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¡Irán contraataca! 43 misiles Kheibar destruyen base Delta Force con $27,400 millones en daños

 

 

 Esto no es una guerra entre Irán y Estados Unidos. Esto es algo cualitativamente diferente. Esto es el sistema multipolar del siglo XXI en acción. un sistema donde las reglas escritas después de la Segunda Guerra Mundial, donde la jerarquía de poder que garantizaba que nadie se atrevía a golpear directamente los intereses militares de Washington, esas reglas ya no aplican de la misma manera.

 Y aquí es donde quiero que prestes mucha atención, porque esto conecta directamente con tu vida, con tu economía, con tu seguridad como persona que vive en Estados Unidos. El modelo estratégico que Washington ha utilizado durante décadas en el Medio Oriente se basa en una premisa fundamental, que las bases militares estadounidenses son, en la práctica, intocables, no solo por la capacidad de respuesta que generan, sino porque atacar una base americana ha sido históricamente equivalente a firmar tu sentencia de muerte como régimen. Eso

era el disuasivo, eso era lo que mantenía el orden o más bien el desorden ordenado que le convenía a Washington. Ese disuasivo acaba de fracasar de manera espectacular y cuando falla un disuasivo de esa magnitud, las consecuencias se sienten en todo el sistema. Ya estamos viendo las consecuencias.

 En Cuit, Irán golpeó cuatro bases estadounidenses destruyendo hangares, pistas de aterrizaje, sistemas de radar, infraestructura de comunicaciones satelitales y edificios administrativos. En Arabia Saudita, un ataque en la base aérea del príncipe sultán mató a un soldado de 26 años de Kentucky. En Bagin, el Pentágono tuvo que evacuar de emergencia a familias y personal no esencial de la base que alberga la sede central de la quinta flota naval de Estados Unidos.

 En Qatar, la base aérea Aludate, una de las instalaciones militares más importantes que tiene Estados Unidos en el mundo, fue alcanzada. Y esto es lo que se sabe públicamente. Lo que no se ha confirmado oficialmente es, por definición lo que no sabemos. Pero la brecha entre lo que los funcionarios están filtrando en privado y lo que el Pentágono está diciendo en público es lo suficientemente grande como para que todos debamos preocuparnos.

 Déjame decirte algo más sobre los misiles específicamente porque creo que la mayoría de los medios en español en Estados Unidos no han explicado esto con suficiente claridad. El Keibar Sheek fue utilizado por primera vez en combate durante los ataques de abril y octubre de 2024 contra Israel en lo que Irán denominó la operación promesa veraz.

 En aquel entonces, la mayoría de esos misiles fueron interceptados por los sistemas de defensa israelíes y estadounidenses. Y muchos analistas en Washington sacaron la conclusión equivocada. Dijeron, “Los misiles iraníes no son una amenaza real porque los podemos derribar.” Pero esa conclusión ignoraba dos realidades fundamentales. Primera, la saturación.

Si lanzas suficientes misiles simultáneamente, ningún sistema de defensa antimisil tiene la capacidad de interceptarlos todos. Segunda, la mejora tecnológica. Los heivar que Irán lanzó en 2026 no son los mismos que lanzó en 2024. Las cabezas de guerra maniobrable han sido mejoradas, los sistemas de guía han sido refinados y la táctica de lanzamiento ha sido optimizada específicamente para superar las defensas que fallaron en detenerlos en 2024.

 El resultado es lo que estamos viendo ahora, una base de Delta Force golpeada. 27.4,000 4000 millones de dólares en daños y un Washington que no sabe exactamente qué hacer con esa información ni cómo comunicársela al pueblo americano sin admitir algo que no quiere admitir. Y eso que no quiere admitir es esto. El modelo de dominación militar que ha definido la política exterior estadounidense desde el fin de la Guerra Fría está siendo desafiado de manera directa.

 frontal y costosa por actores que ya no tienen miedo de las consecuencias. Y cuando los actores dejan de tener miedo, el balance de poder se mueve, a veces despacio, a veces como ahora de golpe. Hablemos de la economía de esto, porque eso también importa y mucho para quienes vivimos en este país. El estrecho de Ormud, ese pequeño pasillo de agua entre Irán y la península arábica es el punto por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo.

Irán cerró el estrecho de Ormud como parte de su respuesta al ataque estadounidense israelí. Eso generó una sacudida inmediata en los mercados energéticos globales. Los precios del petróleo subieron, las cadenas de suministro se perturbaron, los costos de transporte marítimo internacional se dispararon y todo esto, como siempre termina siendo pagado por las personas comunes, por las familias que llenan el tanque de gasolina, por los pequeños negocios que dependen de materiales importados, por los trabajadores cuyos salarios reales se

erosion A medida que la inflación sube, porque los costos de energía y logística suben. Esta guerra no está ocurriendo en un lugar lejano que no tiene nada que ver contigo. Sus efectos económicos ya están llegando a tu vida cotidiana y van a continuar llegando. Y hay algo más que quiero decirte, algo que los grandes medios corporativos en inglés rara vez articulan con esta claridad, pero que para mí es esencial para entender el momento histórico en que vivimos.

 La pregunta que nadie en Washington está haciendo en voz alta es esta: ¿cómo llegamos aquí? ¿Cómo llegamos a un punto donde Irán, con todo lo que ha sufrido en términos de sanciones económicas, en términos de ataques militares, en términos de asesinatos de sus líderes, de sus científicos, de sus generales, llegó a un punto donde tiene la capacidad y la voluntad de golpear directamente a Delta Force con 43 misiles de precisión y causar 27.

4000 4000 millones de dólares en daños. La respuesta es que décadas de política exterior basada en la coerción, en la intimidación, en las sanciones como arma de guerra, en los asesinatos selectivos, en los golpes de estado, en el apoyo a regímenes que reprimen a sus propios pueblos, toda esa política ha generado consecuencias y las consecuencias tienen su propia lógica, su propio momentum, su propio peso histórico que en algún un momento se hace imposible de ignorar.

 No te estoy diciendo que el gobierno iraní es virtuoso. No lo es. Las masacres de manifestantes en enero de 2026, cuando el régimen de los Ayatolás mató a miles de civiles para aplastar las protestas más grandes desde la revolución de 1979. Eso es un crimen. Es un crimen que necesita ser nombrado como tal.

 Pero una cosa es nombrar los crímenes de un régimen y otra muy distinta es creer que una política exterior basada en la destrucción de ese régimen a cualquier costo, incluyendo el costo de una guerra abierta en el corazón del Medio Oriente, produce resultados que benefician a la gente común, a los trabajadores, a las familias, a quienes están pagando los costos económicos.

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