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Andy López Beltrán reta a Harfuch tras escándalo del huachicol… ¡y termina destruido en vivo!

gobernó México hasta hace año y medio. Esta es la historia de cómo el huachicol fiscal, el contrabando de combustible más sofisticado en la historia reciente del país, se metió a la casa equivocada. Es la historia de un empresario de 30 años apodado, el señor de los buques, que durante un lustro no le declaró un solo peso al SAT y aún así controla más de 300 tractocamiones.

 Es la historia de un secretario de seguridad que entendió, según sus propias palabras en conferencia, que el golpe más importante de este gobierno no pasa por las balas, sino por los pipones. Y es sobre todo la historia de cómo una investigación que arrancó en marzo del año pasado con un buque detenido en Tampico, terminó tocando puertas que en este país nadie se atrevía a tocar.

 Tres preguntas van a ir abriéndose en estos minutos. Una, ¿cómo llegó la Marina a esa puerta exacta un domingo a las 10 de la mañana? Dos. ¿Quién está realmente detrás de Roberto Blanco Cantú? ese hombre que firma desde un piso 50 con vista al cerro de la silla y tres, la que duele. ¿Qué nombre apareció en los expedientes que el FBI cargó desde Houston, Texas, hasta una agencia federal en Washington el mes pasado? Para entender el operativo del domingo en San Pedro, hay que viajar al 19 de marzo de 2025, Tampico, Tamaulipas, Puerto Industrial

Altamira. La Secretaría de Marina detiene a un buque tanque llamado Challenge Procion, la carga declarada en aduanas, aditivos para aceites lubricantes. La carga real, dicen los peritos, 10 millones de litros de diésel. 10 millones de litros. Esa cifra es la que desató todo porque si te metes 10 millones de litros de combustible al país declarándolos como otra cosa, no estás evadiendo unos pesitos.

 Estás evadiendo solo en impuesto especial sobre producción y servicios alrededor de 71 millones de pesos en una sola operación. Y si esa operación se repite y se repitió porque entre 2024 y 2025 al menos 31 buques entraron al país con cargas mal declaradas según una investigación de N Plus Focus. Entonces, no hablamos de evasión, hablamos de un esquema industrial.

 Eso es el huachicol fiscal, no es el huachicolero de carretera que perfora un ducto a las 3 de la mañana, llena unas garrafas, vende en la colonia y se desaparece. Eso es la versión vieja. La nueva versión llega en barco. La nueva versión usa papelería oficial de Pemex falsificada. Viene desde Texas o desde Canadá.

 Descarga en puertos mexicanos. Paga aditivos en aduana que tributan distinto y de ahí se distribuye en pipas a 15 estados del país, como si fuera diésel limpio. La diferencia entre lo que se paga y lo que se debió pagar es la ganancia. Y esa ganancia, según estimaciones que han circulado en MCCI y en la silla rota, le ha costado al herario mexicano alrededor de 200,000 millones de pesos al año.

Para que se entienda la dimensión, la estafa maestra fue de 7000 millones. Segalmex 15,000 millones. Esto es 10 veces más grande, año tras año. El Challenge Pro fue la primera grieta visible. Por ese buque cayeron durante el verano del 2025 14 personas en un operativo que involucró a la SEMAR, a la Fiscalía General de la República y al gabinete de seguridad encabezado por Omar García Harfuch.

 Entre los detenidos había empresarios, exfuncionarios de aduanas, marinos en activo y marinos retirados. Era la primera vez que un golpe de este tamaño tocaba a la institución más blindada del país, la marina. Y por eso Harfuch tuvo que hacer algo que normalmente no hace, que es salir a deslindar. El actuar aislado de unos cuantos no representa el de esta honorable institución, dijo.

 Entonces, la frase quedó grabada porque iba dirigida a defender al exsecretario de Marina con AMLO, el almirante Rafael Ojeda Durán, cuyos sobrinos, los hermanos Farías Laguna, terminarían apareciendo en el corazón mismo del expediente. Eso fue el 2025. Lo que pasó después en lo que va del 2026 es la escalera por la que la investigación subió hasta llegar a un domicilio en San Pedro Garza García.

 Roberto Blanco Cantú no nació rico. Es originario de Ciudad Victoria, Tamaulipas, pero creció del otro lado en Brownsville, Texas. Tiene 30 años. Tiene doble nacionalidad. En documentos oficiales de seguridad mexicanos aparece referido también con el alias de Roberto Brown y desde el piso 50 del complejo Metropolitan Center en el sector Valle oriente de San Pedro, ese rascacielos de cristal espejado que se ve desde la carretera nacional cuando uno entra a Monterrey desde el sur dirigía hasta el año pasado una empresa llamada Mefrafletes. Mefrafletes en

papel es una compañía de transporte de hidrocarburos, camiones, pipas. logística en papel tiene presencia en 15 estados. en papel mueve combustible legal entre estaciones de servicio. Lo que las investigaciones federales describen, sin embargo, es otra cosa. Lo que las investigaciones describen es una flota de más de 300 tractocamiones y 600 pipas que, según testigos protegidos citados en la carpeta Fed Femdo, Feorpifa, MF, CDMX 0 568 2024 de la Fiscalía General de la República, descargaban material directamente desde los buques que

entraban con cargas declaradas como aditivos. Uno de los testigos, identificado en el expediente como santo, lo describió con una frase que terminó saliendo en milenio. Ingresaban pipas de la empresa Roca con un logo de un ancla y pipas de la empresa Mefra Fletes. Eran vehículos tanque cisterna en donde descargaban el material de los buques.

 El detalle financiero es lo que vuelve esto irreal. Blanco Cantú, dueño de esa infraestructura, no ha reportado ingresos ante el Servicio de Administración Tributaria en al menos 5 años. Cinco, 300 camiones, 600 pipas, oficinas en el piso más alto de uno de los edificios corporativos más caros del país y cero pesos declarados. En septiembre del año pasado, un juez de control llamado Sergio Adolfo Peniche giró una orden de apreensión en su contra y también contra dos de sus socios, José Isabel Murguía Santiago y Anuar González Emadi. Este último, dato

curioso, era un juez destituido por irregularidades en el caso de los Porquis en Veracruz, hoy detenido por sus vínculos con la red de los Farías Laguna. Blanco Cantú no se quedó esperando. En febrero de este año metió un amparo en un juzgado federal de Nuevo León. El juzgado se lo remitió a otro en el Estado de México, que sí admitió la demanda.

 Mientras los plazos del amparo corrían, sus oficinas del piso 50 fueron desocupadas. Cuando la FGR llegó por él a Metropolitan Center, no encontró ni un sello, ni una computadora, ni un empleado. Por eso el cateo del domingo 10 de mayo no fue una sorpresa, fue un cierre. Aquí es donde la línea de tiempo se aprieta porque la casa cateada el domingo no fue la única.

 Fuentes federales filtraron a medios locales, entre ellos Milenio y Telediario Monterrey, que el sábado 9 de mayo, un día antes, ya se habían realizado otros dos operativos en la zona sur de Monterrey, también ligados al caso del huachicol fiscal y también presuntamente conectados con la red de Blanco Cantú, que se buscaba en Gómez Morín 168.

Según versiones preliminares que recogió MVS Noticias el lunes 11 por la mañana, lo principal era documentación, contratos, facturas falsas, registros de pipas, comunicaciones cruzadas con las oficinas que ya habían sido desalojadas en Valle Oriente. La idea, dicen las fuentes federales, era ir por todo lo que Blanco Cantú no alcanzó a borrar.

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