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El mensaje de Pedro Infante ANTES de subir al avión que pocos conocieron

Durante la mañana, Pedro filmó tres escenas con una concentración inusual. Entre Toma y Tomas se quedaba sentado en silencio, mirando hacia ningún punto específico, como si estuviera procesando pensamientos profundos que no compartía con nadie. La maquillista Estela Moreno, quien lo conocía desde 1943, se acercó a retocarlo para la siguiente escena y le preguntó si se sentía bien.

Estoy bien, Estelita, respondió Pedro suavemente, solo pensando en algunas cosas. Cosas buenas o malas, preguntó Estela con la confianza de quién había trabajado junto a él durante 14 años. Pedro la miró con una expresión difícil de interpretar. No lo sé todavía. A las 11 de la mañana, el director Alfredo B.

 Crevena pidió un receso de 30 minutos. Pedro no fue a su camerino como solía hacer. En cambio, caminó hasta una esquina tranquila del estudio donde había un teléfono público. Ramón Pereda lo vio marcar un número y hablar durante casi 15 minutos con alguien. No podía escuchar la conversación, pero notó que Pedro gesticulaba con urgencia.

 algo poco común en él. En un momento, Pedro se pasó la mano por el cabello con gesto de frustración. Cuando colgó el teléfono, Pedro se quedó parado ahí durante varios minutos con la mano aún sobre el auricular, como si estuviera considerando hacer otra llamada. Finalmente se volteó y caminó de regreso al set, pero no antes de que Ramón notara que sus ojos estaban vidriosos, como si hubiera estado conteniendo lágrimas.

 A la 1 de la tarde durante Melina almuerzo, Pedro apenas tocó su comida. Se sentó solo en una mesa apartada del comedor del estudio, mirando su reloj cada pocos minutos. Varios compañeros del elenco intentaron acercarse a conversar, pero Pedro respondía con monosílabos, educado, pero claramente distante. Su mente estaba en otro lugar.

 A las 2:30 de la tarde, Pedro pidió hablar en privado con el director Crevena. Se encerraron en la oficina de producción durante casi 20 minutos. Nadie supo exactamente qué discutieron, pero cuando salieron, Crevena tenía el seño fruncido y Pedro lucía más tranquilo, como si hubiera logrado resolver algo importante.

 “Terminemos las escenas pendientes rápido”, le dijo Crevena al equipo. “Don Pedro tiene que salir temprano hoy.” Filmaron durante dos horas más con eficiencia inusual. Pedro ejecutaba cada escena perfectamente en la primera toma sin necesidad de repeticiones. Era como si tuviera prisa por terminar, pero al mismo tiempo ponía una dedicación extra en cada detalle, asegurándose de que todo quedara exactamente como debía ser.

A las 4:45 de la tarde, Pedro terminó su última escena del día. se quedó parado en el centro del set durante un momento largo, mirando alrededor como si estuviera memorizando cada rincón. El equipo técnico comenzó a desmontar las luces y cámaras sin darse cuenta de que Pedro los observaba con una intensidad poco característica.

Ramón Pereda se acercó con el llamado de producción para el día siguiente. Mañana a las 8 de la mañana, don Pedro, tenemos las escenas del mercado. Pedro tomó la hoja de papel y la miró sin leerla realmente. Ramón, necesito que hagas algo por mí. Lo que usted necesite, don Pedro. Pedro sacó un sobre blanco de su bolsillo sellado y sin nombre escrito en el exterior.

 Si mañana no llego al set a las 8, quiero que lleves este sobre a esta dirección. Le entregó una tarjeta pequeña con una dirección en la colonia Narbarte escrita a mano. Ramón tomó el sobre y la tarjeta confundido. ¿Por qué no llegaría? ¿Va a retrasarse su vuelo? Solo guárdalo”, insistió Pedro con tono serio, que no admitía preguntas.

 “Si llego mañana a tiempo, me lo devuelves y no pasó nada. Pero si no llego, es muy importante que entregues sobre personalmente. No lo envíes por correo. No se lo des a nadie más. Tú personalmente, Ramón asintió, sintiendo que algo extraño estaba sucediendo, pero sin entender qué. Cuenta con ello, don Pedro.” Pedro le apretó el hombro con fuerza.

Eres un buen hombre, Ramón. Gracias por todo estos años. Esas palabras le parecieron extrañas a Ramón. Son demasiado finales, como una despedida, pero no quiso darle mayor importancia. Probablemente Pedro estaba sentimental por alguna razón personal. Pedro fue a su camerino y se cambió el traje de la película por la ropa con la que había llegado esa mañana.

 guardó algunas pertenencias personales en su maleta de cuero, incluyendo una fotografía enmarcada que siempre mantenía en su camerino. Era una foto de él con su avión tomada el día que lo compró. Antes de salir se detuvo frente al espejo del camerino. Se miró fijamente durante casi un minuto completo, como si estuviera teniendo una conversación silenciosa consigo mismo.

Finalmente respiró profundo y salió. En el estacionamiento de los estudios Churubusco, Pedro encontró a Estela Moreno guardando sus cosas en su auto. Ella se sorprendió al verlo acercarse porque Pedro normalmente se despedía de todos con un saludo general, pero rara vez buscaba despedidas individuales. Estelita, la llamó Pedro con voz suave.

Ella se volteó sonriendo. Ya se va, don Pedro. Pedro asintió y por un momento pareció dudar sobre qué decir. Quiero agradecerte por todos estos años. Has hecho un trabajo extraordinario y quiero que sepas que lo aprecio de verdad. Estela se rió nerviosamente, halagada, pero confundida. Ay, don Pedro, parece que se está despidiendo para siempre.

Solo va a Mérida unos días, ¿no? Pedro sonríó, pero había tristeza en esa sonrisa. Sí, solo unos días. Hizo una pausa. Pero uno nunca sabe qué puede pasar, ¿verdad? La vida cambia en un segundo. Estela sintió un escalofrío recorrer su espalda sin entender por qué. No diga esas cosas, don Pedro, me pone nerviosa.

Perdón, no quise asustarte. Pedro se acercó y le dio un abrazo breve, pero sincero. Cuídate mucho, Estelita, y cuida a tu familia. Antes de que Estela pudiera responder, Pedro ya estaba caminando hacia su auto. Ella se quedó parada ahí con una sensación extraña en el estómago que no podía explicar.

 Algo en la forma en que Pedro la había abrazado se sentía definitivo. Pedro manejó desde Churubusco hasta el aeropuerto de la Ciudad de México, un trayecto de aproximadamente 40 minutos. Durante todo el camino mantuvo el radio apagado, algo inusual en él que amaba la música. Conducía en silencio absoluto, perdido en sus pensamientos.

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