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pedro infante le cambio la vida a una niña-que vendía flores echas de basura

 La niña levantó la vista sorprendida de que alguien le hablara. Gracias, señor, señor, ¿las hiciste tú? Sí, señor. Todas. ¿Cuánto tiempo te toma hacer una? Depende, las más simples. Luis, tal vez una hora, las más complicadas, dos o tres horas. Pedro miró las flores más de cerca. Eran increíblemente detalladas. Los pétalos estaban pintados con degradados de color.

 Las hojas tenían venas dibujadas. Algunas flores tenían múltiples capas de pétalos, creando profundidad y dimensión. ¿Dónde aprendiste a hacer esto? Me enseñé sola. Veo las flores reales en el mercado y trato de copiarlas, pero con materiales que puedo encontrar. Materiales que encuentras dónde? En basureros, en las calles, en todas partes donde la gente tira cosas.

 ¿Por qué haces flores de basura cuando podrías comprar flores reales? La pregunta pareció golpearla. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Porque no tengo dinero para comprar flores reales. Y hoy es día de las madres y mi mamá merece flores. ¿Tu mamá? Sí, quiero darle flores, pero las flores reales cuestan 20, 30, 50 pesos el ramo.

 No tengo ese dinero. Entonces hago flores de basura y trato de venderlas para comprar flores reales para mi mamá. ¿Cuánto has vendido hoy? Las lágrimas comenzaron a fluir. Nada. Nadie quiere flores hechas de basura. ¿A qué hora llegaste aquí? A las 8 de la mañana. He estado aquí 7 horas y no he vendido ni una sola flor.

 Pedro sintió una emoción profunda. Esta niña había pasado horas, probablemente días, creando esas flores. Había venido al mercado temprano en el día de las madres, el día más ocupado para los vendedores de flores. Y después de 7 horas no había vendido nada. ¿Cuál es tu nombre? Ana. Ana Rodríguez. Ana, ¿puedo puedo preguntarte algo? Si no has vendido nada, ¿por por qué sigues aquí? Porque todavía hay tiempo.

 El día no ha terminado. Tal vez alguien compre y yo tal vez pueda ganar suficiente para comprar flores para mi mamá. Vive cerca, a 2 km en la colonia Moctezuma. ¿Viniste sola? Sí, mi mamá está trabajando. No sabe que estoy aquí. Piensa que estoy en casa de mi amiga. ¿Por qué no le dijiste? Porque si le dijera se preocuparía y ya tiene suficientes preocupaciones.

 Trabaja dos empleos, está cansada todo el tiempo. Hoy es su día. debería recibir flores, no preocupaciones. Cuéntame sobre tu mamá. Ana se limpió las lágrimas. Se llama Patricia. Trabaja limpiando oficinas por las mañanas y lavando platos en un restaurante por las tardes. Sale de casa a las 5 de la mañana y regresa a las 9 de la noche.

Casi nunca la veo. ¿Y tu papá? Murió hace 2 años. Accidente en construcción. Desde entonces somos solo mamá y yo. Mamá trabaja tan duro, tan duro, y nunca se queja. Nunca dice que está cansada, siempre sonríe cuando llega a casa y pregunta sobre mi día. Y hoy es día de las madres y quiero darle algo, algo especial, algo que le muestre cuánto la amo. Pero no tenemos dinero para lujos.

Entonces pensé, puedo hacer flores, puedo venderlas y comprar flores reales para ella. ¿Cuánto tiempo te tomó hacer todas estas flores? Tres semanas. Trabajo en ellas después de la escuela, a veces hasta medianoche. Quería tener muchas para vender. Pensé que si tenía 20 flores y las vendía a 5 pesos cada una, tendría pesar un ramo bonito.

 Pero nadie las quiere porque están hechas de basura porque no son reales. Pedro miró las flores de nuevo. Sí, estaban hechas de basura, pero había arte en ellas. Había amor, había horas de trabajo dedicado. Había una hija tratando desesperadamente de honrar a su madre. Ana, voy a comprar todas tus flores. Ella lo miró con incredulidad.

 Todas, todas. 20 flores a 5 pesos cada una. 100 pesos. Pero, ¿para qué quiere usted 20 flores de basura? Porque veo lo que realmente son. No son basura, son amor transformado en arte. Son sacrificio convertido en belleza. Son el testimonio de cuánto amas a tu madre. Pedro tomó una de las flores en sus manos, examinándola de cerca bajo la luz del sol.

 Los pétalos de plástico habían sido pintados con tanto cuidado que los colores se fundían uno en otro como en una flor real. El tallo de alambre estaba envuelto tan firmemente que parecía profesional. Las hojas de lata tenían pequeñas hendiduras para simular textura. Ana, ¿puedo preguntarte algo más? ¿Cómo aprendiste a hacer esto con tanto detalle? Isya se limpió las lágrimas. Vengo al mercado cada semana.

No para comprar. No tenemos dinero, pero vengo a mirar. Me paro frente a los puestos de flores y estudio cada pétalo, cada hoja. Memorizo los colores, las formas, cómo se curvan. Después voy a casa y trato de recrearlas con lo que encuentro. Al principio eran terribles, los pétalos eran disparejos, los colores no se mezclaban bien, las flores se caían. Pero seguí practicando.

 Cada día después de la escuela buscaba materiales, botellas en basureros, latas en las calles, alambre en terrenos de construcción. Y cada noche, bajo la luz de una vela, porque no siempre tenemos electricidad, trabajaba en ellas. Mi mamá me preguntaba qué estaba haciendo y le decía que era tarea de la escuela y no quería que supiera la verdad, que estaba tratando de hacer flores para ella, ni porque no podía comprar flores reales.

 ¿Sabes por qué quería darle flores específicamente? Pedro negó con la cabeza. Porque el año pasado, en día de las madres, ella llegó a casa después de trabajar 16 horas. estaba exhausta y cuando abrió la puerta su mirada fue directamente a la mesa buscando flores, esperando flores, pero no había nada porque yo no tenía dinero. Vi su expresión solo un segundo antes de que sonriera y dijera, “No importa, mi amor, tú eres mi mejor regalo.

” Pero sí importaba. Vi que importaba y prometí que este año sería diferente. Este año tendría flores para ella de alguna manera. Pedro le dio 120 pesos, 100 por las flores y 20 extra para que compres flores reales para tu mamá y algo de comer para ti. No has comido hoy, ¿verdad? Ana negó con la cabeza, ahora con lágrimas de gratitud.

 Pero hay una condición, continuó Pedro. Quiero que me cuentes qué vas a hacer con las flores que hiciste. ¿Qué quiere decir? Vendiste todas tus flores. Tienes dinero para comprar flores reales para tu mamá. ¿Qué harás con las flores que tú misma hiciste? Ana pensó un momento. Pensé que tal vez las guardaría como recuerdo de que traté de hacer algo especial para mamá.

¿Qué tal si hacemos algo diferente? ¿Qué tal si le das a tu mamá ambas cosas, las flores reales y una de las flores que tú hiciste? Y le cuentas la historia. Le cuentas que pasaste tres semanas haciendo flores de basura, que viniste al mercado a venderlas, que todo lo que querías era darle flores en su día.

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