LUIS AGUILAR tuvo un HIJO que ABANDONÓ, CRECIÓ en la POBREZA y terminó como NARCO
Culiacán, Sinaloa. 15 de marzo de 1995, 2:34 [música] de la madrugada. Un hombre de 44 años corre por una calle oscura. Lleva una camisa blanca manchada de sangre. No es su sangre todavía. Detrás de él tres camionetas, faros encendidos, motores rugiendo. El hombre dobla en una esquina, salta una barda, cae del otro lado, se tuerce el tobillo, pero sigue corriendo.
Sabe que si lo alcanzan, lo van a matar y lo alcanzan. En un callejón sin salida, [música] el hombre se da vuelta, levanta las manos. Esperen, podemos arreglar esto, pero ya decidieron. Siete balazos, pecho, estómago, cabeza. El hombre cae, muere en 30 segundos. Su nombre era Roberto Ángel Ortega, pero ese no era su verdadero nombre.
Su verdadero nombre era Roberto Luis [música] Aguilar Ortega, hijo de Luis Aguilar, el gallo Giro, una de las estrellas más grandes del cine mexicano. Un hijo que Luis nunca reconoció, [música] un hijo que creció en la pobreza mientras su padre vivía en mansiones, un hijo que terminó trabajando para el [música] cártel de Sinaloa.
Y esa noche de marzo de 1995, ese hijo murió en un callejón de Culiacán [música] con 44 años con siete balazos en el cuerpo. Y Luis Aguilar ni siquiera fue al funeral [música] porque oficialmente ese hijo no existía. Para entender esta historia hay que retroceder 45 años a 1950. Luis Aguilar tenía 30 años, ya era famoso.
Había filmado más de 20 películas, Westerns Mexicanos, películas de Charros, El Gallo Giro, Alto, Guapo, con una voz grave que las mujeres amaban. Estaba casado con Rosario Gálvez desde 1943. [música] Tenían dos hijos, Luis Aguilar Junior y Antonio Aguilar. sin relación con el otro Antonio Aguilar, el esposo de Flor Silvestre.
Pero Luis era mujeriego, [música] todo el mundo lo sabía. Se acostaba con actrices, [música] con extras, con mujeres que conocía en fiestas. Rosario lo sabía, pero se hacía de la vista gorda, porque en los años 50 eso era lo que las esposas hacían. Y en junio de 1950, Luis viajó a Culiacán para filmar una película, Pistoleros de la Frontera, un western que se iba a filmar en locaciones reales, ranchos, desierto, [música] pueblos polvorientos.
El equipo de filmación se quedó en Culiacán durante seis semanas y Luis conoció a una mujer. Se llamaba María Elena Ortega. Tenía 22 años. Trabajaba como mesera en un [música] restaurante del centro. Era bonita, morena, con ojos grandes y una sonrisa [música] tímida. Y una noche, Luis fue a cenar a ese restaurante.
María Elena lo atendió, le tomó la orden, pollo en mole, cerveza y Luis [música] la miró. Le gustó lo que vio. Cuando María Elena trajo la comida, Luis le dijo, “¿Cómo te [música] llamas?” “María Elena.” “Señor Luis, “Llámame Luis. Sé quién es usted, señor Aguilar. Vi su película Calabacitas tiernas. Luis sonríó. ¿Te gustó mucho? ¿Qué haces después de tu turno? María Elena se sonrojó. Me voy a mi casa.
¿Y si en vez de eso cenas conmigo? María Elena lo miró. Luis Aguilar, el actor de cine, [música] pidiéndole que cenara con él. Señor Aguilar. Luis. Luis, usted [música] está casado. ¿Cómo sabes? Todos lo saben. Sale en las revistas. Luis se inclinó hacia delante. Estoy casado. Sí, pero estoy solo en Culiacán y me gustaría conocerte mejor.
[música] María Elena debió decir que no. Debió darse vuelta y alejarse, pero tenía [música] 22 años. Nunca había salido de Culiacán. Y Luis Aguilar, el actor más guapo de México, le estaba pidiendo que cenara con él. Dijo que sí. Y esa [música] noche, después de su turno, Luis la llevó a un restaurante caro, uno donde María Elena nunca había estado.
[música] Cenaron, bebieron vino, hablaron. Luis le preguntó sobre su vida. María Elena le contó que había [música] crecido pobre, que su padre había muerto cuando ella tenía 10 años, que trabajaba de mesera para ayudar a su madre. [música] Y Luis le contó sobre su carrera, las películas, los viajes, la fama. Y cuando terminó la cena, Luis la llevó a su hotel solo para tomar una copa dijo.
[música] Pero los dos sabían que iba de otra cosa. Y María Elena subió [música] y esa noche se acostaron. Y durante las siguientes seis semanas, mientras Luis filmaba la película, [música] se vieron casi todas las noches. Luis la recogía después de su turno en el restaurante, [música] la llevaba a su hotel, hacían el amor, hablaban hasta tarde.
Y María Elena se enamoró porque Luis la trataba como si fuera especial. La escuchaba, [música] le compraba regalos, vestidos, perfumes, cosas que ella nunca había podido pagar. [música] Y María Elena pensaba, “Tal vez me lleve con él a la Ciudad de México, tal vez me convierta en actriz, tal vez me case con él.
” Pero Luis nunca dijo nada de eso. Y a finales de julio de 1950, cuando terminó la filmación, [música] Luis se fue. “Tengo que regresar a la Ciudad de México. Empiezo otra película la próxima semana. ¿Cuándo te vuelvo a ver?” Luis la besó. Pronto, te prometo. Pero los dos sabían [música] que era mentira.
Y Luis se fue y María Elena se quedó en Culiacán llorando en su cuarto, sabiendo [música] que había sido una estúpida. Y tres semanas después, en agosto de 1950, [música] María Elena empezó a sentirse mal. Náuseas, mareos, los pechos sensibles. Fue con un médico. Embarazada 8 semanas. María Elena sintió que el piso se movía bajo sus pies.
Estaba embarazada de Luis Aguilar y Luis estaba en la ciudad de México casado con dos hijos. María Elena le escribió una carta. Luis, estoy embarazada. Es tuyo. Necesito que regreses. Necesito tu ayuda. [música] Mandó la carta a la dirección de los estudios de cine Luis trabajaba y esperó dos semanas. Tres, cuatro.
Ninguna respuesta. [música] Y en septiembre de 1950, cuando María Elena ya tenía [música] 3 meses de embarazo, finalmente recibió una carta, pero no era de Luis, era de [música] un abogado, licenciado Ramírez. Estimada señorita Ortega, el señor Luis [música] Aguilar me ha pedido que me comunique con usted.
Niega categóricamente [música] ser el padre del bebé que usted afirma estar esperando. Le sugiere que busque al verdadero padre y no intente [música] extorsionar a una figura pública. Cualquier intento de contactar al señor Aguilar o de [música] hacer pública esta acusación resultará en acciones legales. Atenta, [música] ElIC. Ramírez.
María Elena leyó la carta tres veces. Luis la estaba llamando [música] mentirosa, extorsionadora, y lloró durante horas, pero después se secó las lágrimas porque tenía [música] que tomar una decisión. Podía abortar. En 1950 era ilegal [música] en México, pero había parteras que lo hacían por un precio. O podía tener al bebé sola, sin dinero, [música] sin padre para el niño y decidió tenerlo porque era católica, porque creía [música] que el aborto era pecado, porque ese bebé era lo único que le quedaba de Luis. Y durante los
siguientes meses trabajó todo [música] lo que pudo en el restaurante, lavando ropa, lo que fuera. Su madre la ayudó, pero estaba enojada. Te dije que ese hombre solo te iba [música] a usar. Te dije que no creyeras sus promesas. Y María Elena sabía que su madre tenía razón. Y el 15 de marzo de 1951, [música] a las 3 de la tarde, María Elena dio a luz un niño. 3 pun 2 kg.
sano [música] con los ojos de Luis, la nariz de María Elena y cuando la enfermera se lo puso en los brazos, [música] María Elena lloró. ¿Cómo se va a llamar? María Elena miró a su hijo Roberto Luis como su padre y el [música] apellido Ortega. Solo Ortega, porque Luis Aguilar nunca le iba a dar su apellido.
[música] Y María Elena registró al bebé como Roberto Luis Ortega, sin apellido paterno, [música] y crió a su hijo sola, trabajando 12 horas al día, [música] 6 días a la semana, para pagarle comida, ropa, medicinas. Y Roberto creció en la pobreza en un cuarto que compartía con su madre y su abuela en una vecindad [música] del centro de Culiacán.
Y cuando tenía 5 años, en 1956, Roberto le preguntó a su madre, “¿Dónde está mi papá?” María Elena no supo qué decir. “Tu papá no vive con [música] nosotros.” ¿Por qué? Porque tiene que trabajar en otro lugar. ¿Va a venir a vernos? María Elena lo abrazó. No lo sé, mi amor. Y Roberto creció con [música] esa ausencia, viendo a otros niños con sus padres, preguntándose por qué él no tenía uno.
Y cuando [música] cumplió 10 años, en 1961, su madre finalmente le dijo la verdad. Roberto, tu papá es Luis Aguilar, el actor. Roberto la miró, el de las películas. Sí. ¿Por qué no vive con nosotros? Porque él no nos quiere. Él tiene otra familia. ¿Puedo conocerlo? María Elena sintió que se le rompía [música] el corazón.
No, mi amor, él no quiere conocerte. Y Roberto empezó a ver las películas de su padre. Iba al cine cuando tenía dinero. Veía a Luis Aguilar en la pantalla, guapo, rico, [música] feliz, y sentía rabia, porque su padre vivía en una mansión mientras él vivía en un cuarto de 3 por 3 m. Porque su [música] padre comía en restaurantes caros mientras él a veces se iba a dormir con hambre, porque su padre tenía todo [música] mientras él no tenía nada.
Y esa rabia creció durante años. Roberto tenía 14 años. Había dejado la escuela. Necesitaba trabajar, ayudar a su madre. Trabajaba como ayudante en un taller mecánico. Ganaba 50 pesos a la semana y empezó a juntarse con pandillas del barrio. Chavos que robaban, que vendían drogas, que peleaban.
María Elena intentó detenerlo. Roberto, esos muchachos te van a meter en problemas. Ya estoy en problemas, mamá. Nací en problemas. Y a [música] los 16 años, en 1967, Roberto fue arrestado [música] por primera vez por robo. Había entrado a una casa, se [resoplido] había llevado un radio. Pasó 3 meses en un reformatorio y cuando salió estaba peor, más enojado, más violento y empezó a trabajar para narcos locales.
En 1967 el narcotráfico [música] en Sinaloa apenas empezaba, pero ya había operaciones. Gente cultivando amapola en las montañas, procesando heroína, vendiéndola en Estados Unidos. Y Roberto empezó como halcón, vigilando, avisando cuando venía la policía y después, como mula, transportando droga de Culiacán a Tijuana.
Y María Elena veía a su hijo destruirse. Roberto, esto te va a matar. ¿Y qué importa? Total, mi vida ya está jodida. No digas eso. [música] Es la verdad. Mi papá me abandonó. Crecí pobre. No tengo educación. No tengo futuro. Esto es lo único que tengo. Y María Elena no sabía qué decir porque Roberto tenía razón. Y en 1970, cuando Roberto tenía 19 años, intentó contactar a Luis Aguilar.
Consiguió la dirección de la casa de Luis en la Ciudad de México. Tomó un autobús, viajó 24 horas y tocó la puerta. Una empleada doméstica abrió. ¿Qué se le ofrece? Busco al señor Luis Aguilar. Tiene cita. No, pero soy su hijo. La empleada lo miró de arriba a abajo. Roberto estaba sucio, con ropa vieja, oliendo autobús.
Espere aquí. Y cerró la puerta. Roberto esperó 20 minutos y después [música] salió un hombre, pero no era Luis, era su hijo mayor, Luis Aguilar Junior. Tú eres el que [música] dice ser hijo de mi padre. Soy su hijo. Mi madre es María Elena Ortega. de Culiacán. Luis Junior lo miró.
Mi padre no tiene hijos en Culiacán. Si no te vas ahora, llamo a la policía. Solo quiero hablar con él 5 minutos. [música] Vete o te saco a patadas. Y Roberto supo que era inútil. Se fue, regresó a Culiacán, más enojado que nunca y se hundió más en el narco. Roberto tenía 24 años. Ya no era un simple mula. Ahora trabajaba directamente para Miguel Ángel Félix Gallardo, el padrino, el que eventualmente fundaría el cártel de Guadalajara.
Roberto transportaba toneladas de cocaína, [música] coordinaba envíos, sobornaba policías y ganaba dinero, mucho dinero. Compró una casa [música] para su madre, sacó a su abuela de la vecindad, les compró muebles, [música] ropa, todo lo que nunca habían tenido. Y María Elena lloraba. Roberto, [música] este dinero está manchado de sangre.
Es mejor que la pobreza, mamá. Pero te va a matar. Todos nos vamos a morir de algo. Y Roberto se casó con una mujer de Culiacán. [música] Claudia. Tuvieron dos hijos, Roberto Junior y María Elena. Y Roberto intentó ser buen padre porque sabía lo que se sentía crecer sin uno. Iba a los partidos de [música] fútbol de sus hijos, a las juntas de la escuela, los llevaba a pasear y Claudia sabía a qué se dedicaba Roberto, pero no preguntaba porque el dinero era bueno [música] y Roberto era cariñoso y cuando estaba en casa era un buen [música] esposo. Pero
Roberto seguía sintiendo un vacío porque su padre nunca lo había reconocido. Y en 1980, Luis Aguilar filmó su última película, se retiró del cine [música] y Roberto leyó la noticia en el periódico y sintió rabia otra vez porque Luis [música] se retiraba rico, famoso, querido por todo México, [música] mientras Roberto era un narco, un criminal, alguien que vivía en las sombras.
Y en 1985, [música] Roberto intentó contactar a Luis otra vez. Le mandó una carta. Papá, sé que nunca me quisiste reconocer, pero soy tu hijo. [música] Tengo 34 años. Tengo mi propia familia. Solo quiero conocerte una vez, [música] solo una. para poder cerrar este capítulo. Mandó la carta y dos semanas después [música] recibió respuesta otra vez del abogado.
El señor Aguilar no tiene conocimiento de ningún hijo en Sinaloa. Le pedimos [música] que deje de contactarlo. Cualquier comunicación adicional será considerada acoso. [música] Y Roberto rompió la carta y decidió que nunca más [música] iba a intentarlo. Su padre lo había rechazado dos veces. no iba a darle la oportunidad de rechazarlo.
Una [música] tercera uno. Ascenso en el narco, 1985 hasta 1990. Roberto tenía 34 años y ya no era un simple operador. Después de 15 años trabajando en el narcotráfico, había aprendido todo: rutas, contactos, sobornos, logística. [música] Y cuando el cártel de Guadalajara empezó a expandirse, Miguel Ángel Félix Gallardo le dio más responsabilidades [música] a Roberto.
Necesito alguien que maneje la plaza de Culiacán, alguien que conozca la ciudad, que tenga contactos. Tú, Roberto, aceptó. Y durante los siguientes 5 años, de [música] 1985 a 1990, Roberto se convirtió en [música] uno de los operadores más importantes de Sinaloa. Coordinaba envíos de cocaína que venían de [música] Colombia, toneladas, que pasaban por Culiacán camino a Tijuana y de ahí a Estados Unidos.
manejaba un equipo de [música] 50 hombres, sicarios, transportistas, halcones y ganaba [música] millones de dólares al año. Compró casas, carros, joyas para Claudia y sus hijos, Roberto Junior y María Elena, [música] iban a las mejores escuelas privadas de Culiacán. Roberto quería [música] que sus hijos tuvieran lo que él nunca tuvo, educación, oportunidades, pero también los protegía de la verdad.
Roberto Junior, que tenía 10 [música] años en 1985, le preguntó una vez, “Papá, ¿en qué trabajas?” “En negocios. ¿Qué tipo de negocios?” [música] “Importación y exportación. ¿De qué?” Roberto lo miró. “De lo que la gente necesita.” Y Roberto Junior no preguntó más. Porque en Culiacán, cuando tu papá te decía que trabajaba en negocios, sabías que era mejor no preguntar.
Y Claudia sabía exactamente [música] en qué trabajaba Roberto. Lo sabía porque había visto las armas en la casa, [música] porque había visto a los hombres que llegaban a todas horas, porque había visto la sangre en la ropa de Roberto más de una vez. Y una noche de 1986, Claudia le dijo, “Roberto, esto tiene que parar.
” Estaban en su recámara, los niños dormían. ¿Qué tiene que parar [música] esto? El narco, la violencia nos va a matar a todos. Roberto se sentó en [música] la cama. ¿Y qué quieres que haga? ¿Que consiga un trabajo normal? ¿Que gane 2000 pesos al mes? Prefiero eso a que te maten. No me van a matar. Soy cuidadoso.
Todos dicen eso y todos terminan muertos. Roberto la abrazó. Te prometo que voy a tener cuidado y cuando ahorremos suficiente nos salimos. Nos vamos a vivir a otro [música] lado. Estados Unidos, España, donde quieras. Y Claudia quiso creerle, pero en el fondo sabía que Roberto nunca se iba a salir. Porque el narco no te deja salir.
Una vez [música] adentro, solo hay dos salidas, la cárcel o la muerte. Y durante esos años, Roberto vio morir a muchos socios, amigos, gente con la que había trabajado durante años. En 1987, uno de sus mejores amigos, el gero, [música] fue ejecutado. Le metieron 15 balazos en la puerta de su casa delante de su esposa e hijos.
Roberto [música] fue al funeral, vio el ataúdrado, vio a la viuda llorando, a los niños preguntando por qué papá no se despertaba. Y esa noche Roberto [música] llegó a su casa y abrazó a sus hijos. Los amo. ¿Saben eso? Roberto Junior lo miró. Extraño. Sí, papá, [música] ¿estás bien? Sí. Solo quería que lo supieran.
Y en 1989 pasó algo que cambió todo en el narcotráfico mexicano. Miguel Ángel Félix Gallardo fue arrestado. El padrino, [música] el que había construido el cártel de Guadalajara, el que controlaba todo. Y con Félix Gallardo preso, [música] el cártel se dividió. Cada plaza se independizó. Tijuana, Juárez, Sinaloa, Sonora.
Y empezó la guerra porque ahora todos querían ser el jefe, todos querían controlar las rutas, todos querían [música] el poder. Y Roberto quedó atrapado en medio porque en Culiacán había tres [música] grupos peleando por el control. Los Arellano Félix, los Carrillo [música] Fuentes y un grupo local liderado por Héctor, el Gerero Palma y Roberto tenía que elegir.
Se fue con el Hüero Palma porque lo conocía desde hacía años, porque confiaba en él. Y durante los siguientes años, de 1990 a 1993, Roberto participó en la guerra más violenta que México había visto. Dos guerra de cárteles. 1990 hasta 1993. La violencia empezó despacio y después explotó. En 1990 hubo 12 ejecuciones relacionadas con el narco en Culiacán.
En 1991 hubo 43. [música] En 1992 hubo 98. Y en 1993 [música] hubo 162. Y Roberto estuvo involucrado en varias. Porque cuando trabajas [música] para un cártel, matar es parte del trabajo. La primera vez que Roberto mató a alguien fue en 1991. Un traidor, alguien que estaba vendiendo información a los arellanos Félix.
El herero Palma le dijo, “Tú lo conoces. Tú te encargas.” Y Roberto fue, encontró [música] al tipo en un bar, se acercó, se sentó a su lado. “¿Qué tal, compa?” El tipo lo reconoció. Intentó correr. Roberto sacó la pistola, le metió dos balazos, pecho y cabeza, y salió caminando del bar como si nada. Y esa noche Roberto no pudo dormir porque había matado a un hombre, había jalado el gatillo, había visto la sangre, había visto los ojos del tipo apagarse y vomitó y lloró, pero después se acostumbró porque en el narco [música] o
te acostumbras o te vuelves loco. Y durante los siguientes dos años, Roberto mató a siete personas más. Algunos merecían morir. [música] Eran traidores, soplones, gente que había matado amigos de Roberto. Otros solo estaban en el lugar equivocado, como el hijo de un rival, un chavo de 19 años [música] que no tenía nada que ver con el negocio.
Pero su padre había matado a gente del palma. Mátenle [música] al hijo para que aprenda. Y Roberto participó. Y esa noche, [música] cuando llegó a su casa, abrazó a Roberto Junior. Su hijo tenía 17 años, la misma edad del chavo que acababa de matar. Y Roberto pensó, “¿Qué chingados estoy haciendo?” Y Claudia vio el cambio en Roberto.
“Ya no eres el mismo. Nadie es el mismo después de hacer lo que he hecho. ¿Cuántos? ¿Cuántos? ¿Qué? ¿Cuántos has matado?” Roberto la [música] miró. ¿No quieres saber? Dime ocho directamente y probablemente soy responsable de 20 [música] más. Claudia empezó a llorar. Dios mío, Roberto, lo sé, pero ya no puedo parar.
Si intento salirme, me matan. Y en 1993 las cosas empeoraron porque mataron al cardenal Posadas en Guadalajara. Un accidente. [música] Los sicarios confundieron su carro con el de un rival. Pero el gobierno tenía que hacer [música] algo. Habían matado a un cardenal y empezaron a arrestar a todos, a perseguir, a presionar y muchos narcos cayeron.
Y Roberto sabía que su tiempo se estaba acabando porque la violencia era demasiada, la atención [música] del gobierno era demasiada y tarde o temprano lo iban a matar o lo iban a arrestar [música] y decidió que tenía que salirse. Tres intento de salida. 1993 hasta 1994. Septiembre de 1993. Roberto tenía [música] 42 años. Llevaba 26 años en el narcotráfico y estaba cansado, [música] cansado de matar, cansado de esconderse, cansado de ver morir a la gente.
Y una noche le dijo a Claudia, “Me voy a salir.” Claudia lo miró como si estuviera loco. “¿Qué? Me voy a salir del negocio. [música] Ya junté suficiente dinero. Podemos irnos a Estados Unidos, comprar una casa, empezar de nuevo. Roberto, sabes [música] que no te van a dejar salir. Lo sé, por eso tengo que hacerlo bien poco a poco.
Primero bajo el perfil, después delego responsabilidades y eventualmente desaparezco. [música] Y si no te dejan, entonces nos vamos de todos modos, sin avisar. [música] Una noche nos subimos al carro y nos vamos. Y Roberto empezó a preparar su salida. Transfirió dinero a cuentas en el extranjero. Compró una casa en San [música] Diego bajo un nombre falso.
Consiguió documentos falsos para toda la familia y empezó a delegar. Le dijo al herero [música] Palma, “Necesito bajarle. Mi familia me necesita. Voy a seguir [música] trabajando, pero menos.” El gerero lo miró. “¿Estás enfermo?” No solo cansado. Todos estamos cansados, pero el trabajo no se detiene.
Lo sé, pero necesito tiempo con mi familia. El gerero aceptó, pero Roberto vio algo en sus ojos. Desconfianza. [música] Porque en el narco, cuando alguien dice que quiere bajarle, significa que quiere [música] salirse. Y cuando alguien quiere salirse es porque sabe demasiado. Y cuando alguien sabe demasiado [música] y Roberto empezó a ser más cuidadoso.
Cambiaba de rutas todos los días. Nunca dormía en el mismo lugar dos noches seguidas. Siempre llevaba un arma. Y en febrero de 1994, Roberto tuvo una reunión con su socio más cercano. Se llamaba Jesús. Le decían el Chui habían trabajado juntos durante 10 años. Se vieron en un restaurante [música] discreto.
“Compa, necesito tu ayuda”, dijo Roberto. ¿Qué pasó? [música] Me voy a salir y necesito que me cubras. Ah, el Chui lo miró. ¿Estás seguro? Sí. Ya no aguanto esto. Quiero que mis hijos crezcan normales sin este desmadre. Y el gerero que dice, “No le voy a decir nada [música] un día, simplemente voy a desaparecer.” El Chui se quedó callado. Bebió de su cerveza.
“¿Me vas a ayudar?”, preguntó Roberto. Sí, compa, cuenta conmigo. [música] Y se dieron un abrazo. Pero Roberto no sabía que acababa de cometer el error más grande de su vida, porque el Chui fue directo con el gero. [música] Palma. Roberto se quiere salir. ¿Te lo dijo? Sí. Me pidió que lo cubriera, que no dijera nada.
El gerero [música] se quedó pensando. Roberto sabe demasiado. Rutas, contactos, cuentas. Si se va, puede hablar. Roberto no es soplón. Todos hablan cuando los aprietan o cuando les ofrecen suficiente dinero. ¿Qué quieres que haga? El gerero lo miró. Averigua cuando se va y avísame. [música] Y el Chui aceptó, porque en el narco la lealtad al jefe viene antes que la lealtad al amigo.
Y durante los siguientes meses, Roberto siguió preparando su escape. Iba a ser en diciembre de 1994, Navidad, [música] cuando todo el mundo estuviera distraído, le dijo a Claudia, “El 23 de diciembre empacas lo esencial, una maleta [música] cada uno. Nos subimos al carro y manejamos a San Diego sin parar.
Y si nos siguen, por eso vamos en Navidad, van a estar [música] ocupados. Y Roberto le contó el plan a el Chuy. El 23, a las 11 de la noche, salgo [música] de Culiacán, no vuelvo. El Chui asintió. Buena suerte, compa. Gracias por todo. Y el Chui fue directo [música] con el gerüero. El 23 de diciembre a las 11 de la noche, el gerero sonríó. Perfecto.
Prepara a la [música] gente. Cuatro. Persecución y muerte. 1994 [música] hasta 1995. Diciembre 23. 1994 10:30 de la noche. Roberto estaba en su casa. Claudia y los niños ya tenían sus maletas listas. Roberto Junior tenía 19 [música] años. María Elena tenía 17. ¿A dónde vamos?, preguntó Roberto Junior. A Estados [música] Unidos.
A empezar de nuevo. ¿Por qué? Porque este lugar se está poniendo peligroso. [música] Y a las 10:50 de la noche, Roberto cargó las maletas en el carro, una camioneta suburban [música] negra, placas de Sinaloa y a las 10:58, cuando estaban a punto de salir, sonó [música] el teléfono. Roberto contestó, “Bueno, compa, soy el Chui, no salgas.
” Roberto sintió que se le helaba [música] la sangre. ¿Por qué? Porque el gerero sabe, tiene gente [música] esperándote en la carretera. Tú le dijiste, “Silencio del otro [música] lado, hijo de Lo siento, compa, pero es él o tú y yo tengo familia.” Y colgó. Roberto soltó el teléfono, miró a Claudia. ¿Saben? Nos están esperando.
¿Qué hacemos? Nos escondemos esta noche y mañana vemos cómo salir. Y esa noche Roberto llevó a su familia a casa de un amigo, alguien que no estaba en el negocio, alguien en quien confiaba. Y durante las siguientes semanas, Roberto se escondió. Cambiaba de lugar cada noche. Culiacán, Mazatlán, Guadalajara y el Gerüero Palma mandó gente a buscarlo.
Encuentren a Roberto, vivo o muerto y pusieron precio a su cabeza. $500,000. Y Roberto sabía que eventualmente alguien lo iba a encontrar porque $500,000 es mucho dinero y todos tienen un precio. Y en febrero de 1995, dos meses después de su escape fallido, Roberto decidió que tenía que intentar salir de Culiacán una última vez.
Le dijo a Claudia, “Nos vemos en Tijuana. [música] Tú y los niños toman el autobús mañana. Yo salgo esta noche y nos encontramos [música] allá. Y si no llegas, Roberto la abrazó. Voy a llegar, te lo prometo. Pero los dos sabían que probablemente era mentira. Y Roberto se despidió de sus hijos. Abrazó a Roberto Junior.
Cuida a tu mamá y a tu hermana. ¿A dónde vas? A arreglar unas cosas. Te veo pronto. Y abrazó a María Elena. Te amo, mi hija. [música] Te amo, papá. Y Roberto salió. Eran las 11 de la noche del 14 de marzo de 1995. Roberto manejaba solo en un carro viejo, un suru blanco, [música] tratando de pasar desapercibido.
Iba hacia Tijuana por la carretera libre, evitando los retenes. Y todo iba bien hasta [música] que a las 2 de la mañana cerca de Guamuchil vio luces detrás de él, tres camionetas. Acercándose rápido. Roberto aceleró. Las camionetas también. Y empezó la persecución. 150 km/h, 170, 190. Roberto manejaba como loco, esquivando carros, pasándose altos, pero las camionetas eran más rápidas y lo alcanzaron.
Una se puso a su lado, le dispararon, rompieron el vidrio. Roberto sintió un balazo en el hombro, pero siguió manejando. Salió de la carretera, [música] entró a Culiacán pensando que podía perderse en las calles, pero lo seguían y eventualmente Roberto se estrelló contra un poste. Salió del [música] carro, empezó a correr con el hombro sangrando con la camisa roja.
Corrió por calles que conocía desde niño, [música] doblando esquinas, saltando [resoplido] bardas, pero sabía que no iba a escapar porque tenía 44 años. Estaba herido y ellos eran más jóvenes, más rápidos y lo acorralaron en un callejón. Roberto se dio vuelta, levantó las manos. Esperen, [música] el gerero y yo podemos arreglar esto.
Digan su precio. Pero el que comandaba el grupo dijo, “Ya hay precio. Tu cabeza, 500,000.” Y Roberto cerró los ojos. Pensó [música] en Claudia, en Roberto Junior, en María Elena y pensó en su madre. María Elena, que había trabajado toda su vida para sacarlo adelante y pensó en su padre Luis Aguilar, que nunca lo había conocido, [música] y abrió los ojos, “¡Háganlo rápido!” Y le dispararon siete veces: pecho, estómago, cabeza.
Roberto cayó y murió en ese callejón de Culiacán a las 2:34 de la mañana del 15 de marzo de 1995. con 44 años sin haber conocido nunca a su padre. Cinco. Luis Aguilar se entera. 1995. Ciudad de México. 16 de marzo de 1995, 10 de la mañana. Luis Aguilar tenía 75 [música] años. Estaba retirado desde hacía 15 años.
Vivía en una casa grande en Las Lomas. Con su esposa Rosario, sus hijos ya eran adultos. Luis Junior tenía 52 [música] años, Antonio tenía 49 y esa mañana Luis estaba desayunando cuando sonó el teléfono. Rosario contestó, [música] “Bueno, sí, un momento.” Le pasó el teléfono a Luis. “¿Es tu [música] abogado.” Luis tomó el teléfono. “Licenciado.
” “Señor Aguilar, [música] tengo que informarle algo. Hubo un asesinato en Culiacán, un hombre llamado Roberto Ángel Ortega. [música] Al parecer usted lo conocía.” Luis frunció el ceño. No conozco a nadie con ese nombre. [música] Era hijo de María Elena Ortega de Culiacán. La recuerda y Luis [música] sintió que se le enfriaba la sangre.
María Elena, la [música] mesera de 1950. ¿Qué pasó? El hijo fue asesinado. Siete balazos. Al parecer estaba [música] involucrado con narcotraficantes. Luis se quedó callado. Señor Aguilar, ¿sigue ahí? Sí. ¿Por qué me está diciendo [música] esto? Porque la familia podría intentar contactarlo para el funeral o para reclamar algo.
Reclamar [música] que yo no tengo nada que ver con eso. Lo sé, pero legalmente si él decía ser su hijo, nunca fue mi hijo. Esa mujer mintió. [música] Entendido. Solo quería que estuviera al tanto. Luis colgó. Rosario lo miró. ¿Qué pasó? Nada. asuntos legales. Pero Luis no pudo concentrarse al resto del día porque ese hombre, Roberto, había muerto, el hijo que nunca había reconocido.
Y Luis sintió, “¿Qué culpa, tristeza?” llamó a [música] su hijo Luis Junior. Hijo, necesito hablar contigo. Se vieron esa tarde. Luis le contó todo. El romance con María Elena en [música] 1950, el embarazo, las cartas, las negaciones. Y ahora el hijo murió en Culiacán. [música] Era narco. Luis Junior lo miró. Entonces, ¿es verdad tuviste un hijo en Culiacán? Probablemente, pero nunca lo [música] conocí. Nunca quise conocerlo.
¿Y ahora qué? Su abogado dice que la familia podría intentar contactarme para el funeral. ¿Vas a ir? Luis lo miró. ¿Tú qué crees? Creo que si era tu hijo merece que vayas. Era un narcotraficante, un criminal. ¿Por qué debería ir? Luis Junior se quedó callado y después dijo, “Porque era tu hijo, sin importar en qué se convirtió.
” [música] Pero Luis negó con la cabeza. No voy a ir. Ese hombre tomó sus decisiones y yo tomé las mías hace 45 [música] años. No sientes nada ni culpa. Luis lo miró. Siento que debí manejarlo diferente, [música] pero no puedo cambiar el pasado y no voy a arruinar mi reputación yendo al funeral de [música] un narco.
Y Luis no fue. Cuando María Elena intentó contactarlo, mandó al abogado a decirle que no. Cuando Claudia le mandó una carta pidiéndole que al menos reconociera a Roberto póstumamente, [música] la ignoró. Porque Luis Aguilar, el gallo Giro, la estrella del cine mexicano, no iba a admitir que había tenido un hijo con una mesera de Culiacán, [música] un hijo que se había convertido en narcotraficante, un hijo que ahora estaba muerto. Seis.
[música] Funeral de Roberto. 1995. 17 de marzo de 1995. Culiacán, Sinaloa. El funeral de Roberto Ángel Ortega [música] se llevó a cabo en el panteón Jardines de Lumaya, el mismo panteón donde años después enterrarían a los narcos famosos de México, [música] donde construirían mausoleos gigantes, donde la muerte y el lujo se mezclarían de formas obscenas.
Pero en 1995 [música] todavía era un panteón normal con tumbas sencillas, con familias llorando a sus muertos. Y ese día [música] había unas 50 personas en el funeral de Roberto. Su familia, su madre María Elena, [música] de 67 años, su viuda Claudia de 41, sus hijos Roberto Junior de 20 años y María Elena de 18.
Y también había [música] gente del narco, porque así funcionaban las cosas. Aunque te mataran por traidor, tu gente iba al funeral por respeto, por tradición. El ataúd estaba cerrado porque siete balazos a quemarropa [música] no dejan nada bonito que mostrar. Y María Elena, la madre de Roberto, estaba junto al ataúdándolo, [música] llorando.
Había criado a ese niño sola, lo había visto crecer, lo había visto convertirse en hombre y ahora lo estaba enterrando. Mi niño, mi Roberto, ¿por qué te fuiste antes que yo? Y nadie tenía [música] respuesta. Claudia estaba sentada en una silla mirando al vacío con los ojos secos porque ya no le quedaban lágrimas. Llevaba tres días llorando desde que la policía tocó su puerta y le dijo que habían encontrado a Roberto muerto en un callejón y sus hijos estaban junto a ella, Roberto Junior con traje negro intentando ser fuerte, intentando ser el hombre
[música] de la familia ahora que su padre no estaba. y María Elena con vestido negro llorando calladamente, agarrando la mano de su madre. Y el padre García, el [música] sacerdote de la parroquia donde Roberto había sido bautizado 44 años antes, dio la misa. Hermanos, nos reunimos [música] hoy para despedir a Roberto, un hijo, un esposo, un padre.
Que Dios lo reciba en su gloria y perdone [música] sus pecados. Y María Elena, la madre, gritó, “No tenía que morir así. No tenía que morir [música] solo. Su padre debería estar aquí. Y todos voltearon a verla porque todos sabían. [música] En Culiacán todos sabían que Roberto era hijo de Luis Aguilar.
El rumor había corrido durante décadas, pero Luis nunca lo había reconocido y ahora Roberto estaba muerto y Luis no había venido. Y el padre García intentó calmar a María Elena. [música] Germana, entiendo su dolor, pero este es momento para orar, no para orar. ¿Por qué? ¿Para qué? Mi hijo está muerto. El padre de mi hijo nunca lo quiso y ahora ni siquiera tiene la decencia de venir a su funeral.
Y empezó a llorar descontroladamente. Y Claudia se levantó, abrazó a su suegra. Doña Mary, por favor. Roberto ya descansó, [música] ya no sufre. Pero yo sí, yo sí sigo sufriendo. Y después del servicio religioso llevaron el ataúd al lugar de entierro. Una tumba sencilla, nada elaborado, porque aunque Roberto había ganado millones, ese dinero estaba escondido, [música] congelado.
No se podía usar para un funeral ostentoso sin levantar sospechas. Y bajaron el ataúd y Roberto Junior agarró un puño de tierra y lo aventó sobre el ataúd. Descansa, [música] papá. Te voy a hacer justicia, te lo prometo. Porque Roberto Junior ya había decidido algo. Iba a buscar a Luis Aguilar, su abuelo, [música] el hombre que había rechazado a su padre durante toda su vida, y lo iba a obligar a reconocerlo, aunque fuera póstumamente.
Y después del entierro, [música] la familia regresó a casa de María Elena. Y esa noche, cuando todos se habían ido, Roberto [música] Junior habló con su abuela. Abuela, necesito que me cuentes todo sobre mi abuelo, sobre Luis Aguilar. María Elena lo miró. ¿Para qué? Porque voy a hacer que nos reconozca. A mi papá, a mí, a mi hermana.
Somos su familia y tiene que aceptarlo. [música] Hijo, ese hombre nunca aceptó a tu padre. ¿Por qué crees que te va a aceptar a ti? Porque ahora tengo voz. Mi papá nunca pudo pelear porque era narco, pero yo no lo soy. Voy a estudiar, voy a hacerme abogado y voy a demandar a ese cabrón hasta que nos reconozca.
Y María Elena vio en los ojos de su nieto la misma determinación que había visto en los ojos de Roberto [música] cuando era joven. Y le contó todo, cómo había conocido a Luis en 1950. El romance, las promesas, el abandono, las cartas rechazadas, los años de pobreza. Y Roberto Junior escuchó todo y esa noche juró algo.
Su padre había muerto sin apellido, pero él no iba a permitir que eso siguiera. Iba a conseguir el apellido Aguilar, aunque le tomara toda la vida. Siete hijos buscan reconocimiento. 1995 hasta 2000. Roberto Junior tenía 20 años. Su padre acababa de morir. Su familia estaba destruida [música] y él tenía que tomar decisiones.
Podía seguir el camino de su padre, meterse al narco, [música] ganar dinero rápido, morir joven o podía hacer algo diferente. Decidió estudiar. se inscribió [música] en la Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de Derecho, porque si iba a pelear por el apellido de su padre, necesitaba saber cómo funcionaba la ley.
Y durante los siguientes 5 años, de 1995 [música] a 2000, Roberto Junior estudió. Trabajaba medio tiempo en un despacho de abogados, ayudaba a su madre y su abuela económicamente y estudiaba. Y se graduó en 2000 a los 25 años y lo primero que hizo fue buscar un abogado especializado en derecho familiar. Encontró a la licenciada Mónica Herrera, una abogada joven de 35 años que se especializaba en casos de paternidad.
licenciada, necesito su ayuda. Quiero que reconozcan a mi padre [música] como hijo de Luis Aguilar. Mónica lo miró. Luis Aguilar el actor. Sí, tu padre era su hijo. Sí, tengo pruebas, [música] cartas, testimonios, recibos de pagos que Luis mandaba cuando mi padre era niño. [música] Mónica revisó los documentos. Había cartas de María Elena a Luis de 1950, [música] cartas donde le contaba del embarazo.
Había la carta del abogado de Luis Negando la paternidad. Había recibos bancarios de 1950 y uno a 1956, transferencias mensuales [música] de 1000 pesos. De una cuenta a nombre de Luis Aguilar a una cuenta a nombre de María Elena Ortega. [música] Esto ayuda. Demuestra que Luis sabía del niño y que lo mantenía económicamente, pero no prueba paternidad.
¿Qué más necesitamos? Testigos. [música] Gente que los viera juntos. Gente que supiera del romance. Roberto Junior viajó a Culiacán. [música] Empezó a buscar. Encontró una mujer que había trabajado con María Elena en el restaurante [música] en 1950. Tenía 73 años. Sí, me acuerdo. María Elena salía con un [música] actor.
Venía a buscarla después de su turno. Era guapo, alto, era Luis Aguilar. [música] Nunca me dijo su nombre, pero sí se parecía a él. Roberto Junior encontró al [música] dueño del hotel donde Luis se había hospedado durante la filmación. El hombre tenía 80 años, pero recordaba. Luis Aguilar se quedó aquí seis semanas en 1950 [música] y sí, traía una muchacha, una mesera del centro, se quedaba con él algunas noches.
¿Podría testificar eso? El hombre dudó contra Luis Aguilar. Mi padre era su hijo y Luis nunca lo reconoció. Murió sin apellido. [música] Solo quiero justicia. El hombre asintió. Está bien, voy a testificar. y Roberto Junior juntó cinco testigos y en septiembre de 2000 presentó [música] la demanda Roberto Luis Ortega, difunto representado por su hijo Roberto Ortega Junior versuse Luis Aguilar Manso, [música] solicitando reconocimiento de paternidad póstuma.
Y el caso se volvió noticia. Hijo de Narco reclama ser nieto de Luis Aguilar. Luis Aguilar enfrenta demanda de paternidad póstuma y Luis, que tenía 80 años estaba furioso. Otra vez con esto. Ya lo manejamos en los 60, ya lo manejamos en los 80. Ahora que estoy viejo, me vienen a chingar. Su abogado le dijo, [música] “Señor Aguilar, esta vez tienen más pruebas.
Los recibos de los pagos que usted hacía. Esos pagos eran para ayudar a la mujer. No significa [música] que fuera mi hijo, pero puede interpretarse así. ¿Y qué quieren? Dinero. ¿Quieren reconocimiento? ¿Que se modifique el acta de nacimiento? Que el difunto Roberto Luis Ortega lleve el apellido Aguilar. Eso nunca va a pasar.
Y Luis contrató a los mejores [música] abogados de México para pelear el caso. Pero había un problema. Luis estaba enfermo. [música] Tenía cáncer de próstata. Diagnosticado en 1995. [música] Había sido operable entonces, pero ahora, 5 años después había regresado y se estaba [música] extendiendo. Ocho. Muerte.
Luis Aguilar, 1997. Aquí hay un error en mi cronología. Déjame corregir. Luis Aguilar murió el 24 de octubre de 1997. [música] antes de que Roberto Junior presentara la demanda en 2000. Así que ajusto 8, [música] muerte. Luis Aguilar, 1997, corrección cronológica. Luis Aguilar pasó sus últimos [música] años enfermo. El cáncer de próstata que le diagnosticaron en 1995 [música] avanzó rápido y Luis, que había sido fuerte toda su vida, se fue consumiendo.
[música] En 1996 pesaba 55 kg, tenía 76 [música] años y parecía de 90 y sabía que se estaba muriendo. Y una noche [música] de septiembre de 1997, un mes antes de su muerte, Luis llamó a su esposa Rosario. Estaban en su recámara. Luis en la cama conectado a un tanque de oxígeno. Rosario, necesito decirte algo.
¿Qué pasa? Lo delijo en Culiacán. Era verdad. Rosario lo [música] miró. Llevaban casados 54 años. Lo sé. ¿Sabías? Siempre lo supe. Las cartas, los pagos. No eras tan discreto como creías. [música] Luis cerró los ojos. Y nunca dijiste nada. ¿Para qué? Ya estaba [música] hecho y tú decidiste no reconocerlo. No era [música] mi lugar juzgarte, pero ahora está muerto. Murió en 1995.
[música] Era narco. Lo mataron. Lo sé. Leí los periódicos. ¿Crees que debía haberlo [música] reconocido? Rosario se quedó callada un momento. Creo que debiste haber sido honesto desde el principio, con él, con su madre, conmigo, pero ya pasó, ya no puedes cambiarlo. Y si sus hijos me demandan, si quieren reconocimiento después de que yo muera, entonces que lo [música] hagan.
Tú ya no vas a estar aquí para verlo. Y Luis asintió. Y el 24 [música] de octubre de 1997, a las 6:15 de la tarde, Luis Aguilar murió en su casa de las Lomas, rodeado de su familia, Rosario, [música] Luis, Junior, Antonio. Y sus últimas palabras fueron diles a los de Culiacán que lo siento. Rosario no [música] entendió a quiénes, pero Luis ya no respondió y murió 82 años.
una de las estrellas más grandes del cine mexicano [música] y se fue sin haber conocido nunca a su hijo Roberto, sin haber conocido a sus nietos Roberto Junior y María Elena, sin haber reconocido el error que cometió en 1950. El funeral fue masivo. Miles de personas, estrellas de cine, políticos, fans y Roberto Junior, que tenía 22 años, vio el funeral por televisión.
desde Culiacán, en la casa [música] de su abuela María Elena y vio a toda esa gente llorando por Luis Aguilar y sintió rabia porque su abuelo había muerto rodeado de amor y su padre había muerto solo en un callejón. [música] Y esa injusticia lo consumió y decidió que aunque Luis estuviera muerto, iba a pelear.
Iba a conseguir que reconocieran a su padre, aunque fuera póstumamente. Nueve. Batalla legal. 2000 hasta 2015. Septiembre de 2000. Roberto Junior, [música] ahora abogado, presentó la demanda. Roberto Luis Ortega, difunto [música] versus Luis Aguilar Manso, difunto, solicitando reconocimiento de paternidad póstuma y la familia Aguilar se opuso.
Luis Junior y Antonio, los hijos de Luis, contrataron abogados. Mi padre nunca tuvo un hijo en Culiacán. Esto es un intento de extorsión, pero Roberto Junior [música] tenía pruebas. Las cartas, los recibos, los testigos. Y el juicio empezó en marzo de 2001. [música] El primer día, Roberto Junior testificó.
Mi padre se llamaba Roberto Luis Ortega. Nació el 15 de marzo de [música] 1951, hijo de María Elena Ortega y Luis Aguilar. Luis nunca lo reconoció. Mandaba dinero mensualmente durante los primeros 5 años, pero nunca dio su apellido. ¿Cómo sabe que Luis Aguilar era el padre? Mi abuela me lo dijo. Mi padre me lo dijo antes de morir y tengo documentos que lo prueban.
Presentó las cartas Una de María Elena a Luis de agosto de 1950. Luis, estoy embarazada. El bebé es tuyo, por favor regresa. Necesito tu ayuda. Y la respuesta del abogado de Luis, [música] el señor Aguilar, niega categóricamente ser el padre. Presentó los recibos. Transferencias bancarias de 1951 a 1956. De Luis Aguilar a María Elena Ortega, 1000 pesos mensuales.
Si Luis no era el padre, ¿por qué mandaba dinero? Los abogados de la familia Aguilar argumentaron. Luis Aguilar era un hombre generoso, [música] ayudaba a mucha gente. Estos pagos no prueban paternidad, pero después testificaron los testigos. La compañera de trabajo de María Elena del restaurante vi a María Elena con un hombre en 1950.
Era alto, [música] guapo. Ella me dijo que era actor, que estaba filmando en Culiacán, [música] el dueño del hotel. Luis Aguilar se hospedó en mi hotel seis semanas. Traía una muchacha, una mesera, se quedaba con él y el abogado de Roberto Junior pidió algo más. Solicito la exhumación del cuerpo de Luis Aguilar para prueba de ADN.
Y la familia Aguilar se opuso violentamente. [música] Es una profanación. Mi padre lleva muerto 4 años. No vamos a permitir esto. Pero el juez lo autorizó. Hay evidencia suficiente para justificar la exhumación. Se procederá. Y en junio de 2002, 5 años después de su muerte, exhumaron el cuerpo de Luis Aguilar del Panteón Jardín en la Ciudad de México.
Tomaron muestras de huesos y Roberto Junior dio muestras de sangre [música] y esperaron 8 semanas. Y el 15 de agosto de 2002 [música] llegaron los resultados. Roberto Junior estaba en el despacho de su abogada cuando abrieron el sobre. Mónica leyó probabilidad de parentesco en segundo grado entre Roberto Ortega Junior y Luis Aguilar Manso. 99,94%.
[música] Roberto Junior sintió que se le aflojaban las piernas. ¿Qué significa eso? Significa que Luis Aguilar era tu abuelo, [música] que tu padre era su hijo. Roberto Junior empezó a llorar después de 7 años. Después de toda la lucha, finalmente tenía la prueba y el juez dictó [música] sentencia en octubre de 2002.
Con base en las pruebas de ADN presentadas, este tribunal reconoce que Roberto Luis Ortega era hijo biológico de Luis Aguilar Manso. Se ordena la modificación del acta de nacimiento para incluir el apellido paterno. [música] Roberto Ortega Junior lloró en la sala del tribunal. Su padre, que había muerto 7 años antes sin [música] apellido, finalmente era reconocido, Roberto Luis Aguilar Ortega.
[música] Pero faltaba algo más, la herencia, porque Luis Aguilar había dejado una fortuna, propiedades, derechos de autor de sus películas, regalías. Y ahora que Roberto era reconocido como hijo, sus descendientes tenían derecho a una parte y la familia Aguilar no quería compartir. Luis Junior y Antonio pelearon.
[música] Aunque sea hijo biológico, nunca fue reconocido en vida. [música] No tiene derecho a herencia. Pero la ley decía otra cosa. Los hijos reconocidos postumamente [música] tienen los mismos derechos que los hijos reconocidos en vida. Y el juicio por la herencia duró 13 años más, de 2002 a 2015, 13 años de apelaciones, de peleas, [música] de abogados.
Y finalmente, en marzo de 2015, [música] el juez dio la sentencia final. Roberto Luis Aguilar Ortega, difunto, tiene derecho a una tercera parte de la herencia de Luis Aguilar Manso. Esta parte será dividida [música] entre sus descendientes Roberto Ortega Junior y María Elena Ortega. Roberto Junior y su hermana recibieron su parte, 20 millones [música] de pesos cada uno y propiedades y derechos sobre las películas de Luis Aguilar.
Y Roberto Junior sintió nada, porque había peleado durante 15 años y había ganado, pero su padre no estaba ahí para verlo. Su abuela María Elena había muerto en 2010 sin ver justicia y el dinero no llenaba el vacío. 10. legado y presente. 2015 hasta 2025. Roberto Ortega Junior tiene 50 años. Vive en Culiacán. Es abogado.
Tiene su propio [música] despacho. Se especializó en casos de paternidad, ayudando a otras personas como él. Hijos no reconocidos, familias [música] rotas. Se casó. Tiene tres hijos y les cuenta la historia de su padre, [música] de su abuelo. Su bisabuelo fue Luis Aguilar, una estrella de cine.
Pero también fue un cobarde que abandonó a su hijo. [música] ¿Por qué lo abandonó papá? por miedo, por vergüenza, porque en esa época tener un [música] hijo fuera del matrimonio arruinaba tu carrera y Luis prefirió su carrera sobre su hijo. Y nuestro abuelo Roberto, su abuelo fue un hombre que tomó malas [música] decisiones.
Se metió al narco porque creció pobre, porque estaba enojado, porque sentía que la vida le debía algo y murió por [música] eso. ¿Lo extrañas? Todos los días. Aunque murió hace [música] 30 años. Todos los días pienso en él y Roberto Junior tiene fotos de su padre en su oficina. Roberto de niño, Roberto de joven, Roberto [música] con Claudia el día de su boda y también tiene una foto de Luis Aguilar de una de sus [música] películas, vestido de charro, sonriendo y a veces Roberto Junior mira esa [música] foto y piensa en todo lo que pudo haber sido. Si Luis
hubiera reconocido a Roberto, si Roberto hubiera crecido [música] con padre, si Roberto no se hubiera metido al narco, si Roberto siguiera vivo. Pero la vida no funciona con sí. Y Roberto Junior aprendió eso de la manera más dura. [música] Su hermana María Elena vive en Guadalajara, es doctora, tiene dos hijos y ella también cuenta la historia.
Venimos de dos mundos, de la fama y [música] de la pobreza, del cine y del narco, y aprendimos que lo que importa es lo que [música] tú haces con tu vida, no de dónde vienes. Y Claudia, la viuda de Roberto, sigue viva. Tiene 71 años, vive en Culiacán, nunca se volvió a casar.
Roberto fue el amor de mi vida, [música] aunque solo estuvimos juntos 15 años, aunque murió de la peor manera, fue mi amor y va a su tumba [música] todos los años, el 15 de marzo, aniversario de su muerte, y le lleva [música] flores y le habla. Roberto, tus hijos están bien. Tienen el apellido que tú nunca pudiste tener. Lograron lo que tú no pudiste.
Estoy orgullosa [música] de ellos y sé que tú también lo estarías. Luis Aguilar Manso nació el 29 de enero de 1918. Murió el 24 de octubre de 1997 [música] a los 79 años. Fue una de las estrellas más grandes del cine [música] mexicano, El Gallo Giro. Filmó más de 160 películas. Se casó con Rosario Gálvez. [música] Tuvo dos hijos reconocidos, Luis Junior y Antonio.
Y tuvo un [música] tercer hijo, Roberto Luis Aguilar Ortega, que nunca reconoció en vida, un hijo que creció pobre, que se metió al narco, que murió con siete balazos en [música] un callejón de Culiacán. Roberto Luis Aguilar Ortega nació el 15 de [música] marzo de 1951. Murió el 15 de marzo de 1995 [música] a los 44 años.
El día de su cumpleaños fue hijo de Luis Aguilar y María Elena Ortega. Creció sin padre. Trabajó en el narcotráfico durante 26 [música] años. Tuvo dos hijos, Roberto Junior y María Elena, [música] y murió intentando escapar, intentando darles una vida mejor a sus hijos. María Elena Ortega nació el 3 de junio de 1928. [música] Murió el 12 de noviembre de 2010, a los 82 años. Fue mesera.
[música] Fue madre soltera. Crió a su hijo sola durante 44 años. vio morir [música] a su hijo, vio a sus nietos pelear por justicia y murió sabiendo que finalmente habían ganado. Esta historia enseña varias cosas. Los errores de los padres los pagan los hijos. Luis abandonó a Roberto y Roberto creció con un vacío que intentó llenar con rabia, con dinero del narco, y ese vacío lo mató.
Las decisiones tienen consecuencias que duran generaciones. Luis tomó una decisión en 1950 y esa decisión afectó a Roberto, a Roberto [música] Junior, a María Elena, a todos. El dinero y la fama no te hacen buena persona. [música] Luis fue rico, fue famoso, pero fue un mal padre y eso es lo que importa al final.
Y la justicia [música] llega, aunque tarde. Aunque Roberto murió sin apellido, sus hijos lo consiguieron. Pelearon durante 15 años y ganaron. Si quieren más historias de la época de oro, vean mi video sobre Jorge Negrete y Gloria Marín, otro hijo secreto, [música] otra familia rota. El link está en pantalla.
Suscríbanse, [música] activen la campanita y díganme, ¿creen que Roberto habría sido diferente si Luis lo hubiera reconocido o el narco lo habría atrapado de todas formas? Nos vemos en el próximo video. Las decisiones tienen consecuencias y los secretos siempre salen a la luz.