertos en seguridad consideraban el más peligroso que podía existir.
Por eso, lo que pasó después fue inevitable. Hay una pregunta que los periodistas le hacían a los funcionarios iraníes cada vez que el tema salía a la luz y la respuesta era siempre la misma. El programa nuclear de Irán es completamente pacífico. Es para generar electricidad, para investigación médica, para el desarrollo científico del país.
Nunca hemos querido fabricar armas, nunca lo haremos. Era una respuesta que muy pocas personas en el mundo se creían, pero que durante años fue suficiente para mantener el tema [música] en el terreno de la diplomacia y no de la acción directa hasta que dejó de serlo. Para entender el programa nuclear iraní, hay que entender primero cuánto le [música] costó al pueblo iraní sostenerlo durante décadas.
Las sanciones internacionales que se impusieron sobre Irán por ese programa destruyeron sectores enteros de la economía. Empresas iraníes no podían hacer transacciones internacionales. Bancos iraníes estaban cortados del sistema financiero mundial. [música] Medicamentos que necesitaban pacientes con enfermedades graves no llegaban al país porque los proveedores extranjeros tenían miedo de violar las sanciones.
[música] Personas reales con enfermedades reales morían en parte porque su gobierno se negaba a abandonar un programa nuclear que supuestamente era solo para generar electricidad. [música] Jamenei siempre presentó esas sanciones como una agresión injusta de Occidente contra Irán. Lo que nunca explicó [música] con claridad es que tenía la opción de evitarlas con mayor transparencia y cooperación con los organismos internacionales de verificación nuclear.
Optó por no hacerlo. Optó por mantener el programa en la opacidad suficiente como para que nadie pudiera estar completamente seguro de lo que estaba pasando. Esa ambigüedad calculada era parte de la estrategia, mantener la amenaza latente sin cruzar nunca una línea que obligara a una respuesta inmediata.
[música] durante años funcionó, pero las líneas se fueron moviendo. En 2015, con el acuerdo nuclear conocido como JCPOA, pareció que el tema podía resolverse diplomáticamente. [música] Irán aceptaba límites concretos y verificables a su programa a cambio del levantamiento de las sanciones. La economía iraní empezó a respirar.
El real recuperó algo de valor. Las importaciones volvieron a fluir. Yamenei nunca fue un entusiasta del acuerdo, pero lo toleró mientras le convenía. Cuando la administración norteamericana se retiró del acuerdo en 2018, Hamenei tuvo exactamente la excusa que necesitaba para desmantelarlo por completo.
A partir de 2019, Irán comenzó a aumentar de manera sistemática y progresiva su nivel de enriquecimiento de uranio. Primero al 20%, luego al 60, luego al 83. Para fabricar una bomba nuclear necesitas uranio enriquecido al 90%. La diferencia técnica entre el 83 y el 90% es pequeña, cuestión de semanas de trabajo adicional con el equipo adecuado.
Y para mediados de los años 20, [música] Irán tenía el equipo adecuado, el conocimiento acumulado y suficiente material enriquecido para fabricar entre cinco y nueve bombas si tomaba la decisión final. cinco a nueve bombas del tipo que destruyó Hiroshima en 1945 y mató a 140,000 personas en un solo día.
[música] Eso es lo que Irán tenía en sus manos o muy cerca de tenerlo en febrero de 2026. Y la pregunta que se hacían los analistas de inteligencia en Washington y Tel Aviv no era si [música] Yamenei tenía esa capacidad, era qué haría con ella estando acorralado, porque un hombre que durante 36 años había demostrado estar dispuesto a cualquier cosa para mantener el poder, con una bomba nuclear en la mano y millones de personas en las calles pidiendo su caída.
Era el escenario que nadie quería dejar desarrollarse y las conversaciones sobre qué hacer al respecto, que llevaban meses desarrollándose en silencio, estaban a punto de llegar a una conclusión. Hay algo importante que entender sobre la lógica de quienes tomaron la decisión de actuar el 28 de febrero. No fue una decisión impulsiva ni emocional, fue el resultado de meses de análisis, de opciones descartadas una a una.
De la misma pregunta repetida de distintas maneras. [música] ¿Es más peligroso actuar o no actuar? Durante años la respuesta había sido más peligroso actuar. Los riesgos de una acción directa superaban los beneficios. Pero en milés febrero de 2026 con las protestas masivas en las calles de Irán, con la red regional de Jamenei desmoronándose y con el uranio a semanas del nivel necesario para una bomba, esa ecuación cambió.
Y cuando cambió, la pregunta pasó de ser si actuar, hacer cómo y cuándo. Lo que los planificadores sabían es que la ventana para actuar era estrecha [música] y podía cerrarse en cualquier momento. Yamenei llevaba meses variando sus rutinas de movimiento por razones de seguridad, lo cual hacía casi imposible localizarlo con certeza.
Pero había un patrón que se había mantenido consistente, su presencia en la residencia de la calle Palestina [música] durante las madrugadas. Si ese patrón cambiaba, la oportunidad se perdía. Esa urgencia [música] aceleró los tiempos de la decisión de una manera que no todos los involucrados habrían elegido si hubieran tenido más margen.
Las imágenes de la represión de las protestas de enero de 2026 también pesaron en la decisión. Niños heridos en las calles de Teerán. [música] Soldados del ejército iraní que se negaban a disparar contra civiles y eran detenidos por ello. Esas imágenes daban la vuelta al mundo en tiempo [música] real y cruzaban una línea en la percepción internacional que llevaba meses acercándose peligrosamente.
No fue el único factor, pero fue el que añadió urgencia moral a la urgencia estratégica. Y cuando se juntan esas dos urgencias, las decisiones que antes parecían imposibles empiezan a parecer inevitables. Todo eso junto, el uranio a semanas de completarse, el régimen desesperado y sin opciones, la ventana operativa que podía cerrarse y las imágenes de la represión llegando a todo el mundo.
Fue lo que determinó la fecha y la hora. El 28 de febrero de 2026 a las 4:47 de la madrugada, los misiles llegaron a la calle Palestina en Teerán y con ellos llegó el final de 36 años del mandato más largo y más destructivo de la historia moderna de Irán. Pero lo que pasó en las horas previas al ataque, lo que Hamenei estaba haciendo esa noche sin saber que sería la última, es algo que merece contarse con detalle, porque es el momento más humano de toda esta historia [música] y a veces los momentos más humanos son los que más dicen sobre
quién era realmente una persona. El jueves 26 de febrero de 2026, dos días antes de su muerte, Yamenei tuvo una reunión con los mandos más altos de la Guardia Revolucionaria que sus colaboradores describirían después como muy tensa. Le presentaron los últimos informes. Los ataques sobre instalaciones del programa nuclear se intensificaban.
Las negociaciones diplomáticas con Washington habían colapsado definitivamente. Los análisis apuntaban a que algo más grande y más coordinado estaba preparándose en el exterior. Jamenei escuchó todo en silencio. Luego pidió té y cambió el tema con una serenidad que dejó a todos en la sala sin palabras. Según una fuente que estuvo en esa reunión y habló con periodistas iraníes en el exilio después del [música] ataque, Jamenei dijo algo que nadie esperaba.
Dijo, “Llevamos 47 años diciéndole al mundo que no nos rendiremos y no nos rendiremos ahora. Si [música] Dios quiere que esto termine aquí, que termine aquí.” Nadie en esa sala supo si había pronunciado una declaración de principios o algo que estaba peligrosamente cerca de una despedida. [música] Probablemente él tampoco lo sabía. El viernes 27 de febrero, Jameney cumplió su agenda normal, recibió funcionarios, firmó documentos, dio instrucciones sobre la respuesta a las protestas que seguían en las calles.
Según personas que estuvieron con él ese día, estaba de un ánimo extrañamente tranquilo, casi melancólico. habló de los 47 años de la revolución y dijo que esperaba que las generaciones futuras entendieran lo que había costado defenderla. Nadie en esa sala sabía que estaban escuchando las últimas palabras políticas del hombre que había gobernado Irán durante 36 años.
Nadie sabía que unas pocas horas después no quedaría nada del edificio donde estaban. Esa noche, Jamenei durmió en su residencia habitual en la calle Palestina, un edificio de tres plantas con jardín interior en el corazón de Teran. Con él estaban su esposa, su hija mayor, el esposo de ella y su nieto pequeño. Los guardias hicieron sus rondas normales.
Los sistemas de seguridad funcionaban correctamente. No había ninguna alerta activa, todo estaba en orden. El sistema de seguridad era impecable [música] para el tipo de amenazas que había sido diseñado para enfrentar. El problema es que lo que se acercaba no era ese tipo [música] de amenaza. A las 11 de la noche del viernes 27 de febrero comenzó la primera parte del ataque.
Decenas de aviones militares comenzaron a golpear las instalaciones nucleares de Nathans, [música] Fordow e Isfahan de manera simultánea. Las explosiones eran visibles desde decenas de kilómetros de distancia. Los sistemas de comunicación del régimen sufrieron ataques cibernéticos que los dejaron parcialmente ciegos.
Las redes sociales iraníes se llenaron de videos de cielos en llamas y en la calle Palestina Jamenei fue despertado por el ruido. [música] Lo que pasó en las siguientes horas dentro de esa residencia es lo más oscuro de toda esta historia. Varios comandantes [música] intentaron comunicarse con Hamenei y no lograron establecer contacto seguro.
El búnker [música] subterráneo de la residencia, construido exactamente para este tipo de emergencia nunca fue activado. La puerta reforzada nunca se abrió. Si fue por falta de tiempo, por una mala decisión bajo presión extrema o por alguna otra razón, es algo que probablemente nunca [música] se sabrá. Lo que sí sabemos es que los misiles llegaron y con ellos llegó el final de una historia que había comenzado 87 años antes en Mashdad.
Las imágenes satelitales captadas minutos después del impacto mostraban un cráter donde antes había un edificio residencial. Los edificios del entorno sufrieron daños severos. Las ventanas de los bloques de apartamentos a 500 m reventaron hacia adentro. No quedó ninguna estructura en pie dentro del perímetro del impacto.
Era imposible que alguien adentro hubiera sobrevivido. El hombre más poderoso de Irán, el que durante 36 años había tenido la última palabra sobre la vida y la muerte de millones de personas, ya no estaba. Durante horas, el gobierno iraní guardó un silencio que en sí mismo era una confirmación de lo ocurrido. Ningún comunicado, ninguna aparición en televisión.
Ninguna señal de que alguien tenía el control. En algunas [música] calles de Teerán, especialmente en los barrios del norte de la ciudad, grupos de personas salieron a celebrar con una espontaneidad [música] que el régimen ya no tenía fuerzas para suprimir. En otros barrios había duelo genuino y rabia, en muchos lugares simplemente silencio.
[música] El silencio de 90 millones de personas procesando algo para lo que no tenían palabras. A las 5 de la madrugada del 28 de febrero, la televisión estatal iraní [música] interrumpió su programación. Un presentador con la voz rota anunció la muerte del líder supremo junto con miembros de su familia que estaban con él esa noche.
Llamó a la unidad, llamó a la resistencia, luego rompió a llorar ante las cámaras [música] en directo. La República Islámica de Irán acababa de perder al único líder [música] supremo que había tenido en 36 años. Y en las primeras horas del 1 de marzo de 2026, [música] nadie dentro ni fuera del país sabía lo que vendría a continuación.
En las calles de Irán, [música] en las primeras horas del 1 de marzo, están pasando cosas que ningún modelo político predijo con exactitud. [música] Dentro del aparato de poder, tres facciones se mueven ahora mismo con planes completamente distintos. Una quiere responder militarmente, [música] otra quiere negociar.
La tercera quiere tomar el poder directamente y el resultado de esa pelea interna [música] que se desarrolla en este momento en los sótanos del poder iraní va a determinar si lo que viene es una transición hacia algo diferente [música] o algo mucho más oscuro y más peligroso. Pero más allá de esa pelea de poder, hay una pregunta más grande que todavía no tiene respuesta.
¿Qué dejó realmente este hombre detrás de él? ¿Cuánto daño hizo un solo hombre en 36 años? Los números finales, el balance completo de su mandato, cierran esta historia ahora mismo. Cuando un régimen termina, la historia hace inevitablemente una pregunta. ¿Cuánto daño hizo? No como ejercicio de odio ni de venganza, como ejercicio de honestidad.
Porque entender cuánto daño hizo un sistema es la única manera de asegurarse de no repetirlo. Y en el caso de Hamenei, esa pregunta tiene una respuesta que es difícil de escuchar, pero que merece ser dicha con claridad, porque los números no mienten, aunque duelan. Empecemos por los muertos directos bajo su responsabilidad como líder supremo.
Más de 4000 ejecuciones judiciales documentadas en Irán durante su mandato, [música] muchas de ellas por delitos no violentos o por razones políticas. Cientos de nosenetonas, una manifestantes muertos en las protestas de 2009, 2019, 2022 y 2026. Decenas de intelectuales, periodistas y activistas muertos en circunstancias que nunca fueron aclaradas oficialmente y los miles de presos políticos ejecutados en 1988 antes de que tomara el poder formalmente, pero dentro del sistema del que era parte. Solo en Irán estamos
hablando de miles de personas muertas directamente por decisiones del régimen que lideraba. Luego están los muertos en los conflictos que financió o prolongó en el exterior. Yemen, [música] entre 150,000 y 380,000 muertos según distintas fuentes, más cientos de miles por hambre y enfermedades relacionadas con la guerra.
Siria, más de 500,000 muertos en una guerra civil que el apoyo iraní al régimen de Asad ayudó a prolongar durante más de una década. Líbano. Miles de muertos en distintos episodios de conflicto donde Esbola, [música] financiado por Irán, fue parte central. Gaza. Decenas de miles de muertos. En un conflicto [música] donde las armas y el 18 dinero iraní jugaron un papel directo y documentado.
Si sumas todas esas cifras de manera conservadora, estás hablando de entre 700,000 y 1 millón de personas muertas en conflictos donde las decisiones de Hamenei tuvieron un impacto directo, un millón de personas. Para dar una perspectiva, eso es más que la población entera de ciudades como San José de Costa Rica o Montevideo o Bilbao.
Un millón de personas que tenían familias, proyectos, sueños, vidas que alguien consideró prescindibles en nombre de una estrategia geopolítica diseñada en Teerán. Eso no es una metáfora, son personas reales. Luego están los desplazados, los millones de personas que tuvieron que abandonar sus hogares por los conflictos que Irán financió o apoyó.
Solo en Siria, más de 12 millones de personas fueron desplazadas. La mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. En Yemen, más de 4 millones de desplazados internos. En el Líbano, cientos de miles de personas nacem desplazadas en distintos episodios de conflicto. Muchos de esos desplazados todavía no han podido volver a sus casas.
Algunos nunca podrán porque sus casas ya no existen. Y luego está el daño que es más difícil de cuantificar, pero no menos real. El daño al potencial de una generación entera de iraníes. Los médicos, ingenieros, artistas, científicos y emprendedores que se fueron del país porque no tenían futuro en él. Los que se quedaron y vivieron bajo restricciones que les impidieron desarrollar todo lo que podrían haber sido.
Las mujeres que durante décadas tuvieron que negociar cada aspecto de su vida pública con un sistema que las consideraba ciudadanas de segunda categoría. Ese daño no tiene número, pero si lo tuviera sería tan grande [música] como cualquiera de los otros y es el que más le duele al pueblo iraní porque es el más cotidiano [música] y el más personal.
Entonces, ¿el mejor o peor sin Chamenei? [música] Es la pregunta que todos se hacen en las primeras horas del 1 de marzo de 2026. Y la respuesta honesta es depende de lo que venga después. Porque Gadafi también murió [música] y Libia terminó peor. Saddam Hussein también murió [música] y el caos que siguió fue enorme.
La muerte de un dictador no garantiza automáticamente nada bueno, solo abre una puerta. Lo que entra por esa puerta depende de muchos factores que todavía están resolviéndose. Lo que sí es seguro es que Irán tiene elementos que lo diferencian de esos casos. Tiene una clase media educada con memoria de un país diferente y con ganas de construir algo mejor.
Tiene millones de ciudadanos en la diáspora dispuestos a contribuir si hay una oportunidad real. tiene una generación joven que lleva años demostrando que sabe exactamente lo que quiere y que está dispuesta a pagar el precio por conseguirlo. Y tiene, sobre todo, la energía que acumula un pueblo que lleva décadas esperando su [música] momento.
También tiene los obstáculos. La guardia revolucionaria que controla una parte [música] enorme de la economía y del aparato de seguridad no va a desaparecer porque Jamenei haya muerto. El programa nuclear, con todo el conocimiento técnico acumulado, sigue existiendo en las mentes de cientos de científicos. La economía destrozada por décadas de sanciones no se recupera de un día para otro.
Y el vacío de poder que se está desarrollando en las primeras horas del 1 de marzo de 2026 puede ir hacia varios lugares, algunos de los cuales no son mejores que lo que había antes. La historia no garantiza finales felices, solo garantiza que continúa. Ali Meney murió el 28 de febrero de 2026 [música] con 86 años. El brazo derecho paralizado desde los 42 y un registro de daño humano que tardará décadas en ser completamente documentado.
Murió en el fuego que sus propias decisiones contribuyeron a encender. El programa nuclear que construyó en secreto, [música] las guerras que financió sin dar la cara, la represión que aplicó sin límite. Cada una de esas decisiones tenía su lógica, cada una tenía sus víctimas. Y cada una fue un paso más en el camino que terminó con los misiles cayendo sobre la calle Palestina en la madrugada del 28 de febrero.
Así termina la historia del hombre más poderoso de Irán. Pero la historia de Irán con 90 millones de personas escribiéndola en tiempo real en las calles del 1 de marzo de 2026, apenas está comenzando su capítulo más [música] importante. La historia juzgará con el tiempo si aquel 28 de febrero cambió realmente el destino de Irán o si solo abrió un nuevo capítulo de incertidumbre.
Lo que nadie puede negar es que 36 años de poder absoluto dejaron una marca profunda que todavía se está midiendo en vidas, en cicatrices y en decisiones que el mundo seguirá analizando durante décadas. Si te interesan estas historias donde el poder, la política y las polémicas se cruzan de forma explosiva, suscríbete al canal, activa la campana y deja tu opinión en los comentarios.
Nos vemos en el próximo