Y no solo eso, le advirtió que también iban por Bárbara. En ese momento, Bárbara estaba a solo un mes de dar a luz a su hija Sofía. ¿Qué clase de falta de escrúpulos, mi gente? Saber que vas a dejar a una mujer embarazada sin trabajo justo antes del parto. Mario dice que él se convirtió en el conejillo de indias. A él lo llamaron primero y con la excusa más estúpida del mundo le dijeron que era muy valioso, pero que tenían que dejarlo ir.
Mario no se quedó callado y le soltó una advertencia que debió dejar a los gerentes temblando. Les dijo que si a su esposa le pasaba algo por el estrés de ese despido injustificado, él se encargaría de ser el dueño de Univisión al día siguiente por la demanda que les iba a clavar. Porque una persona como Jorge Ramos, entendiendo como padre, como esposo, la importancia del momento que estábamos viviendo, Barbie estaba a un mes de dar a luz.
Mario Andrés asegura que todo esto fue una persecución política y personal. Él señala directamente a un ejecutivo que, según sus palabras, era una piltrafa de periodismo que llegó a destruir el prestigio que figuras como Rey Rodríguez habían construido por años. El detonante, según Mario, fue una entrevista que él le hizo al entonces presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez.
Mario cuenta que la producción le pasó un papel con preguntas que tenían cuchillo, preguntas con una agenda política de izquierda que eran falsas y malintencionadas. Él, como colombiano que conoce su tierra, se negó a prestarse para ese juego y no hizo las preguntas. Esa fue su sentencia de muerte profesional en Univisión.
Como él no besó el anillo de los nuevos jefes, se convirtieron en personas incómodas y como no podían con él, se ensañaron con Bárbara, que era la cara más exitosa y querida de la cadena. En ese momento, la sacaron para intentar bajarle el perfil al programa, sin importarles que ella era la que generaba los readings.
Lo que la gente no vio en las cámaras fue el colapso que vino después. Bárbara confiesa que ese estrés acumulado por 8 años de acoso laboral terminó pasándole una factura carísima a su salud. Apenas dos meses después de salir de la televisión, su cuerpo hizo un shutdown. Empezó a sentir síntomas extraños que nadie podía explicar.
Ataques de pánico, urticaria, ronchas horribles, dolores musculares y una fatiga que no la dejaba levantarse de la cama. Fue un calvario de 5 años visitando a más de 30 médicos, gastando una fortuna de casi $300,000 en exámenes que siempre salían perfectos mientras ella sentía que se estaba muriendo por dentro.
Llegó a un punto de desesperación tal que confiesa que ya no quería vivir más. se refugiaba en el cuarto, callada, sin decirle nada a sus padres ni a su esposo al principio, tratando de mantener la careta de mujer fuerte mientras se desmoronaba en silencio. Esa dama de hierro que todos veíamos en primer impacto estaba librando la batalla más dura de su vida contra una enfermedad invisible.
Ella misma dice que el sistema inmunológico se le volvió loco por culpa del estrés crónico y de unos cuerpos extraños que tenía en su organismo. Resulta que los implantes de seno que se puso cuando alcanzó la cima de su carrera, junto con unos tratamientos de conducto infectados, le estaban envenenando la sangre.
Fue un proceso de autodescubrimiento doloroso donde tuvo que aprender que la vanidad y la presión por verse perfecta en pantalla casi le cuestan la existencia. Pero como Bárbara es una mujer de armas tomar, no se quedó en el hueco. Se aferró a su fe, buscó ayuda y decidió que si Dios la sacaba de esa, ella se convertiría en la portavoz de todas esas mujeres que sufren en silencio.
Dejó atrás el glamur de las alfombras rojas para enfocarse en sanar y, sobre todo, en reinventarse como una empresaria que ya no depende de que un ejecutivo le dé permiso para brillar. Para entender de dónde salió esa fuerza de Bárbara Bermudo para aguantar tanto cantazo, hay que irse a sus raíces en Puerto Rico.
Bárbara nació en Guainabo, hija de un matrimonio cubano que llegó a la isla buscando libertad. Su papá no la tuvo fácil. El hombre empezó vendiendo zapatos en los semáforos y en las esquinas de la isla. Con puro pulmón y sacrificio, logró abrir su primera tienda y terminó con siete establecimientos en todo Puerto Rico. Bárbara se crió entre cajas de zapatos, trabajando en las tiendas de su viejo y soñando con ser la tercera generación que manejara el negocio familiar de la marca Pimpolín.
De ahí es que le viene esa vena de empresaria que la gente ahora descubre, pero que ella lleva en la sangre desde que era una chiquilla en la isla. Pero el destino le tenía otro libreto montado. Después de estudiar periodismo en Washington DC, regresó a Puerto Rico y le dieron su primer baño de realidad en Muapa TV.
La tiraron a los leones en los horarios de la madrugada, lo que llaman el grave shift, cubriendo accidentes, fuegos y hasta pozos sépticos desbordados. Ella misma cuenta que su primer tiro en vivo fue en Río Piedras, metida entre aguas negras hasta las rodillas, denunciando una cañería rota. Imagínate a la que después sería la más bella de bautizándose como periodista entre el excremento y la peste.
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Cuando el programa en la isla se canceló, Bárbara no se quedó de brazos cruzados y decidió probar suerte en Miami. Se fue con una maleta llena de sueños a visitar a su prima, la reconocida periodista María Elvida Salazar, que en aquel entonces ya era una estrella en la televisión. Lo que mucha gente no sabe es que Bárbara entró a Univisión por la puerta de atrás con mucha humildad.
Empezó haciendo internados, saliendo a la calle con reporteros como Juan Manuel Ca trabajando en la mesa de asignaciones. Le pidieron hasta café y ella, aunque venía de una familia de negocios, no puso peros, pero sabía que su lugar estaba frente a la cámara. Su gran salto fue el caso de Elián González. La directora de noticias la plantó frente a la casa de los tíos del niño cubano por 6 meses, día y noche.
Bárbara cuenta con dolor como por un descuido de un par de horas para ir a descansar, perdió la primicia del momento en que se llevaron a Elian, algo que todavía le duele en el orgullo profesional. Pero ese caso la graduó y la catapultó directamente a la silla de primer impacto, reemplazando nada más y nada menos que a María Celeste a Raras.
Y hablando de María Celeste, ahí fue que se prendió la mecha de una de las rivalidades más comentadas de la televisión. Todo comenzó en el 2006, cuando Bárbara, quizás con la inexperiencia de la juventud o con ganas de marcar territorio, soltó un comentario sobre la edad de María Celeste, que cayó como una bomba.
Cuando le preguntaron si quería seguir los pasos de su antecesora, Bárbara soltó que no, sugiriendo que María Celeste ya estaba entrando en años. María Celeste, que no se queda callada, dijo después que ella ya conocía el temperamento de Bárbara desde los días de la cadena y que consideraba el comentario una falta de respeto a la audiencia, que en su mayoría eran mujeres de esa edad.
Esa tirantés nunca se sanó del todo y aunque después trabajaron en cadenas diferentes, el público siempre las tuvo en la mira. Bárbara Bermudo, nada, no hay ninguna controversia con con relación para nada, para nada. María Celeste, por ejemplo, es una persona que ya ha alcanzado una cierta edad. Pero mientras la Bermudo brillaba en la pantalla, su cuerpo estaba guardando un secreto oscuro.
Justo cuando la ascendieron a presentadora estelar, decidió ponerse implantes de seno para cumplir con los estándares de belleza de la televisión. Lo que no sabía era que esa decisión la llevaría años después al borde de la muerte. Bárbara confiesa que sufrió por 4 años del síndrome de Asia, una enfermedad autoinmune provocada por las prótesis, como ya hablamos anteriormente.
La cosa se puso peor porque el estrés de Univisión y los implantes se mezclaron con una intoxicación por modo tóxico que tenía en su propia casa sin saberlo. Imagínate el cuadro, una mujer exitosa por fuera, pero por dentro su sistema inmunológico estaba en guerra contra ella misma. Miren, si ustedes pensaban que el drama se quedaba en los pasillos de Univisión, se equivocaron de medio a medio, porque la historia de amor entre Bárbara y Mario Andrés Moreno tiene más vueltas que una montaña rusa en el parque de
diversiones. Todo comenzó como un secreto a voces. Se conocieron en el canal 23, la estación local de Miami, donde los escritorios estaban tan pegados que no había espacio ni para los secretos. Mario cuenta que al principio Bárbara le cayó pesada. Él la veía con sus ojeras libanesas y pensaba que era una rumbera que se la pasaba de discoteca en discoteca.
Pero el destino, que es bien juguetón, los unió en una misión especial, una investigación sobre la droga éxtasis. Para grabar de incógnito, tuvieron que usar unas gafas con cámara que estaban conectadas por un cable grueso a una grabadora gigante que llevaba Bárbara en su cartera. Como Mario no veía nada con las gafas puestas, Bárbara tuvo que llevarlo de la mano toda la noche por las discotecas de Miami. Ahí fue que se prendió la chispa.
Ese reportaje no solo les dio su primer premio Ey, sino que marcó el inicio de una conexión que ni ellos mismos podían frenar. Empecé a tener ataques de pánico porque cuando yo salgo de la televisión y me veo vulnerable a qué voy a hacer ahora si lo único que yo he sabido hacer es televisión.
Pero claro, la cosa no era tan sencilla porque Mario venía con equipaje pesado, cuatro hijos y un divorcio escandaloso en proceso. Estuvieron 8 años de novios en remojo, como dice él, porque no era fácil presentarse ante unos padres tan conservadores como los de Bárbara con semejante paquete. El primer beso oficial se lo dieron en un concierto de Toño Rosario en el Mikosuki.
Estaban allí acaramelados, bailando pegadito, cuando el chismoso de Tony Tan Reds los vio y llevó el cuento directo a la redacción de Primer Impacto. Imagínate ese revolu. Bárbara apenas estaba empezando a saborear la fama nacional y ya la tenían en la boca de todos por su romance clandestino con el colombiano.
A pesar de las críticas y de que muchos decían que nadie es feliz sobre la traición, por lo que contaba la ex de Mario, ellos siguieron adelante contra viento y marea. La boda fue de esas que hacen época. Se casaron por lo civil en secreto y ya hasta habían comprado casa juntos. Pero la gran fiesta fue el 29 de noviembre de 2008 en Puntacana, República Dominicana.
Fueron más de 200 invitados, Pura Crema Inata de la televisión, María Elena Salinas, Rodner Figueroa y Medio Univisión estaban allí celebrando. Pero aquí le suelto el dato que pocos sabían. Bárbara se casó embarazada. Ella le confesó a Rodner que estaba muerta de miedo porque no paraba de subir de peso y el traje de novia diseñado por el venezolano Ángel Sánchez le estaba quedando pequeño.
El diseñador tuvo que hacerle arreglos de última hora y soltarle tela mes a mes porque la barriguita de su primera hija, Mía Andrea, no perdonaba. Al final fue una boda de ensueño, aunque Bárbara recibió críticas de los suyos por no haberse casado en su natal Puerto Rico. Después de que se apagaron las luces de la televisión, a Bárbara le tocó enfrentar el reto más grande, ser madre a tiempo completo.
Ella confiesa que con sus dos hijas mayores, Mía y Camila, casi no estuvo presente porque se la pasaba viviendo en el canal. Pero miren qué ironía tiene la vida. Las hijas de Bárbara Bermudo casi no la vieron en su faceta de estrella de televisión. Para ellas, su mamá es la empresaria que anda en reuniones de logística y publicidad, no la mujer impecable que salía en las portadas de People en español.
A veces se sientan juntas a ver videos en YouTube para que las niñas entiendan quién era esa mujer que el mundo entero admiraba. Bárbara dice que aunque le dolió que no vivieran su época de gloria, ahora agradece que la vean como un ser humano real, vulnerable y trabajador, que supo levantarse después de que le cerraran todas las puertas en la cara.
Porque al final del día el mejor libreto que ha escrito Bárbara Bermudo no es el de una noticia criminal, sino el de su propia familia. Para que ustedes vean que el que tiene fe y no se quita siempre sale a flote. Lo de Bárbara Bermudo y Mario Andrés Moreno es el ejemplo perfecto de que hay vida después del folder amarillo.
Si alguien pensó que se iban a quedar en su casa llorando las penas porque Univisión les dio la espalda, se equivocaron de arriba a abajo. Hoy por hoy, esta pareja ha montado un imperio que ya quisieran muchos de esos que se creen intocables en la pantalla. Bárbara no se quedó con una sola canasta para sus huevos.
La mujer se diversificó tanto que ahora tiene hasta siete fuentes de ingresos diferentes. Abrieron una clínica de salud que pusieron a valer y luego vendieron por una buena tajada. Pero lo más impresionante es su agencia de publicidad y logística. Mi gente, Bárbara se certificó con el gobierno federal de los Estados Unidos como proveedora minoritaria y mujer latina.
Lo más gracioso del asunto es que a veces se aparecen en ferias de empleo en Yalea y la gente que todavía tiene la mentalidad de antes se les acerca con lástima a decirles, “Ay, pobrecitos, vinieron a buscar trabajo.” Y Mario Andrés con esa clase que tiene le suelta, “No, mi doña”, vinimos fue a dar empleo.
Incluso había unos que decían que los habían visto como don Francisco trabajando de Uber, pero todo eso era puro chisme. La verdad es que para dar empleo estaban. Eso es tener los pantalones bien puestos. Han pasado de ser empleados que temblaban cada vez que cambiaban de jefe a ser generadores de trabajo para otros. Bárbara dice que ahora se siente más empoderada que nunca porque aprendió el arte de la reinvención a los cantazos.
Pero como el gusanito de la comunicación no se muere así por así, la pareja acaba de lanzar un proyecto que tiene a todo el mundo pendiente casados con la noticia. Se trata de su propio canal de YouTube donde hablan de todo lo que la televisión lineal ya no se atreve a tocar por los benditos parámetros corporativos.
Mario Andrés sigue con su patca hasta el día con Mario Andrés y Bárbara tiene su espacio que Bárbara, donde por fin puede ser la portavoz de las mujeres que como ella se sintieron solas y enfermas en silencio. Bueno, mi gente, hasta aquí llegamos con esta descarga de la verdadera historia de Bárbara Bermudo.

Si este video te dio el impacto que buscabas y te gustó enterarte de lo que realmente pasaba cuando las luces se apagaban, no te olvides de darnos un buen like y dejar tu comentario allá abajo. ¿Tú crees que Bárbara hizo bien en no volver a la televisión tradicional? Queremos saber qué piensas. Y si todavía no te has suscrito, mano, no sé qué estás esperando.
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