Esto no es una guerra entre Irán y Estados Unidos. Esto es algo cualitativamente diferente. Esto es el sistema multipolar del siglo XXI en acción. un sistema donde las reglas escritas después de la Segunda Guerra Mundial, donde la jerarquía de poder que garantizaba que nadie se atrevía a golpear directamente los intereses militares de Washington, esas reglas ya no aplican de la misma manera.
Y aquí es donde quiero que prestes mucha atención, porque esto conecta directamente con tu vida, con tu economía, con tu seguridad como persona que vive en Estados Unidos. El modelo estratégico que Washington ha utilizado durante décadas en el Medio Oriente se basa en una premisa fundamental, que las bases militares estadounidenses son, en la práctica, intocables, no solo por la capacidad de respuesta que generan, sino porque atacar una base americana ha sido históricamente equivalente a firmar tu sentencia de muerte como régimen. Eso
era el disuasivo, eso era lo que mantenía el orden o más bien el desorden ordenado que le convenía a Washington. Ese disuasivo acaba de fracasar de manera espectacular y cuando falla un disuasivo de esa magnitud, las consecuencias se sienten en todo el sistema. Ya estamos viendo las consecuencias.
En Cuit, Irán golpeó cuatro bases estadounidenses destruyendo hangares, pistas de aterrizaje, sistemas de radar, infraestructura de comunicaciones satelitales y edificios administrativos. En Arabia Saudita, un ataque en la base aérea del príncipe sultán mató a un soldado de 26 años de Kentucky. En Bagin, el Pentágono tuvo que evacuar de emergencia a familias y personal no esencial de la base que alberga la sede central de la quinta flota naval de Estados Unidos.
En Qatar, la base aérea Aludate, una de las instalaciones militares más importantes que tiene Estados Unidos en el mundo, fue alcanzada. Y esto es lo que se sabe públicamente. Lo que no se ha confirmado oficialmente es, por definición lo que no sabemos. Pero la brecha entre lo que los funcionarios están filtrando en privado y lo que el Pentágono está diciendo en público es lo suficientemente grande como para que todos debamos preocuparnos.
Déjame decirte algo más sobre los misiles específicamente porque creo que la mayoría de los medios en español en Estados Unidos no han explicado esto con suficiente claridad. El Keibar Sheek fue utilizado por primera vez en combate durante los ataques de abril y octubre de 2024 contra Israel en lo que Irán denominó la operación promesa veraz.
En aquel entonces, la mayoría de esos misiles fueron interceptados por los sistemas de defensa israelíes y estadounidenses. Y muchos analistas en Washington sacaron la conclusión equivocada. Dijeron, “Los misiles iraníes no son una amenaza real porque los podemos derribar.” Pero esa conclusión ignoraba dos realidades fundamentales. Primera, la saturación.
Si lanzas suficientes misiles simultáneamente, ningún sistema de defensa antimisil tiene la capacidad de interceptarlos todos. Segunda, la mejora tecnológica. Los heivar que Irán lanzó en 2026 no son los mismos que lanzó en 2024. Las cabezas de guerra maniobrable han sido mejoradas, los sistemas de guía han sido refinados y la táctica de lanzamiento ha sido optimizada específicamente para superar las defensas que fallaron en detenerlos en 2024.
El resultado es lo que estamos viendo ahora, una base de Delta Force golpeada. 27.4,000 4000 millones de dólares en daños y un Washington que no sabe exactamente qué hacer con esa información ni cómo comunicársela al pueblo americano sin admitir algo que no quiere admitir. Y eso que no quiere admitir es esto. El modelo de dominación militar que ha definido la política exterior estadounidense desde el fin de la Guerra Fría está siendo desafiado de manera directa.
frontal y costosa por actores que ya no tienen miedo de las consecuencias. Y cuando los actores dejan de tener miedo, el balance de poder se mueve, a veces despacio, a veces como ahora de golpe. Hablemos de la economía de esto, porque eso también importa y mucho para quienes vivimos en este país. El estrecho de Ormud, ese pequeño pasillo de agua entre Irán y la península arábica es el punto por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo.
Irán cerró el estrecho de Ormud como parte de su respuesta al ataque estadounidense israelí. Eso generó una sacudida inmediata en los mercados energéticos globales. Los precios del petróleo subieron, las cadenas de suministro se perturbaron, los costos de transporte marítimo internacional se dispararon y todo esto, como siempre termina siendo pagado por las personas comunes, por las familias que llenan el tanque de gasolina, por los pequeños negocios que dependen de materiales importados, por los trabajadores cuyos salarios reales se
erosion A medida que la inflación sube, porque los costos de energía y logística suben. Esta guerra no está ocurriendo en un lugar lejano que no tiene nada que ver contigo. Sus efectos económicos ya están llegando a tu vida cotidiana y van a continuar llegando. Y hay algo más que quiero decirte, algo que los grandes medios corporativos en inglés rara vez articulan con esta claridad, pero que para mí es esencial para entender el momento histórico en que vivimos.
La pregunta que nadie en Washington está haciendo en voz alta es esta: ¿cómo llegamos aquí? ¿Cómo llegamos a un punto donde Irán, con todo lo que ha sufrido en términos de sanciones económicas, en términos de ataques militares, en términos de asesinatos de sus líderes, de sus científicos, de sus generales, llegó a un punto donde tiene la capacidad y la voluntad de golpear directamente a Delta Force con 43 misiles de precisión y causar 27.
4000 4000 millones de dólares en daños. La respuesta es que décadas de política exterior basada en la coerción, en la intimidación, en las sanciones como arma de guerra, en los asesinatos selectivos, en los golpes de estado, en el apoyo a regímenes que reprimen a sus propios pueblos, toda esa política ha generado consecuencias y las consecuencias tienen su propia lógica, su propio momentum, su propio peso histórico que en algún un momento se hace imposible de ignorar.

No te estoy diciendo que el gobierno iraní es virtuoso. No lo es. Las masacres de manifestantes en enero de 2026, cuando el régimen de los Ayatolás mató a miles de civiles para aplastar las protestas más grandes desde la revolución de 1979. Eso es un crimen. Es un crimen que necesita ser nombrado como tal.
Pero una cosa es nombrar los crímenes de un régimen y otra muy distinta es creer que una política exterior basada en la destrucción de ese régimen a cualquier costo, incluyendo el costo de una guerra abierta en el corazón del Medio Oriente, produce resultados que benefician a la gente común, a los trabajadores, a las familias, a quienes están pagando los costos económicos.
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de este conflicto desde sus bolsillos. Esas son dos conversaciones distintas y confundirlas es exactamente lo que le conviene a quienes se benefician de mantener a la opinión pública confundida y asustada. Miremos ahora el tablero geopolítico más amplio, porque lo que está ocurriendo en el Medio Oriente en 2026 no puede entenderse de manera aislada.
Estamos en un momento de reorganización del orden mundial que no tiene precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. El ascenso de China como potencia económica y tecnológica global. El regreso de Rusia como actor militar disruptivo a través de su guerra en Ucrania, el desplazamiento gradual del dólar como única moneda de reserva global, el surgimiento del Brick como marco alternativo de cooperación económica entre economías del sur global.
Todo esto forma parte del mismo proceso histórico y lo que estamos viendo en Irán con estos ataques de misiles kear contrabases de Delta Force es una expresión concreta de ese proceso. Es el momento en que un país que ha sido presionado, sancionado, amenazado y atacado durante décadas decide que el costo de seguir aguantando es mayor que el costo de responder.
Y esa decisión, con sus terribles consecuencias humanitarias, con su destrucción y su muerte, también es un síntoma de un sistema internacional que no está funcionando para la mayoría de la humanidad. Pensemos en Delta Force por un momento más. Esta unidad existe para operar en la sombra, para llevar a cabo misiones que el gobierno nunca va a reconocer públicamente para ser el brazo invisible del poder ejecutivo en situaciones donde la visibilidad es un lujo que no se puede permitir.
El hecho de que su base haya sido golpeada con tal precisión y con tal costo en daños materiales no es solo una derrota táctica, es un mensaje. irán diciéndole al mundo entero, sabemos dónde están, sabemos qué son y si nos atacan, los atacamos de regreso donde viven. Ese mensaje tiene consecuencias que van mucho más allá de la guerra en curso.
Tiene consecuencias para cómo los aliados de Washington en la región perciben la capacidad de Estados Unidos de protegerlos. Ya lo estamos viendo. Un comentarista emiratí prominente con conexiones directas al liderazgo de los Emiratos Árabes Unidos dijo públicamente algo que antes habría sido impensable. Es hora de cerrar las bases americanas.
Ese es el nivel de sacudida que este conflicto está generando en las estructuras de alianza que Washington ha construido con enormes costos durante décadas. Hay una lección que la historia repite con una consistencia perturbadora y que tiene particular relevancia para este momento. Los imperios no colapsan desde afuera, primero, colapsan desde adentro primero.
Colapsan cuando el costo de mantener su postura global supera la capacidad interna de financiarla, de justificarla, de sostener el consenso social que la requiere. Estados Unidos lleva décadas en guerras que no ha ganado, en compromisos militares que no ha podido convertir en victorias políticas, en gastos de defensa que crecen mientras la infraestructura interna se deteriora, mientras los salarios reales se estancan, mientras el costo de la vivienda y de la salud y de la educación se vuelven inalcanzables para millones de familias trabajadoras. horas. Y ahora
encima de todo eso, tenemos una guerra en el Medio Oriente que está generando daños por decenas de miles de millones de dólares en activos militares que está cerrando el estrecho de Ormud y sacudiendo los mercados energéticos y que está revelando que el disuasivo militar que se suponía que hacía todo esto sostenible ya no funciona como antes.
Eso no significa que Estados Unidos vaya a colapsar mañana. No estoy diciendo eso, pero sí estoy diciendo que los 43 misiles Kebar que golpearon esa base de Delta Force son un síntoma de algo más profundo que un ataque iraní. son un síntoma de un mundo que se está reorganizando alrededor de nuevas realidades de poder y de un momento en que las viejas certezas ya no son certezas.
Y para los hispanos en Estados Unidos, para la comunidad que trabaja en este país, que paga impuestos en este país, que manda a sus hijos a las escuelas y en algunos casos al ejército de este país, entender ese proceso histórico no es un lujo intelectual. Es una necesidad política porque las decisiones que se tomen en Washington en las próximas semanas y meses, en respuesta a todo lo que está ocurriendo, van a afectar directamente las condiciones de vida de millones de personas en este país y en el mundo.
Y si no entiendes qué está pasando realmente, no puedes participar de manera informada en el debate sobre qué debería pasar. Lo que vemos hoy con los misiles Keibar, con los 27.4,000 millones en daños con el Pentágono tratando de gestionar una narrativa que ya no puede gestionar con aliados en el Golfo, cuestionando públicamente la utilidad de las bases americanas con China y Rusia, proveyendo inteligencia a Irán, con el estrecho de Ormud cerrado y los mercados energéticos sacudidos.
Todo esto junto forma un cuadro que los analistas del sistema dominante no quieren que veas completo. Lo que vemos hoy con los misiles Kebar con los 27.4,000 4000 millones en daños con el Pentágono tratando de gestionar una narrativa que ya no puede gestionar con aliados en el Golfo, cuestionando públicamente la utilidad de las bases americanas con China y Rusia, proveyendo inteligencia a Irán con el estrecho de Ormud cerrado y los mercados energéticos sacudidos.
Todo esto junto forma un cuadro que los analistas del sistema dominante no quieren que veas completo. Prefieren que veas las piezas sueltas. Prefieren que veas las piezas sueltas. El misil aquí, el misil aquí, el daño allá, el daño allá. La declaración del pentágono acá, la declaración del pentágono acá. La reacción del mercado Acuyá, la reacción del mercado Acuyá.
piezas sueltas que no te permiten construir la imagen completa. Piezas sueltas que no te permiten construir la imagen completa porque la imagen completa es demasiado perturbadora para el consenso que sostiene las decisiones políticas actuales, porque la imagen completa es demasiado perturbadora para el consenso que sostiene las decisiones políticas actuales.
La imagen completa dice que el mundo está cambiando de maneras fundamentales, que el orden que se construyó después de 1945 y que se consolidó después de 1991 con el fin de la Guerra Fría, está siendo desafiado de manera sistemática y creciente y que las respuestas que se dieron en el pasado ya no son suficientes para los desafíos del presente.
La imagen completa dice que el mundo está cambiando de maneras fundamentales, que el orden que se construyó después de 1945 y que se consolidó después de 1991 con el fin de la Guerra Fría, está siendo desafiado de manera sistemática y creciente y que las respuestas que se dieron en el pasado ya no son suficientes para los desafíos del presente.
El debate real que necesitamos tener en este país, el debate que merece la gente que trabaja, que paga impuestos, que cuida a sus familias, no es si Irán es bueno o malo. el debate real que necesitamos tener en