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El Error de Hitler en México: Cómo el Contraespionaje DESTROZÓ la Red Nazi en 1942

Muevius era hijo de inmigrantes alemanes establecidos en Nuevo León desde finales del siglo XIX. Hablaba español sin acento. Dirigía una próspera fábrica en la calle Pino Suárez 538 norte de Monterrey, y disfrutaba de una reputación de empresario respetable que ninguna autoridad mexicana habría imaginado vinculada al espionaje extranjero.

Lo que Mevius había instalado en su fábrica, en un altillo cuidadosamente disimulado entre las oficinas administrativas. Era una poderosa antena de radio capaz de comunicarse directamente con Berlín. A través de aquella antena, los reportes recolectados por la red en todo el territorio mexicano viajaban en código hacia Alemania y las instrucciones de la Abber regresaban con la misma rapidez al continente americano.

proximidad de Monterrey con la frontera estadounidense, apenas 200 km del puente internacional de Laredo, convertía la posición de Moevius en estratégicamente decisiva. Era el nodo desde el cual los agentes nazis cruzaban hacia Estados Unidos y desde el cual la información extraída regresaba hacia el control central. La operación de contrabando humano que Moevius coordinaba junto con dos colaboradores apellidados Quicha y Masa.

Según los reportes desclasificados de la Secretaría de Gobernación Mexicana, era una de las más sofisticadas de toda la red. Los agentes que la Aber necesitaba infiltrar en territorio estadounidense llegaban primero a México con documentación de comerciantes o turistas alemanes legítimos. Pasaban algunas semanas en Monterrey o en la capital estableciendo identidades de cobertura y después eran trasladados subrepticiamente a través de la frontera por contrabandistas locales pagados generosamente que conocían los pasos no

vigilados del río Bravo. Una vez en Estados Unidos los agentes activaban las identidades preparadas. se establecían en ciudades industriales como Detroit, Pittsburg o Nueva York y comenzaban a recolectar la información que la maquinaria de guerra alemana necesitaba sobre la producción de aviones, tanques, municiones y suministros que la industria estadounidense estaba preparando para el conflicto que Roosevelt aún no había declarado, pero que toda Washington consideraba inevitable.

El primer acto de sabotaje documentado de la red ocurrió la noche del 11 de marzo de 1941 en el río Pánuco, cerca del puerto de Tampico. Aquella noche, Nicolaus Veslie Brugue, un marinero alemán llamado Judner y un agente apellidado Walter Baker se reunieron en algún punto discreto del río.

Su objetivo era el Forest Bank. un buque mercante británico antlado en el puerto que cargaba materias primas con destino a la industria de guerra inglesa. Sbruge se quedó esperando en el automóvil para cubrir la huida posterior. Los demás abordaron una lancha y se acercaron en la oscuridad al casco del buque inglés. Adheridos a las hélices del Forrest Bank, instalaron un artefacto explosivo programado para detonar 5 días después, cuando el buque ya estuviera en altamar y el sabotaje no pudiera ser vinculado a la red de Tampico.

El artefacto explotó según lo previsto, pero el cálculo había sido demasiado conservador en cuanto a la cantidad de explosivo. La bomba causó daños menores que no hundieron el buque y permitieron al Forest Bank regresar a Puerto Británico para reparaciones. Aquella noche en el río Pánco fue el primer aviso para los servicios aliados de que había una red profesional operando en México y fue también el primer error operativo de Nicolaus porque dejaba huellas que el contraespionaje empezaría a investigar sistemáticamente

durante los meses siguientes. El 28 de febrero de 1941, una mujer joven y elegante descendió del barco que la había traído desde Lisboa al puerto de Veracruz. Tenía 28 años. Había nacido en Colonia o en Berlín, según las fuentes. Viajaba con documentos perfectamente regulares de inmigración alemana y se identificaba como actriz cinematográfica que buscaba nuevas oportunidades profesionales en la industria del cine mexicano, que durante aquellos años de guerra europea estaba viviendo su primera época de oro.

Se llamaba Hilde Matilde Gruger Grossman. Y lo que ningún funcionario mexicano de migración podía sospechar mientras revisaba sus papeles era que aquella mujer rubia con porte de estrella de cine traía consigo escondida bajo la cobertura de su carrera artística, una de las misiones de espionaje más ambiciosas que la Aber había planeado para América Latina.

Hilde Krueger no era una espía amater improvisada para una misión específica. Era el producto de 5 años de inmersión profunda en el aparato del Tercer Reich, donde había construido relaciones personales con algunas de las figuras más poderosas de Berlín. Había comenzado su carrera cinematográfica en los estudios UFA a mediados de los años 30, exactamente cuando Joseph Gebels, ministro de propaganda y supervisor último de toda la industria alemana del cine, había convertido aquellos estudios en uno de los instrumentos centrales del régimen

nazi. Kluger había llamado la atención del ministro casi de inmediato. Gobels, que era notorio entre sus colaboradores por las relaciones que mantenía con las actrices jóvenes de la UFA, hizo de ella una de sus amantes durante varios años. Aquella relación que las biografías posteriores del ministro documentarían con detalle a partir de los diarios personales de Gebels conservados en los archivos alemanes, le había dado a KGER acceso al círculo más íntimo del poder nazi y le había permitido conocer a Hitler en varias ocasiones durante

recepciones oficiales. Cuando los servicios de inteligencia militar decidieron a finales de 1940 enviar una agente con perfil único a México, Hilde Keder fue la elección obvia, su belleza, su inteligencia documentada, su dominio de varios idiomas, su experiencia cinematográfica que le proporcionaba una cobertura profesional irreprochable.

y sobre todo su capacidad demostrada para moverse en los círculos del poder masculino sin levantar sospechas, la convertían en el instrumento ideal para una misión que requería precisamente esas capacidades. Las instrucciones que recibió antes de embarcar hacia América eran amplias y revelan el alcance del proyecto alemán en México.

enviar a Hamburgo un buque petrolero mexicano cargado con combustible para la maquinaria de guerra alemana. Monitorear los movimientos militares estadounidenses en la frontera, conducir espionaje industrial sobre la producción mexicana de minerales estratégicos. organizar el envío a Europa de toneladas de mercurio y otros metales que la industria armamentística del Reich necesitaba con urgencia.

La estrategia operativa de Krueger en México fue ejecutada con una sofisticación que asombraría a los analistas posteriores. En lugar de establecerse discretamente como agente clandestina al margen de la sociedad mexicana, hizo exactamente lo contrario. Se convirtió en una celebridad. Aprovechó su belleza física, su talento real para la actuación.

y la fascinación que su origen europeo producía en la élite cultural mexicana del momento para insertarse en los salones más importantes de la capital. Conoció rápidamente a productores cinematográficos, escritores, diplomáticos y políticos. comenzó a aparecer en las páginas de sociedad de los periódicos de Ciudad de México. Empezó a ser invitada a las recepciones diplomáticas y a las cenas privadas donde se discutían los asuntos verdaderos del país.

A través de esas conexiones, Krugeger entró en contacto, según los informes posteriores del FBI y de la Office of Strategic Services Americana, con figuras del más alto nivel del gobierno mexicano. Se le atribuyeron relaciones cercanas con Miguel Alemán Valdés, secretario de Gobernación durante la presidencia de Manuel Ávila Camacho y futuro presidente de la República, quien tenía bajo su autoridad directa los servicios de seguridad interna y las decisiones sobre extranjeros sospechosos en territorio mexicano.

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