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“¿Bailarías conmigo? Mi ex está mirando” Susurró ella sin saber que él era su jefe Multimillonario

 Julia arqueó las cejas. El mismo. Vaya, parece que la vida tiene un gran sentido del humor. Valeria miró de nuevo a Alexander. Estaba hablando con un miembro del consejo de la empresa. Seguro intenta conseguir una entrevista con Del Court, dijo con amargura. Pues que lo intente. Tú conseguiste el puesto sin su ayuda y eso se llama karma, bromeó Julia dándole un codazo.

 Además, estás espectacular esta noche. Haz que se arrepienta de haberte perdido. La orquesta cambió a un ritmo más animado y las parejas comenzaron a salir a la pista de baile. Valeria lo vio avanzar hacia ella, dejando atrás su grupo de conversación. Oh, no. Viene hacia acá, susurró en pánico. Relájate, ignóralo. No puedo, Julia, no quiero que me veas sola.

 Buscó con desesperación alrededor hasta que notó a un hombre alto de espaldas, observando el ambiente con tranquilidad. Sin pensarlo dos veces, se acercó a él. “¿Podrías bailar conmigo?”, le susurró con la voz temblorosa. Mi ex me está mirando y necesito parecer ocupada, por favor. El desconocido se giró y ella se quedó sin palabras.

 Tenía los ojos más azules que había visto en su vida, una mirada firme y serena. “Será un placer”, respondió él con voz profunda. Dejó su copa en la mesa y le tendió la mano. “No hagamos esperar a tu ex.” Valeria sintió alivio inmediato al entrelazar su mano con la de aquel hombre y dejarse guiar a la pista. Antes de que desaparecieran entre la multitud, vio la expresión confundida de Alexander y una sonrisa traviesa se le escapó.

“Gracias por salvarme”, dijo cuando comenzaron a moverse al ritmo de la música. “Soy Valeria Montes, Adrián”, respondió él con una sonrisa. Tenía una elegancia natural al bailar, moviéndose con soltura. como si lo hiciera todo el tiempo. “Entonces, ¿qué tiene de tóxico ese ex?”, preguntó Adrián en tono casual.

 Valeria soltó una risa nerviosa. “No es el mejor tema de conversación para un baile improvisado con un desconocido. Tal vez, pero me da curiosidad por el hombre que te hizo buscar ayuda en alguien que ni conoces.” Ella sonrió con un toque de vergüenza. Cuando lo dices así, suena dramático. Estuvimos juntos casi dos años. Es encantador hasta que te hace sentir pequeña sin que te des cuenta.

 Me tomó mucho tiempo recuperarme. Algunos hombres solo se sienten grandes cuando logran disminuir a los demás, dijo Adrián con seriedad. Exactamente. Valeria se sorprendió de lo fácil que era hablar con él. Había algo distinto en ese hombre. Tranquilo, seguro, sin pretensiones. Gracias otra vez por rescatarme. No suelo abordar desconocidos.

Y yo no suelo dejar que una mujer tan guapa enfrente sola a un idiota, respondió él con una leve sonrisa. La música cambió a un tono más lento. En lugar de separarse, Valeria permaneció cerca, dejándose llevar. ¿Y qué te trae a este evento?, preguntó ella. Tengo un interés personal en el hospital infantil que se apoya esta noche”, contestó.

Yo estoy aquí representando a empresas del Court. Acabo de asumir el cargo de jefa de marketing. Por un instante, Adrián pareció contener una sonrisa. Felicidades, eso suena importante. Es un reto enorme, pero emocionante. Todavía no conozco al señor del Court, el famoso CEO. Dicen que casi nunca aparece por las oficinas.

Adrián soltó una leve risa. Tal vez es tímido. Un multimillonario tímido. Lo dudo bromeó ella. El baile terminó y él aún sostenía su mano. ¿Quieres un trago? Ofreció. Sí, por favor. Se alejaron hacia una zona tranquila del salón. Hablaron largo rato riendo, compartiendo anécdotas del trabajo. Había una naturalidad entre ellos que a Valeria le resultaba extraña y reconfortante al mismo tiempo, hasta que Julia apareció interrumpiendo con una sonrisa culpable.

Lo siento, pero te busca el señor Beont. Quiere presentarte a unos inversionistas. Valeria suspiró con cierta tristeza. Deberes de trabajo, supongo. Gracias por el baile y por la distracción. Adrián le tomó la mano y la besó con elegancia. El placer fue mío, Valeria Montes. Estoy seguro de que volveremos a coincidir.

Mientras se alejaba, ella miró hacia atrás. Él levantó su copa en un gesto de despedida. Sonrió sin saber por qué sentía que aquel encuentro no terminaría ahí. Lo que Valeria ignoraba era que ese hombre misterioso no era un invitado cualquiera, Adrián Del Court, el CEO de la empresa donde trabajaba. Y mientras la observaba hablar con otros ejecutivos, tomó una decisión que sorprendería a todos.

 Asistir personalmente a la reunión de lunes, algo que no hacía desde hacía más de un año. El lunes por la mañana, las oficinas de empresas del court estaban más agitadas que de costumbre. Era día de reunión ejecutiva y Valeria llegó unos minutos tarde tras un fin de semana lleno de llamadas y correos con posibles clientes.

Se apresuró a entrar a la sala de juntas, disculpándose en silencio mientras tomaba asiento junto a Julia y su jefa directa, Laura Duret. Laura estaba presentando las proyecciones del trimestre. Nuestros números son sólidos, pero necesitamos reforzar la estrategia de lanzamiento de la nueva línea, dijo con su tono firme.

 Valeria se encargará de exponer la propuesta del departamento de marketing. Valeria abrió su carpeta revisando sus notas. Era su primera gran presentación ante el comité directivo y quería hacerlo impecable. Todo marchaba según lo planeado hasta que la puerta se abrió y un silencio repentino se apoderó de la sala. Buenos días.

 No se detengan por mí”, dijo una voz masculina al entrar. Valeria levantó la vista y sintió como se le paralizaba el cuerpo. Ahí estaba él, Adrián, el hombre con quien había bailado el viernes. Solo que ahora no era Adrián, sino Adrián del Court, el CEO de toda la compañía. Los murmullos se apagaron de inmediato. Laura se levantó visiblemente nerviosa.

Señor del court, qué sorpresa. No esperábamos su presencia esta mañana. He decidido involucrarme más en las operaciones respondió él tomando asiento en la cabecera de la mesa. Continúen, por favor. Valeria apenas podía pensar. El hombre con quien había bromeado sobre el sío ausente era el mismísimo CEO. Su mente se llenó de recuerdos de aquella conversación y sintió como el calor le subía al rostro.

 “Valeria”, dijo Laura mirándola. “El turno es tuyo.” Ella se puso de pie con las piernas algo temblorosas. “Buenos días”, comenzó intentando mantener la voz firme. “Me complace presentarles la estrategia de marketing para la línea del CIT.” A medida que hablaba, fue recuperando la compostura. se concentró en los datos, en los gráficos, en su pasión por la creatividad.

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