Timoteo se convertirá en el discípulo más querido de Pablo, su hijo en la fe, el destinatario de dos cartas pastorales que están entre los últimos escritos del apóstol. La relación entre Pablo y Timoteo es un modelo de mentoría apostólica. El apóstol veterano forma al joven discípulo, lo lleva consigo en sus viajes, lo envía como delegado a las comunidades, le confía la responsabilidad pastoral.
y le escribe cartas de orientación y aliento. La misión cristiana no es una aventura solitaria, es una obra comunitaria donde los mayores forman a los menores y los menores renuevan a los mayores. Entonces comienza la secuencia más enigmática de todo el segundo viaje misionero. El Espíritu Santo cierra puertas que Pablo quiere abrir.
atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo les había impedido predicar la palabra en la provincia de Asia. Cuando llegaron a Misia, intentaron dirigirse a Vitinia, pero el espíritu de Jesús no se lo permitió. San Lucas no explica cómo el Espíritu impidió estas predicaciones, quizás mediante profecías, quizás mediante circunstancias adversas, quizás mediante una convicción interior, pero el resultado es claro.
Pablo es conducido hacia el oeste, hacia la costa, hacia el mar que separa Asia de Europa. Al llegar a Troade de noche, Pablo tiene la visión que cambiará el curso de la historia. Se le apareció durante la noche un macedonio que de pie le rogaba, “Pasa a Macedonia y ayúdanos.” La visión es sencilla, pero conmovedora.
Un hombre de pie que suplica ayuda. No un ángel glorioso, ni una aparición celestial, sino un ser humano necesitado que pide socorro. Europa pide ayuda a la Iglesia, no ayuda militar ni económica, sino la ayuda del evangelio, la única ayuda que puede liberar al ser humano de la esclavitud más profunda, la del pecado y la muerte.
La respuesta de Pablo es inmediata. Cuando tuvo la visión, enseguida tratamos de dirigirnos a Macedonia, convencidos de que Dios nos llamaba a evangelizarlos. San Lucas pasa aquí del ellos al nosotros. Es la primera aparición de la primera persona del plural en los hechos, lo que indica que el autor se unió al grupo Troade.
La decisión de cruzar a Macedonia es una decisión de fe basada en la interpretación de un sueño. Pablo y sus compañeros disciernen en la visión nocturna una llamada de Dios y obedecen sin dilación. No hay comités que consultar, ni presupuestos que aprobar, ni análisis de viabilidad que realizar. Hay una visión, un discernimiento comunitario y una partida inmediata. Así nace la Iglesia europea.
Capítulo 3. Sirvan al Señor con alegría. Salmo responsorial. Salmo 100. El salmo 100 es un himno breve y jubiloso que invita a toda la tierra a servir al Señor con alegría. Aclamen al Señor, tierra entera. Sirvan al Señor con alegría. Entren presencia con aclamaciones. La universalidad de la invitación, tierra entera, resuena hoy con la fuerza de una profecía que se está cumpliendo ante nuestros ojos.
Europa, la tierra que Pablo está a punto de evangelizar. será pronto convocada a esta alabanza. Un versículo del salmo ilumina la relación entre Dios y su pueblo con una imagen pastoral que conecta con el capítulo anterior del evangelio de Juan, la vidmientos y con el buen pastor del capítulo 10. Sepan que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
Los macedonios que Pablo va a evangelizar son ya, aunque no lo saben, ovejas del rebaño de Cristo. El buen pastor los conoce por su nombre antes de que ellos conozcan el suyo. La visión del macedonio es la voz de una oveja que llama a su pastor sin saber que lo está llamando. alegría que el salmo pide como actitud fundamental del servicio a Dios es la misma alegría que ha acompañado la expansión del evangelio desde el primer día.
Grande alegría en Samaria cuando Felipe predicó. Alegría del eunuco etíope después de su bautismo. Alegría de las comunidades que Pablo funda en cada ciudad. La misión cristiana no es un deber sombrío, sino un servicio gozoso. Se predica con alegría, se sirve con alegría, se sufre incluso con alegría, como los apóstoles que salieron del sanedrín, contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.
El salmo concluye con una declaración sobre la bondad y la fidelidad de Dios que fundamenta toda la confianza misionera. Porque el Señor es bueno, eterna es su misericordia, su fidelidad dura por todas las edades. La misericordia eterna de Dios es la garantía de que la misión dará fruto, aunque las puertas se cierren, aunque el mundo odie, aunque los misioneros sean encarcelados y azotados.

La fidelidad que dura por todas las edades es la roca sobre la que Pablo construye su audacia. Si Dios lo ha llamado a Macedonia, Dios lo acompañará en Macedonia. Al cantar este salmo en la liturgia de hoy, la Iglesia se une a la alabanza universal que el evangelio ha ido suscitando en cada nuevo pueblo que lo ha recibido.
De Jerusalén a Samaría, de Antioquía a Chipre, de Galacia a Troade y ahora de Troade a Filipos, la primera ciudad europea donde resonará la buena noticia. Cada vez que una nueva tierra acoge el evangelio, el salmo 100 se cumple un poco más. La tierra entera, pueblo por pueblo, nación por nación, continente por continente, va aprendiendo a servir al Señor con alegría. Capítulo 4.
Si el mundo los odia. Evangelio según San Juan, capítulo 15, versículos 18 al 21. El evangelio de este sábado nos devuelve al cenáculo, a la noche de la última cena, donde Jesús pronuncia las palabras más realistas sobre la relación entre sus discípulos y el mundo. Si el mundo los odia, sepan que me odió a mí antes que a ustedes.
No dice, “Si el mundo los critica, ni si el mundo los ignora.” Dice, “Si el mundo los odia.” El odio, la forma más extrema del rechazo, es la reacción que el mundo reserva para los que pertenecen a Cristo. Y Jesús no promete librarnos de ese odio, sino que nos prepara para recibirlo con la certeza de que no es algo inesperado, sino la consecuencia lógica de nuestra pertenencia a él.
Jesús explica la razón del odio del mundo con una lógica que ilumina toda la experiencia misionera. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya, pero como no son del mundo, porque yo los he elegido sacándolos del mundo, por eso el mundo los odia. La raíz del odio no es personal, sino ontológica.
Los discípulos son odiados no por lo que hacen, sino por lo que son. es decir, por su pertenencia a Cristo, que los ha sacado del mundo. El bautismo [música] que incorpora al creyente a Cristo lo saca del mundo en el sentido joánico, lo extrae del sistema de valores, prioridades y lealtades, que el mundo, entendido como la humanidad organizada al margen de Dios, representa la expresión yo los he elegido sacándolos del mundo.
Read More
griego, ego exelexamen jimas ectu cosmú revela la iniciativa divina que precede toda decisión humana. Los discípulos no se eligieron a sí mismos, fueron elegidos. No se sacaron del mundo por su propia fuerza, fueron sacados. La vocación cristiana es ante todo un acto de Dios, no un acto del hombre. Dios elige, Dios saca, Dios envía.
Y los que han sido elegidos y sacados son enviados de vuelta al mundo, pero ya no como parte del mundo, sino como testigos de otra realidad, de otro reino, de otra lógica. Jesús concluye con un recordatorio que establece la igualdad entre el maestro y los discípulos en la experiencia del sufrimiento. Acuérdense de lo que les dije.
El siervo no es más que su señor. Si a mí me persiguieron, también a ustedes los perseguirán. Si guardaron mi palabra, también guardarán la de ustedes. La persecución no es un accidente ni un fracaso de la misión. Es la condición normal de la vida cristiana en un mundo que ha rechazado a Cristo. El discípulo que no es perseguido debería preguntarse si realmente está predicando el mismo evangelio que predicó su maestro.
La frase final del pasaje revela la causa última del odio. Todo eso se lo harán a ustedes por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. El mundo no odia a los cristianos por razones políticas, económicas o culturales, aunque esas razones sirvan de pretexto. Los odia por causa del nombre de Jesús. Porque el nombre de Jesús es la luz que denuncia las tinieblas, la verdad que desmascara la mentira, el amor que desafía al egoísmo.
Y la raíz más profunda de ese odio es la ignorancia de Dios. No conocen al que me envió. El mundo que rechaza a Cristo rechaza al Padre. El mundo que persigue a los discípulos persigue al que los envió. Capítulo 5. Los personajes y sus rostros. Pablo aparece hoy en una faceta poco habitual, la del misionero al que le cierran las puertas.
Estamos acostumbrados a ver a Pablo como el apóstol triunfante que funda comunidades en cada ciudad que visita, pero hoy lo vemos frustrado, impedido, reconducido por el Espíritu hacia un destino que no había previsto. Su grandeza no está solo en su audacia para abrir puertas, sino también en su docilidad para aceptar las puertas cerradas.
Pablo no insiste cuando el Espíritu dice, “No, cambia de dirección, busca otro camino, espera la señal.” Y cuando la señal llega, la visión del macedonio obedece inmediatamente. Timoteo, que aparece por primera vez en esta lectura, se convertirá en una de las figuras más entrañables del Nuevo Testamento. Pablo lo llama mi hijo querido y fiel en el Señor en la primera carta a los Corintios, capítulo 4, versículo 17.
y mi verdadero hijo en la fe. En la primera carta a Timoteo, capítulo 1, versículo 2. Su madre e unice y su abuela Loide, mencionadas por Pablo en la segunda carta a Timoteo, capítulo 1, versículo 5, como mujeres de fe sincera, representan la transmisión familiar de la fe, que es uno de los pilares de [música] la vida cristiana. Timoteo recibió la fe de su madre y de su abuela antes de recibirla de Pablo.
La familia es la primera iglesia. El macedonio de la visión, anónimo, de pie, suplicante, es la imagen de toda la humanidad que espera el evangelio sin saber que lo espera. No conoce a Cristo, no conoce la iglesia, no conoce las Escrituras, solo sabe que necesita ayuda, que algo le falta, que su vida no tiene el sentido que debería tener.
Su súplica pasa a Macedonia y ayúdanos es la oración inconsciente de todo ser humano que busca a Dios sin saber que lo busca, que tiene sed de eternidad sin saber nombrarla, que necesita la salvación sin conocer al Salvador. El mundo del que habla Jesús en el evangelio no es la creación material que Dios hizo buena, ni la humanidad en general que Dios ama, sino el sistema de valores y poderes que se organiza al margen de Dios y en contra de su voluntad.
Es el mundo que crucificó a Cristo, que apedreó a Esteban, que persiguió a la Iglesia, que encarcelará a Pablo en Filipos. Este mundo no es un lugar, sino una actitud. La actitud del que rechaza la luz porque sus obras son malas. La actitud del que prefiere el poder al servicio, la mentira a la verdad, la muerte a la vida. Y Jesús, que advierte a sus discípulos sobre el odio del mundo y que envía a Pablo a Macedonia a través de una visión nocturna, es el mismo Señor que gobierna la misión de la Iglesia desde la derecha del Padre. No envía a sus discípulos al
mundo para que sean amados, sino para que sean testigos. No les promete éxito mundano, sino vida eterna. no les ofrece la aprobación del mundo, sino su propia presencia, que vale más que todas las aprobaciones. El misionero que ha comprendido esto puede cruzar cualquier frontera, enfrentar cualquier oposición, soportar cualquier odio, porque sabe que el que lo envía es más grande que el mundo que lo odia. Capítulo 6.
Las puertas cerradas y las puertas abiertas. La experiencia de Pablo con las puertas cerradas por el Espíritu Santo es una lección permanente sobre el discernimiento cristiano. No siempre las puertas que queremos abrir son las que Dios quiere que abramos. No siempre nuestros planes coinciden con los planes de Dios.
A veces la frustración de un proyecto humano es la preparación de un proyecto divino infinitamente mayor. Pablo quería predicar en Asia. Dios lo quería en Europa. Pablo planificaba hacia el este. Dios lo conducía hacia el oeste. Si Pablo hubiera insistido en sus propios planes, Europa habría tenido que esperar otra generación para escuchar el evangelio.
La secuencia de puertas cerradas y la puerta abierta de Macedonia es un patrón que se repite constantemente en la vida cristiana. Dios nos cierra puertas no para frustrarnos, sino para conducirnos. Cada puerta cerrada es una señal que nos redirige hacia la puerta que Dios quiere que abramos. Pero esta redirección requiere dos actitudes que no siempre son fáciles.
La docilidad para aceptar las puertas cerradas sin amargura y la audacia para cruzar las puertas abiertas sin miedo. Pablo tenía ambas. aceptó el no del espíritu con serenidad y cruzó el marejeo con decisión. La advertencia de Jesús sobre el odio del mundo complementa la experiencia misionera de Pablo con una perspectiva teológica que la ilumina desde dentro.
Pablo no encontrará en Macedonia un mundo amistoso que lo recibe con los brazos abiertos. encontrará una cárcel en Filipos, una turba en Tesalónica, la burla de los filósofos en Atenas, la indiferencia de los corintios. El odio del mundo del que habla Jesús se manifestará en cada ciudad de Europa, como se había manifestado en cada ciudad de Asia.
Pero ese odio no detendrá la misión, la impulsará. Como el viento contrario no detiene al velero, sino que lo obliga a navegar con mayor destreza. La conexión entre la elección, yo los he elegido sacándolos del mundo y la misión pasa a Macedonia. Revela dinámica profunda de la vocación cristiana. No somos elegidos para retirarnos del mundo, sino para volver a él como testigos.
No somos sacados del mundo para vivir en una burbuja piadosa, sino para regresar al mundo con una identidad nueva, una misión nueva, una fuerza nueva. Pablo fue sacado del mundo judío farisaico por la gracia de Cristo y fue enviado de vuelta al mundo pagano como apóstol. Cada cristiano vive esta misma dinámica, sacado del mundo por el bautismo, enviado al mundo por la misión.
Al terminar este sábado de la quinta semana de Pascua, la Iglesia nos envía con la imagen de Pablo embarcándose hacia Macedonia, hacia un continente desconocido, hacia un mundo que lo odiará, pero que también lo escuchará. Y nos envía con la advertencia de Jesús resonando en nuestros oídos. El mundo nos odiará porque no somos del mundo.
Pero ese odio no es motivo de desánimo, sino de bienaventuranza. Porque el siervo no es más que su señor y si al Señor lo persiguieron, también a nosotros nos perseguirán. La misión continúa. El evangelio cruza fronteras. El viento del Espíritu sopla hacia el oeste. Aleluya. Capítulo 7. Europa y el Evangelio.
El cruce de Pablo del Mar Ejeo hacia Macedonia es uno de los momentos bisagra de la historia universal. Con ese breve viaje en barco de Troade a Neápolis, pasando por la isla de Samotracia, el evangelio llega al continente que será su hogar principal durante los próximos dos milenios. Europa será la tierra donde se construirán las grandes catedrales, donde se convocarán los concilios ecuménicos, donde se fundarán las órdenes religiosas, donde se escribirán las summas teológicas, donde se compondrán las misas de Bach y de Mozart, donde se pintarán los frescos de

la capilla Sixtina. Todo eso comienza hoy con un sueño, un barco y un puñado de misioneros. Pero el evangelio de Jesús nos recuerda que la relación entre Europa y el cristianismo nunca será sencilla. El continente que acogió el evangelio es también el continente que persiguió a los cristianos en el coliseo, que se dividió en el gran cisma de 1054, que se fracturó en la reforma del siglo XV, que intentó destruir la fe en la Revolución Francesa, que generó las ideologías ateas del marxismo y del nazismo, y que hoy vive un proceso de
secularización que algunos llaman Apostasía silenciosa. El odio del mundo del que habla Jesús no ha cesado nunca en Europa, simplemente ha cambiado de forma. La visión del macedonio sigue siendo actual para la iglesia de nuestro tiempo. Hay macedonios en todas partes, personas que necesitan el evangelio sin saber que lo necesitan, que buscan sentido sin encontrarlo, que experimentan un vacío que ninguna oferta del mundo consigue llenar.
La misión de la Iglesia no ha terminado. Si acaso se ha vuelto más urgente que nunca. Los continentes que en tiempos de Pablo no habían escuchado el nombre de Jesús, hoy lo han escuchado, pero lo han olvidado. La nueva evangelización es, en cierto sentido, un nuevo cruce del mar Ejeo. Llevar de nuevo el evangelio a tierras que lo recibieron, pero que lo han perdido.
Las palabras de Jesús sobre la elección y la separación del mundo iluminan la identidad del cristiano en un mundo secularizado. El cristiano no es del mundo, pero está en el mundo. No comparte los valores del mundo, pero ama a las personas del mundo. No busca la aprobación del mundo, pero sirve al mundo con la misma entrega con que Cristo lo sirvió hasta la muerte.
Esta tensión entre el no ser del mundo y el estar en el mundo es la cruz diaria que cada cristiano debe cargar. La cruz de ser diferente sin ser arrogante, de ser fiel sin ser fanático, de ser misionero sin ser imperialista. Mañana, sexto domingo de Pascua, la liturgia nos ofrecerá nuevas profundizaciones en el misterio pascual, mientras el tiempo pascual avanza hacia la ascensión y Pentecostés.
El evangelio que Pablo lleva a Europa es el mismo que nosotros estamos llamados a llevar a nuestro entorno. Un evangelio de amor en un mundo de odio, de verdad en un mundo de mentira, de esperanza, en un mundo de desesperación. Y la promesa que nos acompaña es la misma que acompañó a Pablo en el barco hacia Macedonia.
Dios nos llama, Dios nos guía, Dios nos sostiene y ningún odio del mundo podrá separarnos de su amor. Aleluya. Capítulo 8. Oración para el sábado de la quinta semana de Pascua. Señor Jesucristo, que elegiste a tus discípulos sacándolos del mundo y los enviaste de vuelta al mundo como testigos de tu resurrección, elígenos también a nosotros y envíanos.
Cuando el mundo nos odie por causa de tu nombre, concédenos la gracia de recordar que te odió a ti primero y que el odio del mundo es la prueba de que pertenecemos a ti y no a él. que no busquemos la aprobación de los que rechazan tu evangelio, ni temamos la persecución de los que combaten tu iglesia, sabiendo que el siervo no es más que su señor.
Espíritu Santo, que cerraste las puertas de Asia y Vitinia a Pablo para conducirlo a Macedonia, condúcenos también a nosotros por los caminos que tú has trazado, aunque no sean los que habíamos planeado. danos la docilidad de aceptar las puertas cerradas sin amargura y la audacia de cruzar las puertas abiertas sin miedo.
Que cada frustración sea para nosotros una señal de redirección, cada obstáculo, una invitación a buscar otro camino, cada noche de incertidumbre, una oportunidad para recibir la visión que tú quieres darnos. Padre celestial, que enviaste a Pablo a Macedonia para que Europa escuchara por primera vez la buena noticia de tu hijo, renueva el evangelio en el continente que lo recibió hace 2000 años y que hoy corre el riesgo de olvidarlo.
Suscita nuevos misioneros que lleven tu palabra a los que la han abandonado, nuevos profetas que despierten a los que se han dormido. nuevos santos que muestren con su vida que el evangelio sigue siendo la fuerza más transformadora del mundo. Señor Jesús, que advertiste a tus discípulos que el mundo los odiaría, pero que los animaste a no tener miedo, fortalece a los cristianos perseguidos en todas las partes del mundo, en Oriente Medio, en Asia, en África, en tantos lugares donde confesar tu nombre cuesta la libertad y la vida. Sostén a tus fieles con la
fuerza de tu espíritu y la certeza de tu promesa. Si guardaron mi palabra, también guardarán la de ustedes. Que la sangre de los mártires de hoy sea como fue la de Esteban, semilla de nuevos cristianos. Te lo pedimos, Señor, mientras la quinta semana de Pascua se cierra y nos preparamos para celebrar mañana el sexto domingo de Pascua, cada vez más cerca de la ascensión y de Pentecostés.
Te lo pedimos por intercesión de San Pablo, el apóstol de los gentiles, que cruzó el mar Ejeo, obedeciendo una visión y cambió la historia del mundo. Te lo pedimos por intercesión de San Timoteo, hijo en la fe de Pablo, que recibió el evangelio de su madre y de su abuela y lo transmitió a las generaciones futuras. Y te lo pedimos por intercesión del macedonio anónimo de la visión, que representa a todos los que buscan a Dios sin conocerlo y necesitan que alguien cruce el mar para llevarles la buena noticia.
Por Cristo nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios por los siglos de los siglos. Aleluya. Amén. M.