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Cuando Pedro Infante extendió su mano a la gitana ___ Ella vio una bola de fuego que lo consumiría

 Los tres notaron a la mujer cruzando cerca. Llevaba falda larga de colores desgastados. Un pañuelo cubría su cabeza, ofrecía leer manos por monedas. Era común ver gitanas en las filmaciones. La gente del pueblo se acercaba curiosa. Buscaban ganarse algo con los actores ricos. La decisión fue más un juego. Blanca fue quien lo sugirió entre risas.

 Tenía 22 años y energía contagiosa. Caminaba entre cables y equipos con pasos ligeros. Señaló hacia la mujer con entusiasmo. Vamos, le dijo a Pedro. Será divertido. Era una forma de matar tiempo. El descanso se alargaba por problemas técnicos. Una cámara no funcionaba bien. Los técnicos maldecían mientras intentaban arreglarla.

 Pedro aceptó por diversión. Arrastró a Rogelio con ellos. Él caminaba detrás con menos entusiasmo. Tenía las manos en bolsillos. Su expresión era escéptica desde el inicio. Los tres actores llamaban atención al cruzar. Varios del equipo lo siguieron con miradas. Sonreían ante las estrellas buscando entretenimiento simple.

 Caminaron hacia el puesto de la gitana. Era solo una manta sobre tierra agrietada. Algunas velas ya ardían pese al día. Las llamas temblaban con la brisa. Había objetos extraños junto a ellas. Una baraja tan gastada que apenas se leían. Un cuenco de barro con hierbas secas. Un crucifijo de madera colgaba de cordel.

 El olor a cera quemada flotaba mezclado con incienso. La mujer usaba plantas aromáticas en sus rituales. Ismael Rodríguez revisaba el guion con su asistente, levantó la vista cuando los vio alejarse. Los observó un momento con sonrisa cansada. No dijo nada. Sabía que sus actores necesitaban estos descansos. La filmación había sido agotadora para todos.

 Las escenas requerían múltiples tomas bajo calor intenso. Los caballos no siempre cooperaban según planeado. Los diálogos se repetían hasta lograr emoción exacta. Nadie esperaba que esto sería inolvidable. La gitana le sonrió mostrando dientes disparejos. Extendió su mano pidiendo pago. Pedro dejó caer varias monedas. Dio más de lo pedido.

Las monedas tintinearon en su palma arrugada. La mujer las contó con rapidez. Las guardó entre pliegues de falda gastada. Señaló con gesto que se sentaran. Blanca se sentó primero sobre la tierra. Extendió su mano con curiosidad evidente. Se reía mirando a Pedro y Rogelio. La gitana tomó su mano con cuidado.

 El contraste era notable entre ambas. Las de blanca eran suaves y cuidadas. Tenía uñas pintadas de rojo brillante. Las de la gitana eran ásperas como cuero. Comenzó trazando líneas de la palma lentamente. Murmuró palabras en lengua desconocida, pero algo cambió en su expresión. La sonrisa se desvaneció de repente.

 Se puso seria de manera inquietante. Soltó la mano de Blanca con cuidado, tomó la de Rogelio e inmediatamente después él la ofreció con sonrisa burlona. La gitana hizo la misma inspección minuciosa y nuevamente ese cambio oscuro en mirada. El mismo oscurecimiento perturbador apareció de nuevo. Cuando llegó el turno de Pedro, todo había cambiado.

 La atmósfera se sentía más pesada ahora. Pedro extendió su mano hacia ella. Observaba su rostro buscando pistas de significado. Cuando sus dedos tocaron su palma, algo se rompió. Las manos de la mujer temblaron visiblemente. Estudió la mano de Pedro más tiempo, más que las otras dos combinadas. La giraba hacia la luz decreciente.

 Entrecerró los ojos como buscando algo. Luego soltó su mano como tocando carbón ardiente. Se puso de pie con movimientos torpes. Fue entonces cuando la moneda cayó. El sonido resonó en silencio súbito. Los tres intercambiaron miradas confundidas entre ellos. Hubo segundos de silencio total e incómodo. Solo se escuchaba viento arrastrando polvo seco.

 Las voces del equipo sonaban muy lejanas. Pedro rompió la tensión. Primero soltó una carcajada que sonaba forzada. Intentaba restarle importancia a la reacción extraña. Le preguntó qué había visto en líneas, por qué ponía esa cara de espanto si acaso iba a perder su fortuna o este a sufrir desamorrible.

 Su tono era ligero y bromista como siempre, pero algo en sus ojos revelaba curiosidad real. También mostraba un asomo de inquietud genuina. La gitana negó con cabeza repetidamente, recogió su moneda del suelo polvoriento, comenzó a recoger sus cosas con manos temblorosas, no quería hablar de lo visto, no quería revelar esas visiones terribles.

 Pero Pedro insistió con más seriedad esta vez puso su mano en su hombro, le pidió por favor que dijera verdad. tenía derecho a saber lo que vio. Había pagado por la lectura. Después de todo, la mujer levantó vista hacia tres rostros jóvenes. Eran hermosos y llenos de vida brillante, llenos de éxito y futuro prometedor.

 Aparentemente respiró hondo como preparándose para entregar malas noticias. Entonces habló con voz quebrada por peso terrible. les dijo que en tres manos vio lo mismo, una línea de vida cortada abruptamente, interrumpida antes de tiempo natural de muerte, les dijo que tres morirían jóvenes, muy jóvenes para cualquier estándar de vida y muerte llegaría envuelta en fuego.

 Una bola de fuego los consumiría completamente. No pudo ser más específica con detalles. Las imágenes en mente eran confusas y caóticas, llenas de llamas y metal retorcido violentamente, pero estaba segura de algo fundamental. Ninguno llegaría viejo con canas. El destino estaba escrito en palmas claramente.

 Lo veía con claridad que raramente experimentaba. Por eso no podía aceptar dinero dado, no podía cobrar por anunciar tragedias inevitables. Blanca Estela llevó mano a su pecho. Parecía que le faltaba aire de repente. Rogelio dio paso atrás instintivamente. Su expresión mezclaba incredulidad con molestia evidente. Pedro mantuvo calma exterior con esfuerzo, pero algo en mirada cambió para siempre.

 Les dijo a compañeros que no hicieran caso. Las gitanas siempre decían cosas dramáticas así. Era parte del espectáculo para impresionar, pero la mujer ya se había ido. Caminaba rápido entre arbustos secos del campo. Dejó atrás velas ardiendo sobre manta olvidada. Los tres actores regresaron al set en silencio. No hablaron del incidente con resto de equipo.

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