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TRUMP FIRMA ARANCELES: MÉXICO RESPONDE Y EL CAOS EXPLOTA…

presenciando la instrumentalización del comercio a un nivel nunca antes visto. México ha decidido usar su pieza clave en la cadena de suministro, su ventaja colaborativa como arma de represalia, una estrategia de altísimo riesgo que convierte el motor de la cooperación en una herramienta de presión política.

 El objetivo obligar a Estados Unidos a sentarse de nuevo en la mesa, pero esta vez en igualdad de condiciones. Cuarto y quizás lo más grave, esto representa el colapso de facto del TEMEC, el tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Ambos países están rompiendo no solo la letra, sino el espíritu del acuerdo comercial más importante del mundo.

Estamos ante la crisis legal, diplomática y comercial más profunda de los últimos 30 años. quizás desde la expropiación petrolera y aquí está la perspectiva que nadie en Washington parece entender. Shainbom no está actuando de forma impulsiva desde la perspectiva de su gobierno. Esta es la única carta que le quedaba.

 La única manera de obligar a la superpotencia del norte a respetar la soberanía de México como socio, no como subordinado, es un ya basta con consecuencias impredecibles. En este vídeo vas a entender por qué la respuesta de México no es un berrinche, sino una estrategia fríamente calculada para golpear a Estados Unidos exactamente donde más le duele.

 vas a descubrir como el sistema de producción justo a tiempo se convirtió en el talón de aquiles de la economía norteamericana. Y vamos a analizar si esta jugada maestra podría paradójicamente fortalecer la posición de México en el escenario mundial o si por el contrario, nos está llevando a todos hacia un abismo sin retorno. Quédate hasta el final porque la última pieza lo cambia todo.

 Analicemos, comencemos. Lo que estamos presenciando en este preciso instante no es solo una guerra comercial, es el choque de dos visiones fundamentalmente opuestas sobre cómo deben funcionar las relaciones en el siglo XXI. Por un lado, una visión basada en la imposición unilateral, en el uso de la fuerza económica como garrote para conseguir objetivos políticos internos.

 Por otro, una respuesta que, aunque arriesgada, busca usar las interdependencias de la globalización primero como escudo, ahora como espada. Durante décadas, la relación México Estados Unidos operó bajo una premisa simple. Estados Unidos era el centro de diseño y manufactura. México era la plataforma de ensamblaje. El TMEC y antes el TLC solidificaron esa relación.

 crearon la cadena de producción más integrada y eficiente del planeta. Un tornillo fabricado en Ohio cruzaba la frontera para convertirse en parte de un arnés eléctrico en Juárez que volvía a cruzar para ser instalado en un vehículo en Detroit que finalmente podía exportarse de regreso México. Un baile perfectamente sincronizado, miles de componentes, millones de veces al día.

 Esa integración era considerada el mayor logro de la relación bilateral. Hoy ese mismo logro se ha convertido en el campo de batalla. La fortaleza se reveló como la máxima vulnerabilidad. El anuncio de los aranceles por parte de Trump no fue una sorpresa total. Durante su mandato anterior y en su campaña actual usado la amenaza arancelaria como su herramienta diplomática predilecta.

Pero esta vez el contexto es completamente diferente. La economía global es más frágil. Las tensiones geopolíticas con otras potencias están al máximo y la dependencia de Estados Unidos de la manufactura mexicana es mucho mayor que hace 5 o 10 años. ¿Por qué? Porque muchas empresas buscando alejarse de Asia invirtieron miles de millones en México, un fenómeno conocido como Near Shoring.

 México se convirtió, irónicamente en el refugio seguro de las cadenas de suministro estadounidenses. Ahora ese refugio está en llamas. La decisión de imponer estos aranceles desde una lógica política interna es un movimiento de manual. Se presenta como defensa del trabajador americano. Un castigo a un vecino al que se acusa sin pruebas contundentes en muchos casos de competencia desleal o de no hacer lo suficiente en seguridad fronteriza.

 El mensaje es simple, potente y efectista para su base electoral. Estoy poniendo América primero, pero economistas de primer nivel, incluso dentro de Estados Unidos, advierten que el efecto real es exactamente el contrario. Un arancel es en esencia un impuesto y ese impuesto no lo paga mágicamente el gobierno mexicano, lo pagan las empresas importadoras estadounidenses que se lo trasladan directo al consumidor.

 el precio de los aguacates, los televisores, los repuestos para tu coche, todo sube. En un intento por proteger al trabajador americano, se está atacando directamente su poder adquisitivo, una contradicción económica flagrante. Además, esta medida ignora por completo la naturaleza integrada de la producción norteamericana.

 En la mayoría de los casos, especialmente en automotriz y electrónica, los productos cruzan la frontera varias veces durante su fabricación. Un arancel en cada cruce es como cobrar peaje en cada pasillo de tu propia fábrica. vuelve todo el proceso ineficiente, caro y no competitivo frente al resto del mundo. Expertos de la Cámara de Comercio de Estados Unidos ya calificaron la medida como un acto de autosabotaje económico.

Un exasesor de la Casa Blanca que habló bajo condición de anonimato, fue todavía más directo. Están usando un martillo para realizar una cirugía de cerebro. El daño colateral superará con creces cualquier beneficio político que crean estar obteniendo. La decisión no se basa en lógica económica sólida, se basa en un cálculo político de corto plazo, ignorando las consecuencias devastadoras a mediano y largo plazo para la misma economía que pretende proteger.

 ¿Y cuál fue la respuesta de Shane? Lo que ordenó desde Palacio Nacional dejó a Washington sin palabras. La administración de Shabom tomó una decisión que nadie en Washington anticipaba. En lugar de responder con la misma moneda aranceles al maíz, a la carne de cerdo, táctica ya usada en el pasado, decidió ir directo a la yugular del sistema productivo estadounidense.

 La orden que se filtró desde Palacio Nacional fue clara. No se trata de encarecer los productos, se trata de detenerlos por completo. La estrategia se centra en los componentes esenciales para la industria automotriz, no cualquier pieza. Las críticas, aquellas para las cuales no existen proveedores alternativos inmediatos, arneses eléctricos, sistemas de frenos, transmisiones, módulos electrónicos, componentes que por su complejidad y costo de transporte se fabrican justo al otro lado de la frontera para ser entregados en cuestión

de horas a las plantas de ensamblaje en Estados Unidos. Y aquí es donde el concepto de justo a tiempo se vuelve la clave de todo. Este sistema perfeccionado por los japoneses, adoptado por el mundo entero, está diseñado para maximizar eficiencia y minimizar costos de almacenamiento. Las fábricas no tienen bodegas llenas de piezas para semanas de producción, tienen a lo mucho para dos o tres días.

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