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Reina Sofía: Sabía la Verdad Desde Su Boda… y Aun Así Se Casó

Reina Sofía: Sabía la Verdad Desde Su Boda… y Aun Así Se Casó

El mayordomo del Palacio de la Zarzuela, según contaría décadas después, en una entrevista anónima publicada después de su muerte, recordaba una tarde, en particular del año 1992 con una claridad inquietante. Decía que esa tarde, alrededor de las 6 había escuchado un ruido extraño que venía desde el dormitorio de la reina Sofía.

Era un sonido bajo, contenido que el mayordomo no logró identificar al principio. Cuando se acercó silenciosamente a la puerta entreabierta del dormitorio para asegurarse de que la reina estaba bien, vio una escena que lo iba a perseguir durante los siguientes 30 años. La reina Sofía estaba arrodillada en el piso.

 Tenía las manos juntas como si estuviera rezando. Y según el testimonio del mayordomo, lloraba en silencio, mordiéndose el labio inferior para no hacer ruido. En la cama, frente a ella había un periódico abierto y en la portada de ese periódico una fotografía de Juan Carlos I, su esposo, desde hacía 30 años sonriente, abrazado a una mujer rubia que no era ella.

 El mayordomo se retiró sin hacer ruido. Esa misma noche, durante la cena oficial que se celebraba en otro salón del palacio, la reina Sofía bajó vestida con un traje de noche perfecto, sonriente, encantadora. Cumplió con todos sus deberes protocolares. Saludó a cada uno de los invitados con la dignidad absoluta que el mundo conocía de ella.

 Nadie esa noche, según el testimonio del mayordomo, habría podido sospechar lo que había ocurrido apenas dos horas antes en su dormitorio privado. Esta es la historia de la reina Sofía de Grecia, transformada en reina Sofía de España, una princesa griega que se casó en 1962 con apenas 23 años con un príncipe español llamado Juan Carlos de Borbón.

Una mujer que durante 62 años ha sido considerada por la prensa española y por toda la prensa hispana del mundo entero como un símbolo absoluto de dignidad, devoción y deber. Una mujer que ha aguantado en silencio, según las biografías que han ido revelando los detalles a lo largo de las décadas, una de las infidelidades matrimoniales más largas y más públicas de la historia europea moderna.

 Según los biógrafos serios que han estudiado el matrimonio Borbón, Grecia, Juan Carlos I habría tenido a lo largo de su vida un número de relaciones extramatrimoniales que se estima, según las fuentes más conservadoras, en por lo menos varios cientos de mujeres. Algunos biógrafos más controvertidos han llegado a hablar de varios miles.

 Bárbara Rey, Vedet Española, Corina Larsen, princesa alemana, Marta Gaya, decoradora mallorquina, Sara Montiel, cantante española, Carmen Díaz de Rivera, Política española, muchas más, algunas relaciones cortas, otras pasiones largas, una vida sentimental paralela, que era, según se sabría con los años, un secreto a voces en todos los círculos de poder de Madrid.

 Y durante todos esos años, mientras el mundo entero comentaba en voz baja las aventuras del Rey de España, una sola mujer permanecía silenciosa, digna, sonriente en las fotografías oficiales. La reina Sofía aguantando todo hasta el día de hoy con casi 90 años de edad. Esta es la historia de cómo una princesa griega exiliada cuatro veces durante su infancia se convirtió en la mujer más adorada y más traicionada de la realeza española contemporánea.

 Pero antes de la traición, antes del exilio, antes incluso del trono español, hay que volver a Atenas en el otoño de 1938, donde nació una niña que iba a vivir uno de los siglos más turbulentos de la historia europea. Para entender qué pasó esa tarde en el Palacio de la Zarzuela en 1992, tenemos que volver al principio a una habitación de hospital de Atenas en noviembre de 1938.

2 de noviembre de 1938. Atenas, Grecia. En un hospital privado del centro de la capital griega, una mujer de 28 años llamada Federica de Hanover, princesa alemana de origen y esposa del príncipe heredero de Grecia, está dando a luz a su primera hija. Su marido, el príncipe Pablo de Grecia, futuro rey, espera nervioso en el pasillo.

 A las 9:40 de la noche nace una niña. Se ponen el nombre de Sofía, Margarita Victoria Federica de Grecia y Dinamarca. Pero desde el primer día su familia la llama simplemente Sofi. La pequeña Sofi nace en una de las dinastías reales más complicadas de Europa. Su padre Pablo es heredero al trono de Grecia. Su madre Federica de Hannover es bisnieta de la reina Victoria de Inglaterra y prima lejana del Kaiser Guillermo segund.

Es decir, la pequeña Sofi pertenece simultáneamente por sangre a las tres familias reales más antiguas de Europa, griega, británica y alemana. Pero la pequeña Sofi también nace en el peor momento posible de la historia europea moderna. 11 meses después de su nacimiento, en septiembre de 1939, estalla la Segunda Guerra Mundial.

 Y dos años después, en abril de 1941, las tropas alemanas invaden Grecia. La familia real griega tiene que escapar. Sofi tiene apenas 2 años. Su madre Federica, embarazada de su segundo hijo Constantino, la sube a un avión militar británico que la saca de Atenas en pleno bombardeo alemán. La pequeña Sofi, según contaría décadas después su propia madre Federica, en sus memorias publicadas en 1965, lloraba durante todo el vuelo, no por miedo, sino porque su niñera griega favorita, una mujer llamada Anastasia, no había podido subir al avión con

ellos. Durante los siguientes 6 años, entre 1941 y 1946, la familia real griega vivió en exilio, primero en Egipto, después en Sudáfrica, después en Inglaterra. Y durante esos años de exilio, la pequeña Sofi conoció una pobreza que casi ninguna princesa europea había conocido en el siglo XX. Hay un detalle que pocas biografías cuentan sobre los años de exilio de Sofía en Sudáfrica entre 1942 y 1944.

La familia real griega vivía en una pequeña cabaña en las afueras de Johannesburg, prestada por un primo lejano de los Hanover. La cabaña tenía solamente tres habitaciones. Había ratas en el techo, no había agua corriente. Y según los testimonios filtrados décadas después, la familia se alimentaba principalmente de las hierbas silvestres que crecían en los caminos rurales que rodeaban la propiedad.

 La pequeña Sofi, con 4 años aprendió durante esos meses de Sudáfrica a buscar comida en los campos, a lavarse en un río, a dormir en colchones de paja y, sobre todo, a no quejarse nunca. Su madre Federica, según contaría décadas después en sus memorias, le repetía cada noche a sus hijos una frase que iba a marcar el resto de su vida.

 Somos príncipes por dentro, aunque por fuera estemos vestidos como mendigos. Hay una escena particular de los años egipcios de Sofía, entre 1941 y 1942, que la propia reina contaría décadas después en una entrevista a la revista Hola publicada en 1998. La familia real griega vivía en El Cairo, en un departamento prestado por la corte egipcia.

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