Mientras figuras como Enrique Guzmán o César Costa acaparaban la atención y promoción en el mercado juvenil, los Reapers quedaban arrinconados como muchos grupos que tenían ganas, talento y ruido, pero no el empuje de la industria. Y vean, amigos, y Jorge no se iba a quedar de brazos cruzados porque él no era precisamente un hombre paciente ni conformista.
Se hartó, vio como el proyecto no avanzaba, que no les daban el lugar que esperaba, que la música no le estaba abriendo la puerta como él quería. y mandó todo al demonio. Abandonó la banda y dejó ese sueño roquero colgado. Como quien dicen, si no va a ser en serio, entonces no quiero nada. Donde iba a cantar, a tocar, a actuar también era como un show unipersonal.
Después intentó acomodarse en el camino que supuestamente era más seguro, la arquitectura. Primero trabajó de la mano de Pancho Artigas y más tarde se fue a un despacho importante en Chicago, donde parecía que por fin la vida lo estaba llevando por una ruta formalmente estable y respetable. El arquitecto Jorge Luque trabajando en los Estados Unidos lejos del relajo artístico, lejos de los escenarios, lejos de esa vida incierta que tanto espantaba a las familias conservadoras.
Pero amigos, no vayamos tan rápido porque aquí está lo sabroso. Hay destinos que uno puede intentar esquivar, pero no siempre puede uno enterrar. Jorge podía diseñar espacios, trabajar en despachos, cumplir con horarios y aparentar que el arte ya había quedado atrás, pero dentro de sí seguía latiendo ese mismo hombre inquieto, intenso, cargado de música, de presencia y de ganas de estar frente al público.
Es que dice el dicho que el que nace para olla del cielo le caen los tamales. ¿A poco no, amigos? Mi padrastro. Bueno, sí, pero pues yo no sé cómo hacerle, pues. Y yo nunca he pedido la mano de nadie. Y es que vean, amigos, parecía que la arquitectura había ganado. Parecía que el muchacho rebelde ya se había enderezado. Parecía que el rock había sido solo una aventura juvenil, pero la vida todavía le tenía guardada otra jugada.
Y cuando el arte te trae marcado, tarde o temprano encuentra la forma de regresarte al escenario, aunque sea por la puerta más inesperada. Como les venía diciendo al principio, Jorge no estudió actuación. Él era arquitecto, así como lo oyen. Ese hombre que después iba a llenar la pantalla con puro carácter, con mirada dura y presencia de “Aquí mando yo,” no salió de una escuela teatral ni se formó siguiendo el camino tradicional.
llegó al cine así como diciendo casi de rebote, de pura chiripa, como llegan muchas cosas importantes en la vida, por accidente, por una foto y por alguien que vio algo donde otros no estaban viendo nada y se fue alejando de la música porque el el cine lo jaló. A finales de los años 70, el director Fernando Pérez Gavilán vio una foto de Jorge en el escritorio de su padre, quien trabajaba como contador en películas nacionales y algo le llamó la atención, no era una foto cualquiera, ahí estaba ese rostro fuerte, esa presencia distinta, ese aire de hombre
que parecía cargar historia antes de abrir la boca. Entonces pidió que lo llamaran para hacer un casting para la película. Siempre hay una primera vez. Y vaya que este título le vino como anillo al dedo a Jorge. Porque vean la ironía sabrosa, su debut fue pequeño que ni siquiera apareció en los créditos. O sea, entró al cine casi de puntitas, sin anuncio, sin alfombra roja, sin que nadie dijera, “Aquí nace una estrella.

” Pero para Jorge fue suficiente. La experiencia le encantó, le gustó mucho y quedó atrapado por completo. Algo le hizo click. Tal vez fue la cámara, tal vez el ambiente, tal vez esa posibilidad de convertirse en otro sin tener que pedirle permiso a nadie y desde ahí no tuvo marcha atrás.
Aunque nunca estudió actuación, es verdad, nunca lo hizo formalmente, pero Jorge traía una filosofía muy clara. En el teatro se formaban los verdaderos actores, así que se metió al oficio con hambre, con disciplina y con una disposición absoluta al trabajo. ¿Y por qué no puedes? Porque hay días en que no se puede. Que la canción. Lo siento.
Y cuando hablamos de absoluta, es absoluta, porque Jorge Luke no era de esos que se ponían sus moños para elegir solamente papeles bonitos, elegantes o de prestigio. Él trabajaba en lo que le dieran y punto. Por eso nunca rechazó un papel y esa decisión le abrió puertas, pero también lo metió en todo tipo de proyectos.
A lo largo de su carrera participó entre 170 y 200 producciones, una cantidad verdaderamente tremenda para cualquier actor en cualquier género. Y es que Jorge no solamente fue conocido por el cine de actor, hizo cine serio, cine de autor, cine comercial, teatro, televisión, películas policíacas, video homes y hasta ***y comedias.
de todo un poco, como dicen en el barrio de Tocho Morocho, porque para él el oficio era el oficio y un actor que quería vivir de eso tenía que entrarle a lo que hubiera. Y bueno, dentro de este trabajo hubo trabajos que pesaron más que otros. obviamente participó en las puertas del paraíso, una película que le valió una nominación al premio Ariel y también en El Santo oficio, una de esas cintas fuertes, incómodas y muy importantes del cine mexicano.
Pero así como aparecía en una película, al mismo tiempo podía aparecer en películas policíacas con los hermanos Almada, en producciones más rudas, más populares, más hechas para el público de barrio o en esa etapa del cine mexicano donde abundan los videohomes y las ***y comedias. Y aquí está lo interesante de Jorge Luke.
No se encerró en una imagen de actor fino ni se puso exquisito con su carrera. Tal vez por necesidad o tal vez por su carácter. Tal vez porque venía de una vida donde había aprendido que el trabajo no se desprecia. Aceptó todo tipo de proyectos donde salía en una fiesta de hombre cuatro, o sea, no tenía ni nombre el personaje, pero hizo un vídeo.
Y bueno, como en todas las cosas siempre pasan, algunos le dieron prestigio, otros dinero, otros simplemente presencia. Pero todos fueron construyendo esa imagen de actor duro, cumplidor, trabajador, de esos que aparecían en una película y de inmediato llenaban el cuadro. Esta apertura total también le permitió cumplir uno de sus sueños más grandes, trabajar fuera de México.
Jorge no se quedó esperando a que Hollywood le mandara flores. Fue haciendo su camino y con el tiempo logró grabar en Hollywood también y en Europa, compartir pantalla con Harrison Four y participar en producciones italianas, francesas y hasta soviéticas. Mirenlo más. Y bueno, esto no está nada mal para un hombre que había empezado con una aparición tan pequeña que ni siquiera salió en los créditos.
Así que el arquitecto que parecía destinado a diseñar casas y edificios terminó construyendo otra cosa. Una carrera enorme, desigual, sí, con proyectos de todos los niveles, pero también llena de trabajo, riesgos y presencia internacional. El muchacho que llegó al cine por una foto acabó conquistando pantallas en tres continentes.
Y aunque nunca fue el actor de escuela elegante ni el galán limpio de telenovela, Jorge Luke se convirtió en algo igual de poderoso, un rostro de carácter, un hombre de pantalla, un actor que podía aparecer 2 minutos y aún así dejar la sensación de que había estado ahí toda la película alguien pesado para el cine. Buen amigo, don Jorge Lque, el cara de perro.
El cara de perro. Y miren amigos, si algo tuvo Jorge Luke fue que no vivió el freno de mano puesto como buen representante de aquella época del hipismo, de la rebeldía, de la libertad ***ual, de la experimentación y del que caiga al mundo, pero yo vivo como quiero. Jorge se metió en ambientes donde el arte, el escándalo y el exceso caminaban agarrados de la mano.
Su primera gran controversia fue llegando al teatro con la adaptación de Sarathustra de Alejandro Jorodowski. Y aquello no fue cualquier montajito raro para unos cuantos intelectuales curiosos. No, señor. Fue un escándalo de los grandes, porque en escena aparecía el elenco completamente desnudo, así como Dios los trajo al mundo, así sin tantita pena.
Y según se contó, incluso había jóvenes que ni votar podían dentro del montaje. Ahí sí la cosa se ponía verdaderamente delicada. Pero imagínense eso en el México de aquellos años, una sociedad conservadora, escandalizable por cualquier cosa, con la moral pública bien levantada, viendo de pronto una obra donde el desnudo no era insinuación, sino parte central del golpe teatral.
Y obviamente que los políticos y la gente de moral a veces doble, pues no tardó en censurar esto. Y claro, para algunos aquello era arte experimental, una forma de romper con las reglas, de provocar al público y de sacudir la hipocresía de la época. Y sí, amigos, era hipócrita porque los presidentes andaban censurando a medio mundo, pero bien que andaban con las actrices del cine de ficheras, a poco no.
Pero para otros era una barbaridad, una ofensa, una muestra de que ciertos artistas ya se habían pasado de la raya, pasados de lanza, a poco no. Pero ahí estaba Jorge Luque metido en ese ambiente de creación desbordada donde no había miedo a incomodar ni a que los señores de traje y corbata se perinaran desde la primera fila.
Y necesitamos vengar la muerte de su hijo, de mi amigo, de Roberto. Pero vean, amigos, esto no fue lo más grave. Lo más grave, el episodio más sabroso para el morvo y también el más oscuro fue su detención en la tristemente célebre fiesta de los degenerados. Así la bautizó la prensa con ese amarillismo de la época que no perdonaba absolutamente nada y que sabía perfectamente cómo convertir una enredada en espectáculo público.
Según los reportes que circularon, aquello fue un tremendo pachangón en una mansión de Paseo de Reforma al que habrían asistido alrededor de 149 personas, entre artistas, intelectuales, jóvenes del ambiente bohemio y, según se dijo, también jóvenes que no habían alcanzado el timbre todavía. La policía terminó allanando la casa y allí el escándalo explotó con todo.
Se habló de varias cosas, de hierbita y todo ese tipo de asuntos. encontrados en ese lugar. Y vean amigos, entre los detenidos aparecían nombres importantes, gente famosa, gente que era conocida en todo el espectáculo en México. ¿Y quién creen que estaba ahí? Sí. Alejandro Jodorovski y se la Vega y el propio Jorge Luque. O sea, no era una nota cualquiera de sociales, era una bomba para la farándula, para la prensa amarillista y para esa sociedad que veía el mundo hippi como una amenaza directa a las buenas costumbres.
Y pues Luke era un hombre muy guapo, así, muy macho, muy varonil. Pero aquí viene lo que más retrata a Jorge. Lejos de salir con cara de arrepentido, de pedir perdón o de decir, “Yo no sabía nada,” asumió esa etapa con una franqueza que hoy todavía sorprende. Según se cuenta, justificó el uso de sustancias como parte de la época hippi que vivían.
No lo pintó como accidente ni como algo ajeno a su mundo. Lo dijo como quien reconoce que esa era la vida que muchos estaban explorando en ese momento. Música, libertad, sustancias, viajes, espiritualidad, excesos y una búsqueda medio peligrosa de romper con todo lo establecido. y todavía fue más allá porque también confesó abiertamente que viajaba con frecuencia a Oaxaca, pues para meterse otras cosas y era en unas sesiones con la famosa chamana María Sabina y así sin filtros, sin remordimientos y sin esa necesidad de quedar como santo de calendario. Para
Jorge aquello formaba parte de la búsqueda de su juventud, de esa vida donde el arte, el cuerpo, la mente y el exceso parecían mezclarse en el mismo caldero. Pero no era el caldero como el de Niurka, eh, nada que ver. Claro, vistos desde hoy, todo eso se miran con otros ojos, porque una cosa es hablar de libertad artística y otra muy distinta es meterse en ambientes donde había sustancias, jóvenes sin permiso para votar y citaciones que levantan muchas alarmas.
Pero también hay que entender que Jorge Luque perteneció a una generación que quiso romperlo todo, la moral, la censura, los límites del teatro, el miedo a experimentar y hasta la idea de lo que un actor podía o no podía hacer con su vida. Él fallece, yo lo siento mucho, eh, y y expreso que fue como mi padre. Así que este artículo no se puede contar como simple anécdota simpática.
Fue escándalo, fue exceso, fue una mancha pública y también fue parte de la leyenda oscura de Jorge Luke. Un hombre que nunca se escondió, que no matizaba sus pasos y que parecía vivir una regla muy suya. Si lo hizo, lo hizo. Si lo vivió, lo decía. Y si el mundo se escandalizaba, pues que se escandalizara.
Y miren, amigos, Jorge Luke no era el clásico galán de carita perfecta niño bonito de la pantalla. No era de esos que parecían salidos de una revista juvenil, bien peinaditos, correctos y listos para enamorar a la protagonista buena. No, Jorge era otra cosa. Tenía una personalidad arrolladora. Él mismo lo resumía en una frase muy suya, verbo mata carita.
Y vaya que parecía aplicarla, porque aunque no encajaban en el molde tradicional de Galán Fino, tuvo romances con mujeres espectaculares, famosas y deseadas y de carácter fuerte. mujeres que no estaban para cualquiera, pero que de alguna manera caían rendidas ante este hombre de mirada intensa, de palabra fácil y ahora de peligro.
Pero vean, amigos, si hubo un romance que marcó con fuego, ese fue el que vivió con Isela Vega, una de las mujeres más libres, sensuales y escandalosas del México de aquellos años. Y Cela no era cualquier actriz, era el máximo símbolo erótico de la época. Una mujer que ya traía encima fama de rebelde, de indomable, de figura que incomodaba a los conservadores y fascinaba al público.
Según se cuenta, Jorge e Isela se encontraron durante la filmación del sabor de la venganza, donde curiosamente ella interpretaba a su madre. Y miren nada más qué cosa de la película tan retorcida en la pantalla. madre e hijo, pero fuera de cámaras la atención iba por otro lado. El último día de grabación la historia explotó en el camerino.
Ahí, según las versiones, se dejaron llevar por una pasión arrebatada, de esas que no piden permiso ni piensan en las consecuencias. Fue uno de los romances más sonados del cine mexicano. Ya queo no se quedó en una aventura de una noche. A los 30 días de romance ya estaban viviendo juntos. Así de rápido, así de intenso, así de volcánico.
Poco después nació su hija Shaula. Entonces, lo que había empezado como deseo y fuego, además de adrenalina, se convirtió también en familia. Obviamente que era una familia marcada por dos temperamentos fuertes, dos carreras bastante demandantes y una relación que más que tranquila parecía un campo de batalla porque ese amor duró alrededor de 5 años.
Pero no fue una historia bonita del álbum familiar, fue una relación enfermiza, tóxica y explosiva en las dos direcciones. Jorge era un mujeriego empedernido, de esos que no podían dejar de mirar a cualquier mujer que pasara. Y no eran miraditas discretas, ¿no? Según se cuentan, sus coqueteos eran tan evidentes que Isela terminaba bebiendo vasos de whisky de forma frenética para tranquilizarse y soportar la humillación de verlo conquistar con los ojos en público.
Siempre lo voy a recordar, ¿eh? Y todos los días me acuerdo de él. Pero Jorge tampoco era una víctima de celos y cela. Él también sacaba relucir su lado más machista y controlador. Revisaba los guiones de ella. quería saber qué escenas iba a grabar, con quién, cómo y hasta dónde, y si había besos o escenas de cama, se encendía la mecha.
Según estas versiones, llegaba a prohibirle ciertos trabajos o escenas y si ella no obedecía, montaba en cólera. O sea, el hombre podía coquetear con medio mundo, pero no toleraba que Isela hiciera su trabajo como actriz, si eso implicaba intimidad en la pantalla. Y bueno, como dicen por ahí, pues ahí estaba la doble moral, porque había libertad para él, pero control.
Pero dice el dicho que tanto va al cántaro al agua, que al fin se rompe, porque la ruptura llegó, pero ni siquiera separados lograron apagar el incendio. Después vinieron pleitos constante por la atención de su hija Shaula, quien creció en medio del caos, los celos, las ausencias y el exceso de trabajo de ambos, porque Jorge e Isela eran intensos, brillantes, atractivos, libres. pero muy complicados.
Lo malo es que en medio de todo este torbellino de emociones había una niña tratando de entender una familia que nunca fue formal, ni tranquila, ni normal. Entonces, nunca la extrañé porque nunca sentí lo que era tenerla. Y aparte de Jorge tampoco vivió precisamente como monje. En los años 80 tuvo un romance con la colombiana Diana Golden, otra mujer bella, llamativa, que se sumó a esa lista de amores que alimentaban su fama de conquistador, ya no solamente local, ahora también internacional.
Pero vean amigos, el episodio más mediático, el que de plano parecía sacado de una revista gringa con dolor y escándalo fue su amorío con Farrafuset, la fantasía de millones, la rubia de los ángeles de Charlie y para acabarla de poner más sabrosa, casada en ese entonces con Lee Mayors, el famoso hombre nuclear.
No cabe duda que a Jorge le gustaba meterse en problemas. Jorge y Farra se conocieron filmando Sol ardiente y según se cuenta, el romance se ardió tanto como el título. No fue un coqueteo escondido a las sombras y una mirada discreta de set. Se les vio paseando juntos por las playas de Acapulco, muy tranquilos, como si nada, muy pegaditos, como si el matrimonio de ella y el escándalo que podían provocar no les importara ni tantito.
Pero imagínense el tamaño del chisme. Jorge Luke, el actor mexicano de Verbo Bravo y ahora de macho peligroso, paseándose con una de las mujeres más deseadas del mundo, mientras ella todavía era esposa de una estrella internacional. Eso no era cualquier aventura, era una dinamita pura para la prensa.
La verdad que no sabemos cómo terminó esta historia, pero ha de haber sido una historia muy emocional. Es que estás aquí sola conmigo. Eres mía y puedo hacer contigo lo que se me dé las ganas. Pero ya más adelante su última relación formal fue con María Gloria Guzmán, con quien pasó alrededor de 10 años. Pero incluso ahí Jorge siguió reuyendo al compromiso matrimonial.
podía estar, acompañar, compartir vida, pero casarse ya era otra historia. Tal vez porque nunca fue hombre de amar bajo contrato o tal vez porque en el fondo sabía que su forma de vivir no se acomodaba fácilmente a las reglas de una relación tradicional. Así fue Jorge Luke en el amor. Intenso, seductor, contradictorio, mujeriego, controlador, deseado y muchas veces imposible.
Un hombre que podía enamorar con la palabra, pero también destruir con sus celos, que podía presumir libertad, pero exigir obediencia, que vivió rodeado de mujeres impresionantes, pero no siempre supo cuidar lo que tenía enfrente. Porque en su caso, amigos, el verbo mata carita tal vez le abrió muchas puertas, pero también dejó más de una herida detrás.
Pero amigos, el by Ben de la vida es así. Hoy estás en la cima caminando por las playas de Acapulco con una estrella internacional del brazo y mañana esperando una llamada que nunca llega. Y el caso de Jorge Luke. Ese golpe llegó durísimo. El año 2000 marcó el principio del fin.
De pronto, el trabajo empezó a secarse. Los productores que antes lo buscaban, que antes sabían que su rostro imponía, que su voz llenaba la pantalla y que su presencia levantaba cualquier escena, comenzaron a dejar de contestarle. Y eso para un actor que había vivido décadas entre cámaras, sets, llamados, viajes y personajes, fue como si le apagaran la luz de golpe.
Hay mucho gusto, R. Ah, mucho gusto. Oye, viene una cosa, estás por aquí solito. Acompañada. Jorge no se quedó cruzado de brazos, rogó por papeles, buscó oportunidades, apeló a su experiencia y a su trayectoria, a todo lo que había hecho. Pero la industria esa misma que lo había usado cuando necesitaba hombres rudos, villanos, militares, machos de carácter o tipos peligrosos, empezó a darle la espalda.
En sus últimos 13 años apenas logró filmar cuatro o cinco proyectos. Su última película llegó en el año 2010 y su último trabajo en televisión fue en la serie Soy tu Fan en el año 2011. Y esta es la cruel historia del espectáculo, amigos. Un hombre que participó en casi 200 producciones, que trabajó en México, Hollywood y Europa, que compartió pantalla con figuras internacionales, terminó sobreviviendo con una pensión muy pequeña de la Anda, una pensión que, según se ha contado, muchas veces ni siquiera tenía fondos cuando él iba a cobrarla. Imagínense el
golpe al orgullo después de una vida entera trabajando, después de entregar cuerpo, la voz, la imagen y los años al cine, terminar esperando una ayuda que a veces ni llegaba. Esa falta de trabajo lo fue hundiendo. La sensatía no solo le pegó en el bolsillo, le pegó en el alma, porque Jorge Luque no era un hombre hecho para sentirse inútil.
Y quizá ahí se abrió aquella vieja herida de infancia cuando su propio padre lo llamaba así. Inútil. Qué duro, ¿no? Pasar entera tratando de demostrar que valías, que tenías talento, que podías conquistar pantallas en tres continentes y al final sentir que el mundo otra vez te estaba diciendo que ya no servías. La profunda tristeza fue brutal, severa, de esas que no se curan con frases bonitas ni con “Échale ganas.
” Jorge ya en otro momento de su vida había tenido pensamientos oscuros tras el nacimiento de su hija. Entró en un espiral de abandono total. Dejó de comer. Pasaba días sin tomar agua, dejó de bañarse, se fue apagando poco a poco. Finalmente fue ingresado al Hospital Santa Elena con deshidratación severa y anemia extrema. Y ya estando ahí, lejos de fingir fortaleza, comunicó abiertamente a sus allegados que pues ya se quería ir de este mundo.
No lo disfrazó ni lo suavizó. No pidió que le inventaran esperanza. Simplemente dijo que ya no quería más, que quería irse, que estaba cansado. Dos semanas después de estar internado y aunque estaba bajo medicamentos antidepresivos, sufrió un infarto fulminante la mañana del sábado 4 de agosto de 2012. Tenía 69 años y así terminó la vida de aquel hombre que fue un día sinónimo de fuerza.
virilidad, libertad y exceso. No en una escena de acción, no en una playa rodeado de cámaras, no en un set internacional, sino en medio de una tristeza profunda que se lo fue consumiendo poco a poco. Estaba sufriendo de depresión desde hace rato y estaba desnutrido y no quería tomar agua. Sus restos fueron velados en Félix Cuevas y después su hija Shaula esparció sus cenizas en el mar de Acapulco.
Esto fue algo muy simbólico, amigos, porque Acapulco había sido el escenario de uno de sus momentos más glamuros cuando décadas atrás se paseaba con Farrafuset, libre deseado en la cima del mundo como si nada pudiera tocarlo. Pero el hombre que se fue en el año 2012 ya no era Jorge Luke, ya era otro. Ya no era el conquistador de playas, ni el actor internacional, ni el macho de películas que parecía invencible.
Era un hombre cansado, solo golpeado por el olvido, por la falta de trabajo y por la industria que muchas veces exprime a sus figuras mientras sirven, pero las abandona cuando dejan de ser rentables. Y así se cierra la historia de Jorge Luke con cenizas en el mar, con una hija despidiéndolo en Acapulco y con una pregunta amarga flotando en el aire, ¿cómo puede alguien que alguna vez lo tuvo todo terminar sintiendo que ya no tiene nada? No digo que no mereciera un final mejor, porque nadie merece morir en la ruina pidiendo que lo dejen irse.
Pero sí digo que la vida que eligió tuvo un costo y ese costo no lo pagó solo él, lo pagaron también las mujeres que pasaron por su vida y la hija que creció sin estabilidad que merecía. Hubo una distancia brutal entre lo que fue y lo que terminó siendo. Jorge Luke vivió con una intensidad que pocos atener.
Amó con todo, trabajó con todo, excedió con todo. Y cuando el mundo le dio la espalda, no supo cómo seguir sin ese mundo. Tal vez porque nunca aprendió a exigir fuera de él. Y eso, lejos de cualquier escándalo es la parte más triste de toda su historia. Él pedía que que lo dejaran dormir, que él nada más quería dormir. Sí, estaba.
Y ahora, amigos, aquí les toca a ustedes. ¿Qué opinan de Jorge Luke? ¿Fue un hombre libre que vivió sin pedir permiso o fue solamente una figura que terminó pagando demasiado caro sus excesos, sus romances y sus decisiones y el abandono de una industria que un día lo aplaudió y después lo dejó solo? Los leo en los comentarios porque esta historia tuvo de todo.
Música, cine, escándalos, amores explosivos, celos, fama internacional, olvido, depresión y un final durísimo que todavía nos deja pensando. Y si les gustó este recorrido por la vida de Jorge Lque, no se les olvide suscribirse, activar la campanita, compartir este video con alguien que también recuerde a estos actores de carácter que llenaban la pantalla con solo aparecer, porque aquí en Tutoriales Gerberí las historias no se cuentan a medias, se cuentan con todo.
Y esas sombras que muchas veces quedan escondidas detrás del aplauso, la fama y las luces del cine. Gracias por vernos. Somos Tutoriales Herberí y nos vemos en una próxima ocasión. Yeah.