Omar, al ver la situación no se hizo el loco. De Gilberto después se roba la canción de que alguien me diga. se acercó a Ángel y le dijo que no se preocupara, que le iba a hacer otra canción, incluso mejor. Eso no es una promesa pequeña, porque en ese momento él ya venía cargando la presión de lo que le había pasado con Jerry Rivera, más la inseguridad creativa que tenía encima, ¿verdad? Y yo le digo, “No te preocupes, yo te voy a dar otra canción.
” Esa misma noche se fue a su casa con esa responsabilidad. Intentó componer algo nuevo, pero no salía nada. se frustró, dejó todo tirado y decidió acostarse. Pero justo cuando estaba a punto de quedarse dormido, le llegó una idea completa, como si alguien le hubiera dictado la canción. se levantó, agarró una grabadora vieja que siempre tenía cerca y en cuestión de minutos escribió un tema completo.
Ese tema terminó siendo puro dolor, la canción que después grabaría San Bford y que se convertiría en uno de los mayores éxitos de la música latina, llegando a sonar en todo el mundo, en varios idiomas y en distintos mercados. Así que tan acabado como el niño de la salsa decía, pues parece que no estaba nada porque mira como dio la vuelta a la cosa.
Y mientras uno por allá tirando la toalla, por este lado Omar Alfan no diciendo que se sintió feliz, imagínate tú. Pero aquí es donde la historia se pone fuerte de esas que te dejan pensando, porque el mismo Alfán no lo ha dicho sin rodeos. Lo llaman genio. Sus canciones le han dado fama, dinero y hasta carrera a muchos cantantes.
Pero él en lo personal no siempre tiene la mesa llena. O sea, mientras otros llenan estadios con sus letras, él a veces anda viendo cómo cuadrar el día a día. Y eso, mi gente, no es cualquier cosa. Que te digo que el padre Jesús de Atalaya está conmigo. Mientras eso pasaba, otra polémica se estaba desarrollando en paralelo, esta vez relacionada con amores como el nuestro.
Esa canción que Omar había compuesto y que Jerry Rivera había hecho famosa en los años 90 fue utilizada años después como base para el tema Hston, la de Shequira junto a W Jean. Me encantaría volver a trabajar con Shakira. Ella me grabó Hit Life, pero fue por porque le gustó la canción y la adaptaron. El uso de la canción estaba completamente autorizado.
Ya existían acuerdos legales desde meses antes entre las partes. Pero cuando le preguntaron a Jerry Rivera sobre ese tema, él hizo comentarios que generaron confusión, dando a entender algo que no era correcto. Eso provocó que mucha gente creyera que Shakira había plajeado la canción cuando en realidad todo estaba en regla.
La situación se salió de control a nivel mediático, tanto así que los abogados tuvieron que intervenir y pedir que se detuvieran esos comentarios porque estaban afectando legalmente a las partes involucradas. Ah, pero mira cómo cambia la jugada cuando le toca a él, porque ahí sí, cuando se trata de respetar la canción suya hecha por el compositor acabado, entonces sí se pone serio el asunto con lo de Shakira.
Ahí sí quería que se respetara la obra como si fuera sagrada. Omar, por su parte, no se metió en discusiones públicas. No salió a pelear ni a hacer escándalo, se mantuvo enfocado en su trabajo. Pero está claro que todas esas situaciones, entre rechazos, comentarios fuera de lugar y momentos incómodos dentro de la industria fueron marcando su carácter.
Arriba. Y aún así, lo más fuerte de su historia no fue ni ese rechazo, ni la canción que le quitaron, ni las polémicas legales. Lo más duro vino cuando tuvo que tomar una decisión que le cambió la vida completamente. Porque antes de todo esto, antes de ser el compositor detrás de tantos éxitos, Omar Alfano tenía otro sueño muy claro.
Él quería ser cantante, quería estar en el escenario, quería ser la voz que el público escuchara. Pero ese sueño no se le cayó solo, se lo desmontaron poco a poco hasta que tuvo que aceptarlo. Y todo eso empezó desde mucho antes, desde su infancia en Panamá, cuando ni siquiera podía jugar como los demás niños, cuando la vida ya le estaba poniendo obstáculos desde pequeño.
Sí, porque nadie me quería firmar como cantante porque no no les interesaba. Mira, para entender por qué Omar Alfano terminó siendo ese compositor brutal que conocemos hoy, hay que irse bien atrás a su infancia en Santiago de Veraguas, en Panamá. Y aquí no estamos hablando de un niño común que soñaba con la música desde pequeño mientras jugaba en la calle, ¿no? Su historia arranca con problemas de salud que prácticamente lo apartaron de la vida normal desde el inicio.
Cuando nace, su mamá estaba enferma de los riñones y esa condición de alguna manera le afecta a él. También llega al mundo como un bebé prenaturo, débil, con problemas respiratorios y desde muy pequeño desarrolla asma. Eso significa que mientras otros niños corrían, jugaban fútbol o básquet bajo la lluvia, algo muy común en Panamá, él no podía hacer nada de eso.
Cada vez que llovía, él tenía que quedarse adentro viendo la vida pasar desde lejos. Una situación en mi corazón y tengo asma crónica. Claro, de hace mucho tiempo. Y aquí viene un detalle que parece sacado de novela, pero que su propia familia le repetía constantemente. El médico que atendió su nacimiento, el Dr.
Díaz Gómez, le dijo a su abuela algo que se quedó grabado para siempre, que ese niño probablemente no iba a resistir, que no pegaba. Pero también soltó otra frase que cambiaría la narrativa completa. Le dijo que si sobrevivía y entendía el don que tenía, iba a convertirse en un hombre importante en lo que decidiera hacer. Imagínate crecer escuchando eso.
Por un lado te dicen que casi no la cuentas y por el otro que puede ser alguien grande. Eso marca abuela. Y si él descubre por qué va a ser grande, va a ser uno de los hombres más grandes del mundo. Como no podía llevar la vida normal de los demás niños, hubo un momento clave que lo cambia todo. Le regalan una guitarra y ahí empieza todo sin que él mismo lo entienda del todo.
Mientras los demás estaban en la calle jugando, él se quedaba tocando, experimentando, aprendiendo solo. No era una decisión estratégica, era simplemente lo único que podía hacer. Pero terminó siendo su ventaja. Aún así, su camino no fue directo a la música. Como pasa, en muchas familias había expectativas claras.
Su familia estaba llena de profesionales, médicos, gente seria y su tío, que tenía una clínica, prácticamente lo empujó a estudiar odontología. Él no estaba convencido, pero lo hizo igual porque sentía que le debía algo a su familia. Yo creo que una de las etapas más hermosas de mi vida fue cuando mi guitarra y yo andábamos al Se va a la Universidad en Panamá con su guitarra bajo el brazo, pero lo que ocurre ahí no es precisamente una historia de éxito académico.
En lugar de concentrarse en los estudios, se la pasaba tocando, cantándole a las muchachas, viviendo más la parte artística que la académica. Resultado, fracasa en la universidad. lo expulsan. Y ese momento es clave porque no solo es un fracaso personal, es también una decepción para su familia. Él mismo lo cuenta que tuvo que ir a hablar con su tío después de eso, enfrentarlo, decirle que no había podido cumplir con lo que se esperaba de él.
Pero en medio de ese golpe aparece una oportunidad inesperada, una beca para estudiar música. Primero se menciona la posibilidad de ir a Milán, pero al final termina en México, donde decide te tomarse en serio la música por primera vez, ya no como un escape, sino como un camino real. Aún así, no fue inmediato.

En México ocurre otra escena importante que lo marca emocionalmente. Un día entra por primera vez a un estudio de grabación profesional, uno de verdad, de esos donde se hacen discos grandes. En ese momento estaban grabando artistas importantes y cuando él ve todo ese ambiente, toda esa maquinaria, siente un impacto tan fuerte que le da una reacción física.
se le oprime el pecho, se emociona al punto de querer llorar y ahí mismo lo entiende. Eso era lo que quería hacer con su vida, pero aún así no deja todo tirado. De inmediato. Termina su carrera de odontología. Le entrega el título a su tío como cumpliendo esa promesa familiar, pero ya con la decisión tomada por dentro.
Su vida no iba a hacer la medicina, iba a hacer la música. tiene que hacer de todo. Yo trabajaba en una funeraria, cantaba en los buses, estacionaba autos. Ahora, lo interesante es que su talento no solo viene de la práctica, también hay una herencia ahí. Su abuelo, Carmelo Alfano tenía formación musical, era cantante lírico y tocaba instrumentos.
Incluso llegó a inventar su propio instrumento porque no tenía dinero para un piano. Esa influencia fue clave porque fue el único en la familia que realmente creyó en él cuando todo el mundo pensaba que dedicarse a la música era una locura. Ya en México empieza a moverse más en serio, tocando en lugares pequeños, bares, sobreviviendo como puede.
Y aquí aparece otro personaje importante en su historia, el Dr. Jamie Fautman, un empresario que lo escuchaba cantar en un lugar llamado La Crepa Loca. Este hombre lo manda a llamar a su oficina y Omar piensa que lo van a despedir, que ya no le van a dar trabajo, pero lo que recibe es otra cosa completamente distinta.
Feldman le dice que no quiere que siga cantando en ese lugar, no porque lo haga mal, sino porque lo ve para algo mucho más grande. Le explica algo que es brutalmente real, que quedarse tocando en bares es un ciclo del que nunca vas a salir. Puedes ganar dinero, puedes vivir de eso, pero nunca vas a crecer realmente.
Y le dice claramente que él lo ve en un nivel internacional. Esa conversación le cambia la mentalidad. Mis canciones sonaban en la radio y la gente ni sabían que era mía. Incluso este mismo hombre fue quien le ayudó económicamente a grabar su primer proyecto, aunque en medio de todo ocurrió el terremoto de México del 85, que lo afectó financieramente y redujo el apoyo que podía darle.
Aún así, con lo poco que tenía, Omar se las ingenia, viaja, se conecta con otros músicos y empieza a grabar. Ahí es donde empieza a meterse de lleno en la industria, pero todavía faltaba el golpe más grande, el que realmente iba a definir su destino. Mira todo lo que Omar Alfano había vivido hasta ese momento, su infancia complicada, su fracaso en la universidad, sus primeros pasos en la música.
Lo habían ido empujando poco a poco hacia un camino, pero él todavía tenía una idea fija en la cabeza. Quería ser cantante, no compositor, no productor, cantante. Quería estar en el escenario, ser la voz, el protagonista, el que la gente aplaude. Y ese sueño estaba profundamente influenciado por una figura que para él no era solo un artista, era prácticamente un modelo de vida.
Estamos hablando de Rubén Blades, alguien que en Panamá no es cualquier cosa, es un símbolo, una referencia, una especie de si él pudo, yo también. Desde que empezó en la música, Omar tenía esa obsesión. Cada vez que alguien viajaba a tocar con Rubén, él le pedía que lo saludara, que le dijera que él existía, que estaba intentando abrirse camino.
Hasta que llega el momento. Rubén llega a Puerto Rico para la presentación de uno de sus proyectos importantes y Omar ya estaba metido en el ambiente salcero de la isla. No era famoso todavía, pero ya se movía entre músicos, productores y artistas. Y cuando se entera de que Rubén está ahí, decide hacer algo que muestra el nivel de respeto que le tenía.
Le manda un ramo de flores, pero no fue así no más. Se pasó escribiendo la nota como más de 50 veces, rompiendo papel tras papel porque no encontraba las palabras correctas. Le preocupaba quedar como un tonto, decir algo simple frente a alguien que él consideraba un genio. Al final termina mandando una nota sencilla, sin adornos, solo dándole la bienvenida.
Esa noche Omar llega al evento acompañado de su esposa Carmen y algunos amigos cercanos. Se sientan en una mesa bastante cerca del escenario, en un ambiente íntimo donde se podía ver todo de cerca. Pero antes de que empezara el show, Carmen le dice algo clave, que no se fuera a ofender si Rubén no lo saludaba, porque probablemente ni sabía quién era.
Y eso es importante porque muchas veces uno idealiza a alguien y cree que esa persona tiene que responderte de la misma forma. Y no siempre es así. Cuando Rubén entra al lugar, Omar se queda prácticamente paralizado. Empieza a observarlo todo, desde los zapatos hasta la forma en la que caminaba.
No era solo emoción, era una mezcla de nervios, admiración y esa sensación de estar viendo a alguien que había influido directamente en su vida. El show transcurre todo normal hasta que en un momento Rubén mira hacia la mesa donde estaba Omar y le hace una señal para que se acerque. Ahí empieza el momento que cambia todo. Omar no estaba seguro si era a él.
Incluso le preguntó a Carmen si de verdad lo estaban llamando. Cuando finalmente se acerca, Rubén le habla al oído, lo saluda y le dice que le gusta lo que está haciendo. No solo eso, le da un boleto para otra presentación, un gesto sencillo pero significativo. Al día siguiente, Omar va a ese evento, pero esta vez desde Backstag.
está detrás del escenario viendo todo desde otro ángulo, compartiendo espacio con músicos, observando cómo se mueve todo. Y de repente ocurre algo que él nunca imaginó. En medio del show, Rubén hace una pausa y empieza a hablar. Cuenta una historia, reflexiona sobre lo que significa la patpatria, sobre lo que representa hacer música desde el corazón y de pronto dice que quiere presentar a alguien.
Dice que hay un panameño que está haciendo patria con una guitarra y menciona su nombre, Omar Alfano. En ese momento él no puede ni reaccionar, se queda congelado. Carmen tiene que empujarlo para que se levante porque él sentía que se iba a desmayar. Imagínate lo que es escuchar tu nombre frente a todo ese público dicho por la persona que tú has admirado toda tu vida. Ese instante lo marca.
Pero lo más importante no fue eso. Después del show en el camerino se sientan juntos. Nada de escenario, nada de público, solo dos músicos hablando cara a cara. Rubén le hace una pregunta directa que quería hacer con su vida. Y Omar, sin pensarlo mucho, le responde lo que llevaba años sintiendo, que quería ser como él.
Ahí es donde viene la respuesta que lo cambia todo. Rubén le dice que no, que ese es un error. Le explica que él ya está haciendo su camino, que ya dejó su huella y que tratar de seguir sus pasos no tiene sentido. Le dice que lo que tiene que hacer es encontrar su propia voz, su propio estilo, su propia identidad. que deje de intentar ser Rubén Blades y empiece a ser Omar Alfano.
Esa conversación le da un golpe de realidad brutal porque en ese momento entiende algo que no había querido aceptar, que su camino no estaba en cantar, estaba en componer, que la gente lo reconocía más por lo que escribía que por lo que interpretaba, que su verdadera fuerza no era la voz, era la pluma. Y no fue una decisión fácil.
Él mismo lo describe como uno de los momentos más traumáticos de su vida porque estaba renunciando al sueño que había tenido desde joven. Así que toma una decisión radical. Deja de cantar. Literalmente llama a la disquera y les dice que no quiere seguir como intérprete, que quiere enfocarse completamente en componer.
Y eso en ese momento no era una decisión segura. Nadie le garantizaba éxito, nadie le aseguraba que iba a funcionar, pero lo hizo. Y ahí es donde empieza la verdadera historia de Omar Alfano como compositor, porque a partir de ese momento deja de buscar el aplauso directo y empieza a construir éxitos desde atrás, creando canciones para otros, diseñando emociones que iban a ser interpretadas por las voces más grandes del género.
Cuando usted es compositor y todo el mundo quiere su música, la gente comienza a esperar que usted lo que le da va a ser un exit. Omar no tuvo ese problema porque todas las canciones le funcionaron. Y lo irónico es que esa decisión que le rompió el corazón fue la misma que lo convirtió en leyenda.
Porque si en ese momento con Rubén Vlades probablemente hubiera sido un cantante más, pero no el hombre detrás de canciones que marcaron generaciones. Después de esa conversación con Rubén Blades, Omar Alfano no se quedó pensando mucho tiempo. Él mismo lo ha dicho. No era de los que se quedaban peleando contra la corriente cuando ya entendían el mensaje.
Así que tomó la decisión de inmediato. llamó a la disquera con la que estaba trabajando en ese momento, Sebiías, que luego sería Sony, y les dijo algo que no cualquiera se atreve a decir cuando apenas está empezando, que no quería seguir cantando, que prefería dedicarse completamente a componer. Eso en términos de carrera era un riesgo enorme, porque un cantante tiene rostro, tiene nombre, tiene escenario, pero un compositor vive detrás.
Si no pegas canciones, desaparece sin que nadie se dé cuenta. Pero él apostó todo a eso y no tardó mucho en demostrar que había tomado la decisión correcta. En ese momento ya estaba moviéndose entre Puerto Rico, Miami y México, conectando con músicos, productores y artistas. Y ahí es donde entra una figura clave en su historia, Luis Enrique.
Ellos se conocen en un estudio de grabación en Miami, cuando ambos todavía estaban tratando de abrirse camino. No era una relación de estrellas, era más bien de dos tipos con hambre de lograr algo. Desde el principio hubo química musical. Se sentaban a escuchar canciones, compartían ideas, se prestaban audífonos como dos muchachos soñando con pegar algún día.
Y lo más interesante es que esa relación no se basó en conveniencia, sino en confianza. se volvieron confidentes en una industria donde eso es rarísimo, pero la cosa no fue fácil para ninguno de los dos al inicio. De hecho, hay una escena que pinta perfecto lo que estaban viviendo. Luis Enrique ya empezaba a tener movimiento mientras Omar estaba en una etapa complicada, sin dinero, literalmente sin saber cómo iba a salir adelante.
En una ocasión, Omar va a ver a Luis Enrique tocar, pero ni siquiera tenía dinero para entrar, así que tuvo que pedir que lo dejaran pasar. Cuando Luis Enrique lo ve entre el público, deja todo lo que estaba haciendo y se acerca a abrazarlo. Y lo primero que Omar le dice no es felicidades ni nada elegante. Le dice que tiene hambre. Así directo. Eso no se olvida.
Luis Enrique en ese momento no lo dejó solo, lo ayudó, lo conectó y sobre todo creyó en él cuando todavía no era el nombre que después sería. Y ahí empieza una colaboración que termina generando canciones importantes, temas que poco a poco comienzan a abrirle espacio dentro del género. Pero no fue solo con Luis Enrique.
Poco a poco, Omar Alfano empieza a convertirse en ese compositor al que llaman cuando quieren una canción que realmente conecte. No era solo escribir por escribir, él tenía una manera particular de hacerlo. Él mismo lo explica. No le gustaba complicar los acordes. No buscaba hacer música difícil. buscaba hacer música que llegara.
Ahí es donde entra su influencia de Juan Gabriel, a quien él mismo admiraba por su capacidad de hacer canciones sencillas, pero profundamente efectivas. Omar entendió algo clave. No se trata de cuántos acordes us, se trata de cómo hace sentir a la gente y con esa filosofía empieza a crear temas que poco a poco se convierten en éxitos.
Pero también hay que decir algo, no todo fue lealtad ni armonía. Porque así como hubo artistas que crecieron con sus canciones, también hubo momentos donde las relaciones se rompieron. Ya lo vimos con Jerry Rivera, pero ese no fue el único caso donde las cosas se pusieron tensas. La industria es así.
Hoy eres el genio, mañana eres el que ya pasó. Y aún así, él siguió. En paralelo, su vida personal también se estaba acomodando. Su relación con Carmen, la mujer que conoció de una manera bastante casual en Puerto Rico mientras componía en un estudio, empezó a volverse algo serio. Lo curioso es que al principio él mismo pensaba que ella estaba fuera de su alcance, que era demasiado para él, pero la conexión se fue dando poco a poco entre coincidencias, encuentros inesperados y esas llamadas largas donde ninguno quería colgar.

Con el tiempo esa relación se convierte en su base emocional. Tienen hijos, forman una familia y el mismo reconoce que ella fue clave para mantenerlo centrado, especialmente en una industria donde es muy fácil perder el control. Y hablando de perder el control, cuando empieza a ganar dinero de verdad, cuando ya sus canciones están sonando por todos lados, cuando empiezan a llegar los premios, los reconocimientos, los discos de oro, platino, doble platino, ahí es donde entra otra etapa peligrosa.
Él mismo lo ha dicho, al principio gastaba el dinero en cosas sin importancia. Como muchos artistas que de repente pasan de no tener nada a tenerlo todo, cayó en ese momento de gastar por gastar. Pero con el tiempo cambia la mentalidad, se enfoca más, crea su fundación, empieza a involucrarse en proyectos sociales, en educación musical.
En esos años, Puerto Rico y Miami eran prácticamente el centro de operaciones de la música tropical y Omar estaba metido justo en ese eje. Ahí es donde empieza a trabajar con artistas que no eran cualquier cosa, gente como Gilberto Santa Rosa, Víctor Manuel, Mark Anthony, nombres que no necesitaban presentación, pero que aún así necesitaban canciones que conectaran con el público.
Y ahí es donde Omar se vuelve clave, porque una cosa es tener buena voz y otra es tener el repertorio correcto. Un compositor es músico, es cantante, es un artista en en la en su máxima expresión, pero sobre todo en su gran sensibilidad. Por ejemplo, cuando se da su conexión con Mark Anthony, no fue algo improvisado.
Mark estaba en un momento de transición buscando consolidarse dentro de la salsa y necesitaba canciones que lo posicionaran emocionalmente con el público. No solo ritmo, necesitaba historias. Ahí entra Omar. Canciones como Te conozco bien no solo fueron éxito, fueron parte de esa construcción artística que llevó a Mark a otro nivel.
Él no escribía igual para todos, sabía cómo darle a cada cantante una canción que pareciera hecha a su medida. Pero si hay un momento donde todo explota a nivel masivo, donde deja de ser un compositor reconocido y pasa a ser un fenómeno, ese momento tiene nombre propio, A puro Dolor. Esa canción no fue un éxito normal, fue un fenómeno.
La escribió en cuestión de minutos, en un momento de presión, como ya vimos, pero lo que vino después nadie lo esperaba a ese nivel. Cuando Sanbafort la lanza, la canción empieza a sonar fuerte, pero no se queda ahí. Cruza fronteras, se mete en radios internacionales, empieza a sonar en mercados donde la salsa no era lo principal.
Estados Unidos, América Latina, Europa, Asia, la canción empezó a viajar sola. Eso no es normal para una canción de salsa romántica. Pero con el éxito también viene algo que siempre está al acecho, la presión. Porque después de lograr algo así, todo el mundo espera que lo repitas, que cada canción sea otro puro dolor, que cada letra sea un golpe emocional.
Y eso puede ser peligroso porque no siempre se puede vivir en ese nivel. El mismo lo ha dejado ver. Había momentos donde esa presión lo afectaba, donde se volvía demasiado perfeccionista. Se metía tanto en los detalles que terminaba afectando su propio estado de ánimo. Se ponía de mal humor, se aislaba, se obsesionaba con que cada canción estuviera perfecta antes de salir.
Y eso no solo le afectaba a él, afectaba a su entorno. Porque cuando alguien trabaja con ese nivel de exigencia, todo el que está alrededor lo siente. Pero al mismo tiempo, esa obsesión fue parte de lo que lo mantuvo vigente. discos de oro, de platino, múltiples certificaciones, premios importantes, incluyendo reconocimientos dentro de la industria latina como el Ladin Grammy, donde su trabajo como compositor fue validado oficialmente a nivel internacional.
No era solo popularidad, era reconocimiento profesional, pero más allá de los premios, hay algo que define mejor su legado. Y es esto. Hay millones de personas que han cantado sus canciones sin saber que eran de él. Eso es poder real en la música. No necesitas estar en el escenario si tu voz está en las letras de otros.
Y aquí hay un punto interesante, porque después de haber vivido rechazos, traiciones, momentos donde lo hicieron sentir menos, terminó siendo reconocido como una figura importante, no solo en la música, sino a nivel cultural. Hoy en día Omar Alfano sigue activo, sigue componiendo, sigue participando en eventos, sigue involucrado en proyectos musicales y sociales, no está retirado, no está desaparecido, simplemente está en otra etapa, una donde ya no necesita demostrar nada, pero aún así sigue creando.
Y eso no es fácil, porque mantenerse vigente después de tantos años en una industria que cambia constantemente, donde lo nuevo reemplaza rápido a lo viejo, eso solo lo logran los que realmente tienen algo especial. Así que la próxima vez que escuches una salsa romántica que te llegue directo al pecho, piensa que probablemente detrás de esa letra hay una historia como esta de caídas, de decisiones duras y de alguien que tuvo que dejar ir un sueño para encontrar algo mucho más grande.
Y ahora sí, hasta aquí lo dejamos. Si te gustó esta historia, ya sabes, suscríbete, activa la campanita, porque aquí no contamos cuentos a medias, aquí se cuenta completo con lo bonito y con lo que no se dice tan fácil. Gracias por estar aquí y nos vemos en el próximo chisme.