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María Félix Desafió al Gobierno con Esta Película… y Pagó las Consecuencias

 El guion se titulaba La sombra del poder. No tenía autor, solo una nota. Para la única actriz con la valentía suficiente para llevar esta historia. a la pantalla. La historia era devastadora. Una actriz famosa se enamora de un joven político idealista. Él promete transformar México, acabar con la corrupción. Llega a la presidencia y entonces se convierte en exactamente lo que juró destruir.

 La traiciona, la abandona, ordena la desaparición de periodistas, roba millones. La actriz lo confronta. y termina en un accidente en un camino solitario. Era ficción, pero todos reconocerían la realidad. Era el retrato fiel del sexenio en curso. María llamó a su productor Gregorio Wallerstein. Gregorio, necesito que vengas a mi camerino ahora.

30 minutos después, Gregorio leía el guion mientras sudaba visiblemente. María, esto es suicidio o es valentía. Llámalo como quieras. Es lo mismo cuando estás acabada. María aplastó su cigarrillo. Llevo 10 años haciendo películas donde soy la mujer fatal, la seductora, la víctima hermosa. Estoy harta.

 Quiero hacer algo que realmente importe. Tus películas importan. Eres la figura más grande del cine mexicano. Soy una estrella vacía, hermosa y hueca. Se levantó y caminó hacia la ventana. ¿Sabes cuántos niños están muriendo de hambre mientras el presidente inaugura palacios? ¿Sabes cuántos periodistas han desaparecido este año? ¿Cuántos campesinos han sido eliminados por reclamar tierras que legalmente les pertenecen? Gregorio cerró el guion.

Sé todo eso, todo México lo sabe, pero hacer una película sobre eso con el presidente actual apenas disfrazado es declarar una guerra abierta. Entonces la declaro. María reflexionó. Alemán no es un presidente cualquiera. Es despiadado. Ha ordenado desapariciones por menos. Por eso mismo tengo que hacer esta película, porque si alguien con mi reconocimiento no habla, ¿quién lo hará? Gregorio suspiró profundamente.

 Conocía esa mirada en los ojos de María, la misma que la hizo abandonar un matrimonio abusivo cuando nadie se divorciaba, la que la hizo rechazar Hollywood para quedarse en México. La mirada de una mujer que había decidido algo y no había fuerza humana capaz de detenerla. Está bien, dijo finalmente, hagámoslo, pero tiene que ser en secreto absoluto, filmación cerrada, equipo mínimo, lealtad garantizada.

 Y el director tiene que ser alguien que se oponga a este gobierno tanto como tú. María sonrió. Conozco al hombre perfecto. Tres días después, María se reunió en un café discreto con Roberto Gabaldón, un director brillante y profundamente amargado que había sido censurado dos veces por el régimen. Roberto, tengo una película para ti.

 Te va a fascinar o te va a aterrorizar. Probablemente ambas. Roberto Gabaldón leyó el guion completo sin levantar la vista. Cuando terminó, cerró el manuscrito lentamente y miró a María con una mezcla de admiración y espanto. Esto es magnífico y es una condena muy seria. María encendió otro cigarrillo.

 ¿La harás? Me estás preguntando si estoy dispuesto a sacrificar mi carrera, probablemente mi vida, por una película que jamás se verá en los cines. Exactamente eso te pregunto. Roberto guardó silencio un largo momento. Finalmente sonrió con esa sonrisa triste de quien ha tomado una decisión sin retorno. ¿Cuándo empezamos? Marzo de 1947.

La producción comenzó en el más absoluto sigilo. Rentaron un estudio abandonado en las afueras de la Ciudad de México. El equipo era de apenas 15 personas. Todos firmaron contratos de confidencialidad con cláusulas muy severas. Si alguien habla, advirtió Gregorio en la primera reunión, no solo los despedimos, los enfrentamos legalmente.

Perdón por la dureza, pero estamos jugando con fuego. Nadie objetó. Todos sabían perfectamente en qué se estaban metiendo. El camarógrafo Gabriel Figueroa había perdido a un hermano periodista desaparecido tras publicar artículos sobre corrupción presidencial. El escritor Mauricio Magdaleno había sido encarcelado un año por difamación al estado.

 El actor Pedro Armendaris había visto como el gobierno arruinaba los negocios de su familia por negarse a pagar sobornos. Cada persona en ese set tenía una razón personal para oponerse al régimen y cada una estaba dispuesta a arriesgarlo absolutamente todo por esta causa. La filmación era intensa. Roberto dirigía como poseído.

 “Esta escena tiene que doler”, gritaba. Tiene que lograr que el público sienta la traición de manera visceral. María lo entregaba todo. La escena donde confronta al presidente corrupto fue tan poderosa que el equipo completo quedó en silencio absoluto cuando Roberto gritó, “¡Corten!” Gabriel Figueroa tenía lágrimas en los ojos.

 María, eso fue, no encuentro palabras, pero filmar en secreto era un infierno logístico. Trabajaban de noche para evitar inspectores y pagaban pequeñas sumas a policías locales. Una noche, a las 2 de la madrugada, alguien golpeó la puerta del estudio. Todo el equipo se paralizó. ¿Quién es?, preguntó Gregorio con voz temblorosa. Inspección de salubridad.

 No existía tal diligencia a esa hora. Era el gobierno. Habían sido descubiertos. Roberto miró a María. Esconde los rollos filmados ahora. María y Lupita corrieron a la bodega, tomaron las latas con el material y las ocultaron en un hueco en la pared, preparado para emergencias. El resto del equipo destruyó guiones y escondió las cámaras rápidamente.

Cuando abrieron la puerta no era ninguna inspección, eran tres hombres de trajes oscuros, policía secreta. “Señorita Félix”, dijo el líder, “un cicatriz en la mejilla. Qué sorpresa encontrarla aquí tan tarde. Estamos ensayando una obra de teatro”, mintió María con calma glacial. Obra de teatro a las 2 de la madrugada.

El arte no tiene horario oficial. El hombre recorrió el set con la mirada. Se detuvo frente a una cámara mal disimulada. Curiosa obra que requiere equipo cinematográfico. Es experimental, intervino Roberto. Proyectamos imágenes de fondo. El hombre sonrió sin humor. Señorita Félix, seré directo.

 Hemos recibido informes de que está filmando material subversivo que difama al gobierno. María se acercó mirándolo a los ojos en tacones. Era más alta que el oficial. Usted sabe quién soy. Sabe que cualquier detención sería noticia internacional. Sabe que mi abogado es el mejor de México y sabe que no hacemos nada ilegal. El hombre no se intimidó.

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