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¡Rusia contraataca! Mortíferas torretas antidrones equipadas con 3,000 proyectiles ante la creciente

 

 

 Tres ametralladoras Kalashnikov instaladas en una sola torreta con alcance efectivo de hasta 100 m y una densidad de fuego combinado de casi 2000 disparos por minuto. El sistema es lo suficientemente compacto como para ser montado en una camioneta ordinaria y convertirla en un sistema de defensa aérea de corto alcance. No necesitas un sistema de misiles de $100,0000000.

Necesitas una plataforma barata, rápida de producir y letal en distancias cortas. Esa es la lógica. Y esa lógica nos dice algo profundo sobre cómo está cambiando la naturaleza de la guerra en este siglo. Pero aquí es donde yo quiero que nos alejemos un momento del campo de batalla y miremos el panorama más amplio.

 Porque si uno se limita a ver estas torretas como simples armas, se pierde la mitad de la historia. La otra mitad de la historia es económica, es política, es la historia de cómo un estado decide qué hace con sus recursos, con su mano de obra, con su presupuesto nacional. Y los números que Rusia está manejando en estos momentos son simplemente extraordinarios en lo que revelan sobre sus prioridades reales.

 El presupuesto ruso para 2026 destina un total de 16.8 8 billones de rublos a gastos de defensa y seguridad, lo que representa aproximadamente el 38% de todo el gasto federal. Y lo más revelador es que el 84% de ese gasto militar está clasificado, lo que significa que el costo real de la guerra es probablemente mucho mayor de lo que los números oficiales sugieren.

 El 38% del presupuesto federal de un país entero dedicado a la guerra, no a hospitales, no a escuelas, no a infraestructura, a la guerra. Y encima de eso, el 84% es información clasificada, lo cual significa que nadie fuera del Kremlin sabe realmente cuánto se está gastando. ¿Cuándo fue la última vez que viste a un gobierno gastar el 38% de su presupuesto en algo y esconder el 84% de los detalles? Eso no es transparencia fiscal, eso es un estado que ha decidido que la guerra es su proyecto principal y que el pueblo ruso no tiene derecho a

saber el precio real de ese proyecto. El gasto en salud y programas sociales ha caído al 25.1% del presupuesto comparado con el 38.1% que representaba antes de la guerra. Al mismo tiempo, el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dimitri Medvedev, describió públicamente el presupuesto 2026 como un presupuesto militar.

 Medvedev, uno de los hombres más cercanos a Putin, lo dijo abiertamente, sin disculpas, sin suavizar el lenguaje. Un presupuesto militar. Eso es lo que Rusia tiene ahora en lugar de un presupuesto para sus ciudadanos. Y para financiar todo eso, el gobierno ruso está tomando decisiones que afectan directamente la vida cotidiana del pueblo ruso.

 Para mantener ese nivel de gasto, Rusia ha aumentado el IVA del 20% al 22% desde el 1 de enero de 2026, específicamente para financiar necesidades militares y limitar el déficit. presupuestario. Los trabajadores rusos, la gente común que va al supermercado y llena el tanque de gasolina, están pagando más impuestos para financiar una guerra que Putin les dice que están ganando.

 Esa contradicción, esa tensión entre la narrativa de Victoria y la realidad del bolsillo vacío es una de las dinámicas más peligrosas que puede existir en cualquier sociedad. Históricamente, esa es la clase de contradicción que eventualmente produce rupturas, no siempre rápidas, no siempre visibles desde afuera, pero rupturas.

 Y mientras tanto, el crecimiento del PIB ruso, que llegó a más del 4% en 2023 y 2024, cayó a alrededor del 1% en 2025 y se espera que esa estagnación continúe en 2026 con tasas de interés que llegaron al 21%, las más altas en décadas. para combatir una inflación que no cede un crecimiento del 1%, tas de interés al 21%.

Eso no es una economía en expansión, eso es una economía bajo presión extrema, intentando sostener un esfuerzo bélico masivo con recursos que se están agotando. Los economistas tienen un término para esto, recalentamiento. Pero lo que están describiendo en términos humanos reales es un sistema que está consumiendo a su propia gente para sobrevivir.

 Ahora bien, sería un error intelectual, un error que no me voy a permitir presentar esto como una historia simple, donde Rusia es el villano y Ucrania es el héroe. La realidad geopolítica nunca funciona así. Lo que está pasando aquí es una colisión de sistemas, una colisión de intereses económicos, de estructuras de poder, de lógicas capitalistas que operan a escala global.

 Y en esa colisión el dron se ha convertido en el símbolo más claro de cómo el capitalismo moderno libra sus guerras. La revolución del dron ha creado lo que los analistas militares llaman transparencia del campo de batalla, la disipación de la niebla de la guerra. Los drones, cada vez más pequeños, más baratos y más autónomos, están combinando capacidades de reconocimiento y ataque en una sola plataforma.

 Piensa en lo que eso significa. Durante siglos, la guerra dependía de la incertidumbre. El comandante que lograba mantener sus movimientos ocultos tenía una ventaja enorme. Pero ahora, con miles de drones sobrevolando el campo de batalla, con cámaras de alta resolución y transmisión en tiempo real, esa incertidumbre está desapareciendo.

 Cada tanque es visible, cada columna de soldados es visible. Cada depósito de municiones puede ser localizado, identificado y atacado en cuestión de minutos. Y eso cambia todo. Cambia la táctica, cambia la estrategia, cambia quién puede ganar una guerra y quién no. Las mejoras en los drones ucranianos han contribuido a tasas de bajas rusas más altas en lo que va de 2026 comparado con 2025, que ya había visto pérdidas estimadas en 30.

000 1 soldados al mes. Los avances rusos se han desacelerado, permitiendo a Ucrania contraatacar 30,000 soldados al mes, mes tras mes. El ejército ruso que invadió Ucrania en 2022, creyendo que sería cuestión de días, está sangrando a un ritmo que la Segunda Guerra Mundial haría reconocible. Y la causa principal ya no son los misiles de largo alcance ni los tanques occidentales.

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