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El Congreso enmudece: La desgarradora frase de una madre víctima de ETA que heló la sangre a la clase política española

El Congreso de los Diputados es, por naturaleza, el escenario de acalorados debates, cruces de acusaciones y discursos de alto voltaje. Sin embargo, existen momentos excepcionales en los que el ruido político se desvanece por completo para dar paso a un silencio denso, abrumador y cargado de dolor. Eso es exactamente lo que se ha vivido en la reciente sesión parlamentaria, cuando el recuerdo de las víctimas del terrorismo de ETA irrumpió con una fuerza incontenible, dejando a figuras políticas de la talla de Patxi López en un estado de visible conmoción. La memoria, la justicia y el peso de las alianzas políticas actuales se colocaron bajo el implacable microscopio de la dignidad moral.

La sesión, que prometía ser un debate más sobre legislaciones y reformas, se transformó en un duro juicio ético al rumbo del actual gobierno español. El detonante fue la lectura de unas palabras que, a pesar del paso del tiempo, siguen cortando el aire como el filo de una espada. Las asociaciones de víctimas, la oposición y gran parte de la sociedad española han elevado la voz para advertir que el relato de la historia reciente de España está en peligro de ser reescrito por quienes, en su día, empuñaron las armas o jalearon la violencia.

El eco de una madre rota: “Me helarán la sangre”

El momento más crítico y escalofriante de la jornada llegó cuando desde la tribuna se rescataron las palabras de la madre de Joseba Pagazaurtundúa, exjefe de la Policía Local de Andoain, asesinado a sangre fría por ETA. La carta, dirigida en su día a Patxi López, resonó en el hemiciclo como un trueno: “Ya no me extraña que cierres más veces los ojos. Dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre… Que solos se han quedado nuestros muertos, Patxi. Que solos nos hemos quedado los que no hemos cerrado los ojos”.

Estas palabras, cargadas de una mezcla de profunda decepción y dolor inabarcable, impactaron directamente en la bancada socialista. El silencio de la izquierda fue sepulcral. No se trataba de un mero reproche político, sino de un cuestionamiento ético a la raíz misma de las decisiones del gobierno actual. ¿Cómo se pasa de cargar el féretro de un compañero asesinado a negociar acuerdos de gobernabilidad con los herederos políticos de sus verdugos? Esa es la dolorosa paradoja que se puso sobre la mesa, provocando un impacto emocional que trascendió las paredes del Congreso y llegó directamente al corazón de los ciudadanos.

Un “pacto encapuchado” por la supervivencia política

El eje central de este tenso debate no gira únicamente en torno a la memoria, sino a las acciones legislativas del presente. La indignación opositora y ciudadana ha estallado ante la tramitación de un proyecto de ley que, según se ha denunciado contundentemente, garantiza rebajas en las condenas de algunos de los terroristas más sanguinarios de la historia de ETA. La acusación es grave y directa: la inclusión de esta medida se realizó a través de una “enmienda trampa”, diseñada de manera consciente para beneficiar a los presos a cambio de apoyo parlamentario.

Los oradores de la oposición no dudaron en calificar estas maniobras como un “pacto encapuchado” con Bildu. La narrativa expuesta desde la tribuna es desoladora: se acusa al Partido Socialista de haber elegido mantenerse en el poder a cualquier precio, cruzando líneas rojas que antes parecían intocables. Para muchos, esto representa una claudicación inaceptable, una traición a la propia trayectoria del partido que en su día sufrió en sus propias filas la violencia brutal, con figuras mártires como Fernando Buesa o los compañeros defendidos en el pasado.

Las consecuencias políticas señaladas:

Entrega de instituciones: La crítica subraya actos como la entrega de la alcaldía de Pamplona a la formación abertzale.

Reformas sensibles: El pacto para modificar la Ley de Seguridad Ciudadana, interpretado por la oposición como una afrenta directa a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

La memoria reescrita: El encargo de redactar partes de la Ley de Memoria Democrática a quienes, según las acusaciones, aún mantienen vínculos ideológicos con la banda terrorista.

La batalla por el relato y la alerta de Seguridad Nacional

Aunque ETA dejó de asesinar hace más de una década, el fantasma de sus crímenes sigue persiguiendo a la democracia española. Un aspecto fundamental destacado durante el debate fue la advertencia plasmada en el propio informe de Seguridad Nacional, elaborado hace dos años por la Presidencia del Gobierno. En dicho documento (página 44), se alertaba claramente de que las organizaciones satélites de ETA están canalizando su estrategia hacia la “batalla por el relato”, con el objetivo de imponer su visión justificativa de la violencia y deslegitimar al Estado de derecho.

Resulta contradictorio, según la oposición, que el propio gobierno que alerta sobre esta amenaza sea el mismo que pacta con aquellos a quienes se les atribuye este intento de blanqueamiento histórico. Cientos de actos de enaltecimiento del terrorismo (“ongi etorris”) y manifestaciones a favor de la liberación de presos etarras continúan celebrándose con aparente pasividad gubernamental, lo que genera una revictimización insoportable para las familias que aún lloran a los más de 300 asesinados cuyos casos siguen sin resolverse.

Una propuesta firme: Frenar la impunidad en las urnas

Frente a esta situación que consideran indignante, los partidos de la oposición (representados en las intervenciones del Partido Popular y Unión del Pueblo Navarro) han llevado al Congreso una propuesta contundente: una reforma de la ley electoral para proteger las instituciones democráticas.

El objetivo es claro y directo: impedir que cualquier persona condenada por delitos de terrorismo pueda formar parte de una candidatura electoral a menos que cumpla con una serie de requisitos morales y legales inquebrantables.

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