Posted in

La NOCHE más escandalosa de Pedro Infante: 27 MUJERES

 Esto ya es nacional. Las palabras golpearon como balas. Pedro apoyó su mano contra la pared. Su respiración se aceleró. 27 mujeres, repitió, incapaz de procesar la magnitud de diferentes estados, Veracruz, Jalisco, Sinaloa, Michoacán, todas con la misma historia que usted las sedujo, las abandonó, les prometió matrimonio.

La mente de Pedro trabajaba frenéticamente. Sí, había tenido relaciones. Sí, había sido imprudente en momentos de su vida. Pero 27 mujeres. Imposible. Esto era orquestado. Esto era un ataque calculado. Necesito ver, dijo Pedro su voz tensa. Don Pedro, no es buena idea. Necesito ver con mis propios ojos. Ramiro lo llevó por un pasillo lateral con una ventana pequeña que daba al lobby.

 Pedro miró y sintió que el mundo se detenía. El lobby del hotel Regis parecía campo de batalla. Mujeres de todas las edades, desde jóvenes de 20 años hasta señoras de 40, algunas con niños pequeños, todas vestidas modestamente, muchas llorando, algunas gritando, sosteniendo fotografías en alto y rodeándolas. Al menos 20 periodistas con cámaras, libretas, micrófonos. Los flashazos no paraban.

Una mujer joven sostenía un bebé mientras gritaba, “Pedro, este es tu hijo. Mírame. Soy Guadalupe de Veracruz.” Otra mayor lloraba sentada en el piso. “Me prometiste que volverías. Han pasado 5 años.” Los periodistas escribían frenéticamente, capturando cada palabra, cada lágrima. Pedro reconoció algunos rostros entre las mujeres.

 Reconoció a tres, tal vez cuatro. con quienes había tenido encuentros años atrás. Relaciones breves, sin compromisos formales, pero relaciones al fin. Pero las otras 23 nunca las había visto en su vida. Esto es una trampa susurró Pedro. Alguien organizó esto. Alguien las reunió, las trajo aquí, les pagó o las convenció.

 Su voz se quebró. La magnitud de lo que estaba sucediendo comenzaba a aplastarlo. Su carrera, su reputación, su familia. Todo estaba siendo destruido en tiempo real frente a cámaras. Afuera del hotel podía escuchar más voces, curiosos, fans, gente que había escuchado el escándalo y venía a presenciar la caída de su ídolo.

 El murmullo crecía como marea. ¿Quién hizo esto?, preguntó Pedro. Su voz ahora dura como piedra. ¿Quién demonios orquestó esta pesadilla? Ramiro negó con la cabeza claramente aterrado. No lo sé, don Pedro, pero quien quiera que sea, lo planeó perfectamente. Las mujeres tienen historias preparadas, tienen evidencia fotográfica, cartas supuestamente escritas por usted y llegaron exactamente cuando los periódicos matutinos aún podían cambiar sus portadas.

 Esto va a estar en todos los diarios del país para mediodía. Pedro cerró los ojos. Su mente ya veía los titulares. El verdadero Pedro infante, mujeriego, mentiroso, padre irresponsable. Pedro Infante, el ídolo caído. 27 mujeres destrozan la imagen del galán de México. Todo por lo que había trabajado, la imagen del charro noble, del hombre familiar, del mexicano ejemplar, estaba siendo incinerado públicamente.

Sus hijos legítimos verían esto, su esposa vería esto, millones de mexicanos que lo admiraban verían esto. Y entonces escuchó una voz entre el caos, una voz que reconoció instantáneamente, una voz que no había escuchado en 10 años, una voz que lo congeló completamente. “Yo solo quiero que reconozca a nuestro hijo”, decía la voz quebrándose de emoción genuina. “Solo eso nada más.

 No quiero dinero, no quiero fama, solo quiero que mi hijo conozca a su padre.” Pedro abrió los ojos lentamente y buscó entre las mujeres hasta encontrar el rostro. Ahí estaba María Elena, la mujer que había amado en secreto en 1946. La mujer a quien había tenido que abandonar por presiones de su manager, por contratos de exclusividad con estudios, por la imagen pública que debía mantener.

 La mujer que desapareció sin rastro llevándose un secreto que Pedro había sospechado, pero nunca confirmado. María Elena sostenía de la mano a un niño de aproximadamente 9 años. El niño tenía los ojos de Pedro, la misma forma de la cara, el mismo cabello oscuro y rebelde, era innegable. Pedro sintió que sus rodillas cedían. “Ese niño es mío”, susurró.

 Ramiro lo miró sorprendido. ¿Qué? Ese niño, el que está con la mujer de vestido azul, ese es mi hijo. La voz de Pedro temblaba. Lo sabía. Siempre lo supe, pero ella desapareció. Intenté buscarla durante meses. Nunca la encontré. Ramiro tragó saliva. Don Pedro, si usted sale ahí y reconoce a ese niño frente a las cámaras, las otras 26 mujeres van a decir que sus historias también son verdaderas.

 Va a parecer confirmación de todo. Lo sé. Pedro cerró los ojos. Lo sé. Estaba atrapado. Si reconocía a su hijo legítimo, validaba las mentiras de las demás. Si negaba todo, abandonaba a su propio hijo nuevamente. No había salida. Necesito pensar, dijo Pedro. Necesito tiempo para No hay tiempo, don Pedro. Los periódicos ya están publicando.

Mire, Ramiro sacó un periódico matutino de emergencia que alguien acababa de traer. La portada mostraba una fotografía borrosa, pero reconocible, del lobby del hotel. El titular gritaba, “¡Escándalo! 27 mujeres acusan a Pedro Infante. El subtítulo era peor. El ídolo de México enfrenta su pasado.

 Pedro leyó el primer párrafo. En una mañana que sacudirá los cimientos del entretenimiento mexicano. 27 mujeres de diferentes estados se presentaron en el hotel Regis, exigiendo que Pedro Infante reconozca públicamente haberla seducido y abandonado. Varias afirman tener hijos del actor. El escándalo plantea preguntas devastadoras sobre el verdadero carácter del hombre, que millones consideran el mexicano perfecto. Pedro dejó caer el periódico.

Sus manos temblaban incontrolablemente. Estoy acabado susurró. Mi carrera, mi familia, todo. Don Pedro, necesitamos actuar rápido, dijo Ramiro. Tenemos que sacar a esas mujeres del hotel antes de que esto crezca más. ¿Cómo? Pedro lo miró con ojos vidriosos. Llamar a la policía, arrestar a mujeres con niños.

¿Sabes cómo se vería eso? Como el poderoso Pedro, infante usando su influencia para silenciar a sus víctimas. Ramiro no tenía respuesta. En ese momento, el teléfono del lobby de servicio comenzó a sonar. Ramiro contestó. Escuchó. Su rostro palideció más. Es para usted, don Pedro. Su manager dice que es urgente.

 Pedro tomó el teléfono con mano temblorosa. Raúl, ¿qué demonios hiciste? La voz de Raúl Mendoza explotó a través de la línea. Tienes idea del desastre que acabas de crear. Tengo a tres estudios cinematográficos cancelando contratos. Tengo patrocinadores retirando anuncios. Tengo estaciones de radio diciendo que no pasarán tus canciones hasta que esto se aclare. Raúl, escucha.

Read More